{"id":32064,"date":"2016-06-13T11:51:05","date_gmt":"2016-06-13T16:51:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-basilio-magno\/"},"modified":"2016-06-13T11:51:05","modified_gmt":"2016-06-13T16:51:05","slug":"hoy-celebramos-a-san-basilio-magno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-basilio-magno\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; San Basilio&nbsp;Magno"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: corazones.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Basilio naci&oacute; en Cesarea, la capital de Capadocia, en&nbsp; el Asia Menor, a mediados del a&ntilde;o 329.&nbsp; Por parte de padre y de madre, descend&iacute;a de familias cristianas que hab&iacute;an sufrido persecuciones y, entre sus nueve hermanos, figuraron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste.&nbsp; Su padre, San Basilio el Viejo, y su madre, Santa Emelia, pose&iacute;an vastos terrenos y Basilio pas&oacute; su infancia en la casa de campo de su abuela, Santa Macrina, cuyo ejemplo y cuyas ense&ntilde;anzas nunca olvid&oacute;.&nbsp; Inici&oacute; su educaci&oacute;n en Constantinopla y la complet&oacute; en Atenas.&nbsp; All&aacute; tuvo como compa&ntilde;eros de estudio a San Gregorio Nacianceno, que se convirti&oacute; en su amigo inseparable y a Juliano, que m&aacute;s tarde ser&iacute;a el emperador ap&oacute;stata.<br \/> &nbsp;<br \/> Basilio y Gregorio Nacianceno, los dos j&oacute;venes capadocios, se asociaron con los m&aacute;s selectos talentos contempor&aacute;neos y, como lo dice &eacute;ste &uacute;ltimo en sus escritos, \u201cs&oacute;lo conoc&iacute;amos dos calles en la ciudad: la que conduc&iacute;a a la iglesia y la que nos llevaba a las escuelas\u201d.&nbsp; Tan pronto como Basilio aprendi&oacute; todo lo que sus maestros pod&iacute;an ense&ntilde;arle, regres&oacute; a Ces&aacute;rea.&nbsp; Ah&iacute; pas&oacute; algunos a&ntilde;os en la ense&ntilde;anza de la ret&oacute;rica y, cuando se hallaba en los umbrales de una brillant&iacute;sima carrera, se sinti&oacute; impulsado a abandonar el mundo, por consejos de su hermana mayor, Macrina.&nbsp; Esta, luego de haber colaborado activamente en la educaci&oacute;n y establecimiento de sus hermanas y hermanos m&aacute;s peque&ntilde;os, se hab&iacute;a retirado con su madre, ya viuda, y otras mujeres, a una de las casas de la familia, en Annesi, sobre el r&iacute;o Iris, para llevar una vida comunitaria.<br \/> &nbsp;<br \/> Fue entonces, al parecer, que Basilio recibi&oacute; el bautismo y, desde aquel momento, tom&oacute; la determinaci&oacute;n de servir a Dios dentro de la pobreza evang&eacute;lica.&nbsp; Comenz&oacute; por visitar los principales monasterios de Egipto, Palestina, Siria y Mesopotamia, con el prop&oacute;sito de observar y estudiar la vida religiosa.&nbsp; Al regreso de su extensa gira, se estableci&oacute; en un paraje agreste y muy hermoso en la regi&oacute;n del Ponto, separado de Annesi por el r&iacute;o Iris, y en aquel retiro solitario se entreg&oacute; a la plegaria y al estudio.&nbsp; Con los disc&iacute;pulos, que no tardaron en agruparse en torno suyo, entre los cuales figuraba su hermano Pedro, form&oacute; el primer monasterio que hubo en el Asia Menor, organiz&oacute; la existencia de los religiosos y enunci&oacute; los principios que se conservaron a trav&eacute;s de los siglos y hasta el presente gobiernan la vida de los monjes en la Iglesia de oriente.&nbsp; San Basilio practic&oacute; la vida mon&aacute;stica propiamente dicha durante cinco a&ntilde;os solamente, pero en la historia del monaquismo cristiano tiene tanta importancia como el propio San Benito.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Lucha contra la herej&iacute;a arriana<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Por aquella &eacute;poca, la herej&iacute;a arriana estaba en su apogeo y los emperadores herejes persegu&iacute;an a los ortodoxos.&nbsp; En el a&ntilde;o 363, se convenci&oacute; a Basilio para que se ordenase di&aacute;cono y sacerdote en Ces&aacute;rea; pero inmediatamente, el arzobispo Eusebio tuvo celos de la influencia del santo y &eacute;ste, para no crear discordias, volvi&oacute; a retirarse calladamente al Ponto para ayudar en la fundaci&oacute;n y direcci&oacute;n de nuevos monasterios.&nbsp; Sin embargo Ces&aacute;rea lo necesitaba y lo reclam&oacute;.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, San Gregorio Nacianceno, en nombre de la ortodoxia, sac&oacute; a Basilio de su retiro para que le ayudase en la defensa de la fe del clero y de las Iglesias.