{"id":32228,"date":"2016-06-13T11:57:19","date_gmt":"2016-06-13T16:57:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-pedro-canisio-2\/"},"modified":"2016-06-13T11:57:19","modified_gmt":"2016-06-13T16:57:19","slug":"hoy-celebramos-a-san-pedro-canisio-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-pedro-canisio-2\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; San Pedro&nbsp;Canisio"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: corazones.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Pedro Kanjis (lat&iacute;n: Canisius), te&oacute;logo jesuita holand&eacute;s, predicador, escritor, Doctor de la Iglesia, llamado &quot;el segundo evangelizador de Alemania&quot; (el primero siendo San Bonifacio), llamado tambi&eacute;n &quot;Martillo de los herejes&quot; por la claridad con que demol&iacute;a los errores de los protestantes, entre los iniciadores de la prensa Cat&oacute;lica.<br \/>\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/>\n<strong>Devoto del Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Uno de los primeros jesuitas devotos al Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, se sinti&oacute; impulsado a buscar a Cristo en el Sant&iacute;simo Sacramento luego de sus &uacute;ltimos votos y a agradecerle al Cristo presente por la gracia que hab&iacute;a recibido de Su Sagrado Coraz&oacute;n de posibilitarle continuar su misi&oacute;n en Alemania:&nbsp;&quot;No hieran, no humillen, pero defiendan la religi&oacute;n con toda su alma&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSan Pedro Canisio, el segundo ap&oacute;stol de Alemania, despues de San Bonifacio. Se le venera como uno de los creadores de la prensa cat&oacute;lica. Adem&aacute;s, fue el primero del numeroso ejercito de escritores jesuitas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNaci&oacute; en 1521, en Nimega de Holanda, que depend&iacute;a entonces de la arquidi&oacute;cesis alemana de Colonia. Era el hijo mayor de noble Jacobo Kanis. Aunque Pedro tuvo la desgracia de perder a su madre cuando era todav&iacute;a peque&ntilde;o, su madrastra fue para &eacute;l una segunda madre. El joven creci&oacute; en el temor de Dios. Cierto que &eacute;l mismo se acusa de haber perdido el tiempo, de ni&ntilde;o, en juegos in&uacute;tiles; pero, dado que a los diecinueve a&ntilde;os obtuvo el grado de Maestro en Artes, en Colonia, resulta dif&iacute;cil creer que haya sido muy perezoso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor complacer a su padre, Pedro estudi&oacute; algunos meses el derecho can&oacute;nico en Lovaina; pero, al caer en la cuenta de que &eacute;sa no era su verdadera vocaci&oacute;n, hizo voto de castidad y volvi&oacute; a Colonia a ense&ntilde;ar teolog&iacute;a. La predicaci&oacute;n del Beato Pedro Fabro, miembro del grupo original de jesuitas, hab&iacute;a despertado gran inter&eacute;s en las ciudades del Rin. Bajo su direcci&oacute;n, Canisio hizo los Ejercicios de San Ignacio, en Mainz y durante la segunda semana prometi&oacute; a Dios ingresar en la Compa&ntilde;a de Jes&uacute;s. Entr&oacute; en el noviciado y pas&oacute; varios a&ntilde;os en Colonia, consagrado a la oraci&oacute;n, al estudio, a visitar a los enfermos y a instruir a los ignorantes. El dinero que recibi&oacute; como herencia a la muerte de su padre lo dedic&oacute; en parte a los pobres y en parte al mantenimiento de la comunidad. Fue el octavo jesuita en hacer los votos solemnes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCanisio hab&iacute;a empezado ya a escribir. Su primera publicaci&oacute;n hab&iacute;a sido la edici&oacute;n de las obras de San Cirilo de Alejandr&iacute;a y San Le&oacute;n Magno. Despu&eacute;s de su ordenaci&oacute;n sacerdotal, comenz&oacute; a distinguirse en la predicaci&oacute;n. Hab&iacute;a asistido a dos sesiones del Concilio de Trento, una en Trento y otra en Bolonia, como te&oacute;logo del cardenal Truchsess y consejero del Papa. Se distingui&oacute; por la profundidad de su cultura teol&oacute;gica, por su celo y actividad, pero tambi&eacute;n por el esp&iacute;ritu conciliador. De ah&iacute; le llam&oacute; San Ignacio a Roma, donde le retuvo cinco meses, en los que Canisio dio pruebas de ser un religioso modelo, dispuesto a ir a cualquier parte y a desempe&ntilde;ar cualquier oficio. Fue enviado a Mesina a ense&ntilde;ar en la primera escuela de los jesuitas de la que la historia guarda memoria, pero al poco tiempo volvi&oacute; a Roma a hacer su profesi&oacute;n religiosa y a desempe&ntilde;ar un cargo m&aacute;s importante.