{"id":3255,"date":"2015-12-01T01:10:50","date_gmt":"2015-12-01T06:10:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-pos-de-lo-imposible\/"},"modified":"2015-12-01T01:10:50","modified_gmt":"2015-12-01T06:10:50","slug":"en-pos-de-lo-imposible","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-pos-de-lo-imposible\/","title":{"rendered":"En pos de lo imposible"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Una visi\u00f3n cumple un papel fundamental porque vuelve a colocar ante nosotros la imagen de lo que podr\u00edamos ser si escogi\u00e9ramos darle a Dios la libertad que le corresponde como nuestro creador.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <P class=p2 align=justify>La manera en que el Se\u00f1or entrega a sus hijos una visi\u00f3n refleja la inagotable creatividad con que ha engendrado los mismos cielos y la tierra. En algunos casos, como los de Isa\u00edas, Daniel, Ezequiel o Juan, los que la recibieron se vieron envueltos en una dram\u00e1tica experiencia que los traslad\u00f3 a una dimensi\u00f3n que pocos hombres han visto. En otros casos, como la de los patriarcas, Josu\u00e9 y David, la visi\u00f3n vino por medio de una palabra que Dios les habl\u00f3. En la vida de Samuel, Jos\u00e9 y los hombres sabios del oriente, las visiones llegaron por medio de sue\u00f1os. Los disc\u00edpulos, al caminar con el Hijo de Dios, tuvieron oportunidad de percibir una visi\u00f3n echa carne, pues Jes\u00fas les afirm\u00f3: \u00abEl que me ha visto a m\u00ed, ha visto al Padre\u00bb (Jn 14.9). En un caso en particular, el de Mois\u00e9s, la visi\u00f3n le fue entregada en dram\u00e1ticos encuentros en los que Dios hablaba con \u00e9l \u00abcara a cara, como habla un hombre con su amigo\u00bb (Ex 33.11).&nbsp;<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>Cometer\u00edamos un error si insisti\u00e9ramos que una visi\u00f3n debe llegar por alg\u00fan camino en particular. En lo que no parece existir duda alguna, sin embargo, es sobre el valor de una visi\u00f3n en movilizarnos hacia la relaci\u00f3n que Dios anhela cultivar con cada uno de nosotros. De hecho, el autor de Proverbios no duda en se\u00f1alar: \u00abDonde no hay visi\u00f3n, el pueblo se extrav\u00eda\u00bb (29.18 \u0096 NVI). Es decir, si no existe una orientaci\u00f3n divina para el hombre, andar\u00e1 descarriado, perdido, desorientado.<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>Una visi\u00f3n cumple un papel fundamental porque vuelve a colocar ante nosotros la imagen de lo que podr\u00edamos ser si escogi\u00e9ramos darle a Dios la libertad que le corresponde como nuestro creador. Nos salva&nbsp; de deambular de un lado para el otro en la vida, arrastrados por las inestables corrientes de un mundo sin rumbo.<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>Tan importante es el impacto de la visi\u00f3n que el Se\u00f1or comparte una con nosotros cada vez que escoge dar a conocer su coraz\u00f3n. A Abram mand\u00f3 que contara las estrellas del cielo y la arena del mar para que pudiera captar las dimensiones del pueblo que formar\u00eda de sus entra\u00f1as. Tambi\u00e9n a Isaac y Jacob, como herederos de la promesa, les reiter\u00f3 esta visi\u00f3n. La visi\u00f3n cobr\u00f3 tal fuerza en los descendientes de Abraham que Jos\u00e9, quien pas\u00f3 la mayor parte de su vida en Egipto, solicit\u00f3 ser enterrado en la tierra que Jehov\u00e1 hab\u00eda jurado a sus padres. Cuando Mois\u00e9s apareci\u00f3, cuatrocientos a\u00f1os m\u00e1s tarde, el Se\u00f1or cautiv\u00f3 su coraz\u00f3n con la descripci\u00f3n de una tierra que fluye leche y miel, una descripci\u00f3n que volvi\u00f3 a reiterar al pueblo, al menos, diecis\u00e9is veces.