{"id":32634,"date":"2016-06-13T12:11:50","date_gmt":"2016-06-13T17:11:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-poder-humanizador-de-la-fidelidad-conyugal\/"},"modified":"2016-06-13T12:11:50","modified_gmt":"2016-06-13T17:11:50","slug":"el-poder-humanizador-de-la-fidelidad-conyugal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-poder-humanizador-de-la-fidelidad-conyugal\/","title":{"rendered":"El poder humanizador de la fidelidad&nbsp;conyugal"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Pontificio Consejo para los Laicos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La fidelidad es la actitud de coherencia y de constancia en la adhesi&oacute;n a un valor ideal de amor, de bondad, de justicia; pero tambi&eacute;n puede ser entendida como el compromiso con el cual una persona se vincula a otra con un v&iacute;nculo estable y mutuo. En otras palabras, la fidelidad no implica solamente la adhesi&oacute;n a un valor abstracto, sino que puede tambi&eacute;n referirse a la voluntad y el compromiso hacia una persona, como sucede en la relaci&oacute;n amorosa. Como tal, el valor de la fidelidad ha siempre encontrado su m&aacute;s perfecta expresi&oacute;n humana en la fidelidad entre c&oacute;nyuges, a trav&eacute;s de la exclusividad y unicidad de la relaci&oacute;n amorosa consagrada en el matrimonio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, las costumbres y la moral m&aacute;s comunes en la &eacute;poca moderna parecen incapaces de comprender el <strong>extraordinario poder humanizante de este valor, capaz de realizar plenamente las dimensiones &eacute;tica y espiritual de la persona que, cuando es fiel, puede vivir de modo coherente verdad y libertad, verdad y amor.<\/strong> A partir de la revoluci&oacute;n sexual del siglo pasado, se ha extendido de manera significativa un cuestionamiento general de los valores tradicionales del matrimonio que ha producido no solamente una fractura radical entre sexualidad y matrimonio, sino que ha puesto las bases para una sexualidad fluida y reducida a la dimensi&oacute;n del placer, ha privado la relaci&oacute;n de amor conyugal de la capacidad de ser fieles a la persona amada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nVi&eacute;ndolo bien, el problema es mucho m&aacute;s general: en la reflexi&oacute;n filos&oacute;fica moderna y contempor&aacute;nea, el tema de la fidelidad resulta casi completamente ausente, salvo pocos casos como por ejemplo la moral kantiana, que reduce la fidelidad al respeto por el imperativo o J. Royce que la remite a la &ldquo;devoci&oacute;n de una persona a una causa&rdquo; (The philosophy of loyalty, 1908). En efecto, en la moral m&aacute;s com&uacute;n la fidelidad es percibida como un deber abstracto y pesado, que reduce la libertad de la persona, oblig&aacute;ndola a renunciar a otras posibilidades que se podr&iacute;an presentar en el curso de la existencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nInclusive en las evoluciones m&aacute;s recientes del derecho de familia, la obligaci&oacute;n de respetar la fidelidad conyugal ha sido casi completamente privada de significado. En Italia, por ejemplo, si bien el art&iacute;culo 143 c.c. hace derivar de la celebraci&oacute;n del matrimonio la obligaci&oacute;n rec&iacute;proca de fidelidad entre los c&oacute;nyuges, la simple violaci&oacute;n de tal deber &ndash; es decir el adulterio &ndash; no es suficiente para justificar la culpabilidad de la separaci&oacute;n al c&oacute;nyuge responsable, a menos que no se demuestre con pruebas concretas que del mismo deriva la imposibilidad de convivencia.<\/p>\n<p align=\"justify\">En ese sentido, la norma civil en materia de divorcio ha sufrido cambios significativos, que han hecho a&uacute;n m&aacute;s fragil la uni&oacute;n conyugal, y siempre menos importante el valor del compromiso de fidelidad. En efecto, si hasta los a&ntilde;os sesenta la violaci&oacute;n de la fidelidad conyugal comportaba el derecho a obtener el divorcio por culpa por parte del c&oacute;nyuge ofendido &ndash; con consiguiente atribuci&oacute;n de la responsabilidad al otro c&oacute;nyuge &ndash; en los ordenamientos actuales tal concepto ha definitivamente desaparecido.