&nbsp; Se llev&oacute; a cabo una reconciliaci&oacute;n entre Eusebio y Basilio; &eacute;ste se qued&oacute; en Ces&aacute;rea como el primer auxiliar del arzobispo; en realidad, era &eacute;l quien gobernaba la Iglesia, pero empleaba su gran tacto para que se diera cr&eacute;dito a Eusebio por todo lo que &eacute;l realizaba.&nbsp; Durante una &eacute;poca de sequ&iacute;a a la que sigui&oacute; otra de hambre, Basilio ech&oacute; mano de todos los bienes de todos los bienes que le hab&iacute;a heredado su madre, los vendi&oacute; y distribuy&oacute; el producto entre los m&aacute;s necesitados; mas no se detuvo ah&iacute; su caridad, puesto que tambi&eacute;n organiz&oacute; un vasto sistema de ayuda, que comprend&iacute;a a las cocinas ambulantes que &eacute;l mismo, resguardado con un delantal de manta y cuchar&oacute;n en ristre, conduc&iacute;a por las calles de los barrios m&aacute;s apartados para distribuir alimentos a los pobres.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Obispo de Ces&aacute;rea<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El a&ntilde;o de 370 muri&oacute; Eusebio y, a pesar de la oposici&oacute;n que se puso de manifiesto en algunos poderosos c&iacute;rculos, Basilio fue elegido para ocupar la sede arzobispal vacante.&nbsp; El 14 de junio tom&oacute; posesi&oacute;n, para gran contento de San Atanasio y una contrariedad igualmente grande para Valente, el emperador arriano. El puesto era muy importante y, en el caso de Basilio, muy dif&iacute;cil y erizado de peligros, porque al mismo tiempo que obispo de Ces&aacute;rea, era exarca del Ponto y metropolitano de cincuenta sufrag&aacute;neos, muchos de los cuales se hab&iacute;an opuesto a su elecci&oacute;n y mantuvieron su hostilidad, hasta que Basilio, a fuerza de paciencia y caridad, se conquist&oacute; su confianza y su apoyo.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Antes de cumplirse doce meses del nombramiento de Basilio, el emperador Valente lleg&oacute; a Ces&aacute;rea, tras de haber desarrollado en Bitrina y Galacia una implacable campa&ntilde;a de persecuciones.&nbsp; Por delante suyo envi&oacute; al prefecto Modesto, con la misi&oacute;n de convencer a Basilio para que se sometiera o, por lo menos, accediera a tratar alg&uacute;n compromiso. Varios hab&iacute;an renegado por miedo, pero nuestro santo le respondi&oacute;:<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Qu&eacute; me vas a poder quitar si no tengo ni casas ni bienes, pues todo lo repart&iacute; entre los pobres? &iquest;Acaso me vas a atormentar? Es tan d&eacute;bil mi salud que no resistir&eacute; un d&iacute;a de tormentos sin morir y no podr&aacute;s seguir atorment&aacute;ndome. &iquest;Qu&eacute; me vas a desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, all&aacute; estar&aacute; Dios, y donde est&eacute; Dios, all&iacute; es mi patria, y all&iacute; me sentir&eacute; contento&#8230;<\/p>\n<p align=\"justify\"> El gobernador respondi&oacute; admirado:&nbsp; \u201cJam&aacute;s nadie me hab&iacute;a contestado as&iacute;\u201d.&nbsp; Y Basilio a&ntilde;adi&oacute;:&nbsp; \u201cEs que jam&aacute;s te hab&iacute;as encontrado con un obispo\u201d.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> El emperador Valente se decidi&oacute; en favor de exilarlo y se dispuso a firmar el edicto; pero en tres ocasiones sucesivas, la pluma de ca&ntilde;a con que iba a hacerlo, se parti&oacute; en el momento de comenzar a escribir.&nbsp; El emperador qued&oacute; sobrecogido de temor ante aquella extraordinaria manifestaci&oacute;n, confes&oacute; que, muy a su pesar,&nbsp; admiraba la firme determinaci&oacute;n de Basilio y, a fin de cuentas, resolvi&oacute; que, en lo sucesivo, no volver&iacute;a a intervenir en los asuntos eclesi&aacute;sticos de Ces&aacute;rea.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero apenas terminada esta desavenencia, el santo qued&oacute; envuelto en una nueva lucha, provocada por la divisi&oacute;n de Capadocia en dos provincias civiles y la consecuente reclamaci&oacute;n de Antino, obispo de Tiana, para ocupar la sede metropolitana de la Nueva Capadocia.&nbsp; La disputa result&oacute; desafortunada para San Basilio, no tanto por haberse visto obligado a ceder en la divisi&oacute;n de su arquidi&oacute;cesis, como por haberse malquistado con su amigo San Gregorio Nacianceno, a quien Basilio insist&iacute;a en consagrar obispo de Sasima, un miserable caser&iacute;o que se hallaba situado sobre terrenos en disputa entre las dos Capadocias.