{"id":32463,"date":"2016-06-13T12:06:47","date_gmt":"2016-06-13T17:06:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/familia-y-divorcio-en-tiempos-de-jesus-era-mucho-peor\/"},"modified":"2016-06-13T12:06:47","modified_gmt":"2016-06-13T17:06:47","slug":"familia-y-divorcio-en-tiempos-de-jesus-era-mucho-peor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/familia-y-divorcio-en-tiempos-de-jesus-era-mucho-peor\/","title":{"rendered":"Familia y divorcio: en tiempos de Jes\u00fas era mucho&nbsp;peor"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: La Nuova Bussola<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Muchas veces se oye decir, y no es extra&ntilde;o en ambientes cat&oacute;licos, que la concesi&oacute;n de la comuni&oacute;n a los divorciados vueltos a casar es una exigencia de los tiempos que corren. Hay demasiadas personas divorciadas vueltas a casar, para que sigamos manteniendo viejas normas y viejos esquemas.<br \/> &nbsp;<br \/> Se trata evidentemente de una idea d&eacute;bil, por la que la verdad est&aacute; sometida al arbitrio del n&uacute;mero. Fue utilizada por los radicales en el tiempo del divorcio (\u201cson ya millones los divorcios de hecho, para seguir ignorando la posibilidad de un divorcio reconocido\u201d, se dec&iacute;a ya entonces), y siempre por los mismos para legalizar el aborto: \u201cdado que los abortos clandestinos son ya la norma, da igual regularizar el aborto <em>tout court<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero el fin de este art&iacute;culo no es el de valorar un razonamiento de este tipo en el plano l&oacute;gico; ni siquiera desde el punto de vista teol&oacute;gico. El fin es sencillamente comprender, desde un punto de vista hist&oacute;rico, si esta postura es compatible con la ense&ntilde;anza de Cristo.<br \/> &nbsp;<br \/> La pregunta que queremos plantearnos es esta: &iquest;c&oacute;mo se comportar&iacute;a Aquel que es sumamente bueno y misericordioso, Jesucristo mismo, si viniera hoy? &iquest;Cambiar&iacute;a la doctrina de la indisolubilidad matrimonial, consider&aacute;ndola inadecuada a los tiempos e irrespetuosa por el alto n&uacute;mero de divorciados vueltos a casar existente hoy? &iquest;Introducir&iacute;a excepciones, casu&iacute;sticas, problematicidades varias como las propuestas por el cardenal Kasper? &iquest;Har&iacute;a un poco m&aacute;s flexible ese lac&oacute;nico y lapidario mandamiento que dice \u201cLo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre\u201d (Mt.19,8)?<br \/> &nbsp;<br \/> El primer punto del que partir es sin duda este: el matrimonio, en el mundo antiguo, pre-cristiano, es de dos tipos: monog&aacute;mico, o polig&aacute;mico.<br \/> &nbsp;<br \/> La monogamia est&aacute; presente en Grecia, en el mundo jud&iacute;o y en Roma; en otras civilizaciones, en cambio, predomina la poligamia.<br \/> &nbsp;<br \/> La ense&ntilde;anza de Cristo sobre la familia no es por tanto una novedad del todo inaudita: la monogamia, hay que repetirlo, era intuida en varios pueblos como la instituci&oacute;n b&aacute;sica de la sociedad. Estamos frente a lo que se llama normalmente el \u201cderecho natural\u201d: tambi&eacute;n pueblos no cristianos llevan en el coraz&oacute;n el sonido de exigencias morales universales. As&iacute; como Hip&oacute;crates hab&iacute;a comprendido que abortar es matar, en una &eacute;poca en la que abortar era normal, as&iacute; los romanos comprend&iacute;an bien que el <em>optimum<\/em>, en la relaci&oacute;n hombre-mujer, es la fidelidad y la duraci&oacute;n de la uni&oacute;n conyugal.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; en la era republicana, es decir, antes de Cristo, en Roma estaba previsto el noviazgo, a trav&eacute;s de una ceremonia oficial que comprende el intercambio de un anillo (puesto en el dedo anular, porque, seg&uacute;n Aulo Gellio, existir&iacute;a \u201cun nervio muy sutil, que parte del anular y llega al coraz&oacute;n\u201d). A este sigue el matrimonio: una ceremonia solemne, marcada por una especie de comuni&oacute;n ante un altar, sobre el que ofrece a J&uacute;piter un pan de farro. Adem&aacute;s se sacrifica un animal, al que lee las entra&ntilde;as un augur. Una mujer, casada una sola vez, y por tanto de buen augurio, une la mano de los esposos, ante los sacerdotes y los testigos, como demostraci&oacute;n de la funci&oacute;n tambi&eacute;n social del matrimonio. Hombres y divinidades son llamados como testigos de un hecho, repetimos, cuya importancia es clara.