{"id":32240,"date":"2016-06-13T11:57:48","date_gmt":"2016-06-13T16:57:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-francesca-xavier-cabrini\/"},"modified":"2016-06-13T11:57:48","modified_gmt":"2016-06-13T16:57:48","slug":"hoy-celebramos-a-santa-francesca-xavier-cabrini","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-francesca-xavier-cabrini\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; Santa Francesca Xavier&nbsp;Cabrini"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: corazones.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Agust&iacute;n Cabrini era un cultivador muy acomodado, cuyas tierras estaban situadas cerca de Sant&#039; Angelo Lodigiano, entre Pav&iacute;a y Lodi.&nbsp; Su esposa, Estela Oldini, era milanesa.&nbsp; Tuvieron trece hijos, de los que la menor, nacida el 15 de julio de 1850, recibi&oacute; en el bautismo los nombres de Mar&iacute;a Francisca, a los que m&aacute;s tarde hab&iacute;a de a&ntilde;adir el de Javier.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa familia Cabrini era s&oacute;lidamente piadosa, pues todo en la familia era s&oacute;lido.&nbsp; Rosa, una de las hermanas de Francisca, que hab&iacute;a sido maestra de escuela y no hab&iacute;a escapado a todos los defectos de su profesi&oacute;n, se encarg&oacute; especialmente de la educaci&oacute;n de su hermanita en forma muy estricta.&nbsp; Hay que reconocer que Francisca aprendi&oacute; mucho de Rosa y que el rigor con que la trataba su hermana no le hizo ning&uacute;n da&ntilde;o.&nbsp; La piedad de Francisca fue un tanto precoz, pero no por ello menos real.&nbsp; Oyendo en su casa la lectura de los &quot;Anales de la Propagaci&oacute;n de la Fe&quot;, Francisca determin&oacute; desde ni&ntilde;a ir a trabajar en las misiones extranjeras.&nbsp; China era su pa&iacute;s predilecto.&nbsp; Francisca vest&iacute;a de religiosas a sus mu&ntilde;ecas; sol&iacute;a tambi&eacute;n hacer barquitos de papel, y los echaba al r&iacute;o cubiertos de violetas, que representaban a los misioneros que iban a las misiones.&nbsp; Sabiendo que en China no hab&iacute;a caramelos, renunci&oacute; a ellos para irse acostumbrando a esa privaci&oacute;n.&nbsp; Los padres de Francisca, que deseaban que fuese maestra de escuela, la enviaron a estudiar en la escuela de las religiosas de Arluno.&nbsp; La joven pas&oacute; con &eacute;xito los ex&aacute;menes a los dieciocho a&ntilde;os.&nbsp; En 1870, tuvo la pena enorme de perder a sus padres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDurante los dos a&ntilde;os siguientes, Francisca vivi&oacute; apaciblemente con su hermana Rosa.&nbsp; Su bondad sin pretensiones impresionaba a cuantos la conoc&iacute;an.&nbsp; Francisca quiso ingresar en la congregaci&oacute;n en la que hab&iacute;a hecho sus estudios; pero no fue admitida a causa de su mala salud.&nbsp; Tambi&eacute;n otra congregaci&oacute;n le neg&oacute; la admisi&oacute;n por la misma raz&oacute;n.&nbsp; Pero Don Serrati, el sacerdote en cuya escuela ense&ntilde;aba Francisca, no olvid&oacute; las cualidades de la joven maestra.&nbsp; En 1874, Don Serrati fue nombrado preboste de la colegiata de Codogno.&nbsp; En su nueva parroquia hab&iacute;a un peque&ntilde;o orfanato, llamado la Casa de la Providencia, cuyo estado dejaba mucho que desear.&nbsp; La fundadora, que se llamaba Antonia Tondini, y otras dos mujeres, se encargaban de la administraci&oacute;n, pero lo hac&iacute;an muy mal.&nbsp; El obispo de Lodi y Mons. Serrati invitaron a Francisca a ir a ayudar en esa instituci&oacute;n y a fundar ah&iacute; una congregaci&oacute;n religiosa.