<\/p>\n<p align=\"justify\">En los Estados Unidos y en Europa, el abandono del sistema de divorcio por culpa (y la consecuente introducci&oacute;n del divorcio sin atribuci&oacute;n de culpa) establecen un contexto jur&iacute;dico y cultural coherente con la idea del divorcio unilateral como derecho constitucional individual. Si la causa objetiva del divorcio se vuelve irrelevante (como el caso de la violaci&oacute;n del deber de fidelidad), interesa solamente la voluntad subjetiva de quien quiere divorciarse. En ese sentido, la disciplina del matrimonio y del divorcio reflejan la reflexi&oacute;n jur&iacute;dica reciente, de matriz liberal, que tiende a reducir el matrimonio a un contrato, a la mera uni&oacute;n voluntaria de dos personas que desean casarse, y que debe durar solamente mientras deseen permanecer casadas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn ese sentido, cuando los juristas hablan de privatizaci&oacute;n del matrimonio, en realidad el t&eacute;rmino privatizar puede ser atribuido al propio origen etimol&oacute;gico, como privare: tomar una realidad que era portadora de caracter&iacute;sticas y requisitos intr&iacute;nsecos y vaciarla de ellos, haciendo que ya no los tenga.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero, si la fidelidad ha sido el instrumento que el derecho ha individuado para garantizar la exclusividad de la relaci&oacute;n amorosa y la estabilidad de la familia que de ella puede derivar, por algo debe ser. En el fondo el derecho garantiza la seguridad de la coexistencia, la certeza y la justicia de las relaciones humanas, sobre todo de aquellas relaciones que el derecho reconoce a trav&eacute;s del matrimonio y la familia conyugal &ndash; de las cuales pueden derivar nuevos individuos. &iquest;Cu&aacute;l es entonces el peso antropol&oacute;gico de la fidelidad? &iquest;Por qu&eacute; el derecho la considera un deber, a&uacute;n cuando hoy sean d&eacute;biles los efectos de su violaci&oacute;n?<strong> En la teolog&iacute;a cristiana, la fidelidad de Dios Padre a la promesa de salvaci&oacute;n de sus hijos es la m&aacute;xima expresi&oacute;n de Su amor por nosotros, de un amor fuerte, firme, definitivo, que se ofrece como don y que pide ser acogido y no merecido. En la modernidad, en cambio, la fidelidad parece vinculada al hecho que aquel a quien amamos debe merecer este amor.<\/strong> Por ello, cuando se comporta en modo de ya no merecerlo, se disuelve el v&iacute;nculo de fidelidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, el sentido de la fidelidad como valor humano puede comprenderse justamente cuando se le considera como virtud moral en el amor y, en particular, en el amor conyugal indisoluble, en el cual &eacute;sta se liga necesariamente a la dimensi&oacute;n del tiempo. El tiempo como duraci&oacute;n de toda la vida, que dona a la persona la posibilidad de desplegar y de realizar su proyecto de felicidad en el curso de su existencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPara comprender este aspecto extraordinario del amor conyugal fiel e indisoluble, es indispensable detenerse un momento a reflexionar sobre como nace y se consolida el amor entre dos seres humanos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo narra desde siempre la literatura rom&aacute;ntica, es innegable que el verdadero amor conduce al amante a desear solo al amado de manera exclusiva y definitiva: no hay enamorados que no se juren amor eterno.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero entre el enamoramiento y el amor fiel hay algunos pasos que los amantes deben dar hasta llegar a ofercerse a s&iacute; mismos en una esfera mucho m&aacute;s grande que s&iacute; mismos, una atm&oacute;sfera en la que su amor rec&iacute;proco podr&aacute; respirar y vivir, nutri&eacute;ndose de la libertad rec&iacute;proca y la voluntad de ser fieles a este amor para siempre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn este sentido, es extraordinaria la imagen que K. Wojtyla emple&oacute; en la obra teatral El taller del orfebre: las alianzas nupciales, s&iacute;mbolo no solamente del amor sino de la fidelidad, son forjadas por el Orfebre (Dios); en ese sentido, ellas no representan solamente la decisi&oacute;n de los esposos de permanecer juntos, sino que su amor es estable y fiel porque es sostenido por el amor de Dios. Su amor y su fidelidad son forjados y protegidos por