{"id":32188,"date":"2016-06-13T11:55:44","date_gmt":"2016-06-13T16:55:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8b30-de-abril-primera-fiesta-de-santa-maria-de-la-encarnacion\/"},"modified":"2016-06-13T11:55:44","modified_gmt":"2016-06-13T16:55:44","slug":"%e2%80%8b30-de-abril-primera-fiesta-de-santa-maria-de-la-encarnacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8b30-de-abril-primera-fiesta-de-santa-maria-de-la-encarnacion\/","title":{"rendered":"\u200b30 de abril, primera fiesta de santa Mar\u00eda de la&nbsp;Encarnaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Jacques Gautier<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El 3 de abril de 2014, el Papa Francisco hizo un regalo a la Iglesia canadiense y a su poblaci&oacute;n: inscribi&oacute; en el cat&aacute;logo de los santos a la hermana Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n (1599-1672), fundadora del convento de las ursulinas en Quebec, y a Francisco de Laval (1623-1708), primer obispo canadiense y fundador del seminario de Quebec.<br \/> &nbsp;<br \/> Estas canonizaciones, llamadas \u201c<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.aleteia.org\/es\/arte\/noticias\/puede-el-papa-canonizar-directamente-a-alguien-4812003\">equivalentes<\/a>\u201d, es decir, sin milagro y sin que tenga lugar una celebraci&oacute;n formal, muestran que la vida de estos dos modelos de evangelizadores es una especie de milagro.<br \/> &nbsp;<br \/> Si Francisco de Laval es considerado el padre de la Iglesia canadiense, Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n es la madre. La vida y los escritos de esta gran m&iacute;stica siempre contin&uacute;an atrayendo a la gente. Algunos se re&uacute;nen aqu&iacute; y all&aacute; para profundizar en su mensaje.<br \/> &nbsp;<br \/> Nacida como Mar&iacute;a Guyart, se convirti&oacute; en la se&ntilde;ora Mart&iacute;n y despu&eacute;s en la hermana Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n. Mujer de acci&oacute;n y contemplaci&oacute;n, plant&oacute; su experiencia espiritual y misionera en el jard&iacute;n de su vida cotidiana.<br \/> &nbsp;<br \/> Contribuy&oacute; a traer al mundo a un pueblo de creyentes en tierras americanas tras integrar perfectamente el servicio al pr&oacute;jimo y el amor a la Trinidad.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Mujer de negocios y de Dios<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Cuarta hija de Jeanne Michelet y del panadero Forent Guyart, Mar&iacute;a naci&oacute; el 28 de octubre de 1599 en Tours. A los 7 a&ntilde;os, vio a Jes&uacute;s en un sue&ntilde;o, que le ped&iacute;a: \u201c&iquest;Quieres ser m&iacute;a?\u201d. Ella respondi&oacute; espont&aacute;neamente: \u201c&iexcl;S&iacute;!\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> En 1617, sus padres le dieron en matrimonio a Claude Martin, un fabricante de telas y sedas que falleci&oacute; dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde.<br \/> &nbsp;<br \/> La joven viuda qued&oacute; con un hijo de seis meses en los brazos y un comercio en bancarrota. Arregl&oacute; las deudas, liquid&oacute; los bienes y se fue con su padre con su peque&ntilde;o hijo Claude. No quer&iacute;a casarse en seguida y se ocup&oacute; de su hijo y de su padre.<br \/> &nbsp;<br \/> Durante este periodo, el m&aacute;s tranquilo de su vida, desarroll&oacute; el gusto por Dios y por la oraci&oacute;n. La v&iacute;spera de la Anunciaci&oacute;n del 1620, tuvo una experiencia de la misericordia divina que la marc&oacute; para siempre y que llam&oacute; \u201cel d&iacute;a de mi conversi&oacute;n\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> En medio de una gran luz, tom&oacute; conciencia de su miseria, y al mismo tiempo, se vio inmensa en la Sangre de Cristo. M&aacute;s tarde, en 1654, escribir&iacute;a a su hijo: \u201cVolv&iacute; a nuestra casa, cambiada en otra criatura, pero cambiada con tanta fuerza que ya no me conoc&iacute;a a m&iacute; misma\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a Guyart desarroll&oacute; su uni&oacute;n con Cristo en medio de exigentes ocupaciones. En 1621, trabaj&oacute; en la empresa de transporte de su hermano, junto al Loira, negociando contratos, ocup&aacute;ndose de los empleados, cuidando caballos.