&nbsp; La joven acept&oacute;, no sin gran repugnancia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; empez&oacute; Francisca lo que una religiosa benedictina califica de noviciado muy especial. Aunque Antonia Tondini hab&iacute;a aceptado que Francisca trabajase en el orfanato, en vez de ayudarla, se dedic&oacute; a obstaculizar su trabajo. Pero Francisca no se desalent&oacute;, con sus compa&ntilde;eras fund&oacute; la comunidad de las Hermanas Misioneras del Sagrado Coraz&oacute;n, bajo la inspiraci&oacute;n del gran misionero jesuita&nbsp; San Francisco Javier.&nbsp; Cuando Francisca hizo los votos religiosos tom&oacute; el nombre del santo y, en 1877, hizo los primeros votos con siete de sus hermanas religiosas. Al mismo tiempo, el obispo la nombr&oacute; superiora.&nbsp; Ello no hizo sino empeorar las cosas.&nbsp; La conducta de la hermana Tondina, quien probablemente estaba un tanto enferma de la cabeza, se convirti&oacute; en un esc&aacute;ndalo p&uacute;blico. Francisca Cabrini y sus fieles colaboradoras lucharon tres a&ntilde;os m&aacute;s por sostener la obra de la Casa de la Providencia, en espera de tiempos mejores; pero finalmente, el obispo renunci&oacute; al proyecto y cerr&oacute; el orfanato, despu&eacute;s de decir a Francisca: &quot;Vos dese&aacute;is ser misionera.&nbsp; Pues bien, ha llegado el momento de que lo se&aacute;is.&nbsp; Yo no conozco ning&uacute;n instituto misional femenino.&nbsp; Fundadlo vos misma&quot;.&nbsp; Francisca sali&oacute; decidida a seguir sencillamente ese consejo.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\nEn Codogno hab&iacute;a un antiguo convento franciscano, vac&iacute;o y olvidado.&nbsp; A &eacute;l se traslad&oacute; la madre Cabrini con sus siete&nbsp; fieles compa&ntilde;eras.&nbsp; En cuanto la comunidad qued&oacute; establecida, la santa se dedic&oacute; a redactar las reglas.&nbsp; El fin principal de las Hermanas Misioneras del Sagrado Coraz&oacute;n era la educaci&oacute;n de las j&oacute;venes.&nbsp; Ese mismo a&ntilde;o el obispo de Lodi aprob&oacute; las constituciones.&nbsp; Dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, se inaugur&oacute; la primera filial en Gruello, a la que sigui&oacute; pronto la casa de Mil&aacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodo esto se escribe pronto, pero la realidad fue cosa muy seria. En efecto, algunos alegaron que el t&iacute;tulo de misioneras no conven&iacute;a a las mujeres, y una madre se quej&oacute; de que su hija hab&iacute;a sido enga&ntilde;ada para que entrase en la congregaci&oacute;n.&nbsp; A pesar de ello, la congregaci&oacute;n empez&oacute; a crecer, y la madre Cabrini demostr&oacute; ampliamente su capacidad.&nbsp; En 1887, fue a Roma a pedir a la Santa Sede que aprobase su peque&ntilde;a congregaci&oacute;n y le diese permiso de abrir una casa en la Ciudad Eterna.&nbsp; Algunas personas influyentes trataron de disuadir a la santa del proyecto, pues juzgaban que siete a&ntilde;os de prueba no bastaban para la aprobaci&oacute;n de la congregaci&oacute;n.&nbsp; El cardenal Parocchi, vicario de Roma, repiti&oacute; el mismo argumento en su primera entrevista con la madre Francisca; pero solo en la primera entrevista, porque la santa se lo gan&oacute; muy pronto.&nbsp; Al poco tiempo, se pidi&oacute; a la madre Cabrini que abriese no una sino dos casas en Roma: una escuela gratuita y un orfanato.&nbsp; Algunos meses m&aacute;s tarde, se public&oacute; el decreto de la primera aprobaci&oacute;n de las Hermanas Misioneras del Sagrado Coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo hemos dicho, la madre Cabrini hab&iacute;a so&ntilde;ado en China desde la ni&ntilde;ez.