{"id":32454,"date":"2016-06-13T12:06:22","date_gmt":"2016-06-13T17:06:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-iglesia-una-casa-abierta-para-todas-las-familias\/"},"modified":"2016-06-13T12:06:22","modified_gmt":"2016-06-13T17:06:22","slug":"la-iglesia-una-casa-abierta-para-todas-las-familias","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-iglesia-una-casa-abierta-para-todas-las-familias\/","title":{"rendered":"La Iglesia, una casa abierta para todas las&nbsp;familias"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Radio Vaticano<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">A primeras horas de la tarde de este s&aacute;bado 18 de octubre se public&oacute; el Mensaje de la III Asamblea General Extraordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos, reunido en Roma. En efecto, luego de dos intensas semanas de sesiones en presencia de Francisco, en las cuales los Padres Sinodales han analizado los desaf&iacute;os pastorales de la familia en el contexto de la nueva evangelizaci&oacute;n, los prelados manifiestan admiraci&oacute;n y gratitud a las familias por el testimonio cotidiano que ofrecen a la Iglesia y al mundo, recorriendo muchas veces un camino lleno de contrariedades.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Al observar que \u201cCristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta durante este camino\u201d, afirman que \u201cnosotros, pastores de la Iglesia, tambi&eacute;n nacimos y crecimos en familias con las m&aacute;s diversas historias y desaf&iacute;os. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y tambi&eacute;n de dificultades\u201d. En su Mensaje los Padres Sinodales piden adem&aacute;s a las familias que caminen junto a ellos hacia el pr&oacute;ximo S&iacute;nodo. \u201cEntre ustedes late la presencia de la familia de Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute; en su modesta casa\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Texto completo del Mensaje<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> III ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA<br \/> DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<br \/> MENSAJE<\/p>\n<p align=\"justify\"> Los Padres Sinodales, reunidos en Roma junto al Papa Francisco en la Asamblea Extraordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos, nos dirigimos a todas las familias de los distintos continentes y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. Manifestamos nuestra admiraci&oacute;n y gratitud por el testimonio cotidiano che ofrecen a la Iglesia y al mundo con su fidelidad, su fe, su esperanza y su amor.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Nosotros, pastores de la Iglesia, tambi&eacute;n nacimos y crecimos en familias con las m&aacute;s diversas historias y desaf&iacute;os. Como sacerdotes y obispos nos encontramos y vivimos junto a familias que, con sus palabras y sus acciones, nos mostraron una larga serie de esplendores y tambi&eacute;n de dificultades.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La misma preparaci&oacute;n de esta asamblea sinodal, a partir de las respuestas al cuestionario enviado a las Iglesias de todo el mundo, nos permiti&oacute; escuchar la voz de tantas experiencias familiares. Despu&eacute;s, nuestro di&aacute;logo durante los d&iacute;as del S&iacute;nodo nos ha enriquecido rec&iacute;procamente, ayud&aacute;ndonos a contemplar toda la realidad viva y compleja de las familias.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Queremos presentarles las palabras de Cristo: \u201cYo estoy ante la puerta y llamo, Si alguno escucha mi voz y me abre la puerta, entrar&eacute; y cenar&eacute; con &eacute;l y &eacute;l conmigo\u201d (<em>Ap<\/em>&nbsp;3, 20). Como lo hac&iacute;a durante sus recorridos por los caminos de la Tierra Santa, entrando en las casas de los pueblos, Jes&uacute;s sigue pasando hoy por las calles de nuestras ciudades. En sus casas se viven a menudo luces y sombras, desaf&iacute;os emocionantes y a veces tambi&eacute;n pruebas dram&aacute;ticas. La oscuridad se vuelve m&aacute;s densa, hasta convertirse en tinieblas, cuando se insin&uacute;an el mal y el pecado en el coraz&oacute;n mismo de la familia.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Ante todo, est&aacute; el desaf&iacute;o de la fidelidad en el amor conyugal. La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexi&oacute;n serena.