{"id":32280,"date":"2016-06-13T11:59:22","date_gmt":"2016-06-13T16:59:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-hombre-grande-que-supo-pasar-desapercibido\/"},"modified":"2016-06-13T11:59:22","modified_gmt":"2016-06-13T16:59:22","slug":"un-hombre-grande-que-supo-pasar-desapercibido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-hombre-grande-que-supo-pasar-desapercibido\/","title":{"rendered":"Un hombre grande que supo pasar&nbsp;desapercibido"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Salvador Aragon\u00e9s<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La beatificaci&oacute;n de &Aacute;lvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei, me caus&oacute; una gran alegr&iacute;a, y m&aacute;s que fuera reconocido su milagro al lado de la anunciada canonizaci&oacute;n de Juan XXIII y de Juan Pablo II, dos santos que en su acci&oacute;n pastoral cambiaron el rumbo de la historia, tanto de la Iglesia (el Concilio Vaticano II) como del mundo (la&nbsp; ca&iacute;da del imperio sovi&eacute;tico en Europa).<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> &Aacute;lvaro del Portillo no fue un hombre, desde el punto de vista medi&aacute;tico, de primera fila. Fue una persona que sirvi&oacute; a la Iglesia pasando desapercibido y que procur&oacute; a lo largo de su vida ser fiel, es m&aacute;s dir&eacute; que fidel&iacute;simo (como periodista no me gustan los superlativos), a la Iglesia, al Papa (a los papas) y sobre todo al fundador del Opus Dei, San Josemar&iacute;a Escriv&aacute;, sin hacer ruido. <strong>Era su talante: servir, pasar oculto, servir con un esfuerzo hasta el l&iacute;mite de lo heroico a la Iglesia y en concreto al sacerdocio y al laicado<\/strong>, como demostr&oacute; en sus aportaciones, todav&iacute;a poco conocidas, en el Concilio Vaticano II. Sigui&oacute; aqu&iacute; el consejo de San Josemar&iacute;a de \u201cservir a la Iglesia, como la Iglesia quiere ser servida\u201d.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Yo le conoc&iacute; en los a&ntilde;os sesenta del pasado siglo, y un detalle me sorprendi&oacute; sobremanera. San Josemar&iacute;a hablaba con un grupo de un centenar de personas en Pamplona, y en un momento y ante la pegunta de uno de los asistentes dijo sin levantar el tono de voz: \u201c&Aacute;lvaro, tendr&iacute;amos que revisar tal punto de los estatutos del Opus Dei\u201d. &Aacute;lvaro del Portillo se encontraba a unos 25-30 metros de San Josemar&iacute;a hablando con otras personas, respondi&oacute;: \u201cS&iacute;, padre\u201d. Yo pens&eacute;: &iquest;Lo habr&aacute; o&iacute;do? Luego me di cuenta en algunas otras an&eacute;cdotas semejantes que a pesar de estar ocupado en otras tareas, su pensamiento y su coraz&oacute;n estaban unidos siempre con el Fundador del Opus Dei.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El d&iacute;a del fallecimiento de San Josemar&iacute;a Escriv&aacute;, el 26 de junio de 1975, fui a la sede central del Opus Dei en la calle Bruno Buozzi a recabar alguna informaci&oacute;n o declaraci&oacute;n de entre las personas que entonces ten&iacute;an responsabilidad de gobierno en el Opus Dei, que todav&iacute;a no se hab&iacute;a configurado como Prelatura Personal aunque estaba en un camino jur&iacute;dico hacia esta f&oacute;rmula can&oacute;nica. Hab&iacute;a alg&uacute;n periodista realmente cr&iacute;tico en la sala de espera, junto a m&iacute;, hasta el punto que quer&iacute;a irse porque \u201caqu&iacute; nadie nos dar&aacute; informaci&oacute;n alguna, ya ver&eacute;is, esto es todo secreto\u201d, coment&oacute;.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> De repente apareci&oacute; la figura serena de Mons. &Aacute;lvaro del Portillo, que era secretario general del Opus Dei. Nadie lo esperaba. Inform&oacute; con todo detalle de c&oacute;mo transcurri&oacute; la jornada del fundador ese 26 de junio hasta el momento de su fallecimiento. Me sorprendi&oacute;&nbsp; su gran serenidad y el detalle con que cont&oacute; hasta la minuciosidad los hechos. Dijo que hab&iacute;a ido &nbsp;por la ma&ntilde;ana al centro que las mujeres del Opus Dei tienen en las afueras de Roma, llamado entonces Villa delle Rose, y le habl&oacute; que ellas \u201cten&iacute;an tambi&eacute;n alma sacerdotal\u201d como estableci&oacute; el Concilio. Nos coment&oacute; que la Virgen le hab&iacute;a escuchado cuando le ped&iacute;a que le dejara morir \u201csin dar la lata\u201d a sus hijos, y en efecto muri&oacute; repentinamente de un paro card&iacute;aco. Tambi&eacute;n destac&oacute; &Aacute;lvaro del Portillo una virtud de San Josemar&iacute;a: la humildad. Luego, ante la gran sorpresa de todos, nos invit&oacute; a visitar el cuerpo de San Josemar&iacute;a en la hoy Bas&iacute;lica Prelaticia de Santa Mar&iacute;a de la Paz, \u201cpara rezar por &eacute;l\u201d, dijo. El santo estaba revestido de ornamentos sacerdotales con una casulla roja y ten&iacute;a un rostro feliz. Los periodistas