{"id":32652,"date":"2016-06-13T12:12:22","date_gmt":"2016-06-13T17:12:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-matrimonio-homosexual-es-irracional\/"},"modified":"2016-06-13T12:12:22","modified_gmt":"2016-06-13T17:12:22","slug":"el-matrimonio-homosexual-es-irracional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-matrimonio-homosexual-es-irracional\/","title":{"rendered":"El &#8220;matrimonio&#8221; homosexual es&nbsp;irracional"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Marcelo L\u00f3pez Cambronero<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El debate sobre las uniones homosexuales y el nombre con el que deben ser legal y socialmente reconocidas es un ejemplo de las absurdas discusiones en las que nos enzarzamos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Enti&eacute;ndase bien, lo absurdo de estos debates p&uacute;blicos no es su objeto, o la pregunta a la que se quiere responder, que por lo dem&aacute;s suele ser interesante.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>La incoherencia de las disputas deviene de la manera artificiosa de afrontarlas: en lugar de atender a la naturaleza de la cuesti&oacute;n a tratar, cada cual escribe o habla sobre el tema intentando imponer su paradigma ideol&oacute;gico y reduciendo la realidad seg&uacute;n su gusto sentimental.<\/strong> Este camino no ayuda a aclarar los matices, a encontrar los argumentos m&aacute;s decisivos ni, por supuesto, a lograr concordia, sino que <strong>enfanga el panorama con una mezcla de ideolog&iacute;a, emociones desaforadas y mucha, mucha voluntad de poder.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> No creo que el lector me niegue que para realizar un juicio sobre una cosa concreta es conveniente tener una noci&oacute;n lo m&aacute;s precisa posible sobre lo que es. Precisamente el &quot;robinsonismo&quot;, que agudamente denunciaba Jos&eacute; Ortega y Gasset hace ya un centenar de a&ntilde;os, consiste en opinar sobre una materia sin haberse tomado la molestia de reflexionar larga y concienzudamente sobre la cuesti&oacute;n, sin conocer los argumentos de otros y, en fin, sin tener ni una idea pajolera del asunto.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Pero hacerse cargo de lo que una cosa o instituci&oacute;n es no resulta sencillo: necesitamos saber muchos detalles para lograr construir una versi&oacute;n razonable sobre la realidad de un algo determinado. Nos es preciso tener su apariencia externa, el sentido que tiene en la circunstancia concreta, y adem&aacute;s sus fines.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Imag&iacute;nese el lector a s&iacute; mismo sentado ante un pu&ntilde;ado de personas que juzgasen (penalmente) la veracidad de las narraciones de Gulliver a la llegada de sus disparatados viajes. Tendr&iacute;a ante s&iacute; a un grupo de hombres serios y graves enfundados en togas negras de tela brillante, con finas pu&ntilde;etas de encaje y coronados con una rid&iacute;cula peluca empolvada a modo de disfraz. Uno de ellos, para m&aacute;s se&ntilde;as, portar&iacute;a un martillo de madera con el que reducir al silencio a todo el que no siga el milim&eacute;trico protocolo. Sin duda todos estos datos externos le llevar&iacute;a a usted a pensar que se encuentra ante un tribunal de justicia de hace a&ntilde;os, pero como no hay nada que se parezca m&aacute;s a un tribunal de justicia verdadero que uno falso, lo que le permitir&iacute;a salir de dudas ser&iacute;a verles en acci&oacute;n, es decir, cumpliendo o intentando cumplir sus fines, es decir, buscando como topos la justicia del caso concreto. T&eacute;ngase sabido, ya por adelantado, que lo que hace que esta reuni&oacute;n de hombres de leyes sea un tribunal no es ni siquiera que todos ellos sean juristas, y tampoco el que efectivamente logren llevar su eficacia hasta el extremo de retomar en cada sentencia el hilo de la justicia perfecta, sino meramente el desear e intentar cumplir con su fin.