{"id":32184,"date":"2016-06-13T11:55:36","date_gmt":"2016-06-13T16:55:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-isidro-labrador-2\/"},"modified":"2016-06-13T11:55:36","modified_gmt":"2016-06-13T16:55:36","slug":"hoy-celebramos-a-san-isidro-labrador-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-isidro-labrador-2\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; San Isidro&nbsp;Labrador"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Scott<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Cuarenta a&ntilde;os antes de que ocurriera, hab&iacute;a escrito Cicer&oacute;n: \u201cDe una tienda o de un taller nada noble puede salir\u201d. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, en el a&ntilde;o primero de la era cristiana, sali&oacute; de un taller de carpintero el Hijo de Dios. Las mismas manos que crearon el sol y las estrellas y dibujaron las monta&ntilde;as y los mares brav&iacute;os, manejaban la sierra, el form&oacute;n, la garlopa, el martillo y los clavos y trabajaban la madera.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Desde entonces, ni la azada ni el arado ni la faena de regar y de escardar tendr&iacute;an que avergonzarse ante la pluma ni ante el manejo de los medios modernos de comunicaci&oacute;n, ni ante las coronas de los reyes. El patr&oacute;n de aquella villa reci&eacute;n conquistada a los musulmanes, Madrid, hoy capital de Espa&ntilde;a, no es un rey, ni un cardenal, ni un rey poderoso, ni un poeta ni un sabio, ni un jurista, ni un pol&iacute;tico famoso. El patr&oacute;n es un obrero humilde, vestido de pa&ntilde;o burdo, con greg&uuml;escos sucios de barro, con capa parda de capilla, con abarcas y escarpines y con callos en las manos. Es un labrador, San Isidro. Como el Padre de Jes&uacute;s, cuyas palabras nos transmite San Juan en el evangelio 15,1: \u201cYo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Se postraron los reyes<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Ante su sepulcro se postraron los reyes, los arquitectos le construyeron templos y los poetas le dedicaron sus versos. Lope de Vega, Calder&oacute;n de la Barca, Burguillos, Espinel, Guill&eacute;n de Castro, honraron a este trabajador madrile&ntilde;o. El historiador Gregorio de Argaiz le dedic&oacute; un gran libro: &quot;La soledad y el campo, laureados por San Isidro&quot;. Fue su misi&oacute;n, laurear el campo, fr&iacute;o, duro, ingrato, calcinado por los soles del verano y estremecido por los hielos de los inviernos. El campo qued&oacute; iluminado y fecundado por su paciencia, su inocencia y su trabajo. No hizo nada extraordinario, pero fue un h&eacute;roe.<br \/> &nbsp;<br \/> Fue un h&eacute;roe que cumpli&oacute; el \u201cOra et labora\u201d benedictino. La oraci&oacute;n era el descanso de las rudas faenas; y las faenas eran una oraci&oacute;n. Labrando la tierra sudaba y su alma se iluminaba; los golpes de la azada, el chirriar de la carreta y la lluvia del trigo en la era, iban acompa&ntilde;ados por el murmullo de la plegaria de alabanza y gratitud mientras rumiaba las palabras escuchadas en la iglesia. Acariciando la cruz, aprendi&oacute; a empu&ntilde;ar la mancera. He ah&iacute; el misterio de su vida sencilla y alegre, como el canto de la alondra, revolando sobre los mansos bueyes y el vuelo de los mirlos audaces.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tan pobre<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Alegre y, sin embargo, tan pobre. Isidro no cultivaba su prado, ni su vi&ntilde;a; cultivaba el campo de Juan de Vargas, ante quien cada noche se descubr&iacute;a para preguntarle: &quot;Se&ntilde;or amo, &iquest;ad&oacute;nde hay que ir ma&ntilde;ana?&quot; Juan de Vargas le se&ntilde;alaba el plan de cada jornada: sembrar, barbechar, podar las vides, limpiar los sembrados, vendimiar, recoger la cosecha. Y al d&iacute;a siguiente, al alba, Isidro unc&iacute;a los bueyes y marchaba hacia las colinas onduladas de Carabanchel, hacia las llanuras de Getafe, por las orillas del Manzanares o las umbr&iacute;as del Jarama. Cuando pasaba cerca de la Almudena o frente a la ermita de Atocha, el coraz&oacute;n le lat&iacute;a con fuerza, su rostro se iluminaba y musitaba palabras de amor. Y las horas del tajo, sin impaciencias ni agobios, pero sin debilidades, esperando el fruto de la cosecha \u201cTened paciencia, hermanos, como el labrador que aguanta paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tard&iacute;a\u201d Santiago 5, 7. As&iacute;, todo el trabajo duro y constante, ennoblecido con las claridades de la fe, con la frente ba&ntilde;ada por el oro del cielo, con el alma envuelta en las caricias de la madre tierra.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No sab&iacute;a leer<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El Cielo y la tierra eran los libros de aquel trabajador animoso que no sab&iacute;a leer. La tierra, con sus brisas puras, el murmullo de sus aguas claras, el gorjeo de los p&aacute;jaros, el ventalle de sus alamedas y el arrullo de sus fuentes; la tierra, fertilizada por el sudor del labrador, y bendecida por Dios, se renueva a&ntilde;o tras a&ntilde;o en las hojas verdes de sus &aacute;rboles, en la belleza silvestre de sus flores, en los estallidos de sus primaveras, en los crep&uacute;sculos de sus tardes oto&ntilde;ales, con el aroma de los prados reci&eacute;n segados. Isidro se quedaba quieto, silencioso, ext&aacute;tico, con los ojos llenos de l&aacute;grimas, porque en aquellas bellezas divisaba el rostro Amado. Seguro que no sabia expresar lo que sent&iacute;a, pero su llanto era la exclamaci&oacute;n del contemplativo en la acci&oacute;n, con la jaculatoria del poeta m&iacute;stico Ram&oacute;n Llull: &quot;&iexcl;Oh bondad! &iexcl;Oh amable y adorable y munificent&iacute;sima bondad!&quot;. O del m&iacute;nimo y dulce Francisco de As&iacute;s, el Poverello: \u201cDios m&iacute;o y mi todo\u201d. \u201cLoado seas mi Se&ntilde;or por todas las criaturas, por el sol, la luna y la tierra y el agua, que es casta, humilde y pura\u201d. O tambi&eacute;n con el sublime poeta castellano como&nbsp;&eacute;l: \u201c&iexcl;Oh montes y espesuras &#8211; plantados por las manos del Amado &#8211; oh prado de verduras, de flores esmaltado &#8211; decid si por vosotros ha pasado!!!. \u201cEl que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l ese da fruto abundante\u201d Juan 15,5. As&iacute;, el d&iacute;a se le hac&iacute;a corto y el trabajo ligero. Bajaban las sombras de las colinas. Colgaba el arado en el ubio, se envolv&iacute;a en su capote y entraba en la villa, siguiendo la marcha cachazuda de la pareja de bueyes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Scott Cuarenta a&ntilde;os antes de que ocurriera, hab&iacute;a escrito Cicer&oacute;n: \u201cDe una tienda o de un taller nada noble puede salir\u201d. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, en el a&ntilde;o primero de la era cristiana, sali&oacute; de un taller de carpintero el Hijo de Dios. 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