<\/strong>&nbsp;Se asiste as&iacute; a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valent&iacute;a de la paciencia, del di&aacute;logo sincero, del perd&oacute;n rec&iacute;proco, de la reconciliaci&oacute;n y tambi&eacute;n del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problem&aacute;ticas para la opci&oacute;n cristiana.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> Entre tantos desaf&iacute;os queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurol&oacute;gico de la vejez, en la muerte de un ser querido.&nbsp;<strong>Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, consider&aacute;ndolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos fr&aacute;giles.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Pensamos en las dificultades econ&oacute;micas causadas por sistemas perversos, originados \u201cen el fetichismo del dinero y en la dictadura de una econom&iacute;a sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano\u201d (<em>Evangelii gaudium<\/em>, 55), que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los j&oacute;venes que transcurren d&iacute;as vac&iacute;os, sin esperanza, y as&iacute; pueden ser presa de la droga o de la criminalidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pensamos tambi&eacute;n en la multitud de familias pobres, en las que se aferran a una barca para poder sobrevivir, en las familias pr&oacute;fugas que migran sin esperanza por los desiertos, en las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, en las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones. Pensamos tambi&eacute;n en las mujeres que sufren violencia, y son sometidas al aprovechamiento, en la trata de personas, en los ni&ntilde;os y j&oacute;venes v&iacute;ctimas de abusos tambi&eacute;n de parte de aquellos que deb&iacute;an cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza, y en los miembros de tantas familias humilladas y en dificultad. Mientras tanto, \u201cla cultura del bienestar nos anestesia y [\u2026] todas estas vidas truncadas por la falta de posibilidades nos parecen un mero espect&aacute;culo que de ninguna manera nos altera\u201d (<em>Evangelii gaudium<\/em>, 54). Reclamamos a los gobiernos y a las organizaciones internacionales que promuevan los derechos de la familia para el bien com&uacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Cristo quiso que su Iglesia sea una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie.&nbsp;<\/strong>Agradecemos a los pastores, a los fieles y a las comunidades dispuestos a acompa&ntilde;ar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias.<\/p>\n<p align=\"justify\"> ***<\/p>\n<p align=\"justify\"> Tambi&eacute;n est&aacute; la luz que resplandece al atardecer detr&aacute;s de las ventanas en los hogares de las ciudades, en las modestas casas de las periferias o en los pueblos, y a&uacute;n en viviendas muy precarias. Brilla y calienta cuerpos y almas. Esta luz, en el compromiso nupcial de los c&oacute;nyuges, se enciende con el encuentro: es un don, una gracia que se expresa \u2013como dice el G&eacute;nesis (2, 18)\u2013 cuando los dos rostros est&aacute;n frente a frente, en una \u201cayuda adecuada\u201d, es decir semejante y rec&iacute;proca.&nbsp;<strong>El amor del hombre y de la mujer nos ense&ntilde;a que cada uno necesita al otro para llegar a ser &eacute;l mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don.&nbsp;<\/strong>Es lo que expresa de manera sugerente la mujer del Cantar de los Cantares: \u201cMi amado es m&iacute;o y yo soy suya\u2026 Yo soy de mi amado y &eacute;l es m&iacute;o\u201d (<em>Ct<\/em>&nbsp;2, 17; 6, 3).<\/p>\n<p align=\"justify\"> El itinerario, para que este encuentro sea aut&eacute;ntico, comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparaci&oacute;n. Se realiza en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia. Este camino conoce tambi&eacute;n la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran a&uacute;n m&aacute;s all&aacute; del vigor y de la frescura juvenil. El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada (cf.&nbsp;<em>Jn&nbsp;<\/em>15, 13). Bajo esta luz,&nbsp;<strong>el amor conyugal, &uacute;nico e indisoluble, persiste a pesar de las m&uacute;ltiples dificultades del l&iacute;mite humano, y es uno de los milagros m&aacute;s bellos, aunque tambi&eacute;n es el m&aacute;s com&uacute;n.