{"id":32582,"date":"2016-06-13T12:10:25","date_gmt":"2016-06-13T17:10:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sexo-sin-amor-verdadero-un-peligroso-entretenimiento\/"},"modified":"2016-06-13T12:10:25","modified_gmt":"2016-06-13T17:10:25","slug":"sexo-sin-amor-verdadero-un-peligroso-entretenimiento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sexo-sin-amor-verdadero-un-peligroso-entretenimiento\/","title":{"rendered":"Sexo sin amor verdadero&#8230; un peligroso&nbsp;entretenimiento"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Juan \u00c1vila Estrada<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando los j&oacute;venes despiertan a su sexualidad compartida y se inician tempranamente en ella corren el riesgo de convertir el sexo en un peligroso entretenimiento con el que pretenden llenar &nbsp;sus ratos de ocio y solitariedad (estar solos) con la presencia vac&iacute;a de otros que viven su misma condici&oacute;n. De esta manera comienzan a confundir riesgosamente afecto-amor y genitalidad. &Eacute;sta tiene la capacidad de proponer con enga&ntilde;os aquello que s&oacute;lo integrado al amor verdadero puede dar. De aqu&iacute; se deriva el hecho de que posea un gancho capaz de aprisionar de modo esclavizante para hacerse satisfacer, permanentemente, en el impulso ven&eacute;reo&nbsp; de manera temporal. Es importante reconocer que el sexo, mal llevado, es altamente adictivo puesto que cada vez exige m&aacute;s para s&iacute; mismo y de modo siempre novedoso.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es as&iacute; que, satisfecho este impulso, se reinicie el ciclo de impulso satisfecho-vac&iacute;o-frustraci&oacute;n-aparici&oacute;n de un nuevo impulso-necesidad de su satisfacci&oacute;n-nueva experiencia, etc., del modo como una serpiente se devora a s&iacute; misma por la cola. Dicho de otra manera: el sexo sin amor, al no verse plenificado, siempre pide m&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es que el sexo s&oacute;lo, suele ofrecer lo que s&oacute;lo el amor es capaz de dar. As&iacute;, quien busca en el sexo lo que es propio del amor (plenitud, entrega, donaci&oacute;n, felicidad), de lo &uacute;nico que llenar&aacute; su vida es de vac&iacute;o.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El inicuo divorcio que se ha hecho entre amor y genitalidad ha llevado a la dicotom&iacute;a entre destreza sexual y pobreza amorosa. En este sentido muchos logran ser expertos en la cama pero paup&eacute;rrimos al momento de amar comprometidamente. Cuando la novedad y la pasi&oacute;n desaparecen y entra el hast&iacute;o, entonces se cree que el amor ha cesado (cuando en realidad nunca lo hubo) y por tanto se puede rescindir del compromiso de unidad entre ambos. Quienes alguna vez creyeron que se aman terminan hartos del otro.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La inversi&oacute;n del proceso de encuentro en la pareja ha lastimado la experiencia del amor verdadero. Es que es el amor el que ha de llevar a la sexualidad y no &eacute;sta a aquel. El libro del G&eacute;nesis nos muestra que cuando al var&oacute;n le fue presentada la mujer exclam&oacute;: \u201c&eacute;sta s&iacute; que es hueso de mis huesos y carne de mi carne\u201d, es decir, le am&oacute; primero y s&oacute;lo despu&eacute;s \u201cle conoci&oacute; y tuvieron un hijo\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Al hacerlo de modo inverso se corre el inminente riesgo de mirar a la otra persona s&oacute;lo por el lente er&oacute;tico y considerar que el entendimiento sexual es suficiente para unirse sacramentalmente con quien no debe hacerse.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En el caso de los esposos, la pr&aacute;ctica sexual es un verdadero don de Dios&nbsp; por el que ambos est&aacute;n llamados a donarse mutuamente. Por tal motivo la revelaci&oacute;n de Dios nos proporciona una acertada visi&oacute;n del hombre y su sentido sobre la tierra, integrando todos los elementos constitutivos de su vida, incluida su dimensi&oacute;n sexual. Dios es el que revela el modo correcto de ejercitar la sexualidad, para que sea al modo humano e integralmente amoroso.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La genitalidad, apartada de este plan de Dios, se constituye en un arma de doble filo: puede llevar al aborrecimiento de la otra persona o a la dependencia enfermiza en la que el otro se vuelve una necesidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El sexo, como instrumento del amor (no como instrumentalizaci&oacute;n de &eacute;ste) no puede causar ninguno de los dos efectos puesto que no es un fin en s&iacute; mismo sino &uacute;nicamente un medio ya &nbsp;que el fin es cada persona en lo que cada una es por su propia dignidad. Los seres humanos somos seres sexuados y no simples m&aacute;quinas generadoras de placer er&oacute;tico como si &eacute;ste se convirtiera en la raz&oacute;n &uacute;ltima de la sexualidad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Dios ha puesto el placer en el sexo y as&iacute; lo ha querido &nbsp;para que se produzca oportuna y fecundamente el encuentro entre el hombre y la mujer; pero &eacute;stos al desvincular el placer de la oblaci&oacute;n mutua&nbsp; lo han convertido en un fin en s&iacute; mimo de tal manera que se considera v&aacute;lido recurrir al ejercicio de la sexualidad s&oacute;lo con el &aacute;nimo de alcanzar tal fruici&oacute;n. As&iacute;, cada uno ve en el otro una fuente de su propio deseo y no alguien digno de ser amado por ser quien es.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Finalmente, en un mundo erotizado pero al mismo tiempo carente de amor verdadero, estamos llamados a luchar encarnizadamente para lograr educar una generaci&oacute;n capaz de volver a vincular indisolublemente la genitalidad y el amor humano. De este modo el sexo dejar&aacute; de ser una fuente de vac&iacute;o para serlo de plenitud. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Juan \u00c1vila Estrada Cuando los j&oacute;venes despiertan a su sexualidad compartida y se inician tempranamente en ella corren el riesgo de convertir el sexo en un peligroso entretenimiento con el que pretenden llenar &nbsp;sus ratos de ocio y solitariedad (estar solos) con la presencia vac&iacute;a de otros que viven su misma condici&oacute;n. 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