{"id":32632,"date":"2016-06-13T12:11:48","date_gmt":"2016-06-13T17:11:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-los-divorciados-que-se-han-vuelto-a-casar-no-pueden-comulgar\/"},"modified":"2016-06-13T12:11:48","modified_gmt":"2016-06-13T17:11:48","slug":"por-que-los-divorciados-que-se-han-vuelto-a-casar-no-pueden-comulgar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-los-divorciados-que-se-han-vuelto-a-casar-no-pueden-comulgar\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 los divorciados que se han vuelto a casar no pueden&nbsp;comulgar?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: L&#039;Osservatore Romano<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La discusi&oacute;n sobre la problem&aacute;tica de los fieles que tras un divorcio han contra&iacute;do una nueva uni&oacute;n civil no es nueva. Siempre ha sido tratada por la Iglesia con gran seriedad, con la intenci&oacute;n de ayudar a las personas afectadas, puesto que el matrimonio es un sacramento que alcanza en modo particularmente profundo la realidad personal, social, e hist&oacute;rica del hombre. A causa del creciente n&uacute;mero de afectados en pa&iacute;ses de antigua tradici&oacute;n cristiana, se trata de un problema pastoral de gran trascendencia. Hoy los creyentes se interrogan muy seriamente: &iquest;No puede la Iglesia autorizar a los cristianos divorciados y vueltos a casar, bajo determinadas condiciones, a recibir los sacramentos? &iquest;Les est&aacute;n definitivamente atadas las manos en estas cuestiones? Los te&oacute;logos, &iquest;realmente han considerado todas las implicaciones y consecuencias al respecto?<\/p>\n<p align=\"justify\">Estas preguntas deben ser discutidas en conformidad con la ense&ntilde;anza cat&oacute;lica sobre el matrimonio. Una pastoral enteramente responsable presupone una teolog&iacute;a que se abandone a Dios que se revela, prest&aacute;ndole el pleno obsequio del entendimiento y de la voluntad&rdquo;, y asintiendo &ldquo;voluntariamente a la revelaci&oacute;n hecha por El&rdquo; (Constituci&oacute;n apost&oacute;lica Dei Verbum, n. 5). Para hacer comprensible la aut&eacute;ntica doctrina de la Iglesia, debemos comenzar por la Palabra de Dios, contenida en la Sagrada Escritura, explicada por la tradici&oacute;n eclesial e interpretada de modo vinculante por el Magisterio.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El testimonio de la Sagrada Escritura<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">No deja de ser problem&aacute;tico situar inmediatamente nuestra cuesti&oacute;n en el &aacute;mbito del Antiguo Testamento, puesto que entonces el matrimonio no era considerado como un sacramento. No obstante, la Palabra de Dios en la Antigua Alianza es significativa para nosotros, ya que Jes&uacute;s se coloca en esta tradici&oacute;n y argumenta a partir de ella. En el dec&aacute;logo se encuentra el mandamiento: &ldquo;No cometer&aacute;s adulterio&rdquo; (Ex 20,14), sin embargo, en otro lugar el divorcio es visto como algo posible. Seg&uacute;n Dt 24,1-4, Mois&eacute;s estableci&oacute; que el hombre pueda expedir un libelo de repudio y despedir a la mujer de su casa, si no lo complace. En consecuencia de esto, el hombre y la mujer pueden volverse a casar. Sin embargo, junto a la concesi&oacute;n del divorcio, en el Antiguo Testamento es posible identificar una cierta resistencia hacia esta pr&aacute;ctica. Al igual que el ideal de la monogamia, tambi&eacute;n la indisolubilidad est&aacute; contenida en la comparaci&oacute;n prof&eacute;tica entre la alianza de Yav&egrave; con Israel y la alianza matrimonial. El profeta Malaqu&iacute;as lo expresa claramente: &ldquo;No traicionar&aacute;s a la esposa de tu juventud&#8230; siendo as&iacute; que ella era tu compa&ntilde;era y la mujer de tu alianza&rdquo; (cfr Mal 2,14-15).<\/p>\n<p align=\"justify\">En particular, las controversias con los fariseos fueron para el Se&ntilde;or una ocasi&oacute;n para ocuparse del tema. Jes&uacute;s se distancia expresamente de la pr&aacute;ctica veterotestamentaria del divorcio, que Mois&eacute;s hab&iacute;a permitido a causa de la &ldquo;dureza de coraz&oacute;n&rdquo; de los hombres y se remite a la voluntad originaria de Dios: &ldquo;Desde el comienzo de la creaci&oacute;n, Dios los hizo var&oacute;n y mujer. Por eso dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre, y los dos se har&aacute;n una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios uni&oacute;, no lo separe el hombre&rdquo; (Mc 10,5-9, cfr Mt 19; Lc 16,18). La Iglesia cat&oacute;lica siempre se ha remitido, en la ense&ntilde;anza y en la praxis, a estas palabras del Se&ntilde;or sobre la indisolubilidad del matrimonio. El pacto que une &iacute;ntima y rec&iacute;procamente a los conyugues entre s&iacute;, ha sido establecido por Dios. Designa una realidad que proviene de Dios y que, por tanto, ya no est&aacute; a disposici&oacute;n de los hombres.