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Mientras el santo defend&iacute;a as&iacute; a la iglesia de Ces&aacute;rea de los ataques contra su fe y su jurisdicci&oacute;n, no dejaba de mostrar su celo acostumbrado en el cumplimiento de sus deberes pastorales.&nbsp; Hasta en los d&iacute;as ordinarios predicaba, por la ma&ntilde;ana y por la tarde, a asambleas tan numerosas, que &eacute;l mismo las comparaba con el mar.&nbsp; Sus fieles adquirieron la costumbre de comulgar todos los domingos, mi&eacute;rcoles, viernes y s&aacute;bados.&nbsp; Entre las pr&aacute;cticas que Basilio hab&iacute;a observado en sus viajes y que m&aacute;s tarde implant&oacute; en su sede, figuraban las reuniones en la iglesia antes del amanecer, para cantar los salmos.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Para beneficio de los enfermos pobres, estableci&oacute; un hospital fuera de los muros de Ces&aacute;rea, tan grande y bien acondicionado, que San Gregorio Nacianceno lo describe como una ciudad nueva y con grandeza suficiente para ser reconocido como una de las maravillas del mundo.&nbsp; A ese centro de beneficencia lleg&oacute; a conoc&eacute;rsela con el nombre de Basiliada, y sostuvo su fama durante mucho tiempo despu&eacute;s de la muerte de su fundador.&nbsp; A pesar de sus enfermedades cr&oacute;nicas, con frecuencia realizaba visitas a lugares apartados de su residencia episcopal, hasta en remotos sectores de las monta&ntilde;as y, gracias a la constante vigilancia que ejerc&iacute;a sobre su clero y su insistencia en rechazar la ordenaci&oacute;n de los candidatos que no fuesen enteramente dignos, hizo de su arquidi&oacute;cesis un modelo del orden y la disciplina eclesi&aacute;sticos.<br \/> &nbsp;<br \/> No tuvo tanto &eacute;xito en los esfuerzos que realiz&oacute; en favor de las iglesias que se encontraban fuera de su provincia.&nbsp; La muerte de San Atanasio dej&oacute; a Basilio como &uacute;nico palad&iacute;n de la ortodoxia en el oriente, y &eacute;ste luch&oacute; con ejemplar tenacidad para merecer ese t&iacute;tulo por medio de constantes esfuerzos para fortalecer y unificar a todos los cat&oacute;licos que, sofocados por la tiran&iacute;a arriana y descompuestos por los cismas y la disensiones entre s&iacute;, parec&iacute;an estar a punto de extinguirse.&nbsp; Pero las propuestas del santo fueron mal recibidas, y a sus desinteresados esfuerzos se respondi&oacute; con malos entendimientos, malas interpretaciones y hasta acusaciones de ambici&oacute;n y de herej&iacute;a.&nbsp; Incluso los llamados que hicieron &eacute;l y sus amigos al Papa San D&aacute;maso y a los obispos occidentales para que interviniesen en los asuntos del oriente y allanasen las dificultades, tropezaron con una casi absoluta indiferencia, debido, seg&uacute;n parece, a que ya corr&iacute;an en Roma las calumnias respecto a su buena fe.&nbsp; \u201c&iexcl;Sin duda a causa de mis pecados, escrib&iacute;a San Basilio con un profundo desaliento, parece que estoy condenado al fracaso en todo cuanto emprendo!&quot;\u201d<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Sin embargo, el alivio no hab&iacute;a de tardar, desde un sector absolutamente inesperado.&nbsp; El 9 de agosto de 378, el emperador Valente recibi&oacute; heridas mortales en la batalla de Adrian&oacute;polis y, con el ascenso al trono de su sobrino Graciano, se puso fin al ascendiente del arrianismo en el oriente.&nbsp; Cuando las noticias de estos cambios llegaron a o&iacute;dos de San Basilio, &eacute;ste se encontraba en su lecho de muerte, pero de todas maneras le proporcionaron un gran consuelo en sus &uacute;ltimos momentos.&nbsp; Muri&oacute; el 1&ordm; de enero del a&ntilde;o 379, a la edad de cuarenta y nueve a&ntilde;os, agotado por la austeridad en que hab&iacute;a vivido, el trabajo incansable y una penosa enfermedad.&nbsp; Toda Ces&aacute;rea qued&oacute; enlutada y sus habitantes lo lloraron como a un padre y a un protector; los paganos, jud&iacute;os y cristianos se unieron en el duelo.<br \/> &nbsp;<br \/> San Gregorio Nacianceno, Arzobispo de Constantinopla, en el d&iacute;a del entierro:&nbsp; \u201cBasilio santo, naci&oacute; entre santos.&nbsp; Basilio pobre vivi&oacute; pobre entre los pobres.&nbsp; Basilio hijo de m&aacute;rtires, sufri&oacute; como un m&aacute;rtir.