{"id":3263,"date":"2015-12-01T01:11:00","date_gmt":"2015-12-01T06:11:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-milagro-de-la-predicacion\/"},"modified":"2015-12-01T01:11:00","modified_gmt":"2015-12-01T06:11:00","slug":"el-milagro-de-la-predicacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-milagro-de-la-predicacion\/","title":{"rendered":"El milagro de la predicacion"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Juan Stam<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La predicaci\u00f3n es un acto de Dios, totalmente imposible para un ser humano. El predicador no tiene ning\u00fan control sobre la acci\u00f3n de Dios, ni puede garantizar que Dios hablar\u00e1 por medio de su exposici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    <P align=justify>La predicaci\u00f3n y el Esp\u00edritu de Dios: La predicaci\u00f3n es una tarea muy seria, sin duda mucho m\u00e1s grande de lo que solemos pensar. Con raz\u00f3n observa Karl Barth, en su tratado sobre la predicaci\u00f3n, comenta que esta es una tarea imposible; para ella, observa, todo ser humano es incapaz e indigno (1969:48,52). Aun, le resulta imposible saber de antemano qu\u00e9 est\u00e1 pasando mientras \u00e9l predica, porque los resultados dependen enteramente de Dios (1969:48). Tenemos que exclamar con San Pablo, \u00ab\u00bfQui\u00e9n es competente para semejante tarea?\u00bb (2Co 2.16).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Pero gracias al Se\u00f1or, la palabra de Dios nunca corre sin que la acompa\u00f1e el Esp\u00edritu divino que la ha inspirado. Un tema constante en la teolog\u00eda de los reformadores fue el de \u00abLa Palabra y el Esp\u00edritu\u00bb. La Palabra sin el Esp\u00edritu conduce a una ortodoxia muerta; el Esp\u00edritu sin la Palabra llevaba, en la frase de ellos, al \u00abentusiasmo\u00bb desordenado. Los reformadores ense\u00f1aban tambi\u00e9n el testimonium spiritus sancti, el cual sin la letra escrita es letra muerta. En un brillante estudio de este tema, Bernard Ramm afirma que con esta doctrina los reformadores evitaron un concepto cuasi-m\u00e1gico de la eficacia de la Biblia que podr\u00eda compararse con el ex opere operato del tradicional sacramentalismo cat\u00f3lico. La Palabra escrita no opera sola, act\u00faa solo si es vivificada por el Esp\u00edritu de Dios.<\/P><br \/>\n<P align=justify>En nuestro tiempo, Karl Barth ha reformulado esta doctrina en t\u00e9rminos muy impresionantes. La palabra de Dios, para \u00e9l, ocurre en su sentido pleno cuando Dios habla y el pueblo escucha (1969:71). La predicaci\u00f3n hace presente a la Palabra en forma viva; \u00abcuando se predica el evangelio, Dios habla\u00bb (1969:19) y entonces \u0097en la frase de Lutero\u0097 \u00abLa palabra trae a Cristo al pueblo\u00bb (1\/1 61). En ese acto de Dios, el \u00abDios que habl\u00f3\u00bb del pasado se convierte en un presente \u00abDios que habla\u00bb, siempre por las Escrituras. Por la acci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, la Palabra toma vida, como si fuera una resurrecci\u00f3n del texto.<\/P><br \/>\n<P align=justify>La predicaci\u00f3n, as\u00ed entendida, es un acto de Dios, totalmente imposible para un ser humano (1969:21,48,52). El predicador no tiene ning\u00fan control sobre la acci\u00f3n de Dios, ni puede garantizar que Dios hablar\u00e1 por medio de su exposici\u00f3n. Eso queda totalmente en manos de Dios y ocurre cu\u00e1ndo Dios quiere y d\u00f3nde Dios quiere. Por eso \u0097y esto es lo sorprendente la palabra de Dios por medio de un predicador y su serm\u00f3n es siempre un milagro (1969:23,101). \u00abEn esta situaci\u00f3n concreta puede suceder que Dios hable y realice un milagro. Pero nosotros no debemos incluir un milagro, por anticipado, en nuestra predicaci\u00f3n\u00bb (1969:23). Al predicador s\u00f3lo le toca anunciar que Dios est\u00e1 por hablar (1969:14) y proclamar a la comunidad lo que Dios mismo les quiere decir, mediante la explicaci\u00f3n, en sus propias palabras, de un pasaje de las Escrituras (1969:13).