<\/p>\n<p align=\"justify\">Algunos ex&eacute;getas sostienen hoy que estas palabras de Jes&uacute;s habr&iacute;an sido aplicadas, ya en tiempos apost&oacute;licos, con una cierta flexibilidad, concretamente con respecto a la porneia\/fornicaci&oacute;n (cfr Mt 5,32; 19,9) y a la separaci&oacute;n entre un cristiano y su c&oacute;nyuge no cristiano (cfr 1Cor 7,12-15). En el campo exeg&eacute;tico, las cl&aacute;usulas sobre la fornicaci&oacute;n fueron objeto de discusi&oacute;n controvertida, desde el comienzo. Muchos est&aacute;n convencidos que no se tratar&iacute;a de excepciones a la indisolubilidad, sino de v&iacute;nculos matrimoniales inv&aacute;lidos. De todos modos, la Iglesia no puede fundar su doctrina y praxis sobre hip&oacute;tesis exeg&eacute;ticas debatidas. Ella debe atenerse a la clara ense&ntilde;anza de Cristo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pablo establece la prohibici&oacute;n del divorcio como un deseo expreso de Cristo: &ldquo;A los casados, en cambio, les ordeno &ndash;y esto no es mandamiento m&iacute;o, sino del Se&ntilde;or&ndash; que la esposa no se separe de su marido. Si se separa, que no vuelva a casarse, o que se reconcilie con su esposo. Y que tampoco el marido abandone a su mujer&rdquo; (1Cor 7,10-11). Al mismo tiempo, permite en raz&oacute;n de su propia autoridad, que un no cristiano pueda separarse de su c&oacute;nyuge, si se ha convertido al cristianismo. En este caso, el cristiano &ldquo;no queda obligado&rdquo; a permanecer soltero (1Cor 7, 12-16). A partir de esta posici&oacute;n, la Iglesia reconoce que s&oacute;lo el matrimonio entre un hombre y una mujer bautizados es un sacramento en sentido real, y que s&oacute;lo a &eacute;stos se aplica la indisolubilidad en modo incondicional. El matrimonio de no bautizados, si bien est&aacute; orientado a la indisolubilidad, bajo ciertas circunstancias &ndash;a causa de bienes m&aacute;s altos&ndash; puede ser disuelto (Privilegium Paulinum). No se trata aqu&iacute;, por tanto, de una excepci&oacute;n a las palabras del Se&ntilde;or. La indisolubilidad del matrimonio sacramental, es decir de &eacute;ste en el &aacute;mbito del misterio cristiano, permanece intacta.<\/p>\n<p align=\"justify\">La Carta a los Efesios es de grande significado para el fundamento b&iacute;blico de la comprensi&oacute;n sacramental del matrimonio. En ella se se&ntilde;ala: &ldquo;Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo am&oacute; a la Iglesia y se entreg&oacute; por ella&rdquo; (Ef 5,25). Y m&aacute;s adelante, escribe el Ap&oacute;stol: &ldquo;Por eso, el hombre dejar&aacute; a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos ser&aacute;n una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia&rdquo; (Ef 5,31-32).&nbsp; El matrimonio cristiano es un signo eficaz de la alianza entre Cristo y la Iglesia. El matrimonio entre bautizados es un sacramento porque significa y confiere la gracia de este pacto.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El testimonio de la Tradici&oacute;n de la Iglesia<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Los Padres de la Iglesia y los Concilios constituyen un importante testimonio para el desarrollo de la posici&oacute;n eclesi&aacute;stica. Seg&uacute;n los Padres, las instrucciones b&iacute;blicas son vinculantes. Estos rechazan las leyes estatales sobre el divorcio por ser incompatibles con las exigencias de Jes&uacute;s. La Iglesia de los Padres, en obediencia al Evangelio, rechaz&oacute; el divorcio y un segundo matrimonio. En este punto, el testimonio de los Padres es inequ&iacute;voco.<\/p>\n<p align=\"justify\">En la &eacute;poca patr&iacute;stica, los creyentes separados que se hab&iacute;an vuelto a casar civilmente no eran readmitidos oficialmente a los sacramentos, aun cuando hubiesen pasado por un periodo de penitencia. Algunos textos patr&iacute;sticos, es cierto, permiten reconocer abusos, que no siempre fueron rechazados con rigor y, en ocasiones, se buscaron soluciones pastorales para rar&iacute;simo casos-l&iacute;mites.