El, trascendiendo a los esposos mismos. No es casualidad, como ha recordado recientemente tambi&eacute;n el Papa Francisco en la Lumen fidei, que en la Biblia la fidelidad de Dios es indicada con la palabra hebrea &#039;em&ucirc;nah (del verbo &#039;am&agrave;n), que en su ra&iacute;z significa &ldquo;sostener&rdquo;. Se comprende as&iacute; por qu&eacute; el efecto de la fidelidad es la posibilidad de construir la relaci&oacute;n conyugal verdaderamente sobre la &ldquo;roca&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn estos t&eacute;rminos el sacramento del matrimonio constituye en s&iacute; una fuerza que sostiene a los esposos sosteniendo su respectiva voluntad de permanecer juntos en fidelidad, en respeto del amor prometido, no solamente como sentimiento, sino todav&iacute;a m&aacute;s como adhesi&oacute;n a una com&uacute;n vocaci&oacute;n, que justamente en el con-yuge encuentra el instrumento para portar juntos el mismo yugo, manteniendo el mismo paso, en el curso de su existencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPara comprender m&aacute;s de cerca la estructuraci&oacute;n antropol&oacute;gica de la din&aacute;mica de la fidelidad en el amor, <strong>es necesario partir de la idea de que la din&aacute;mica afectiva, como proceso de en-amoramiento de la persona (aprender a amar), pasa a trav&eacute;s de algunos niveles que se entrecruzan en un proceso de maduraci&oacute;n que exige un compromiso personal creciente.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEstos niveles, tomados de la terminolog&iacute;a de Santo Tom&aacute;s sobre el amor, inician con el aparecer del objeto amado en la esfera existencial del amante, produciendo emociones inmediatas &ndash; la fase del amor rom&aacute;ntico, en la cual el tiempo parece escurrirse a los amantes, que desean estar juntos la mayor parte del tiempo posible &ndash; hasta el conocimiento afectivo del amado, que se descubre como quien tiene capacidad de amar. La relaci&oacute;n inicia as&iacute; a transformarse en una promesa, una anticipaci&oacute;n de un amor m&aacute;s grande.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ahora el tiempo no es contrario al amor y a sus emociones, como en la fase rom&aacute;ntica, sino que hace parte de su realidad misma: el afecto necesita tiempo para madurar y realizar todo lo que contiene. En la relaci&oacute;n se inicia a percibir un camino y la anticipaci&oacute;n del proyecto de perfeccionamiento futuro. <strong>Al amado no se le quiere solamente por lo que es actualmente, sino por la maravilla que puede alcanzar en el curso de su existencia. &ldquo;Fundados en este amor, hombre y mujer pueden prometerse amor mutuo con un gesto que compromete toda la vida<\/strong> [&hellip;]. Prometer un amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada&rdquo; (Francisco, Lumen Fidei, 53).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTal nivel es llamado con-formaci&oacute;n porque aqu&iacute; la relaci&oacute;n de amor hace cambiar de forma al amante y se realiza a trav&eacute;s de la armon&iacute;a afectiva y el complacerse mutuo, o sea, en la f&oacute;rmula &ldquo;es bueno que t&uacute; existas&rdquo;. El complacerse es el primer momento consciente el amor del que se origina la libertad como aceptaci&oacute;n del amado. Implica el compromiso con &eacute;l, como si fuera cosa propia, y funda el sentimiento interno de obligaci&oacute;n, de modo que del mismo podr&aacute;n brotar algunas acciones que son debidas al amado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs en este momento que se configura la importancia de la fidelidad como respuesta a una persona y no como un r&iacute;gido voluntarismo. Fidelidad como virtud, plenamente realizada en la vida concreta, y construida sobre la integraci&oacute;n entre amor y sexualidad, y no como mera adhesi&oacute;n a un amor espiritual, desvinculado de la prudencia y del afecto carnal, que podr&iacute;a dirigirse en otras direcciones. En tal sentido, la conciencia virtuosa debe insistir sobre la integraci&oacute;n afectiva como una &ldquo;fidelidad creadora&rdquo; (G. Marcel), que sea capaz de regenerar continuamente el complacerse amoroso entre los amantes para que permanezcan unidos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; la din&aacute;mica afectiva conduce a