<br \/> &nbsp;<br \/> En esta trepidante existencia, vivi&oacute; una gran intimidad amorosa con la Trinidad, integrando los negocios y la oraci&oacute;n. Ayudaba a la gente habl&aacute;ndoles de Jes&uacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Misionera en Nueva Francia<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Tras repetidos llamamientos del Se&ntilde;or, entr&oacute; en la congregaci&oacute;n de las religiosas ursulinas en Tours en 1631 y recibi&oacute; el nombre de Mar&iacute;a. Pidi&oacute; que se le a&ntilde;adiera el de la Encarnaci&oacute;n por su certeza de saber a Dios encarnado en los hombres.<br \/> &nbsp;<br \/> Sufri&oacute; la separaci&oacute;n de su hijo de diez a&ntilde;os que le lanzaba gritos bajo las ventanas del convento, pero sent&iacute;a que el Se&ntilde;or le preparaba otra cosa. &iexcl;Cu&aacute;ntas l&aacute;grimas, de todas maneras!, pero su relaci&oacute;n fue de una gran profundidad, tejida de v&iacute;nculos de intimidad fuera de lo com&uacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Durante treinta a&ntilde;os, mantuvo una correspondencia regular con este hijo, que se convirti&oacute; en monje benedictino. Gracias a &eacute;l, conocemos la vida m&iacute;stica de su madre, sus estados de oraci&oacute;n, sus recuerdos &iacute;ntimos, sus inicios en Nueva Francia, su experiencia trinitaria.<br \/> &nbsp;<br \/> Para ella, el Padre es su Padre; el Verbo, su Esposo; el Esp&iacute;ritu, quien act&uacute;a en ella. Se ve como una nada perdida en este gran Todo. Ella ve el mundo a la luz eterna de la Trinidad.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> En 1634, en un nuevo sue&ntilde;o, ve \u201cun lugar muy dif&iacute;cil\u201d que reconoce a su llegada a Quebec. Recibe del mismo Dios el don del \u201cesp&iacute;ritu apost&oacute;lico\u201d que la hace viajar espiritualmente a distintos pa&iacute;ses.<br \/> &nbsp;<br \/> Mientras tanto, es nombrada asistente de la maestra de novicias y les ofrece conversaciones espirituales que se publicar&aacute;n m&aacute;s tarde. Descubre que la verdadera oraci&oacute;n es m&aacute;s una cuesti&oacute;n de coraz&oacute;n que de cabeza.<br \/> &nbsp;<br \/> La religiosa recibe del padre Poncet la Relaci&oacute;n de 1634 en la que las misioneras piden una \u201cvaliente maestra\u201d para dirigir una escuela de ni&ntilde;as. Se siente llamada a esta misi&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Pide a san Jos&eacute; que la ayude, vi&eacute;ndolo como el guardi&aacute;n de este gran pa&iacute;s: \u201cSent&iacute;a en el alma que Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute; no deb&iacute;an ser separados\u201d. La devoci&oacute;n a la Sagrada Familia ser&aacute; importante en Nueva Francia y san Jos&eacute; ser&aacute; proclamado patr&oacute;n de Canad&aacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> En Par&iacute;s, los jesuitas confiaron al padre Poncet que escribiera a Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n para anunciarle que la quer&iacute;an en Canad&aacute;, aunque fuera en clausura. El arzobispo de Tours autoriz&oacute; que se ocupara de un seminario de ni&ntilde;as.<br \/> &nbsp;<br \/> Finalmente parti&oacute; para Quebec, a los cuarenta a&ntilde;os, con otras religiosas y una viuda rica de Alenz&oacute;n, Madeleine de La Peltrie, que quiso consagrar su fortuna a la conversi&oacute;n de las j&oacute;venes amerindias. Seis a&ntilde;os antes, ella ya la hab&iacute;a visto en un sue&ntilde;o sin conocerla.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a no volver&aacute; a ver a su hijo, que entonces ten&iacute;a casi veinte a&ntilde;os.<br \/> &nbsp;<br \/> La traves&iacute;a fue larga y peligrosa, el barco incluso choc&oacute; contra un iceberg. El 1 de agosto de 1639, Mar&iacute;a desembarc&oacute; finalmente en Quebec, que contaba con unas 250 personas.