{"id":32459,"date":"2016-06-13T12:06:40","date_gmt":"2016-06-13T17:06:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-era-el-matrimonio-entre-los-primeros-cristianos\/"},"modified":"2016-06-13T12:06:40","modified_gmt":"2016-06-13T17:06:40","slug":"como-era-el-matrimonio-entre-los-primeros-cristianos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-era-el-matrimonio-entre-los-primeros-cristianos\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo era el matrimonio entre los primeros&nbsp;cristianos?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Primeros Cristianos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Con motivo del S&iacute;nodo extraordinario sobre la familia, que se celebra estos d&iacute;as en Roma, traemos algunos art&iacute;culos interesantes sobre la instituci&oacute;n familiar y el matrimonio.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El matrimonio en los primeros siglos del cristianismo<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> En los primeros siglos, como se dice en la Carta a Diogneto (de mediados del s.II), <strong>los cristianos &quot;se casan como todos&quot; (V,6), por lo jud&iacute;o, por lo griego, por lo romano. Aceptan las leyes imperiales, mientras no vayan en contra del Evangelio. El matrimonio se celebra &quot;en el Se&ntilde;or&quot; (1Cor 7, 39), dentro de la comunidad, sin una ceremonia especial.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> En el mundo jud&iacute;o, la boda se celebra seg&uacute;n las costumbres y ritos tradicionales (cf G&eacute;n 24 y Tob 7,9,10). <strong>Cierto tiempo despu&eacute;s de los esponsales, se celebra la boda. En el mundo jud&iacute;o la boda era un asunto familiar y privado. No se celebra en la sinagoga, sino en casa. No obstante, como todo en Israel, tiene una dimensi&oacute;n religiosa. La celebraci&oacute;n incluye oraci&oacute;n y bendici&oacute;n.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>En el mundo romano se dieron, sucesivamente, tres formas de celebrar el matrimonio<\/strong>. La <strong><em>confarreactio<\/em>&nbsp;(con pastel nupcial), la forma m&aacute;s antigua, inclu&iacute;a ceremonias de car&aacute;cter jur&iacute;dico y religioso<\/strong>. En la &eacute;poca imperial apenas se daba este tipo de uni&oacute;n. <strong>El modo corriente de contraer matrimonio era la <em>coemptio<\/em>, rito que simbolizaba la compra de la esposa, y el <em>usus<\/em>&nbsp;(uso), simple cohabitaci&oacute;n tras el mutuo consentimiento <\/strong>matrimonial.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El <em>consensus<\/em>&nbsp;(consentimiento) vino a constituir en la pr&aacute;ctica lo esencial de la uni&oacute;n matrimonial. <\/strong>Dice el Digesta: &quot;No es la uni&oacute;n sexual lo que hace el matrimonio, sino el consentimiento&quot; (35,I,15). Como tal, no se requer&iacute;a ning&uacute;n rito particular ni la presencia del magistrado. <strong>El poder civil no hac&iacute;a m&aacute;s que reconocer la existencia del matrimonio y, en cierto modo, proteger la uni&oacute;n conyugal<\/strong> poniendo ciertas condiciones.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Los cristianos se casan como todo el mundo, pero &quot;dan muestras de un tenor de peculiar conducta, admirable<\/strong>, y, por confesi&oacute;n de todos, <strong>sorprendente<\/strong>&quot; (Carta a Diogneto,V,4). <strong>Acogen la vida que nace y respetan el lecho conyugal<\/strong>: &quot;Como todos engendran hijos, pero no exponen los que les nacen. Ponen mesa com&uacute;n, pero no lecho&quot; (V,6 y 7).<br \/> &nbsp;<br \/> Ignacio de Antioqu&iacute;a (hacia el a&ntilde;o 107) que <strong>invita a los cristianos a casarse &quot;con conocimiento del obispo, a fin de que el casamiento sea conforme al Se&ntilde;or y no por solo deseo<\/strong>&quot; (A Policarpo,5,2).<br \/> &nbsp;<br \/> Tertuliano (hacia 160-220) comenta la ventaja de casarse en el Se&ntilde;or: &quot;&iquest;C&oacute;mo podemos ser capaces de ensalzar la felicidad tan grande que tiene un matrimonio as&iacute;; <strong>un matrimonio que une la Iglesia, que la oblaci&oacute;n confirma, que la bendici&oacute;n marca, que los &aacute;ngeles anuncian, que el Padre ratifica<\/strong>?&quot; (Ad uxorem II 8,6.7.9).<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El consentimiento matrimonial&nbsp;<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Desde los siglos IV al IX se subraya el car&aacute;cter eclesial de la celebraci&oacute;n del matrimonio entre cristianos y se establece bien claro que las ceremonias (oraci&oacute;n y bendici&oacute;n) no son obligatorias para la validez de la uni&oacute;n<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El primer testimonio que habla de una bendici&oacute;n nupcial verdaderamente lit&uacute;rgica data de la &eacute;poca del papa D&aacute;maso (366-384)<\/strong> y se encuentra en las obras del Pseudo-Ambrosio (Ambrosiaster). <strong>La bendici&oacute;n s&oacute;lo se confiere en el primer matrimonio.