<\/P><br \/>\n<P align=justify>Esta comprensi\u00f3n radicalmente teoc\u00e9ntrica y pneumatol\u00f3gica nos conduce a entender que la \u00fanica fuerza verdadera de la buena predicaci\u00f3n es la obra del Esp\u00edritu Santo. A fin de cuentas, el predicador no puede confiar en la elocuencia de su oratoria ni en el carisma y encanto de su atractiva personalidad, ni en nada parecido. Reconocer que el poder del serm\u00f3n no pertenece a nosotros mismos, pero que Dios ha prometido la acci\u00f3n eficaz de su Esp\u00edritu, y confiar en el Esp\u00edritu y s\u00f3lo el Esp\u00edritu, no nos permitir\u00e1 emplear mecanismos de manipulaci\u00f3n para tratar de persuadir a los oyentes (1Co 1.18\u00962.2; 2Co 4.2; 12.16\u009617; Ef 4.14). No har\u00e1n falta gritos y gemidos simulados, ni pegajosa m\u00fasica de trasfondo, ni pavonearse de un lado a otro, micr\u00f3fono en mano. Es el Esp\u00edritu Santo quien penetrar\u00e1 en los corazones, y nosotros los predicadores sabremos confiar en su actuar y no interferir contra su eficaz actuar.<\/P><br \/>\n<P align=justify>Por otra parte, nunca tomaremos la promesa del Esp\u00edritu como un pretexto para la pereza. Convencidos del inmenso privilegio de ser instrumentos del Esp\u00edritu, estudiaremos las Escrituras con mayor ah\u00ednco y prepararemos los sermones con todo cuidado y pasi\u00f3n. El texto favorito de algunos predicadores, \u00abno se preocupen de qu\u00e9 van a decir; el Esp\u00edritu Santo los ense\u00f1ar\u00e1 lo que deben responder\u00bb (Lc 12.11\u009712), no se aplica a la preparaci\u00f3n de sermones ni al estudio sistem\u00e1tico de las Escrituras sino a casos de arresto y persecuci\u00f3n, cuando uno no tiene tiempo para preparar su defensa. La ex\u00e9gesis b\u00edblica no aparece entre los dones carism\u00e1ticos de la Iglesia. El Esp\u00edritu Santo nos acompa\u00f1ar\u00e1 con su luz en nuestro estudio de la Palabra, pero s\u00f3lo si de hecho la estudiamos (2Ti 2.15; 1Pe 3.15; Hch 17.11; 1Ts 5.21; Mt 22.37).<\/P><br \/>\n<P align=justify>\u00a1Dependamos del Esp\u00edritu!<\/P><br \/>\n<P align=justify>Se tom\u00f3 del art\u00edculo \u00abFundamentos de la predicaci\u00f3n\u00bb en juanstam.com, \u00a92007. Todos los derechos reservados. Se usa con permiso del autor. Juan Stam (75), oriundo de Paterson, Nueva Jersey, es uno de los te\u00f3logos evang\u00e9licos \u00ablatinoamericanos\u00bb m\u00e1s pertinentes de la actualidad. Aunque es estadounidense de nacimiento, se nacionaliz\u00f3 costarricense como parte de un proceso de identificaci\u00f3n con Am\u00e9rica Latina que lleva m\u00e1s de cincuenta a\u00f1os. Est\u00e1 casado con Doris Emanuelson (71), su compa\u00f1era de camino, nacida en Bridgeport, Connecticut. Editado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados. <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \"><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Juan Stam La predicaci\u00f3n es un acto de Dios, totalmente imposible para un ser humano. El predicador no tiene ning\u00fan control sobre la acci\u00f3n de Dios, ni puede garantizar que Dios hablar\u00e1 por medio de su exposici\u00f3n. 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