&nbsp; Pero no faltaban quienes quer&iacute;an convencerla de que volviese los ojos hacia otro continente.&nbsp; Mons. Scalabrini, obispo de Piacenza, hab&iacute;a fundado la sociedad de San Carlos para trabajar entre los italianos que part&iacute;an a los Estados Unidos, y rog&oacute; a la madre Cabrini que enviase algunas de sus religiosas a colaborar con los sacerdotes de la sociedad.&nbsp; La santa no se dej&oacute; convencer.&nbsp; Entonces, el arzobispo de Nueva York, Mons. Corrigan, insisti&oacute; personalmente.&nbsp; La santa estaba indecisa, porque todos, excepto Mons. Serrati, apuntaban en la misma direcci&oacute;n.&nbsp; La madre Francisca tuvo por entonces un sue&ntilde;o que la impresion&oacute; mucho y determin&oacute; consultar al Sumo Pont&iacute;fice.&nbsp; Le&oacute;n XIII le dijo: &quot;No al oriente sino al occidente&quot;.&nbsp; Siendo ni&ntilde;a, Francisca Cabrini se hab&iacute;a ca&iacute;do al r&iacute;o, y desde entonces ten&iacute;a horror al agua.&nbsp; A pesar de ello, cruz&oacute; el Atl&aacute;ntico por primera vez, con seis de sus religiosas, y desembarc&oacute; en Nueva York el 31 de marzo de 1889.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Misionera a Estados Unidos<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntre 1901 y 1913 inmigraron a Estados Unidos 4.711.000 italianos. Muchos los defin&iacute;an como una aut&eacute;ntica enfermedad social.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUna multitud de europeos pobres, italianos, polacos, ucranios, checos, croatas, eslovacos, Etc., emigraban a los Estados Unidos. Cuando lleg&oacute; la madre Cabrini, hab&iacute;a unos 50,000 italianos solo en Nueva York y sus alrededores. La mayor&iacute;a de ellos no sab&iacute;an siquiera los rudimentos de la doctrina cristiana; apenas unos 1,200 hab&iacute;an asistido alguna vez en su vida a la misa. El clero ten&iacute;a sus dificultades, pues de cada doce sacerdotes italianos en los Estados Unidos, diez hab&iacute;an tenido que salir de su patria por mala conducta. Y las condiciones econ&oacute;micas y sociales de la mayor&iacute;a de los inmigrantes estaban a la altura de las condiciones religiosas.&nbsp; Nada tiene, pues, de extra&ntilde;o que en el tercer concilio plenario de Baltimore, Mons. Corrigan y Le&oacute;n XIII hayan estado muy inquietos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa acogida que se dio a las religiosas en Nueva York, no fue precisamente entusiasta.&nbsp; Se les hab&iacute;a pedido que organizaran un orfanato para ni&ntilde;os italianos y que tomaran a su cargo una escuela primaria; pero, al llegar a Nueva York, donde se les dio cordialmente la bienvenida, se encontraron con que no ten&iacute;an casa, de suerte que por lo menos la primera noche tuvieron que pasarla en una posada sucia y repugnante.&nbsp; Cuando la madre Cabrini fue a ver a Mons. Corrigan, se enter&oacute; de que, debido a ciertas dificultades entre el arzobispo y las bienhechoras, se hab&iacute;a renunciado al proyecto del orfanato.&nbsp; Por otra parte, aunque abundaban los alumnos, no hab&iacute;a edificio para la escuela.&nbsp; El arzobispo termin&oacute; diciendo que, en vista de las circunstancias, lo mejor era que la madre Cabrini y sus religiosas regresasen a Italia.&nbsp; Santa Francisca replic&oacute; con su firmeza y decisi&oacute;n habituales: &quot;No, monse&ntilde;or.&nbsp; El Papa me envi&oacute; aqu&iacute;, y aqu&iacute; me voy a quedar&quot;.&nbsp; El arzobispo qued&oacute; impresionado al ver la firmeza de aquella peque&ntilde;a lombarda y el apoyo que le prestaban en Roma.