<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> Este amor se difunde naturalmente a trav&eacute;s de la fecundidad y la generatividad, que no es s&oacute;lo la procreaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n el don de la vida divina en el bautismo, la educaci&oacute;n y la catequesis de los hijos. Es tambi&eacute;n capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible tambi&eacute;n para quienes no pueden tener hijos. Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los j&oacute;venes.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Durante este camino, que a veces es un sendero de monta&ntilde;a, con cansancios y ca&iacute;das, siempre est&aacute; la presencia y la compa&ntilde;&iacute;a de Dios. La familia lo experimenta en el afecto y en el di&aacute;logo entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre hermanos y hermanas. Adem&aacute;s lo vive cuando se re&uacute;ne para escuchar la Palabra de Dios y para orar juntos, en un peque&ntilde;o oasis del esp&iacute;ritu que se puede crear por un momento cada d&iacute;a. Tambi&eacute;n est&aacute; el empe&ntilde;o cotidiano de la educaci&oacute;n en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad. Esta misi&oacute;n es frecuentemente compartida y ejercitada por los abuelos y las abuelas con gran afecto y dedicaci&oacute;n. As&iacute; la familia se presenta como una aut&eacute;ntica Iglesia dom&eacute;stica, que se ampl&iacute;a a esa familia de familias que es la comunidad eclesial. Por otra parte, los c&oacute;nyuges cristianos son llamados a convertirse en maestros de la fe y del amor para los matrimonios j&oacute;venes.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Hay otra expresi&oacute;n de la comuni&oacute;n fraterna, y es la de la caridad, la entrega, la cercan&iacute;a a los &uacute;ltimos, a los marginados, a los pobres, a las personas solas, enfermas, extrajeras, a las familias en crisis, conscientes de las palabras del Se&ntilde;or: \u201cHay m&aacute;s alegr&iacute;a en dar que en recibir\u201d (<em>Hch<\/em>&nbsp;20, 35). Es una entrega de bienes, de compa&ntilde;&iacute;a, de amor y de misericordia, y tambi&eacute;n un testimonio de verdad, de luz, de sentido de la vida.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La cima que recoge y unifica todos los hilos de la comuni&oacute;n con Dios y con el pr&oacute;jimo es la Eucarist&iacute;a dominical, cuando con toda la Iglesia la familia se sienta a la mesa con el Se&ntilde;or. &Eacute;l se entrega a todos nosotros, peregrinos en la historia hacia la meta del encuentro &uacute;ltimo, cuando Cristo \u201cser&aacute; todo en todos\u201d (<em>Col<\/em>&nbsp;3, 11). Por eso, en la primera etapa de nuestro camino sinodal, hemos reflexionado sobre el acompa&ntilde;amiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva uni&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Nosotros, los Padres Sinodales, pedimos que caminen con nosotros hacia el pr&oacute;ximo S&iacute;nodo.&nbsp;<\/strong>Entre ustedes late la presencia de la familia de Jes&uacute;s, Mar&iacute;a y Jos&eacute; en su modesta casa. Tambi&eacute;n nosotros, uni&eacute;ndonos a la familia de Nazaret, elevamos al Padre de todos nuestra invocaci&oacute;n por las familias de la tierra:<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Padre, regala a todas las familias la presencia de esposos fuertes y sabios, que sean manantial de una familia libre y unida.<\/em><br \/><em>Padre, da a los padres una casa para vivir en paz con su familia.<\/em><br \/><em>Padre, concede a los hijos que sean signos de confianza y de esperanza y a j&oacute;venes el coraje del compromiso estable y fiel.<\/em><br \/><em>Padre, ayuda a todos a poder ganar el pan con sus propias manos, a gustar la serenidad del esp&iacute;ritu y a mantener viva la llama de la fe tambi&eacute;n en tiempos de oscuridad.<\/em><br \/><em>Padre, danos la alegr&iacute;a de ver florecer una Iglesia cada vez m&aacute;s fiel y cre&iacute;ble, una ciudad justa y humana,<\/em><br \/><em>un mundo que ame la verdad, la justicia y la misericordia.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Radio Vaticano A primeras horas de la tarde de este s&aacute;bado 18 de octubre se public&oacute; el Mensaje de la III Asamblea General Extraordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos, reunido en Roma. 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