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> No podemos saber lo que las cosas son desatendiendo a cu&aacute;les son los fines que han de cumplir. Un martillo que no pueda hacerse cargo de su &quot;oficio&quot; no ha sido nunca o ya no es un martillo, y un hacha roma perdi&oacute; ya su &quot;hachedad&quot; y, o bien recupera la capacidad para cumplir sus fines, o pasar&aacute; a ser otra cosa, cualquiera sabe, igual un martillo.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Vayamos pues al tema que anunci&aacute;bamos al inicio, hechas ya las presentaciones. <strong>Si queremos comprender qu&eacute; es un matrimonio no podemos reducirlo a una sola de las perspectivas o puntos de vista que podemos experimentar sobre &eacute;l, sino que tendremos que intentar acoger lo que es atendiendo al mayor n&uacute;mero posible de sus rasgos<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">. A veces nos encontramos una verdad chiquitita y nos emociona tanto la veracidad que atesora que ya no podemos mirar para otro lado y no vemos m&aacute;s, perdi&eacute;ndonos, por ejemplo, la verdad grande: ya est&aacute; aqu&iacute; el que se planta en la cabeza la bac&iacute;a del barbero.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El matrimonio es un acto social y solemne en el que se suele cuidar la belleza de la decoraci&oacute;n, del vestido, en el que se celebra un gran banquete, etc., y en esto no se diferencia de muchos otros eventos en los que participamos de vez en cuando. Desde una perspectiva formal es un contrato y, como tal, conlleva unas consecuencias jur&iacute;dicas y econ&oacute;micas, como la compraventa de un veh&iacute;culo o el alquiler de un burro para subir las cuestas de la Alhambra de Granada. Estos datos, y muchos otros a los que podr&iacute;amos hacer referencia, son sin duda importantes para la descripci&oacute;n de lo que un matrimonio es, pero no olvidemos nunca que <strong>otro elemento fundamental, sin el que tendr&iacute;amos un matrimonio falso que, como tal, ser&iacute;a lo m&aacute;s parecido a uno verdadero, son los fines que se pretenden con el casamiento.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> &iquest;Y cu&aacute;les son los fines del matrimonio? En primer lugar el bien de los c&oacute;nyuges y su ayuda mutua, en todos los sentidos en los que pueda comprenderse esto. Cada uno de los contrayentes considera al otro una parte de su vida sin la cual &eacute;sta amenazar&iacute;a desfallecer, y la\/lo toma y se entrega a &eacute;l\/ella para que sea compa&ntilde;&iacute;a y sost&eacute;n en la vida, con sus mil avatares, alegr&iacute;as y desconsuelos. La verdad es que tambi&eacute;n nos casamos con la esperanza de que entre los dos podamos llenar el agujero que tenemos en nuestra alma, y que nos hace sentir como pozos sin agua. No se casa uno con la conciencia de que ha de durar la uni&oacute;n un par de meses, y si es que tuviese esto planeado se habr&aacute; comprado el traje y los anillos, habr&aacute; celebrado banquete con buenas caramesas, pero no habr&aacute; contra&iacute;do matrimonio nunca, mas que le pese.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El segundo fin del matrimonio es la procreaci&oacute;n y el acompa&ntilde;amiento o formaci&oacute;n de los hijos, y aqu&iacute; topamos con el canicular e histri&oacute;nico abrazo de la pol&eacute;mica.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> &iquest;Por qu&eacute; la procreaci&oacute;n es un fin del matrimonio? &iquest;No basta con amarse, con estar juntos, con querer estarlo mucho tiempo y todo eso que tanto pinta para este caso? El motivo es sencillo y radical. El beb&eacute; no es un accesorio, sino la cumbre y encarnaci&oacute;n de la unidad de los c&oacute;nyuges, y en &eacute;l culmina, pero tambi&eacute;n con &eacute;l o ella toma continuaci&oacute;n, la historia de amor. &quot;Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos \/ seguiremos bes&aacute;ndonos en el hijo profundo. Bes&aacute;ndonos t&uacute; y yo se besan nuestros muertos,\/ se besan los primeros pobladores del mundo&quot;, que tan profundamente dir&iacute;a Miguel Hern&aacute;ndez.