{"id":32621,"date":"2016-06-13T12:11:29","date_gmt":"2016-06-13T17:11:29","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-quiero-amar-a-mi-conyuge-pero-no-puedo\/"},"modified":"2016-06-13T12:11:29","modified_gmt":"2016-06-13T17:11:29","slug":"por-que-quiero-amar-a-mi-conyuge-pero-no-puedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-quiero-amar-a-mi-conyuge-pero-no-puedo\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 quiero amar a mi c\u00f3nyuge, pero no&nbsp;puedo?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Juan \u00c1vila Estrada<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">En su Carta a los Romanos, San Pablo dice: &ldquo;<strong><em>El querer est&aacute; a mi alcance, el hacer el bien, no. De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero&rdquo;<\/em><\/strong> (7:18-19). &iquest;Por qu&eacute; esta lucha tan enconada y aparentemente infructuosa entre el querer hacer&nbsp; y el hacer? Tambi&eacute;n la propia experiencia humana nos lleva a descubrir nuestra miseria y el enorme abismo que hay entre los buenos deseos y el ejercicio del bien. Entendemos que conocer el bien no es suficiente para hacer el bien y que diferenciar entre lo bueno y lo malo no nos hace expertos para enfrentar victoriosos la vida virtuosa que anhelamos en lo profundo del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">&iquest;Qu&eacute; es lo que hace que exista esta profunda ruptura interior que no nos deja ser como intentamos tan de buena fe? Para responder esa pregunta es importante tener posturas de car&aacute;cter religioso (y cuando me refiero a ello no apunto a si poseemos un cat&aacute;logo de prohibiciones o mandatos morales de esos que abundan desde la antig&uuml;edad, sino al sentido de &ldquo;relaci&oacute;n&rdquo; que tenemos con el Trascendente); es que para hablar de ruptura interior es necesario reconocer&nbsp; la existencia de una fuerza&nbsp; de origen sobrenatural que nos impulsa justamente a hacer aquello que racionalmente detestamos pero que volitivamente nos parece placentero, agradable.<\/p>\n<p align=\"justify\">Desde que somos ni&ntilde;os, va form&aacute;ndose en nosotros una conciencia de moralidad de los actos, aprendemos a diferenciar poco a poco lo que&nbsp; est&aacute; bien de lo que no; pero a&uacute;n as&iacute; y con ese bagaje intelectual, nos descubrimos dando tumbos y errando permanentemente al tomar&nbsp; decisiones que corresponden m&aacute;s con el deseo que con la certeza del bien.<\/p>\n<p align=\"justify\">No podemos negar que el hombre, desde siempre, ha vivido una situaci&oacute;n de explosi&oacute;n interior por la que se arrastra a s&iacute; mismo y&nbsp; a todos los dem&aacute;s a una hecatombe espiritual que le hace sentir miserable e hip&oacute;crita consigo mismo. <strong>Estamos rotos en nuestro coraz&oacute;n: una cosa pensamos, otra queremos, otra hacemos y lograr integrarlas todas es la gran tarea que quiere hacer la Gracia de Dios.<\/strong> Sin esa Gracia, nuestras acciones tender&aacute;n a llevar&nbsp; un sello de incoherencia puesto que si no se cohesionan entre s&iacute;, andar&aacute;n de modo opuesto o, a lo sumo, de modo paralelo sin lograr nunca encontrarse.<\/p>\n<p align=\"justify\">En el &aacute;mbito de las relaciones afectivas lo podemos notar f&aacute;cilmente cuando en el proceso del enamoramiento: la raz&oacute;n quiere fidelidad, pero la piel grita nuevas y vol&aacute;tiles experiencias. Se quiere ser fiel, pero dicha fidelidad no aparece por arte de magia sino que ante la primera tentaci&oacute;n se tiende a caer estrepitosamente dando al traste con todos los magn&iacute;ficos&nbsp; deseos del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los enamorados quieren ser fieles, el arrobamiento afectivo en el que se encuentran les grita que est&aacute;n dispuestos a ir hasta la muerte con la otra persona; no conciben, de momento, que alguien pudiera acabar con semejante idilio al que se han entregado; pero el tiempo, la decantaci&oacute;n de los afectos, la p&eacute;rdida de pasi&oacute;n los lleva recurrentemente a la infidelidad argumentando haberse acabado el amor entre los dos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Estoy plenamente seguro que todos aquellos que concurren al matrimonio llevan en su interior el deseo de la fidelidad, no concibo que exista una hipocres&iacute;a tal en quienes se casan de pensar que se casan para ser infieles<strong>. El deseo de la fidelidad es inherente al amor. Cuando se ama no se quiere ni se acepta la infidelidad. <\/strong>&nbsp;Pero a&uacute;n as&iacute; existe la enorme fuerza de caer y hacer justamente aquello que no queremos hacer y que sabemos traer&aacute; consecuencias funestas a nuestra vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">&iquest;Qu&eacute; hacer &nbsp;los esposos para poder vivir coherentemente su relaci&oacute;n de modo que act&uacute;en seg&uacute;n el querer y el hacer?