<\/p>\n<p align=\"justify\">M&aacute;s tarde, en algunas regiones, sobre todo a causa de la creciente interdependencia entre el Estado y la Iglesia, se lleg&oacute; a compromisos mayores. En Oriente este desarrollo prosigui&oacute; su curso y condujo, especialmente despu&eacute;s de la separaci&oacute;n de la Cathedra Petri, a una praxis cada vez m&aacute;s liberal. Hoy existe en las iglesias ortodoxas una multitud de causas para el divorcio, que en su mayor&iacute;a son justificados mediante la referencia a la Oikonomia, la indulgencia pastoral en casos particularmente dif&iacute;ciles, y abren el camino a un segundo o tercer matrimonio con car&aacute;cter penitencial. Esta pr&aacute;ctica no es coherente con la voluntad de Dios, tal como se expresa en las palabras de Jes&uacute;s sobre la indisolubilidad del matrimonio, y representa una dificultad significativa para el ecumenismo.<\/p>\n<p align=\"justify\">En Occidente, la Reforma Gregoriana se opuso a la tendencia liberalizadora y retorn&oacute; a la interpretaci&oacute;n originaria de la Escritura y de los Padres. La Iglesia Cat&oacute;lica ha defendido la absoluta indisolubilidad del matrimonio tambi&eacute;n al precio de grandes sacrificios y sufrimientos. El cisma de la &ldquo;Iglesia de Inglaterra&rdquo; separada del sucesor de Pedro, tuvo lugar no con motivo de diferencias doctrinales, sino porque el Papa, en obediencia a las palabras de Jes&uacute;s, no pod&iacute;a ceder a la presi&oacute;n del rey Enrique VIII para disolver su matrimonio.<\/p>\n<p align=\"justify\">El Concilio de Trento confirm&oacute; la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio sacramental y explic&oacute; que &eacute;sta corresponde a la ense&ntilde;anza del Evangelio (cfr DH 1807). En ocasiones, se sostiene que la Iglesia toler&oacute; de hecho la praxis oriental. Esto no corresponde a la verdad. Los canonistas hablaron reiteradamente de una pr&aacute;ctica abusiva, y existen testimonios de grupos de cristianos ortodoxos, que, convertidos al catolicismo, tuvieron que firmar una confesi&oacute;n de fe con una expresa referencia a la imposibilidad de un segundo o un tercer matrimonio.<\/p>\n<p align=\"justify\">El Concilio Vaticano II, en la Constituci&oacute;n Pastoral <em>Gaudium et Spes<\/em>, sobre &ldquo;la Iglesia en el mundo de hoy&rdquo;, ha ense&ntilde;ado una doctrina teol&oacute;gica y espiritualmente profunda sobre el matrimonio. Ella sostiene de forma clara su indisolubilidad. El matrimonio se entiende como una comunidad integral, corp&oacute;reo-espiritual, de vida y amor entre un hombre y una mujer, que rec&iacute;procamente se entregan y reciben como personas. Mediante el acto personal y libre del consentimiento rec&iacute;proco, se funda por derecho divino una instituci&oacute;n estable ordenada al bien de los conyugues y de la prole, e independiente del arbitrio del hombre: &ldquo;Esta &iacute;ntima uni&oacute;n, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad&rdquo; (n. 48). A trav&eacute;s del sacramento, Dios concede a los conyugues&nbsp; una gracia especial: &ldquo;Porque as&iacute; como Dios antiguamente se adelant&oacute; a unirse a su pueblo por una alianza de amor y de fidelidad, as&iacute; ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia sale al encuentro de los esposos cristianos por medio del sacramento del matrimonio. Adem&aacute;s, permanece con ellos para que los esposos, con su mutua entrega, se amen con perpetua fidelidad, como El mismo am&oacute; a la Iglesia y se entreg&oacute; por ella&rdquo; (idem). Mediante el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio contiene un significado nuevo y m&aacute;s profundo: Llega a ser una imagen del amor de Dios hacia su pueblo y de la irrevocable fidelidad de Cristo a su Iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\">El matrimonio como sacramento se puede entender y vivir s&oacute;lo en el contexto del misterio de Cristo. Cuando el matrimonio se seculariza o se contempla como una realidad meramente natural, queda impedido el acceso a su sacramentalidad. El matrimonio sacramental pertenece al orden de la gracia y, en definitiva, est&aacute; integrado en la comunidad de amor de Cristo con su Iglesia. Los cristianos est&aacute;n llamados a vivir su matrimonio en el horizonte escatol&oacute;gico de la llegada del Reino de Dios en Jesucristo, Verbo de Dios encarnado.