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero en realidad, si excavamos en profundidad, descubrimos que tambi&eacute;n la monogamia romana, quiz&aacute;s la m&aacute;s s&oacute;lida en el mundo antiguo, estaba afectada por mil excepciones: el var&oacute;n, por ejemplo, pod&iacute;a ir tranquilamente con las esclavas, sin que esto constituyera un esc&aacute;ndalo tampoco para la mujer; adem&aacute;s, pod&iacute;a repudiar a la mujer por una serie bastante abundante de motivos. As&iacute; tambi&eacute;n la monogamia jud&iacute;a era casi una ficci&oacute;n, en cuanto que las escuelas rab&iacute;nicas pod&iacute;an ampliar desmesuradamente la posibilidad del repudio, permitiendo as&iacute; a los hombres casarse, sucesivamente, con muchas, muchas mujeres. No solo: tambi&eacute;n la poligamia era bastante practicada.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Volviendo a Roma, en la era imperial, es decir, en la &eacute;poca de Cristo, y despu&eacute;s en los siglos de afirmaci&oacute;n gradual del cristianismo, las costumbres decayeron. Todos los historiadores concuerdan en afirmar que la monogamia, ya disoluble, de la era republicana, est&aacute; en grave crisis. La duraci&oacute;n media de los matrimonios es cada vez menor; los divorcios aumentan cada vez m&aacute;s; incluso la ceremonia nupcial, en perfecto acuerdo con la gradual diminuci&oacute;n del sentido del voto conyugal, se hizo simple, veloz, casi banal. Entonces, como escribe Igino Giordani en su obra maestra \u201cIl messaggio sociale del cristianesimo\u201d, \u201cpara divorciarse no hac&iacute;an falta formas complicadas. Como para casarse. Bastaba un aviso verbal o por escrito o un mensaje\u201d; todo era m&aacute;s sencillo respecto al pasado republicano, y el divorcio \u201cse convirti&oacute; en una plaga que gangren&oacute; la instituci&oacute;n del matrimonio y desgast&oacute; a la familia\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> El gran S&eacute;neca, un contempor&aacute;neo de Jes&uacute;s, escribe que ya las personas \u201cse divorcian para casarse y se casan para divorciarse\u201d. Juvenal, en el siglo I d.C., recuerda el nombre de una mujer que se cas&oacute; 8 veces en 5 a&ntilde;os, mientras que &nbsp;Marcial describe la crisis del matrimonio de su &eacute;poca citando a Telesilla, con sus 10 maridos. El gran historiador romano Carcopino, en su <em>La vita cotidiana en Roma<\/em>, reafirma el concepto: el divorcio en la era precristiana, en Roma, era raro, en la edad imperial estaba extremamente difundido. Tambi&eacute;n porque, como recuerda la historiadora Eva Cantarella, en su <em>L\u2019ambiguo malanno<\/em>, a la posibilidad del divorcio pedido por el marido, con la mujer normalmente como v&iacute;ctima impotente, se hab&iacute;a ido a&ntilde;adiendo la posibilidad de que las que se divorciaran fueran las mujeres.<br \/> &nbsp;<br \/> Dato de hecho incontestable: a la llegada de Cristo y en los siglos sucesivos en el imperio romano, el matrimonio y la familia estaban m&aacute;s en crisis que nunca; una crisis que se reflejaba tambi&eacute;n en la sociedad y que acababa tambi&eacute;n por tener repercusiones demogr&aacute;ficas. En este contexto, citamos de nuevo a Cantarella, la predicaci&oacute;n de Cristo sobre el matrimonio indisoluble fue sin duda muy poco \u201crealista\u201d y de lo m&aacute;s \u201crevolucionaria\u201d. Tanto m&aacute;s cuando para los paganos el matrimonio duraba mientras durara la voluntad de estar juntos, mientras que os cristianos \u201ctomaban en consideraci&oacute;n la sola voluntad inicial, fij&aacute;ndola en el tiempo, por as&iacute; decirlo, y atribuy&eacute;ndole un valor determinante\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> De ah&iacute; las legislaciones de los emperadores cristianos, que poco a poco comenzaron a limitar los divorcios, imponiendo \u201cpor primera vez una casu&iacute;stica de circunstancias que lo justificaran\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> En cuanto a la ense&ntilde;anza y a la educaci&oacute;n cristianas, un apologeta como Justino en su <em>Apolog&iacute;a de los cristianos<\/em> del siglo II d. C, expone el pensamiento tradicional de la Iglesia, condenando las segundas nupcias y el divorcio de sus contempor&aacute;neos, e invitando a respetar en su totalidad la ense&ntilde;anza de Cristo. Que ciertamente no se impone f&aacute;cilmente, sobre todo en las esferas m&aacute;s altas. Parece por ejemplo que Ludovico P&iacute;o, hijo de Carlomagno, fue el primer soberano franco en tener una sola mujer, mereciendo tambi&eacute;n por esto el apelativo de \u201cP&iacute;o\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> En los siglos siguientes, la Iglesia luchar&aacute; de todas las maneras ante todo por ense&ntilde;ar la importancia y la grandeza de la indisolubilidad matrimonial, y al mismo tiempo por defenderla, sobre todo de la prepotencia masculina. Todos recuerdan que por esta postura intransigente se lleg&oacute; incluso a un cisma, con la Inglaterra de Enrique VIII, cuando habr&iacute;a bastado con anular el matrimonio real o concederle el divorcio de Catalina, para evitarlo.