una apertura a la raz&oacute;n, a una intenci&oacute;n unitiva en los amantes, que realiza la perseverancia del amor disponiendo de la comuni&oacute;n de las personas como realidad permanente. La libertad estructura desde este momento la acci&oacute;n del amante y la verdad del amor adquiere un valor espec&iacute;fico, puesto que intentar&aacute; promover una comuni&oacute;n que ser&aacute; verdadera o falsa seg&uacute;n la capacidad de actualizar esta relaci&oacute;n. &ldquo;La verdad, rescatando a los hombres de las opiniones y de las sensaciones subjetivas, les permite [&hellip;] apreciar el valor y la sustancia de las cosas. La verdad abre y une el intelecto de los seres humanos en el l&oacute;gos del amor&rdquo; (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 4). Verdad y fidelidad avanzar&aacute;n juntas y la ca&iacute;da de la voluntad de realizar la relaci&oacute;n estar&aacute; estrechamente unida a la falta de fidelidad al amado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la fidelidad, por lo tanto, el rol de la raz&oacute;n es decisivo pues ayuda constantemente al amante a discernir la verdad del afecto en relaci&oacute;n al sentido de la acci&oacute;n que cumple. El fin de la fidelidad es la comuni&oacute;n que reclama el don de s&iacute;, porque el don no es causado por la afectividad sino por el amor libre y consciente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn ese sentido, libertad no es b&uacute;squeda del placer, sin llegar nunca a una decisi&oacute;n, sino que es capacidad de decidirse por un don definitivo y exclusivo. Solamente quien puede prometer para siempre demuestra ser due&ntilde;o del propio futuro, lo tiene entre sus manos y lo dona a la persona amada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe comprende as&iacute; por qu&eacute; el contenido de la fidelidad es la confianza: confianza en el futuro y en el otro, al que se hace el don de s&iacute;. Al contrario, lo que paraliza y esclaviza es el temor de comprometerse: en el fondo, priva de la libertad y de la capacidad de la raz&oacute;n de seguir el coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA pesar del camino de indiferencia que est&aacute; marcando el valor de la fidelidad en el derecho y en la moral com&uacute;n, queda el hecho de que la fidelidad es una aut&eacute;ntica forma de expresi&oacute;n de la fuerza, de la coherencia y de la esperanza de las que es capaz el ser humano: en la opci&oacute;n por una persona, la fidelidad es siempre obediencia libre y consciente al ideal que se ha escogido, a la promesa que se ha hecho. En ese sentido, el derecho, como ius, la ha siempre considerado expresi&oacute;n de la justicia entendida no solamente como adhesi&oacute;n a los valores de confianza y lealtad, sino m&aacute;s todav&iacute;a como respeto del otro y de la co-existencia en ese camino s&oacute;lido y estable que el hombre y la mujer, en el matrimonio, deciden recorrer juntos hacia la realizaci&oacute;n plena rec&iacute;proca y la felicidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor estas razones la fidelidad tiene un significado antropol&oacute;gico irrenunciable y un poder humanizante extraordinario, capaz de desarrollar plenamente los recursos y las riquezas interiores de cada ser humano.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Pontificio Consejo para los Laicos La fidelidad es la actitud de coherencia y de constancia en la adhesi&oacute;n a un valor ideal de amor, de bondad, de justicia; pero tambi&eacute;n puede ser entendida como el compromiso con el cual una persona se vincula a otra con un v&iacute;nculo estable y mutuo. En otras palabras, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-poder-humanizador-de-la-fidelidad-conyugal\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl poder humanizador de la fidelidad&nbsp;conyugal\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32634","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32634","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32634"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32634\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32634"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32634"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32634"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}