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El testimonio del Magisterio en &eacute;pocas recientes<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Con el texto, a&uacute;n hoy fundamental, de la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <em>Familiaris consortio<\/em>, publicado por Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1981, despu&eacute;s del S&iacute;nodo de Obispos sobre la familia cristiana en el mundo de hoy, se confirma expresamente la ense&ntilde;anza dogm&aacute;tica de la Iglesia sobre el matrimonio. Desde el punto de vista pastoral, la Exhortaci&oacute;n postsinodal se ocupa tambi&eacute;n de la atenci&oacute;n de los fieles vueltos a casar con rito civil, pero que est&aacute;n a&uacute;n vinculados entre s&iacute; por un matrimonio eclesi&aacute;stico v&aacute;lido. El Papa manifiesta por tales fieles un alto grado de preocupaci&oacute;n y de afecto. El n. 84 (&ldquo;Divorciados vueltos a casar&rdquo;) contiene las siguientes afirmaciones fundamentales:<\/p>\n<p align=\"justify\">1. Los pastores que tienen cura de &aacute;nimas, est&aacute;n obligados por amor a la verdad &ldquo;a discernir bien las situaciones&rdquo;. No es posible evaluar todo y a todos de la misma manera.<\/p>\n<p align=\"justify\">2. Los pastores y las comunidades est&aacute;n obligados a ayudar con solicita caridad a los fieles interesados. Tambi&eacute;n ellos pertenecen a la Iglesia, tienen derecho a la atenci&oacute;n pastoral y deben tomar parte en la vida de la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\">3. Sin embargo, no se les puede conceder el acceso a la Eucarist&iacute;a. Al respecto se adopta un doble motivo:<\/p>\n<p align=\"justify\">a) &ldquo;Su estado y situaci&oacute;n de vida contradicen objetivamente la uni&oacute;n de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucarist&iacute;a&rdquo;;<\/p>\n<p align=\"justify\">b) &ldquo;Si se admitieran estas personas a la Eucarist&iacute;a, los fieles ser&iacute;an inducidos a error y confusi&oacute;n acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio&rdquo;. Una reconciliaci&oacute;n a trav&eacute;s del sacramento de la penitencia, que abre el camino hacia la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, &uacute;nicamente es posible mediante el arrepentimiento acerca de lo acontecido y &ldquo;la disposici&oacute;n a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio&rdquo;. Esto significa, concretamente, que cuando por motivos serios la nueva uni&oacute;n no puede interrumpirse, por ejemplo a causa de la educaci&oacute;n de los hijos, el hombre y la mujer deben &ldquo;obligarse a vivir una continencia plena&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">4. A los pastores se les proh&iacute;be expresamente, por motivos teol&oacute;gico sacramentales y no meramente legales, efectuar &ldquo;ceremonias de cualquier tipo&rdquo; para los divorciados vueltos a casar&rdquo;, mientras subsista la validez del primer matrimonio.<\/p>\n<p align=\"justify\">La carta de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe sobre la recepci&oacute;n de la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar, del 14 de septiembre de 1994, ha confirmado que la praxis de la Iglesia, frente a esta pregunta, &ldquo;no puede ser modificada bas&aacute;ndose en las diferentes situaciones&rdquo; (n.5). Adem&aacute;s, se aclara que los fieles afectados no deben acercarse a recibir la sagrada comuni&oacute;n bas&aacute;ndose en sus propias convicciones de conciencia: &ldquo;En el caso de que &eacute;l lo juzgara posible, los pastores y los confesores (&hellip;), tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia est&aacute; re&ntilde;ido abiertamente con la doctrina de la Iglesia&rdquo; (n. 6). Si existen dudas acerca de la validez de un matrimonio fracasado, &eacute;stas deber&aacute;n ser examinadas por el tribunal matrimonial competente (cfr n. 9). Sigue siendo de fundamental importancia obrar &ldquo;con sol&iacute;cita caridad [para] hacer todo aquello que pueda fortalecer en el amor de Cristo y de la Iglesia a los fieles que se encuentran en situaci&oacute;n matrimonial irregular. S&oacute;lo as&iacute; ser&aacute; posible para ellos acoger plenamente el mensaje del matrimonio cristiano y soportar en la fe los sufrimientos de su situaci&oacute;n. En la acci&oacute;n pastoral se deber&aacute; cumplir toda clase de esfuerzos para que se comprenda bien que no se trata de discriminaci&oacute;n alguna, sino &uacute;nicamente de fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo que restableci&oacute; y nos confi&oacute; de nuevo la indisolubilidad del matrimonio como don del Creador&rdquo; (n. 10).