{"id":32185,"date":"2016-06-13T11:55:38","date_gmt":"2016-06-13T16:55:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-flavia-domitila\/"},"modified":"2016-06-13T11:55:38","modified_gmt":"2016-06-13T16:55:38","slug":"hoy-celebramos-a-santa-flavia-domitila","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-flavia-domitila\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; Santa Flavia&nbsp;Domitila"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Scott<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Martirologio Romano: En Roma, conmemoraci&oacute;n de santa Domitila, m&aacute;rtir, que, siendo hija de la hermana del c&oacute;nsul Flavio Clemente, fue acusada durante la persecuci&oacute;n bajo el emperador Domiciano de haber renegado de los dioses paganos y, por ello, por su fe en Cristo, junto con otros muchos cristianos fue desterrada a la isla de Ponza, en el Lacio, en la que padeci&oacute; un prolongado martirio (s. I\/II).<br \/> &nbsp;<br \/> Etimol&oacute;gicamente: Flavia = Aquella de cabellos dorados, es de origen latino.<br \/> &nbsp;<br \/> El emperador es Vespasiano. Flavio Clemente es su sobrino, est&aacute; casado con Flavia Domitila, se han hecho cristianos y es c&oacute;nsul en el a&ntilde;o 95. Tiene dos primos carnales que son Tito y Domiciano que, al no tener descendencia directa masculina, deber&iacute;an dejar su puesto a uno de los hijos de Flavio Clemente seg&uacute;n el derecho romano; poco falt&oacute; para que la Iglesia tuviera en el primer siglo un emperador cristiano, pero no s&oacute;lo no fue as&iacute;, sino que el emperador Domiciano desat&oacute; una violenta persecuci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> No distingu&iacute;an muy bien por aquel entonces los que mandaban en Roma entre jud&iacute;os y cristianos; los llaman simplemente paganos porque ni unos ni otros adoraban im&aacute;genes por seguir los Libros Santos. Vespasiano y Tito hab&iacute;an hecho la guerra y destruido la Ciudad Santa; los jud&iacute;os y cristianos -que para ellos es igual- deben pagar impuestos. Como las cuentas cantan, Domiciano advierte por el monto de la recaudaci&oacute;n el gran n&uacute;mero de paganos que hay en el Imperio y ve que est&aacute;n presentes en todos los estamentos. Piensa que la depuraci&oacute;n &eacute;tnica se impone y Flavio Clemente, entre muchos, es denunciado -dice Suetonio &laquo;con acusaciones muy endebles&raquo;- y martirizado junto con su mujer o quiz&aacute; &eacute;sta fuera mandada al destierro a la isla de Pandataria, como era costumbre entre los romanos para la gente noble. As&iacute; se concluyen los datos que proporciona la historia bien documentada.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero as&iacute; como la historia ofrece unos datos seguros y fiables, la leyenda marca el paso de la historia a la ficci&oacute;n en la historia novelada para gusto y edificaci&oacute;n de los cristianos cuando se habla de Flavia Domitila. M&aacute;s que admitir la existencia de dos Flavias en el mismo tiempo y lugar, seg&uacute;n los datos que se tienen, parece lo m&aacute;s probable y sensato aceptar la lectura en novela de la m&aacute;rtir Flavia Domitila, desdoblada.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; nos encontramos con una novela de altos vuelos literarios en la que, con la base firme de la existencia de una m&aacute;rtir perteneciente a la m&aacute;s alta nobleza, se narra el destierro de Flavia, joven prometida de un joven pagano llamado Aureliano; los soldados Nereo y Aquileo, terminan por convencer a la novia para que acepte la virginidad rechazando la boda prevista. Se anota la esperada reacci&oacute;n violenta del joven pagano despreciado: denuncia como cristiana a la novia y la destierran a la isla de Poncia. La imaginaci&oacute;n del autor hace intervenir al papa Clemente consagrando la virginidad de Flavia Domitila. Hay enredos entre amigos de la magia y adivinaci&oacute;n por una parte y testigos que narran lo que pas&oacute; entre Pedro y Sim&oacute;n, el mago, por otra.<br \/> &nbsp;<br \/> La protagonista que ocupa el centro del relato es un ejemplo de pulcritud y sensatez, mantiene el nervio de la historia con la valent&iacute;a del seguimiento a Jes&uacute;s ante la autoridad constituida, apareciendo tambi&eacute;n momentos de dudas que mantienen el suspense sobre los inciertos resultados de su elecci&oacute;n, y &iexcl;c&oacute;mo no! su apostolado. Se desarrolla abundante doctrina para proclamar -en demas&iacute;a- la excelencia de la virginidad sobre el matrimonio. El gui&oacute;n no est&aacute; exento de elementos dram&aacute;ticos que mantienen la atenci&oacute;n de los lectores y oyentes con los enredos de seducci&oacute;n por parte de Aureliano, que acaba dram&aacute;ticamente muerto por la decepci&oacute;n y el rechazo. Tambi&eacute;n se condenan las org&iacute;as propias del tiempo y la vanagloria de quien no tiene m&aacute;s perspectiva que la vida presente. La vuelta del destierro, adem&aacute;s de poner fin a la preciosa novela ejemplar, sirve para describir el martirio con formas adecuadas al estilo del relato: Flavia Domilitila y sus dos sirvientas neoconversas por su ejemplo y palabras -tambi&eacute;n v&iacute;rgenes cristianas- acaban quemadas vivas en su propia casa de Terracina por denuncia de paganos.<br \/> &nbsp;<br \/><em><strong><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.es.catholic.net\/santoral\/articulo.php?id=538\">Art&iacute;culo<\/a> publicado originalmente por catholic.net&nbsp;<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Scott Martirologio Romano: En Roma, conmemoraci&oacute;n de santa Domitila, m&aacute;rtir, que, siendo hija de la hermana del c&oacute;nsul Flavio Clemente, fue acusada durante la persecuci&oacute;n bajo el emperador Domiciano de haber renegado de los dioses paganos y, por ello, por su fe en Cristo, junto con otros muchos cristianos fue desterrada a la isla &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-flavia-domitila\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHoy celebramos a &#8230; Santa Flavia&nbsp;Domitila\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32185","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32185","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32185"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32185\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32185"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32185"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32185"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}