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nRecibi&oacute; la orden de volver a Alemania, pues hab&iacute;a sido elegido para ir a Ingolstadt con otros dos jesuitas, ya que el duque Guillermo de Baviera hab&iacute;a pedido urgentemente algunos profesores capaces de contrarrestar las doctrinas her&eacute;ticas que invad&iacute;an las escuelas. No s&oacute;lo tuvo &eacute;xito Canisio en la reforma de la Universidad, de la que fue nombrado primero rector y luego vicecanciller, sino que, con sus sermones, consigui&oacute; la renovaci&oacute;n religiosa, en la que tambi&eacute;n colabor&oacute; con su catequesis y su campa&ntilde;a contra la venta de libros inmorales. Grande fue el duelo general cuando el santo parti&oacute; a Viena, en 1552, a petici&oacute;n del Rey Fernando, para emprender una tarea semejante. La situaci&oacute;n en Viena era peor que en Ingolstadt. Muchas parroquias carec&iacute;an de atenci&oacute;n espiritual, y los jesuitas ten&iacute;an que llenar las lagunas y ense&ntilde;ar en el colegio recientemente fundado. En los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os no hubo una sola ordenaci&oacute;n sacerdotal; los monasterios estaban abandonados; las gentes se burlaban de los miembros de las &oacute;rdenes religiosas; el noventa por ciento de la poblaci&oacute;n hab&iacute;a perdido la fe y los pocos cat&oacute;licos que quedaban, practicaban apenas la religi&oacute;n. San Pedro Canisio empez&oacute; por predicar en iglesias casi vac&iacute;as, en parte por el desinter&eacute;s general, o bien porque su alem&aacute;n del Rin resultaba muy duro para los o&iacute;dos de los vieneses. Pero, poco a poco, fue gan&aacute;ndose el cari&ntilde;o del pueblo por la generosidad con que atendi&oacute; a los enfermos y agonizantes durante una epidemia. La energ&iacute;a y esp&iacute;ritu de empresa del santo eran extraordinarios; se ocupaba de todo y de todos, lo mismo de la ense&ntilde;anza en la universidad, que de visitar en las c&aacute;rceles a los criminales m&aacute;s abandonados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Rey, el nuncio y el mismo Papa hubiesen querido nombrarle arzobispo de la sede vacante de Viena, pero San Ignacio s&oacute;lo permiti&oacute; que administrase la di&oacute;cesis durante un a&ntilde;o, sin el t&iacute;tulo ni los emolumentos de arzobispo.&nbsp; En vez del cardenalato que el papa le ofreci&oacute; Pedro Canisio prefiri&oacute; el humilde servicio a la comunidad, empleando el tiempo en la oraci&oacute;n y en la penitencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Pionero de la prensa cat&oacute;lica<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe le reconoce como pionero de la prensa cat&oacute;lica, siento el primero del numeroso ej&eacute;rcito de escritores jesuitas. Por aquella &eacute;poca, San Pedro empez&oacute; a preparar su famoso catecismo o &quot;Resumen de la Doctrina Cristiana&quot;, que apareci&oacute; en 1555. A esa obra siguieron un &quot;Catecismo Breve&quot; y un &quot;Catecismo Brev&iacute;simo&quot;, que alcanzaron enorme popularidad. Dichas obras ser&iacute;an para la contrarreforma Cat&oacute;lica lo que los catecismos de Lutero hab&iacute;an sido para la Reforma Protestante. Fueron reimpresos m&aacute;s de doscientas veces y traducidos a quince idiomas (incluyendo el ingl&eacute;s, el escoc&eacute;s de Braid, el hind&uacute; y el japon&eacute;s) en vida del autor.&nbsp; Ayud&oacute; a formar varias editoriales cat&oacute;licas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl santo nunca trat&oacute; a los protestantes con falta de caridad. Se limit&oacute; a clarificar sus errores para el bien de todas las almas. Supo ser caritativo y amable con los herejes y al mismo tiempo incisivo y claro contra las herej&iacute;as. Su recomendaci&oacute;n a los sacerdotes: &quot;no hieran, no humillen, pero defiendan la religi&oacute;n con toda su alma&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn Praga, a donde hab&iacute;a ido a fundar un colegio, se enter&oacute; con gran pena de que hab&iacute;a sido nombrado provincial de una nueva provincia, que comprend&iacute;a el sur de Alemania, Austria y Bohemia. Inmediatamente escribi&oacute; a San Ignacio: &quot;Carezco absolutamente del tacto, la prudencia y la decisi&oacute;n necesarias para gobernar. Soy orgulloso y apresurado por temperamento, y mi falta de experiencia me hace totalmente inepto para el oficio de provincial&quot;. Pero San Ignacio sab&iacute;a lo que hac&iacute;a. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os que pas&oacute; en Praga, Pedro Canisio devolvi&oacute; la fe a gran parte de la ciudad, y el colegio que fund&oacute; era tan bueno, que aun los protestantes enviaban a &eacute;l a sus hijos. En 1557, fue invitado a Worms a tomar parte en la discusi&oacute;n entre te&oacute;logos cat&oacute;licos y protestantes. Asisti&oacute; a dicha conferencia, aunque estaba convencido de que ese tipo de reuniones provocaban disputas que no hac&iacute;an m&aacute;s que ensanchar el abismo que separaba a los cristianos. Es imposible escribir aqu&iacute; los numerosos viajes de su provincialato y sus m&uacute;ltiples actividades.&nbsp; El P. Brodrick calcula que, entre 1555 y 1558, recorri&oacute; diez mil kil&oacute;metros a pie y a caballo y que, en treinta a&ntilde;os, anduvo cerca de treinta mil kil&oacute;metros por Alemania, Austria, Holanda e Italia. Para responder a quienes dec&iacute;an que trabajaba demasiado, sol&iacute;a decir: &quot;Quien tenga demasiado qu&eacute; hacer ser&aacute; capaz de hacerlo todo con la ayuda de Dios&quot;, otras veces dec&iacute;a: &quot;Descansaremos en el cielo&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;Adem&aacute;s de los colegios que fund&oacute; o inaugur&oacute;, dispuso la fundaci&oacute;n de muchos otros.&nbsp; En 1559, a instancias del rey Fernando, fue a residir a Augsburgo durante seis a&ntilde;os.&nbsp; Ah&iacute; reaviv&oacute; una vez m&aacute;s la llama de la fe, alentando a los fieles, tendiendo la mano a los ca&iacute;dos y convirtiendo a muchos herejes.&nbsp; Adem&aacute;s, convenci&oacute; a las autoridades para que abriesen de nuevo las escuelas p&uacute;blicas, que hab&iacute;an sido destruidas por los protestantes. Al mismo tiempo que hac&iacute;a todo lo posible por impedir la divulgaci&oacute;n de los libros inmorales y her&eacute;ticos, divulgaba en cuanto pod&iacute;a los libros buenos, ya que comprend&iacute;a, por intuici&oacute;n, como aumentaba la importancia de la prensa. En aquella &eacute;poca recopil&oacute; y edit&oacute; una selecci&oacute;n de las cartas de San Jer&oacute;nimo, el &quot;manual de los Cat&oacute;licos&quot;, un martirologio y una revisi&oacute;n del Breviario de Augsburgo. En Alemania se reza todav&iacute;a, los domingos, la oraci&oacute;n general compuesta por el santo. Al fin de su provincialato, San Pedro residi&oacute; en Dilinga de Baviera, donde los jesuitas ten&iacute;an un colegio y dirig&iacute;an la universidad. Adem&aacute;s, ah&iacute; resid&iacute;a tambi&eacute;n el cardenal Ot&oacute;n de Truchsess, que desde hac&iacute;a largo tiempo era &iacute;ntimo amigo de San Pedro Canisio. El santo se dedic&oacute; sobre todo a la ense&ntilde;anza, a o&iacute;r confesiones y a escribir los primeros libros de una colecci&oacute;n que hab&iacute;a comenzado por orden de sus superiores.&nbsp; Dicha obra ten&iacute;a por fin responder a una historia del cristianismo, muy anticat&oacute;lica, que hab&iacute;an publicado recientemente los escritores protestantes, conocidos con el nombre de &quot;Centuriadores de Magdeburgo&quot;.&nbsp;&nbsp;&nbsp; Canisio continu&oacute; su obra mientras desempe&ntilde;aba el cargo de capell&aacute;n de la corte en Innsbruck y s&oacute;lo la interrumpi&oacute; en 1577, a causa de su mala salud.&nbsp; Sin embargo, segu&iacute;a tan activo como siempre, pues predicaba, daba misiones, acompa&ntilde;aba al provincial en sus visitas y aun desempe&ntilde;&oacute;, durante alg&uacute;n tiempo, el puesto de viceprovincial.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn 1580 se hallaba en Dilinga, cuando recibi&oacute; la orden de ir a Friburgo de Suiza.&nbsp; Dicha ciudad, que se hallaba situada entre dos regiones muy protestantes, quer&iacute;a que se fundase desde hac&iacute;a mucho tiempo un colegio cat&oacute;lico, pero, adem&aacute;s de otros obst&aacute;culos que opon&iacute;an a la empresa, carec&iacute;a de fondos suficientes para realizarla. En pocos a&ntilde;os venci&oacute; San Pedro Canisio esos obst&aacute;culos y consigui&oacute; dinero, eligi&oacute; el sitio y supervis&oacute; la erecci&oacute;n del espl&eacute;ndido colegio que es en la actualidad la Universidad de Friburgo, aunque nunca fue rector ni profesor en &eacute;l. Adem&aacute;s del inter&eacute;s con que segu&iacute;a los progresos del colegio, su principal actividad, durante los ocho a&ntilde;os que pas&oacute; en Friburgo, fue la predicaci&oacute;n; los domingos y d&iacute;as de fiesta predicaba en la catedral y, entre semana, visitaba los pueblos del cant&oacute;n.