&nbsp; Por lo dem&aacute;s, hay que confesar que era un hombre que cambiaba f&aacute;cilmente de idea.&nbsp; As&iacute; pues, no se opuso a que las religiosas se quedasen en New York y consigui&oacute; que por el momento se alojasen con las hermanas de la Caridad.&nbsp; A las pocas semanas, Santa Francisca hab&iacute;a ya hecho buenas migas con la condesa Cesnola, bienhechora del orfanato proyectado, la hab&iacute;a reconciliado con Mons. Corrigan, hab&iacute;a conseguido una casa para sus religiosas y hab&iacute;a inaugurado un peque&ntilde;o orfanato.&nbsp; En julio de 1889, fue a hacer una visita a Italia, y llev&oacute; consigo a las dos primeras religiosas italo-americanas de su congregaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">Nueve meses despu&eacute;s, regres&oacute; a los Estados Unidos con m&aacute;s religiosas para tomar posesi&oacute;n de la casa de West Park, sobre el r&iacute;o Hudson, que hasta entonces hab&iacute;a pertenecido a los jesuitas.&nbsp; La santa traslad&oacute; all&aacute; el orfanato, que ya hab&iacute;a crecido mucho, y estableci&oacute; ah&iacute; mismo la casa madre y el noviciado de los Estados Unidos.&nbsp; La congregaci&oacute;n prosperaba, tanto entre los inmigrantes a los Estados Unidos como en Italia.&nbsp; Al poco tiempo, la madre Cabrini hizo un penoso viaje a Managua de Nicaragua; a pesar de que las circunstancias eran muy dif&iacute;ciles y aun peligrosas, acept&oacute; la direcci&oacute;n de un orfanato y abri&oacute; un internado.&nbsp; En el viaje de vuelta, pas&oacute; por Nueva Orleans, como se lo hab&iacute;a pedido el santo arzobispo de la ciudad, Francisco Janssens.&nbsp; Los italianos de Nueva Orleans, que proced&iacute;an en gran parte del sur de Italia y de Sicilia viv&iacute;an en condiciones especialmente amargas.&nbsp; Hab&iacute;a entre ellos algunos criminales indeseables, y poco antes una chusma enfurecida de americanos, no menos criminal, hab&iacute;a linchado a once de ellos.&nbsp; El resultado de la visita de Santa Francisca fue que fund&oacute; una casa en Nueva Orle&aacute;ns.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo hace falta demostrar que Francisca Cabrini fue una mujer extraordinaria, pues sus obras hablan por ella.&nbsp; Como hab&iacute;a sucedido a la beata Filipina Duchesne, Santa Francisca aprendi&oacute; el ingl&eacute;s con dificultad y conserv&oacute; siempre el acento extranjero muy marcado.&nbsp; Pero ello no le impidi&oacute; tener gran &eacute;xito en el trato con gentes de todas clases.&nbsp; En particular, aquellos con quienes tuvo que tratar asuntos financieros, que fueron muchos y de mucha importancia, la admiraban enormemente.&nbsp; El &uacute;nico punto en el que fall&oacute; el tacto de la madre Cabrini fue en las relaciones con los cristianos no cat&oacute;licos.&nbsp; Ello se debi&oacute; a que entr&oacute; por primera vez en contacto con ellos en los Estados Unidos, de suerte que pas&oacute; largo tiempo antes de que reconociese su buena fe y apreciarse su vida ejemplar.&nbsp; Los comentarios desagradables que hizo la santa sobre este punto, se explican por su ignorancia, que era la ra&iacute;z de su incomprensi&oacute;n.&nbsp; En efecto, como lo demuestran sus ideas sobre la educaci&oacute;n de los ni&ntilde;os, era una mujer de visi&oacute;n amplia y capaz de aprender, que no cerraba a una idea simplemente porque era nueva.&nbsp; La madre Cabrini hab&iacute;a nacido para gobernar.&nbsp; Era muy estricta, pero pose&iacute;a al mismo tiempo un gran sentido de justicia.