{"id":32310,"date":"2016-06-13T12:00:45","date_gmt":"2016-06-13T17:00:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/matrimonio-como-el-amor-humano-se-hace-divino\/"},"modified":"2016-06-13T12:00:45","modified_gmt":"2016-06-13T17:00:45","slug":"matrimonio-como-el-amor-humano-se-hace-divino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/matrimonio-como-el-amor-humano-se-hace-divino\/","title":{"rendered":"Matrimonio: C\u00f3mo el amor humano se hace&nbsp;divino"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> La vocaci&oacute;n matrimonial es una aventura de largo recorrido. Tan largo que nos lleva a la vida eterna.&nbsp;Dios nos ha so&ntilde;ado juntos para siempre y no nos deja solos en el camino, nos acompa&ntilde;a en cada paso para que vayamos <strong>construyendo nuestra vida sobre la roca de la fidelidad<\/strong>, sobre su propia roca.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos descubrir ese sue&ntilde;o que Dios sue&ntilde;a con nosotros. Queremos saber cu&aacute;l es el rasgo de Cristo y de Mar&iacute;a que estamos llamados a encarnar en esta tierra como matrimonio.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando nos casamos todo se viste de esperanza<\/strong>. Muchos matrimonios al comenzar piensan que nada es tan dif&iacute;cil como otros les han dicho. Creen que los temores que otros tienen en ellos no se van a dar.<br \/> &nbsp;<br \/> El amor primero est&aacute; en su momento de mayor alegr&iacute;a y entusiasmo. Todo parece&nbsp;f&aacute;cil. Incluso los defectos del otro nos hacen gracia. Nos re&iacute;mos de nuestras propias torpezas. Las debilidades de la persona amada nos enamoran m&aacute;s todav&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos miramos y nos conmovemos con la belleza del otro. So&ntilde;amos con las altas cumbres, y confiamos en vencer la mediocridad de una vida sin altura. Aspiramos a lo m&aacute;ximo, no tenemos miedo al esfuerzo.<br \/> &nbsp;<br \/> Al comienzo nuestra vida juntos suele ser un paseo c&oacute;modo y placentero. Muchas veces les digo a los novios que <strong>ojal&aacute;, al celebrar sus bodas de plata o de oro, puedan decir que se aman m&aacute;s que ese d&iacute;a de su boda<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Que su amor sea m&aacute;s hondo y sincero con el paso de los a&ntilde;os. Que hayan sabido sufrir juntos y las heridas los hayan hechos m&aacute;s capaces para el amor. Que su amor sea m&aacute;s de Dios, menos ingenuo, m&aacute;s maduro.<br \/> &nbsp;<br \/> La vida es larga, el camino a veces duro. <strong>Los a&ntilde;os pueden desgastar el amor<\/strong> y llenarlo de amargura, de resentimiento, de rencor que no se olvida. <strong>O puede ser, por el contrario, que la vida nos haga m&aacute;s de Dios, m&aacute;s hondos, m&aacute;s generosos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> El paso de los a&ntilde;os nos permite crecer o menguar, madurar o seguir siendo infantiles, avanzar en santidad o quedarnos anclados en una vida mediocre.<br \/> &nbsp;<br \/> El d&iacute;a de nuestra boda comenzamos una carrera, un camino sagrado, una aventura en la que Dios es nuestro gu&iacute;a y Padre. Lo sabemos, no vamos solos. <strong>Nada se logra s&oacute;lo con nuestro esfuerzo, eso no basta. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Somos fr&aacute;giles. Contemplamos a Mar&iacute;a y decimos: Nada sin ti, nada sin nosotros. <strong>Miramos con un profundo anhelo, y a veces con impotencia, el ideal por el cual nos dijimos ese s&iacute; para siempre<\/strong>, para toda la eternidad.&nbsp;Notamos lo lejos que estamos de lo que so&ntilde;amos. Pero no nos desanimamos, queremos m&aacute;s, siempre queremos m&aacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Queremos que en nuestro amor se vea la luz de Dios. <\/strong>Que puedan decir los que nos miran: mirad c&oacute;mo se aman. Queremos dar paz a muchos.&nbsp;<strong>Queremos que nuestro hogar sea hogar para tantas personas sin hog<\/strong>ar. Que nuestro amor sea fecundo. En hijos propios, en hijos espirituales, en vida de la que muchos puedan vivir.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, <strong>la fecundidad es de Dios<\/strong>, la semilla siempre es nuestra. Nosotros s&oacute;lo sembramos. El fruto es suyo. Nuestro es el s&iacute; que nos damos cada d&iacute;a. De Dios es el s&iacute; con el que nos bendice cada ma&ntilde;ana.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nuestro s&iacute; primero, el del primer amor, se ha de renovar cada ma&ntilde;ana<\/strong>, cada noche, a cada hora. En momentos de luz y en momentos de oscuridad. En d&iacute;as de Tabor, cuando lo vemos todo claro y en d&iacute;as de Calvario, cuando el cielo parece oscurecerse.<br \/> &nbsp;<br \/> Es el s&iacute; primero, el de la fidelidad a nuestra vocaci&oacute;n. Ese s&iacute; a veces tr&eacute;mulo y vacilante, ese s&iacute; que se hace roca al descansar en Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Sabemos que <strong>s&oacute;lo cuando vivimos cerca de Dios, de la fuente de vida, tenemos una luz diferente<\/strong>.&nbsp;Nuestra forma de vivir, de mirar, de hablar, de amar, refleja el amor de Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Que al mirarnos como esposos veamos a Jes&uacute;s el uno en el otro. Que al mirarnos los otros vean a Jes&uacute;s en nuestro amor.&nbsp;S&oacute;lo ser&aacute; posible si estamos unidos a &Eacute;l. Es un misterio. <strong>Surge algo especial a partir de su presencia en nuestra vida. Nuestro amor humano se hace divino<\/strong>. El coraz&oacute;n se llena de vida y esperanza. Vale la pena dar la vida por amor.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s quiere encarnarse en nosotros, en nuestra uni&oacute;n conyugal, a trav&eacute;s de nuestro amor tan limitado.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban La vocaci&oacute;n matrimonial es una aventura de largo recorrido. 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