&nbsp; Se puede afirmar sin temor a equivocarse, que a San Pedro Canisio se debe el que Friburgo haya conservado la fe en una &eacute;poca tan cr&iacute;tica.&nbsp; Al final, la debilidad de su cuerpo oblig&oacute; al santo a renunciar a la predicaci&oacute;n.&nbsp; En 1591, un ataque de par&aacute;lisis le puso a las puertas de la muerte, pero se rehizo lo suficiente para seguir escribiendo, con la ayuda de un secretario, hasta poco antes de su muerte. Depu&eacute;s de haber rezado el Santo Rosario con varios jesuitas en Friburgo, el 21 de diciembre de 1597, de pronto exclam&oacute; lleno de alegr&iacute;a y emoci&oacute;n: &quot;M&iacute;renla, ah&iacute; est&aacute;.&nbsp; Ah&iacute; est&aacute;&quot;.&nbsp; Y muri&oacute;.&nbsp; Era la Virgen Sant&iacute;sima que hab&iacute;a llegado a llev&aacute;rselo para el cielo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSan Pedro Canisio fue canonizado y declarado doctor de la Iglesia en 1925.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUna de las principales lecciones de su vida es el esp&iacute;ritu y el estilo de sus controversias religiosas.&nbsp; El mismo San Ignacio hab&iacute;a insistido en la necesidad de dar &quot;ejemplo de caridad y moderaci&oacute;n cristiana en Alemania&quot;.&nbsp; San Pedro Canisio advert&iacute;a que era un error &quot;citar en una conversaci&oacute;n los temas que antipatizan a los protestantes . . . , como la confesi&oacute;n, la satisfacci&oacute;n, el purgatorio, las indulgencias, los votos mon&aacute;sticos y las peregrinaciones, pues, como algunos enfermos, tienen el paladar estragado, son incapaces de apreciar esos manjares.&nbsp; Necesitan leche, como los ni&ntilde;os; s&oacute;lo poco a poco es posible llevarles a aceptar los dogmas sobre los que no estamos de acuerdo con ellos&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSan Pedro Canisio se mostraba duro con los que propagaban la herej&iacute;a y, como la mayor parte de sus contempor&aacute;neos, estaba dispuesto a emplear la fuerza para imped&iacute;rselo. Pero su actitud era muy diferente con quienes hab&iacute;an nacido en el luteranismo o hab&iacute;an sido arrastrados a &eacute;l. El santo pas&oacute; toda su vida oponi&eacute;ndose a la herej&iacute;a y tratando de restaurar la fe y la vida cat&oacute;licas. Sin embargo dec&iacute;a, hablando de los alemanes: &quot;Es cierto que much&iacute;simos de ellos abrazan las nuevas sectas y yerran en la fe, pero su manera de proceder demuestra que lo hacen m&aacute;s por ignorancia que por malicia. Yerran, lo repito, pero sin intenci&oacute;n, sin deseo y sin obstinaci&oacute;n&quot;.&nbsp; Seg&uacute;n San Pedro Canisio, no hab&iacute;a que enfrentarse ni siquiera a los m&aacute;s conscientes y peligrosos de los herejes &quot;con aspereza y descortes&iacute;a, pues ello no s&oacute;lo es el reverso del esp&iacute;ritu de Cristo, sino que equivale a quebrar la rama desquebrajada y a apagar la mecha que humea todav&iacute;a&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em><strong><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.corazones.org\/santos\/pedro_canisio.htm\">Art&iacute;culo<\/a> publicado originalmente por Corazones.org&nbsp;<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: corazones.org Pedro Kanjis (lat&iacute;n: Canisius), te&oacute;logo jesuita holand&eacute;s, predicador, escritor, Doctor de la Iglesia, llamado &quot;el segundo evangelizador de Alemania&quot; (el primero siendo San Bonifacio), llamado tambi&eacute;n &quot;Martillo de los herejes&quot; por la claridad con que demol&iacute;a los errores de los protestantes, entre los iniciadores de la prensa Cat&oacute;lica. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Devoto del Coraz&oacute;n de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-pedro-canisio-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHoy celebramos a &#8230; San Pedro&nbsp;Canisio\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32228","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32228","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32228"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32228\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32228"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32228"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32228"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}