&nbsp;<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>La historia de Mois\u00e9s, sin embargo, tambi\u00e9n nos ayuda a entender cu\u00e1l es el problema principal que enfrentamos frente a una visi\u00f3n. Cuando esta nace en el coraz\u00f3n mismo de Dios, el contraste entre el sue\u00f1o que presenta y la realidad que vivimos es tan inmensa que, en ocasiones, nos parece imposible poder alcanzarla. Que un hombre anciano, sin hijos, se convierta en el padre de una multitud tan numerosa como la arena del mar parec\u00eda, m\u00e1s bien, una burla. Que los israelitas, hundidos en una opresiva esclavitud, pudieran llegar alg\u00fan d\u00eda a morar en \u00abuna tierra con grandes y espl\u00e9ndidas ciudades que t\u00fa no edificaste, y casas llenas de toda buena cosa que t\u00fa no llenaste, y cisternas cavadas que t\u00fa no cavaste, vi\u00f1as y olivos que t\u00fa no plantaste\u00bb (Dt 6.10\u009612) parec\u00eda una verdadera utop\u00eda. El solo pensar en esta visi\u00f3n despertaba en ellos un torbellino de preguntas: \u00ab\u00bfC\u00f3mo nos dar\u00e1n permiso para irnos?; \u00bfqui\u00e9n nos conducir\u00e1 hasta all\u00e1?; \u00bfc\u00f3mo podremos vencer a los moradores de aquella tierra?, etc\u00e9tera, etc\u00e9tera\u00bb<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>Del mismo modo, cuando el Se\u00f1or declara que hemos sido \u00abpredestinados a ser hechos conforme a la imagen de su Hijo\u00bb (Ro 8.29), y que nuestro llamado nos ofrece la incre\u00edble oportunidad de \u00abllegar a ser part\u00edcipes de la naturaleza divina\u00bb (2Pe 1.4), se manifiesta en nosotros un fuerte escepticismo. Estamos de acuerdo con que \u00e9l ha prometido darnos vida, y vida en abundancia (Jn 8.32), pero la verdad es que la mayor\u00eda de nosotros no creemos que la podremos saborear durante los a\u00f1os que transitaremos en esta tierra.<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>Una visi\u00f3n de lo alto, sin embargo, no habla de lo imposible, sino de lo posible. Constituye un error fatal, sin embargo, creer que la posibilidad de su implementaci\u00f3n descansa sobre nuestros capacidades. La visi\u00f3n que Dios imparte es una que describe c\u00f3mo ser\u00e1 la vida cuando <B>\u00e9l<\/B> haya realizado en medio de nosotros las obras que se ha propuesto.&nbsp;<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>Cada vez que Dios ha compartido una visi\u00f3n, sin embargo, quienes la recibieron se han sentido tentados a mirarse a s\u00ed mismos para ver si es realizable. Inevitablemente lo que vemos no nos inspira, pues nuestras insuficiencias y debilidades est\u00e1n siempre a la vista. Cuando nuestras dudas y preguntas ganan sobre la visi\u00f3n de Dios ocurre una de las grandes tragedias en la vida espiritual. Acabamos, como el hermano mayor en la par\u00e1bola del hijo pr\u00f3digo, trabajando con amargura para lograr algo que se obtiene por otro camino enteramente diferente: descansar en la certeza de que nuestras vidas est\u00e1n en manos de un Dios que se especializa en convertir lo imposible, en posible.<\/P><br \/>\n<P class=p2 align=justify>\u00a9Apuntes Pastorales XXV-3, edici\u00f3n de abril a junio de 2008. <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw Una visi\u00f3n cumple un papel fundamental porque vuelve a colocar ante nosotros la imagen de lo que podr\u00edamos ser si escogi\u00e9ramos darle a Dios la libertad que le corresponde como nuestro creador. La manera en que el Se\u00f1or entrega a sus hijos una visi\u00f3n refleja la inagotable creatividad con que ha engendrado &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/en-pos-de-lo-imposible\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEn pos de lo imposible\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3255","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3255","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3255"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3255\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3255"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3255"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3255"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}