<br \/> &nbsp;<br \/> Todo estaba por hacer: construir un monasterio, aprender las lenguas indias, acoger a las ni&ntilde;as para ense&ntilde;arles la fe cristiana, recibir a visitantes amerindios y franceses, componer diccionarios, catecismos e historias de santos en las lenguas amerindias,&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> Adem&aacute;s, mantuvo una correspondencia constante con su hijo, sus amigos y bienhechores de Francia: en total escribi&oacute; unas 13.000 cartas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La Teresa del Nuevo Mundo<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> La vida no era nada f&aacute;cil: duro invierno, amenaza iroquesa, enfermedades, incomprensi&oacute;n de las autoridades, incendios \u2013entre ellos el del monasterio a finales de diciembre de 1659, que ella reconstruy&oacute;-,\u2026<br \/> &nbsp;<br \/> En 1654, en respuesta a las peticiones de su hijo Claude, convertido en superior de los benedictinos de Saint-Maur, le envi&oacute; su autobiograf&iacute;a, la Relaci&oacute;n de su vida. Este texto, una de las obras maestras de la literatura m&iacute;stica, hizo decir a Bossuet que Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n era la \u201cTeresa del Nuevo Mundo y de nuestro tiempo\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> De 1639 a 1672, Mar&iacute;a da a luz a esta joven Iglesia de Am&eacute;rica sin salir de su clausura: es una verdadera epopeya&nbsp; m&iacute;stica la fundaci&oacute;n de este Canad&aacute;. Ella nutri&oacute; a la joven Iglesia con su fe en Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, que irradiaba desde lo profundo de su alma, constantemente en espera, en oraci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> \u201cDios nunca me ha conducido a trav&eacute;s de un esp&iacute;ritu de miedo, sino por el del amor y la confianza\u201d, escribi&oacute; en 1668. Sus m&uacute;ltiples ocupaciones no la alejaron de la presencia de Dios en su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> La palabra que puede resumir mejor la vida de esta gran m&iacute;stica es el amor. Ya fuera Mar&iacute;a Guyart, la se&ntilde;ora Mart&iacute;n, la madre de Claude o la hermana Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n, siempre fue una gran enamorada de Dios y de las almas, hasta su entrada en la vida eterna el 30 de abril de 1672 a los 72 a&ntilde;os, unos meses despu&eacute;s del fallecimiento de la se&ntilde;ora de La Peltrie.<br \/> &nbsp;<br \/> Su hijo escribi&oacute; una primera biograf&iacute;a: \u201cRindi&oacute; su bella alma a los brazos de aquel por quien hab&iacute;a suspirado toda su vida\u201d (don Claude Martin).<br \/> &nbsp;<br \/> Juan Pablo II la proclam&oacute; beata el 22 de junio de 1980. Vio en ella una \u201calma profundamente contemplativa\u201d, \u201cmaestra de vida espiritual\u201d en quien \u201cla mujer cristiana se realiza plenamente y con un extraordinario equilibrio\u201d. El Papa Francisco la canoniz&oacute; con Francisco de Laval el 3 de abril de 2014.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Jacques Gautier El 3 de abril de 2014, el Papa Francisco hizo un regalo a la Iglesia canadiense y a su poblaci&oacute;n: inscribi&oacute; en el cat&aacute;logo de los santos a la hermana Mar&iacute;a de la Encarnaci&oacute;n (1599-1672), fundadora del convento de las ursulinas en Quebec, y a Francisco de Laval (1623-1708), primer obispo canadiense &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8b30-de-abril-primera-fiesta-de-santa-maria-de-la-encarnacion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u200b30 de abril, primera fiesta de santa Mar\u00eda de la&nbsp;Encarnaci\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32188","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32188","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32188"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32188\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32188"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32188"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32188"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}