nos quedamos impresionados por la cantidad de datos y la apertura informativa que se nos dio sobre este fallecimiento. Eran unos momentos \u2013ha habido muchos\u2014en que el Opus Dei era criticado por algunos medios de informaci&oacute;n por su secretismo. &nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> El segundo momento hist&oacute;rico que recuerdo de &Aacute;lvaro del Portillo, es una reuni&oacute;n que tuvo con un grupo de fieles del Opus Dei el 12 de septiembre de 1975 unos d&iacute;as antes de su elecci&oacute;n como nuevo Presidente General del Opus Dei, como era la denominaci&oacute;n de entonces al no ser todav&iacute;a Prelatura Personal. Est&aacute;bamos en una salita de la sede central apretujados. La gran mayor&iacute;a &eacute;ramos casados y con hijos procedentes de diversos pa&iacute;ses aunque una buena parte &eacute;ramos italianos y catalanes.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &Aacute;lvaro del Portillo, con esa capacidad de s&iacute;ntesis que ten&iacute;a, quiso resumirnos a grandes trazos la semilla, la doctrina, que Dios, a trav&eacute;s de San Josmemar&iacute;a, quiso sembrar en el mundo. A los casados nos dijo que lo mejor que tenemos, \u201cel mejor negocio en este mundo\u201d era la familia. Por lo tanto hab&iacute;a que querer much&iacute;simo a nuestras esposas y a nuestros hijos. Nos dijo que &eacute;ramos \u201ccofundadores\u201d del Opus Dei porque hab&iacute;amos recibido directamente del fundador el esp&iacute;ritu del Opus Dei, y ello nos obligaba a transmitir \u201c&iacute;ntegro e inalterado\u201d este mensaje que era divino, de Dios. Nos pidi&oacute; tambi&eacute;n \u2013entre otras muchas cosas\u2014que nos encomend&aacute;ramos al Fundador en aquello que consider&aacute;ramos el bien de la Iglesia y de quienes est&aacute;n a nuestro alrededor. Que busc&aacute;ramos instrumentos, industrias humanas.&nbsp; Finalmente nos record&oacute; que sigui&eacute;ramos el ejemplo del Fundador, quien ten&iacute;a tres amores: Cristo, la Virgen y el Papa.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&Aacute;lvaro del Portillo, hombre de una inteligencia y una capacidad de trabajo muy poco comunes, supo pasar totalmente desapercibido ante los ojos del mundo<\/strong>. Parec&iacute;a que no hac&iacute;a nada y lo que hac&iacute;a daba la impresi&oacute;n que cualquier persona lo pod&iacute;a hacer. Sab&iacute;a estar tanto con un cardenal como con un ni&ntilde;o. Recuerdo cuando nos recibi&oacute; a toda nuestra familia, en 1993. Una hija de pocos a&ntilde;os dijo algo y nosotros, al ser peque&ntilde;a, no le dimos importancia, pero don &Aacute;lvaro s&iacute; y pidi&oacute; que la escuch&aacute;ramos, pues a lo mejor era importante lo que quer&iacute;a decir, o por lo menos importante para ella.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Cuando el 15 de septiembre de 1975 fue elegido Presidente General del Opus Dei \u2013yo era entonces corresponsal de prensa en Roma\u2014quise recabar la opini&oacute;n de varios cardenales y altos eclesi&aacute;sticos sobre su figura. Y me qued&eacute; altamente sorprendido de que en la Curia Romana se le valoraba mucho por el trabajo realizado y por su gran discreci&oacute;n y humildad. Recuerdo la opini&oacute;n del secretario de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe, mons. J&eacute;r&ocirc;me Hammer. \u201cAqu&iacute; en esta Congregaci&oacute;n no tenemos opini&oacute;n, le vamos a hacer un homenaje y con la esperanza que no abandone sus trabajos en la misma\u201d. Don &Aacute;lvaro no los abandon&oacute;. Y otra declaraci&oacute;n muy \u201cromana\u201d del cardenal Pignedoli: \u201cEs una persona extraordinaria en todos los sentidos. <em>Noi lo consideravamo gi&agrave; \u201cpapabile<\/em>\u201d \u201c. Papable era una expresi&oacute;n castiza romana que significa que ya sab&iacute;an que ser&iacute;a el sucesor.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Salvador Aragon\u00e9s La beatificaci&oacute;n de &Aacute;lvaro del Portillo, Prelado del Opus Dei, me caus&oacute; una gran alegr&iacute;a, y m&aacute;s que fuera reconocido su milagro al lado de la anunciada canonizaci&oacute;n de Juan XXIII y de Juan Pablo II, dos santos que en su acci&oacute;n pastoral cambiaron el rumbo de la historia, tanto de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/un-hombre-grande-que-supo-pasar-desapercibido\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abUn hombre grande que supo pasar&nbsp;desapercibido\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32280","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32280","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32280"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32280\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32280"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32280"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32280"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}