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Si la uni&oacute;n se produce con el deseo consciente de no tener descendencia en ning&uacute;n momento, tendremos ante nosotros otra realidad distinta a un matrimonio, tengan los contrayentes los sexos que tengan: pares o impares. <\/strong>Es cierto que esa realidad distinta puede estar repleta de bienes magn&iacute;ficos como el compromiso, la fidelidad, la estabilidad, y que seguro tendr&aacute; sus broncas, sus reconciliaciones y su todo como toca, y que se merece una atenci&oacute;n y un reconocimiento con los efectos jur&iacute;dicos, sociales, econ&oacute;micos, etc., que correspondan con exactitud y precisi&oacute;n a su propia naturaleza; pero <strong>no es un matrimonio.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Me detengo un momento, como el r&iacute;o en un requiebro, porque alguno estar&aacute; pensando en las parejas heterosexuales que no pueden tener hijos y en la adopci&oacute;n como una posibilidad tanto para ellas como para las parejas homosexuales, lo que puede parecer un t&eacute;rmino de comparaci&oacute;n. Si uno de los fines del matrimonio es la procreaci&oacute;n, &iquest;por qu&eacute; se considera como tal a una uni&oacute;n est&eacute;ril? Y si se acepta que as&iacute; sea, &iquest;por qu&eacute; dos personas del mismo sexo no pueden ser tenidas en cuenta bajo el mismo criterio?<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Preguntas justas, pero algo miopes. Por supuesto que los fines del matrimonio, a&uacute;n con el deseo, la voluntad y un esfuerzo grande por parte de los c&oacute;nyuges, pueden llegar a no cumplirse. Yo todav&iacute;a dir&iacute;a m&aacute;s: hay una distancia entre nuestro deseo, entre nuestra vocaci&oacute;n o anhelo del ideal, y lo que somos capaces de conseguir. &quot;Esto es as&iacute;&quot;, que dir&iacute;a un castizo. Pero en un matrimonio heterosexual est&eacute;ril, el impedimento no es estructural, esencial, sino accidental. Que en este caso una pareja no pueda tener hijos, por las causas que sean, no hace el matrimonio inexistente. Tampoco lo va a hacer que ambos descubran en el otro poca ayuda y mucho incordio. Pero nunca habr&aacute; matrimonio, sino como mucho &quot;apariencia de&quot;, si me uno a una mujer con fines que no sean los de &eacute;ste.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Si los pol&iacute;ticos obligaran a los motoristas a llevar orinales por cascos no creo que los moteros quedaran menos que perplejos e iracundos&#8230; y los que no usen motocicleta tampoco aceptar&iacute;an la norma. No debe extra&ntilde;arnos, pues, que ante la declaraci&oacute;n de que una uni&oacute;n de dos personas del mismo sexo se denomine &quot;matrimonio&quot; muchos eleven una voz enojada: <strong>entre ellos, seguro, los habr&aacute; hom&oacute;fobos recalcitrantes y esas cosas que el odio suscita en contra de unos y de otros, pero sospecho que la mayor parte de esas voces pertenecer&aacute; m&aacute;s bien a gente a la que ofusca la insensatez.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> He aqu&iacute; que los nombres que ponemos a las cosas intentan describir lo que ellas son y, como vimos, una uni&oacute;n que est&aacute; de suyo vedada a la procreaci&oacute;n no puede ser un matrimonio, por lo que aplicarle ese nombre, aparte de ideolog&iacute;as y dem&aacute;s bastarder&iacute;as de nuestros heridos y queridos tiempos, es simplemente irracional.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Marcelo L\u00f3pez Cambronero El debate sobre las uniones homosexuales y el nombre con el que deben ser legal y socialmente reconocidas es un ejemplo de las absurdas discusiones en las que nos enzarzamos los hombres y mujeres de nuestro tiempo. 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