&nbsp; En ciertas ocasiones era tal vez demasiado estricta y no ca&iacute;a en la cuenta de las consecuencias de su inflexibilidad.&nbsp; Por ejemplo, no parece que haya favorecido a la causa de la moral cristiana neg&aacute;ndose a recibir a los hijos ileg&iacute;timos en su escuela gratuita; tal actitud no hac&iacute;a m&aacute;s que castigar a los inocentes.&nbsp; Pero el amor gobernaba todos los actos de la santa, de suerte que su inflexibilidad no le imped&iacute;a amar y ser muy amada.&nbsp; A este prop&oacute;sito, sol&iacute;a decir a sus religiosas: &ldquo;Am&aacute;os unas a otras.&nbsp; Sacrificaos constantemente y de buen grado por vuestras hermanas.&nbsp; Sed bondadosas; no se&aacute;is duras ni bruscas, no abrigu&eacute;is resentimientos; sed mansas y pac&iacute;ficas.&rdquo;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn 1892, a&ntilde;o del cuarto descubrimiento del Nuevo Mundo, la santa fund&oacute; en Nueva York una de sus obras m&aacute;s conocidas: el &ldquo;Columbus Hospital&rdquo;.&nbsp; En realidad, dicha obra hab&iacute;a sido emprendida poco antes por la Sociedad de San Carlos.&nbsp; Desgraciadamente, la cesi&oacute;n del hospital a las Misioneras de Sagrado Coraz&oacute;n, que no fue f&aacute;cil, cre&oacute; ciertos resentimientos contra la madre Francisca.&nbsp; La santa hizo poco despu&eacute;s un viaje a Italia, donde asisti&oacute; a la inauguraci&oacute;n de una casa de vacaciones cerca de Roma y de una casa de estudiantes en G&eacute;nova.&nbsp; En seguida, fue a Costa Rica, Panam&aacute;, Chile, Brasil y Buenos Aires.&nbsp; Naturalmente, en 1895, ese viaje era mucho m&aacute;s dif&iacute;cil que en la actualidad; pero la madre Cabrini gozaba enormemente con los paisajes, y ello le aliger&oacute; un tanto las molestias del viaje.&nbsp; En Buenos Aires inaugur&oacute; una escuela secundaria para jovencitas.&nbsp; Como algunas personas le advirtiesen que la empresa era muy dif&iacute;cil y pesada, la santa respondi&oacute;: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n la va a llevar a cabo: nosotras, o Dios? &rdquo;&nbsp; Despu&eacute;s de otro viaje a Italia, donde tuvo que encargarse de un largo proceso en los tribunales eclesi&aacute;sticos y hacer frente a la turba en Mil&aacute;n, fue a Francia, e hizo ah&iacute; su primera fundaci&oacute;n europea fuera de Italia.&nbsp; En el verano de 1898, estuvo en Inglaterra.&nbsp; El obispo de Southwark, Mons. Bourne, que fue m&aacute;s tarde cardenal y hab&iacute;a conocido en Codogno a la madre Francisca, le pidi&oacute; que fundase en su di&oacute;cesis una casa de su congregaci&oacute;n; pero el proyecto no se llev&oacute; a cabo por entonces.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa santa despleg&oacute; la misma actividad en los doce a&ntilde;os siguientes.&nbsp; Si hubiese que nombrar a un santo patrono de los viajeros, m&aacute;s reciente y menos nebuloso que San Crist&oacute;bal, la madre Cabrini encabezar&iacute;a ciertamente la lista de candidatos.&nbsp; Su amor por todos los hijos de Dios la llev&oacute; de un sitio a otro del hemisferio occidental: de R&iacute;o de Janeiro a Roma, de Sydenham a Seattle.&nbsp; Las constituciones de la Hermanas Misioneras del Sagrado Coraz&oacute;n fueron finalmente aprobadas en 1907.&nbsp; Para entonces, la congregaci&oacute;n, que hab&iacute;a comenzado en 1880 con ocho religiosas, ten&iacute;a ya m&aacute;s de 1000 y se hallaba establecida en ocho pa&iacute;ses.&nbsp; Santa Francisca hab&iacute;a hecho m&aacute;s de cincuenta fundaciones, entre las que se contaban escuelas gratuitas, escuelas secundarias, hospitales y otras instituciones.