<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Primero<\/strong>: entender que el matrimonio sacramental es mucho m&aacute;s que el matrimonio civil o que la uni&oacute;n libre y, por lo tanto, es menester contar con la Gracia de Dios por medio de los sacramentos. Es que no se puede dar la cara a Dios para que bendiga la relaci&oacute;n y darle la espalda para vivirla.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Segundo<\/strong>: aprender que el amor no es un &ldquo;estar hecho&rdquo; sino un &ldquo;hacerse&rdquo; permanente, es decir, que nada est&aacute; escrito ni hay un &ldquo;y fueron felices&rdquo; sino que est&aacute; todo por escribir a cuatro manos.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Tercero<\/strong>: no asustarse por las crisis ni por el aparente &ldquo;perder el enamoramiento&rdquo;, aqu&iacute; es donde deben dar paso al amor, al mantenimiento firme de la voluntad en quien se ha elegido. Es que la primera etapa del amor esponsal es precisamente el enamoramiento, que no es otra cosa que un impacto en los sentidos y la importancia paulatina que vas dando a ese alguien que emociona tu vida. Pero no puede quedar ah&iacute; puesto que nada de esto es duradero. Hay que dar paso al amor que va directamente a la dimensi&oacute;n espiritual humana y no se queda en lo psicol&oacute;gico ni en lo fisiol&oacute;gico.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Cuarto<\/strong>: enfrentar serenamente la crisis, no evit&aacute;ndola con un &ldquo;aqu&iacute; no pasa nada&rdquo;; cada cosa con su nombre y en su justa proporci&oacute;n. No inquietarse cuando el deseo disminuya, cuando la esposa se encuentre malgeniada a causa de sus cambios hormonales o cuando el marido d&eacute; la apariencia de que nada le importa, salvo el f&uacute;tbol, la cerveza y sus amigos. Hablar no s&oacute;lo es importante sino necesario; no siempre se arreglar&aacute; todo pero no pondr&aacute;n al otro a que adivine lo que piensa y siente.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Quinto: <\/strong>Entenderse, es decir, reconocer que no piensa igual un hombre que una mujer y que su manera de entender el mundo, de concebirlo y de amarlo puede diferir.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Sexto: <\/strong>Aceptar desde la fe que todo esto toma&nbsp; formado por la Gracia de Cristo. &ldquo;Sin m&iacute;, nada pod&eacute;is hacer&rdquo;.&nbsp; Finalmente, el ap&oacute;stol Pablo lanza una pregunta a manera de grito auxilio: &ldquo;<strong><em>Miserable de m&iacute;, &iquest;qui&eacute;n me librar&aacute; de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo, Se&ntilde;or nuestro<\/em><\/strong>&rdquo;.&nbsp; (Rm. 7,14-18)<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Juan \u00c1vila Estrada En su Carta a los Romanos, San Pablo dice: &ldquo;El querer est&aacute; a mi alcance, el hacer el bien, no. De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero&rdquo; (7:18-19). &iquest;Por qu&eacute; esta lucha tan enconada y aparentemente infructuosa entre el querer hacer&nbsp; y el hacer? &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-quiero-amar-a-mi-conyuge-pero-no-puedo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 quiero amar a mi c\u00f3nyuge, pero no&nbsp;puedo?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32621","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32621","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32621"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32621\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32621"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32621"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32621"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}