<\/p>\n<p align=\"justify\">En la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica Postsinodal <em>Sacramentum caritatis<\/em>, del 22 de febrero de 2007, Benedicto XVI retoma y da nuevo impulso al trabajo del anterior S&iacute;nodo de Obispos sobre la Eucarist&iacute;a. El n. 29 del documento trata acerca de la situaci&oacute;n de los fieles divorciados y vueltos a casar. Tambi&eacute;n para Benedicto XVI se trata aqu&iacute; de &ldquo;un problema pastoral dif&iacute;cil y complejo&rdquo;. Reitera &ldquo;la praxis de la Iglesia, fundada en la Sagrada Escritura (cfr Mc 10,2-12), de no admitir a los sacramentos a los divorciados casados de nuevo&rdquo;, pero tambi&eacute;n exhorta a los pastores a dedicar &ldquo;una especial atenci&oacute;n&rdquo; a los afectados, &ldquo;con el deseo de que, dentro de lo posible, cultiven un estilo de vida cristiano mediante la participaci&oacute;n en la santa Misa, aunque sin comulgar, la escucha de la Palabra de Dios, la Adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica, la oraci&oacute;n, la participaci&oacute;n en la vida comunitaria, el di&aacute;logo con un sacerdote de confianza o un director espiritual, la entrega a obras de caridad, de penitencia, y la tarea de educar a los hijos&rdquo;. Cuando existen dudas sobre la validez de un matrimonio anterior fracasado, &eacute;stas deber&aacute;n ser examinadas por los tribunales matrimoniales competentes.<\/p>\n<p align=\"justify\">La mentalidad actual contradice la comprensi&oacute;n cristiana del matrimonio especialmente en lo relativo a la indisolubilidad y la apertura a la vida. Puesto que muchos cristianos est&aacute;n influidos por este contexto cultural, en nuestros d&iacute;as, los matrimonios est&aacute;n m&aacute;s expuestos a la invalidez que en el pasado. En efecto, falta la voluntad de casarse seg&uacute;n el sentido de la doctrina matrimonial cat&oacute;lica y se ha reducido la pertenencia a un contexto vital de fe. Por esto, la comprobaci&oacute;n de la validez del matrimonio es importante y puede conducir a una soluci&oacute;n de estos problemas. Cuando la nulidad del matrimonio no puede demostrarse, la absoluci&oacute;n y la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica presuponen, de acuerdo con la probada praxis eclesial, una vida en com&uacute;n &ldquo;como amigos, como hermano y hermana&rdquo;. Las bendiciones de estas uniones irregulares, &ldquo;para que no surjan confusiones entre los fieles sobre el valor del matrimonio, se deben evitar&rdquo;. La bendici&oacute;n (<em>bene-dictio<\/em>: aprobacion por parte de Dios) de una relaci&oacute;n que se opone a la voluntad del Se&ntilde;or es una contradicci&oacute;n en s&iacute; misma.<\/p>\n<p align=\"justify\">En su homil&iacute;a para el VII Encuentro Mundial de las Familias en Mil&aacute;n, el 3 de junio de 2012, Benedicto XVI habl&oacute; una vez m&aacute;s de este doloroso problema: &ldquo;Quisiera dirigir unas palabras tambi&eacute;n a los fieles que, aun compartiendo las ense&ntilde;anzas de la Iglesia sobre la familia, est&aacute;n marcados por las experiencias dolorosas del fracaso y la separaci&oacute;n. Sabed que el Papa y la Iglesia os sostienen en vuestra dificultad. Os animo a permanecer unidos a vuestras comunidades, al mismo tiempo que espero que las di&oacute;cesis pongan en marcha adecuadas iniciativas de acogida y cercan&iacute;a&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">El &uacute;ltimo S&iacute;nodo de Obispos sobre &ldquo;La nueva evangelizaci&oacute;n para la transmisi&oacute;n de la fe cristiana&rdquo; (7-28 de octubre de 2012), ha vuelto a ocuparse de la situaci&oacute;n de los fieles que tras el fracaso de una comunidad de vida matrimonial (no el fracaso del matrimonio como tal, que permanece en cuanto sacramento), han establecido una nueva uni&oacute;n y conviven sin el v&iacute;nculo sacramental del matrimonio. En el mensaje conclusivo, los Padres sinodales se dirigieron a ellos con las siguientes palabras: &ldquo;A todos ellos les queremos decir que el amor de Dios no abandona a nadie, que tambi&eacute;n la Iglesia los ama y es una casa acogedora con todos, que siguen siendo miembros de la Iglesia, aunque no puedan recibir la absoluci&oacute;n sacramental ni la Eucarist&iacute;a. Que las comunidades cat&oacute;licas est&eacute;n abiertas a acompa&ntilde;ar a cuantos viven estas situaciones y favorezcan caminos de conversi&oacute;n y de reconciliaci&oacute;n&rdquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Consideraciones antropol&oacute;gicas y teol&oacute;gico-sacramentales<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">La doctrina sobre la indisolubilidad del matrimonio encuentra con frecuencia incomprensiones en un ambiente secularizado. All&iacute; donde las ideas fundamentales de la fe cristiana se han perdido, la mera pertenencia convencional a la Iglesia no est&aacute; en condiciones de sostener decisiones de vida relevantes ni de ofrecer un apoyo en las crisis tanto del estado matrimonial como del sacerdotal y la vida consagrada. Muchos se preguntan: &iquest;C&oacute;mo podr&eacute; comprometerme para toda la vida con una &uacute;nica mujer o un &uacute;nico hombre? &iquest;Qui&eacute;n me puede decir c&oacute;mo estar&aacute; mi matrimonio en diez, veinte, treinta o cuarenta a&ntilde;os? Por otra parte, &iquest;es posible una uni&oacute;n de car&aacute;cter definitivo a una &uacute;nica persona? La gran cantidad de uniones matrimoniales que hoy se rompen refuerzan el escepticismo de los j&oacute;venes sobre las decisiones que comprometan la propia vida para siempre.