&nbsp; Las religiosas no se limitaban en los Estados Unidos a trabajar entre los inmigrantes italianos.&nbsp; En efecto, el d&iacute;a del jubileo de la congregaci&oacute;n, los presos de Sing-Sing enviaron a la santa una conmovedora carta de gratitud.&nbsp; Entre las grandes fundaciones, nos limitaremos a mencionar dos: el &ldquo;Columbus Hospital&rdquo; de Chicago, y la escuela de Brockley (1902), que actualmente se halla en Honor Oak.&nbsp; Es imposible hablar aqu&iacute; de todas las pruebas y dificultades, tales como la oposici&oacute;n del obispo de Vitoria (la reina Mar&iacute;a Cristina hab&iacute;a llamado a Espa&ntilde;a a Santa Francisca), y la oposici&oacute;n de ciertos partidos en Chicago, Seattle y Nueva Orle&aacute;ns.&nbsp; En esta &uacute;ltima ciudad las hijas de Santa Francisca pagaron el mal con bien, ya que se condujeron en forma heroica en la epidemia de fiebre amarilla de 1905.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn 1911, la salud de la fundadora comenz&oacute; a decaer. Ten&iacute;a entonces sesenta y un a&ntilde;os, y estaba f&iacute;sicamente agotada.&nbsp; Pero todav&iacute;a pudo trabajar seis a&ntilde;os m&aacute;s.&nbsp; El fin lleg&oacute; s&uacute;bitamente. La madre Francisca Javier Cabrini muri&oacute; durante uno de sus viajes a Chicago, el 22 de diciembre de 1917.&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nFue canonizada en 1946.&nbsp; Su cuerpo se halla en la capilla de la &ldquo;Cabrini Memorial School&rdquo; de Fort Washington, en el estado de Nueva York.&nbsp; Sin duda, que antes de Santa Francisca hubo muchos santos en los Estados Unidos y que seguir&aacute; habi&eacute;ndolos en el futuro; pero ella fue la primera ciudadana americana cuya santidad fue p&uacute;blicamente reconocida por la Iglesia mediante la canonizaci&oacute;n.&nbsp; Francisca Javier Cabrini es una gloria de los Estados Unidos, de Italia, de la Iglesia y de toda la humanidad.&nbsp; Nadie que no fuese un santo como ella hubiese podido hacer lo que ella hizo y en la forma en que lo hizo.&nbsp; As&iacute; lo reconoci&oacute; Le&oacute;n XIII, casi cuarenta a&ntilde;os antes de la canonizaci&oacute;n de la santa, cuando dijo: &ldquo;La madre Cabrini es una mujer muy inteligente y de gran virtud . . . Es una santa&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em><strong style=\"margin:0;padding:0;\"><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.corazones.org\/santos\/frances_cabrini.htm\">Art&iacute;culo<\/a>&nbsp;publicado originalmente por corazones.org<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: corazones.org Agust&iacute;n Cabrini era un cultivador muy acomodado, cuyas tierras estaban situadas cerca de Sant&#039; Angelo Lodigiano, entre Pav&iacute;a y Lodi.&nbsp; Su esposa, Estela Oldini, era milanesa.&nbsp; Tuvieron trece hijos, de los que la menor, nacida el 15 de julio de 1850, recibi&oacute; en el bautismo los nombres de Mar&iacute;a Francisca, a los que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-francesca-xavier-cabrini\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHoy celebramos a &#8230; Santa Francesca Xavier&nbsp;Cabrini\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32240","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32240","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32240"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32240\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32240"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32240"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32240"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}