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Se constata el profundo influjo del derecho romano, seg&uacute;n el cual<strong> s&oacute;lo el consentimiento es estrictamente necesario <\/strong>para el matrimonio, cualquiera que fuese su forma.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dice el papa Nicol&aacute;s I el a&ntilde;o 866, en su respuesta a los b&uacute;lgaros, que le consultaron acerca de la importancia de las ceremonias eclesi&aacute;sticas (oraci&oacute;n y bendici&oacute;n) que algunos hab&iacute;an declarado ser los elementos constitutivos del matrimonio: &quot;Baste seg&uacute;n las leyes el solo consentimiento de aquellos de cuya uni&oacute;n se tratare. En las nupcias,<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>si acaso ese solo consentimiento faltare, todo lo dem&aacute;s, aun celebrado con coito, carece de valor<\/strong>&quot; (D 334).<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es en los siglos sucesivos cuando la Iglesia reivindica competencia jur&iacute;dica sobre el matrimonio y dispone que el consentimiento y la consiguiente entrega de la prenda nupcial se haga expresamente en presencia del sacerdote (ss.IX-XI), en la iglesia o, m&aacute;s a menudo, ante las puertas de la iglesia<\/strong>, como indican varios rituales de los ss. XI-XIV; a este acto <strong>le seguir&aacute; luego la celebraci&oacute;n de la misa con la bendici&oacute;n de la esposa.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Para darle la mayor publicidad posible, se convino que el acto tendr&iacute;a lugar no ya en casa de la novia, sino a la puerta de la iglesia. Con ello, <strong>lo que antes era realizado por el padre o tutor, ahora viene a realizarlo el sacerdote, con palabras como estas: &quot;Yo te entrego a N. como esposa<\/strong>&quot; (Ritual de Meaux). Entre los siglos XV y XVI se extiende la f&oacute;rmula: &quot;<strong>Y yo os uno&#8230;<\/strong>&quot;, que algunos considerar&aacute;n como la forma sacramental del matrimonio.<br \/> FIDELIDAD MATRIMONIAL<br \/> &nbsp;<br \/> Respecto a la fidelidad el cristianismo <strong>marc&oacute; una clara diferencia con las costumbres de la &eacute;poca: Aqu&iacute; encontramos un punto de divergencia entre los postulados de la moral cristiana y la concepci&oacute;n pagana del matrimonio, que lo consideraba como simple hecho social, que pod&iacute;a formarse y romperse por simple decisi&oacute;n de una de las dos partes. Desde los primeros cristianos la infidelidad del esposo se iguala a la de la esposa, consider&aacute;ndose en ambos casos la comisi&oacute;n de una falta grave.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Para san Agust&iacute;n el matrimonio es un bien<\/strong>, y no un bien relativo en comparaci&oacute;n con la fornicaci&oacute;n, sino un bien en su g&eacute;nero, en s&iacute; mismo. La primera alianza natural de la sociedad humana nos la dan, pues, el hombre y la mujer enmaridados. Los hijos vienen inmediatamente a consolidar la eficacia de esta sociedad conyugal como el &uacute;nico fruto honesto, resultante no s&oacute;lo de la mera uni&oacute;n del hombre y la mujer, sino de la amistad y trato conyugal de los mismos.<br \/> &nbsp;<br \/> San Agust&iacute;n se asombra de la eficacia del matrimonio y concluye en que <strong>hay algo grande y divino en ese sacramento<\/strong>: \u201cYo no puedo creer, en ning&uacute;n modo, que haya podido el matrimonio tener tanta eficacia y cohesi&oacute;n si, dado el estado de fragilidad y de mortalidad a que estamos sometidos, no se diera en &eacute;l el signo misterioso de una realidad m&aacute;s grande a&uacute;n, es decir, de un sacramento cuya huella imborrable no puede ser desfigurada, sin castigo, por los hombres que desertan el deber o que tratan de desvincularse del sagrado lazo\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; pues <strong>la igualdad del hombre y la mujer en el matrimonio cristiano fue otra novedad en la sociedad de la &eacute;poca<\/strong>: En el matrimonio entre cristianos la posici&oacute;n de la mujer es la de compa&ntilde;era en paridad de derechos con el otro c&oacute;nyuge. En consecuencia, el cristianismo otorga a la mujer una m&aacute;s alta consideraci&oacute;n si lo comparamos con la mayor&iacute;a de las religiones paganas de aquellos tiempos.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.primeroscristianos.com\/index.php\/temas\/item\/1966-el-matrimonio-en-el-cristianismo-primitivo\/1966-el-matrimonio-en-el-cristianismo-primitivo\"><strong>Art&iacute;culo<\/strong><\/a> originalmente publicado por Primeros Cristianos<\/em><br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Primeros Cristianos Con motivo del S&iacute;nodo extraordinario sobre la familia, que se celebra estos d&iacute;as en Roma, traemos algunos art&iacute;culos interesantes sobre la instituci&oacute;n familiar y el matrimonio. 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