<br \/>\nPor otra parte, el ideal de la fidelidad entre un hombre y una mujer, fundado en el orden de la creaci&oacute;n, no ha perdido nada de su atractivo, como lo revelan recientes encuestas dirigidas a gente joven. La mayor&iacute;a de los j&oacute;venes anhela una relaci&oacute;n estable y duradera, tal como corresponde a la naturaleza espiritual y moral del hombre. Adem&aacute;s, se debe recordar el valor antropol&oacute;gico del matrimonio indisoluble, que libera a los c&oacute;nyuges de la arbitrariedad y de la tiran&iacute;a de sentimientos y estados de &aacute;nimo, y les ayuda a sobrellevar las dificultades personales y a vencer las experiencias dolorosas. En particular, protege a los ni&ntilde;os, que, por lo general, son los que m&aacute;s sufren con la ruptura del matrimonio.<\/p>\n<p align=\"justify\">El amor es m&aacute;s que un sentimiento o instinto. En su esencia, el amor es entrega. En el amor matrimonial, dos personas se dicen consciente y voluntariamente: s&oacute;lo t&uacute;, y para siempre. A las palabras del Se&ntilde;or: &ldquo;Lo que Dios ha unido&rdquo; corresponde la promesa de los esposos: &ldquo;Yo te acepto como mi marido&hellip; Yo te acepto como mi mujer&hellip; Quiero amarte, cuidarte y honrarte toda mi vida, hasta que la muerte nos separe&rdquo;. El sacerdote bendice la alianza que los esposos han sellado entre si ante la presencia de Dios. Quien se pregunte si el v&iacute;nculo matrimonial tiene una naturaleza ontol&oacute;gica, d&eacute;jese instruir por las palabras del Se&ntilde;or: &ldquo;Al principio, el Creador los hizo var&oacute;n y mujer, y que dijo: Por esto dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre y se unir&aacute; a su mujer, y ser&aacute;n los dos una sola carne. As&iacute;, pues, ya no son dos, sino una sola carne&rdquo; (Mt 19, 4-6).<\/p>\n<p align=\"justify\">Para los cristianos rige el hecho de que el matrimonio entre bautizados &ndash;por tanto, incorporados al cuerpo de Cristo&ndash;, tiene una dimensi&oacute;n sacramental y representa as&iacute; una realidad sobrenatural. Uno de los m&aacute;s serios problemas pastorales est&aacute; constituido por el hecho de que algunos juzgan el matrimonio exclusivamente con criterios mundanos y pragm&aacute;ticos. Quien piensa seg&uacute;n &ldquo;el esp&iacute;ritu del mundo&rdquo; (1Cor 2,12) no puede comprender la sacramentalidad del matrimonio. La Iglesia no puede responder a la creciente incomprensi&oacute;n sobre la santidad del matrimonio con una adaptaci&oacute;n pragm&aacute;tica ante lo presuntamente inexorable, sino s&oacute;lo mediante la confianza en &ldquo;el Esp&iacute;ritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que Dios nos ha concedido&rdquo; (1Cor 2,12). El matrimonio sacramental es un testimonio de la potencia de la gracia que transforma al hombre y prepara a toda la Iglesia para la ciudad santa, la nueva Jerusal&eacute;n, la Iglesia misma, preparada &ldquo;como una novia que se engalana para su esposo&rdquo; (Ap 21,2). El evangelio de la santidad del matrimonio se anuncia con audacia prof&eacute;tica. Un profeta tibio busca su propia salvaci&oacute;n en la adaptaci&oacute;n al esp&iacute;ritu de los tiempos, pero no la salvaci&oacute;n del mundo en Jesucristo. La fidelidad a las promesas del matrimonio es un signo prof&eacute;tico de la salvaci&oacute;n que Dios dona al mundo: &ldquo;Quien sea capaz de entender, que entienda&rdquo; (Mt 19,12). Mediante la gracia sacramental, el amor conyugal es purificado, fortalecido e incrementado. &ldquo;Este amor, ratificado por la mutua fidelidad y, sobre todo, por el sacramento de Cristo, es indisolublemente fiel, en cuerpo y mente, en la prosperidad y en la adversidad, y, por tanto, queda excluido de &eacute;l todo adulterio y divorcio&rdquo; (<em>Gaudium et spes<\/em>, n. 49). Los esposos, en virtud del sacramento del matrimonio, participan en el definitivo e irrevocable amor de Dios. Por esto, pueden ser testigos del fiel amor de Dios, nutriendo permanentemente su amor a trav&eacute;s de una vida de fe y de caridad.