&nbsp; Basilio predic&oacute; siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguir&aacute; predicando siempre con sus escritos admirables\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Setenta y dos a&ntilde;os despu&eacute;s de su muerte, el Concilio de Calcedonia le rindi&oacute; homenaje con estas palabras: \u201cEl gran Basilio, el ministro de la gracia quien expuso la verdad al mundo entero indudablemente que fue uno de los m&aacute;s elocuentes oradores entre los mejores que la Iglesia haya tenido; sus escritos le han colocado en lugar de privilegio entre sus doctores.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Se conserva una extensa colecci&oacute;n de sus cartas:<br \/> &nbsp;<br \/> En una de ellas nos cuenta que &eacute;l ped&iacute;a un cumplimiento estricto de la disciplina, lo mismo entre cl&eacute;rigos que entre laicos, y que cierto di&aacute;cono, que no era malo, pero s&iacute; rebelde y un poco alocado y que sol&iacute;a presentarse en medio de un grupo de muchachas que cantaban himnos y bailaban, tuvo que v&eacute;rselas con &eacute;l; con igual determinaci&oacute;n combati&oacute; la simon&iacute;a en los puestos eclesi&aacute;sticos y la admisi&oacute;n de personas indignas entre el clero; luch&oacute; contra la rapacidad y la opresi&oacute;n de los funcionarios y lleg&oacute; a excomulgar a todos los complicados en la \u201ctrata de blancas\u201d, una actividad muy difundida en Capadocia.&nbsp; Pod&iacute;a reconvenir con temible severidad, pero prefer&iacute;a las maneras suaves y gentiles; como un ejemplo, est&aacute;n sus cartas a una muchacha descarriada y a un cl&eacute;rigo colocado en un puesto de gran responsabilidad, que se estaba mezclando en pol&iacute;tica; muchos ladrones que solo aguardaban ser entregados a los jueces para sufrir un castigo terrible, fueron amparados por el santo y devueltos a sus casas en completa libertad, pero con una imborrable amonestaci&oacute;n sobre sus conciencias.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero tampoco se quedaba callado Basilio cuando eran los acaudalados y poderosos quienes quebrantaban sus deberes.&nbsp; \u201c&iexcl;Os neg&aacute;is a dar con el pretexto de que no ten&eacute;is lo suficiente para vuestras necesidades!\u201d, exclam&oacute; en uno de sus sermones.&nbsp; \u201cPero en tanto que vuestra lengua os excusa, vuestra mano os acusa:&nbsp; &iexcl;Cu&aacute;ntos deudores podr&iacute;an ser rescatados de la prisi&oacute;n con uno de esos anillos! &iexcl;Cu&aacute;ntas pobres gentes ateridas por el fr&iacute;o se cubrir&iacute;an con uno solo de vuestros guardarropas! &iexcl;Y sin embargo, vosotros dej&aacute;is ir a los pobres de vuestras puertas, con las manos vac&iacute;as!\u201d&nbsp; No era &uacute;nicamente a los ricos a quienes impon&iacute;a la obligaci&oacute;n de dar.&nbsp; \u201c&iquest;Dices que t&uacute; eres pobre? Bien; pero siempre habr&aacute; otros m&aacute;s pobres que t&uacute;.&nbsp; Si tienes lo bastante para mantenerte vivo diez d&iacute;as, aquel hombre no tiene suficiente para vivir uno . . . No teng&aacute;is temor de dar lo poco que teng&aacute;is.&nbsp; No coloqu&eacute;is nunca vuestros propios intereses antes que la necesidad com&uacute;n.&nbsp; Dad vuestro &uacute;ltimo mendrugo de pan al mendigo que os lo pide y confiad en la misericordia de Dios\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/><em><strong><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.corazones.org\/santos\/basilio.htm\">Art&iacute;culo<\/a>&nbsp;publicado originalmente por Corazones.org<\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: corazones.org Basilio naci&oacute; en Cesarea, la capital de Capadocia, en&nbsp; el Asia Menor, a mediados del a&ntilde;o 329.&nbsp; Por parte de padre y de madre, descend&iacute;a de familias cristianas que hab&iacute;an sufrido persecuciones y, entre sus nueve hermanos, figuraron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste.&nbsp; Su padre, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-basilio-magno\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHoy celebramos a &#8230; San Basilio&nbsp;Magno\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32064","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32064","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32064"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32064\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32064"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32064"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32064"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}