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Pero los casos parecidos son much&iacute;simos. Recordaba de hecho el historiador Jacques Le Goff en Avvenire (21\/1\/2007): \u201cSe dice a menudo que en caso de adulterio no hay igualdad entre hombre y mujer. Ahora bien, en un cierto n&uacute;mero de casos muy particulares, y a menudo muy famosos, el hombre fue severamente condenado por la Iglesia, pensemos en el rey de Francia Roberto el P&iacute;o o a Felipe Augusto. Roberto el P&iacute;o, a principios del siglo XI, tuvo que separarse de su segunda esposa, Berta de Blois, pues el clero lo consideraba b&iacute;gamo (la primera mujer a&uacute;n viv&iacute;a) e incestuoso (los dos eran consangu&iacute;neos en tercer grado). El papa Inocencio III, por su parte, elegido en 1198, lanz&oacute; un interdicto contra el reino de Felipe Augusto, que hab&iacute;a repudiado en 1193 a su mujer, Ingeborg de Dinamarca, y se hab&iacute;a casado con In&eacute;s de Merania. En los estatutos urbanos del siglo XII en Italia y del XIII en Francia, se encuentran art&iacute;culos sobre el castigo del adulterio que prev&eacute;n duras penas tanto para hombres como para mujeres. As&iacute;, por ejemplo, las Costumbres de Toulouse de 1293, que recomiendan e ilustran en un dibujo la castraci&oacute;n de un marido ad&uacute;ltero\u2026\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Podemos citar otro caso interesante, que muestra c&oacute;mo la indisolubilidad fue para la Iglesia una verdad no negociable, ni siquiera con los poderosos. Como en el caso de Teutberga. Cuenta el historiador Robert Louis Wilken, en su <em>I primi mille anni<\/em>, respecto al papa Nicol&aacute;s I: \u201cEn una confrontaci&oacute;n famosa, desaf&iacute;o al rey Lotario II de Lotaringia, que se hab&iacute;a divorciado de su mujer Teutberga porque no le hab&iacute;a dado un heredero masculino. Cuando los arzobispo de Colonia y Tr&eacute;veris llegaron a Roma con las actas de un s&iacute;nodo que hab&iacute;a reconocido la validez del divorcio, Nicol&aacute;s excomulg&oacute; a los dos obispos. Por toda respuesta, el emperador Ludovico II (hermano de Lotario, ndr) hizo marchar a sus tropas a roma, acusando a Nicol&aacute;s de \u201cquerer erguirse como emperador del mundo\u201d. Pero el papa fue inconmovible y al final Lotario tuvo que aceptar a Teutberga como su leg&iacute;tima esposa\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Ahora bien, aparte de observar c&oacute;mo gestos como estos, repetidos muchas veces en la historia, son significativos de la defensa de la dignidad de la mujer, a menudo expuesta en el pasado a la fuerza superior del hombre, se puede concluir esta breve rese&ntilde;a hist&oacute;rica, actualiz&aacute;ndola: tambi&eacute;n hoy un prelado alem&aacute;n querr&iacute;a cambiar la doctrina, apoyado tambi&eacute;n por los Lotarios de hoy (el poder medi&aacute;tico etc). Pero Roma es Roma, y no puede cambiar la doctrina. No por \u201cmaldad\u201d hacia los divorciados vueltos a casar, sino por fidelidad a Cristo y por el bien de las generaciones futuras: a las que es oportuno volver a ense&ntilde;ar la grandeza y la felicidad que hay en el amor para siempre. Es tiempo, ciertamente, de curar heridas y cuidar a los que sufren (esta es la tarea pastoral que se puede ciertamente perfilar para el futuro), pero tambi&eacute;n de construir poco a poco, de las ruinas de este viejo mundo, una nueva civilizaci&oacute;n, m&aacute;s humana porque es m&aacute;s cristiana. Recordando a san Pablo, cuando habla del amor (tambi&eacute;n del conyugal, obviamente): \u201cEl amor es paciente, es benigno el amor; no es envidioso, no se jacta, no se engr&iacute;e, no falta el respeto, no busca su inter&eacute;s, no se enfada, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la justicia, se alegra con la verdad. Todo lo cree, todo lo excusa, todo lo espera, todo lo soporta. El amor&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: La Nuova Bussola Muchas veces se oye decir, y no es extra&ntilde;o en ambientes cat&oacute;licos, que la concesi&oacute;n de la comuni&oacute;n a los divorciados vueltos a casar es una exigencia de los tiempos que corren. 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