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los pastores saben que existen ciertamente situaciones&nbsp; en que la convivencia matrimonial, por motivos graves, se torna pr&aacute;cticamente imposible, por ejemplo, a causa de violencia sicol&oacute;gica o f&iacute;sica. En estas situaciones dolorosas la Iglesia siempre ha permitido que los conyugues se separaran. Sin embargo, se debe precisar que el v&iacute;nculo conyugal del matrimonio v&aacute;lidamente celebrado se mantiene intacto ante Dios, y sus integrantes no son libres para contraer un nuevo matrimonio mientras el otro c&oacute;nyuge permanece con vida. Los pastores y las comunidades cristianas se deben por lo tanto comprometer en promover caminos de reconciliaci&oacute;n, tambi&eacute;n en estas situaciones, o bien, cuando no sea posible, ayudar a las personas afectadas a superar en la fe su dif&iacute;cil situaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Comentarios teol&oacute;gico morales<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Cada vez con m&aacute;s frecuencia se sugiere que la decisi&oacute;n de acercarse o no&nbsp; a la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica por parte de los divorciados vueltos a casar deber&iacute;a dejarse a la iniciativa de la conciencia personal. Este argumento, al que subyace un concepto problem&aacute;tico de &ldquo;conciencia&rdquo;, ya fue rechazado en la carta de la Congregaci&oacute;n para la Doctrina de la Fe de 1994.<\/p>\n<p align=\"justify\">Desde luego, los fieles deben examinar su conciencia en cada celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica para ver si es posible recibir la sagrada comuni&oacute;n, a la que siempre se opone un pecado grave no confesado. Los fieles tienen el deber de formar su conciencia y de orientarla a la verdad. Para esto, deben prestar obediencia a la voz del Magisterio de la Iglesia que ayuda &ldquo;a no desviarse de la verdad sobre el bien del hombre, sino a alcanzar con seguridad, especialmente en las cuestiones m&aacute;s dif&iacute;ciles, la verdad y a mantenerse en ella&rdquo; (Juan Pablo II, Enc&iacute;clica <em>Veritatis splendor<\/em>, n. 64).<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando los divorciados vueltos a casar est&aacute;n en conciencia convencidos de que su matrimonio anterior no era v&aacute;lido, tal hecho se deber&aacute; comprobarse objetivamente, a trav&eacute;s de la autoridad judicial competente en materia matrimonial. El matrimonio no es incumbencia exclusiva de los conyugues delante de Dios, sino que, siendo una realidad de la Iglesia, es un sacramento, respecto del cual no toca al individuo decidir su validez, sino a la Iglesia, en la que &eacute;l se encuentra incorporado mediante la fe y el Bautismo. &ldquo;Si el matrimonio precedente de unos fieles divorciados y vueltos a casar era v&aacute;lido, en ninguna circunstancia su nueva uni&oacute;n puede considerarse conform&eacute; al derecho; por tanto, por motivos intr&iacute;nsecos, es imposible que reciban los Sacramentos. La conciencia de cada uno est&aacute; vinculada, sin excepci&oacute;n, a esta norma&rdquo; (Card. Joseph Ratzinger, &ldquo;A prop&oacute;sito de algunas objeciones contra la doctrina de la Iglesia sobre de la recepci&oacute;n de la Comuni&oacute;n eucar&iacute;stica por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar&rdquo;, 30 de Noviembre de 2011, <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_19980101_ratzinger-comm-divorced_sp.html\" rel=\"nofollow\">http:\/\/www.vatican.va\/roman_curia\/congregations\/cfaith\/documents\/rc_con_cfaith_doc_19980101_ratzinger-comm-divorced_sp.html<\/a>).<\/p>\n<p align=\"justify\">Igualmente, la doctrina de la <em>epikeia<\/em>, seg&uacute;n la cual, una ley vale en t&eacute;rminos generales, pero la acci&oacute;n humana no siempre corresponde totalmente a ella, no puede ser aplicada aqu&iacute;, puesto que en el caso de la indisolubilidad del matrimonio sacramental se trata de una norma divina que la Iglesia no tiene autoridad para cambiar. &Eacute;sta tiene, sin embargo, en la l&iacute;nea del <em>Privilegium Paulinum<\/em>, la potestad para esclarecer qu&eacute; condiciones se deben cumplir para que surja el matrimonio indisoluble seg&uacute;n las disposiciones de Jes&uacute;s. Reconociendo esto, ella ha establecido impedimentos matrimoniales, reconocido causas para la nulidad del matrimonio, y ha desarrollado un detallado procedimiento.<\/p>\n<p align=\"justify\">Otra tendencia a favor de la admisi&oacute;n de los divorciados vueltos a casar a los sacramentos es la que invoca el argumento de la misericordia. Puesto que Jes&uacute;s mismo se solidariz&oacute; con las personas que sufren, d&aacute;ndoles su amor misericordioso, la misericordia ser&iacute;a por lo tanto un signo especial del aut&eacute;ntico seguimiento de Cristo. Esto es cierto; sin embargo, no es suficiente como argumento teol&oacute;gico-sacramental, puesto que todo el orden sacramental es obra de la misericordia divina y no puede ser revocado invocando el mismo principio que lo sostiene. Adem&aacute;s, mediante una invocaci&oacute;n objetivamente falsa de la misericordia divina se corre el peligro de banalizar la imagen de Dios, seg&uacute;n la cual Dios no podr&iacute;a m&aacute;s que perdonar. Al misterio de Dios pertenece el hecho de que junto a la misericordia est&aacute;n tambi&eacute;n la santidad y la justicia. Si se esconden estos atributos de Dios y no se toma en serio la realidad del pecado,&nbsp; tampoco se puede hacer plausible a los hombres su misericordia. Jes&uacute;s recibi&oacute; a la mujer ad&uacute;ltera con gran compasi&oacute;n, pero tambi&eacute;n le dijo: &ldquo;vete y desde ahora no peques m&aacute;s&rdquo; (Jn 8,11). La misericordia de Dios no es una dispensa de los mandamientos de Dios y de las disposiciones de la Iglesia. Mejor dicho, ella concede la fuerza de la gracia para su cumplimiento, para levantarse despu&eacute;s de una ca&iacute;da y para llevar una vida de perfecci&oacute;n de acuerdo a la imagen del Padre celestial.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>La solicitud pastoral<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Aunque por su propia naturaleza no sea posible admitir a los sacramentos a las personas divorciadas y vueltas a casar, tanto m&aacute;s son necesarios los esfuerzos pastorales hacia estos fieles. Pero se debe tener en cuenta que tales esfuerzos tienen que mantenerse dentro del marco de la Revelaci&oacute;n y de los presupuestos de la doctrina de la Iglesia. El camino se&ntilde;alado por la Iglesia para estas personas no es simple. Sin embargo, ellas deben saber y sentir que la Iglesia, como comunidad de salvaci&oacute;n, les acompa&ntilde;a en su camino. Cuando los c&oacute;nyuges se esfuerzan por comprender la praxis de la Iglesia y se abstienen de la comuni&oacute;n, ellos ofrecen a su modo un testimonio a favor de la indisolubilidad del matrimonio.<\/p>\n<p align=\"justify\">La solicitud por los divorciados vueltos a casar no se debe reducir a la cuesti&oacute;n&nbsp; sobre la posibilidad de recibir la comuni&oacute;n sacramental. Se trata de una pastoral global que procura estar a la altura de las diversas situaciones. Es importante al respecto se&ntilde;alar que adem&aacute;s de la comuni&oacute;n sacramental existen otras formas de comuni&oacute;n con Dios. La uni&oacute;n con Dios se alcanza cuando el creyente se dirige a &Eacute;l con fe, esperanza y amor, en el arrepentimiento y la oraci&oacute;n. Dios puede conceder su cercan&iacute;a y su salvaci&oacute;n a los hombres por diversos caminos, a&uacute;n cuando se encuentran en una situaci&oacute;n de vida contradictoria. Como ininterrumpidamente subrayan los recientes documentos del Magisterio, los pastores y las comunidades cristianas est&aacute;n llamados a acoger abierta y cordialmente a los hombres en situaciones irregulares, a permanecer a su lado con empat&iacute;a, procurando ayudarles, y dej&aacute;ndoles sentir el amor del Buen Pastor. Una pastoral fundada en la verdad y en el amor encontrar&aacute; siempre y de nuevo los caminos leg&iacute;timos por recorrer y formas m&aacute;s justa para actuar.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Por Monse&ntilde;or Gerhard L. M&uuml;ller<br \/>\n23 de octubre de 2013<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: L&#039;Osservatore Romano La discusi&oacute;n sobre la problem&aacute;tica de los fieles que tras un divorcio han contra&iacute;do una nueva uni&oacute;n civil no es nueva. Siempre ha sido tratada por la Iglesia con gran seriedad, con la intenci&oacute;n de ayudar a las personas afectadas, puesto que el matrimonio es un sacramento que alcanza en modo particularmente &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-los-divorciados-que-se-han-vuelto-a-casar-no-pueden-comulgar\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 los divorciados que se han vuelto a casar no pueden&nbsp;comulgar?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32632","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32632","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32632"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32632\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32632"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32632"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32632"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}