{"id":32731,"date":"2016-06-13T12:26:53","date_gmt":"2016-06-13T17:26:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/abrazo-del-papa-francisco-y-bartolome-dejemos-a-un-lado-los-recelos\/"},"modified":"2016-06-13T12:26:53","modified_gmt":"2016-06-13T17:26:53","slug":"abrazo-del-papa-francisco-y-bartolome-dejemos-a-un-lado-los-recelos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/abrazo-del-papa-francisco-y-bartolome-dejemos-a-un-lado-los-recelos\/","title":{"rendered":"Abrazo del Papa Francisco y Bartolom\u00e9: \u201cDejemos a un lado los&nbsp;recelos\u201d"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Alvaro Real<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s un nuevo abrazo une a toda la Cristiandad. Cincuenta a&ntilde;os han pasado del abrazo del Papa Pablo VI y el Patriarca Aten&aacute;goras y tanto el Papa Francisco como el Patriarca Bartolom&eacute; lo han tenido muy presente en sus discursos, con unas palabras de unidad y de deseo de ir dando pasos en un encuentro para que todos sean uno.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Papa Francisco: Siempre que nos pedimos perd&oacute;n experimentamos la resurrecci&oacute;n<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> El Papa Francisco calific&oacute; de \u201cgracia extraordinaria\u201d el estar reunidos en oraci&oacute;n en el \u201csepulcro vac&iacute;o\u201d: \u201cel lugar de donde sali&oacute; el anuncio de la resurrecci&oacute;n\u201d. \u201cLo que nos une es el fundamento de la fe, gracias a la cual profesamos juntos que Jesucristo, unig&eacute;nito Hijo del Padre y nuestro &uacute;nico Se&ntilde;or, &quot;padeci&oacute; bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado muerto y sepultado, descendi&oacute; a los infiernos, al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de entre los muertos&quot; .<\/p>\n<p align=\"justify\"> \u201cDeteng&aacute;monos con devoto recogimiento ante el sepulcro vac&iacute;o, para redescubrir la grandeza de nuestra vocaci&oacute;n cristiana: somos hombres y mujeres de resurrecci&oacute;n, no de muerte\u201d, explic&oacute; el Papa Francisco: \u201c&iexcl;No nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza! &iexcl;No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrecci&oacute;n! Y no hagamos o&iacute;dos sordos al fuerte llamamiento a la unidad que resuena precisamente en este lugar, en las palabras de Aquel que, resucitado, nos llama a todos nosotros &quot;mis hermanos&quot;.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El obispo de Roma reconoci&oacute; que no se pueden negar las divisiones que a&uacute;n existen entre los cristianos, pero mostr&oacute; que se est&aacute;n dando pasos realmente importantes para la unidad. \u201cSomos conscientes de que todav&iacute;a queda camino por delante para alcanzar aquella plenitud de comuni&oacute;n que pueda expresarse tambi&eacute;n compartiendo la misma Mesa eucar&iacute;stica, como ardientemente deseamos; pero las divergencias no deben intimidarnos ni paralizar nuestro camino\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El Papa Francisco realiz&oacute; una analog&iacute;a con la piedra del sepulcro y explic&oacute; que los obst&aacute;culos \u201cque impiden a&uacute;n la plena comuni&oacute;n\u201d pueden ser removidos. \u201cSiempre que nos pedimos perd&oacute;n los unos a los otros por los pecados cometidos en relaci&oacute;n con otros cristianos y tenemos el valor de conceder y de recibir este perd&oacute;n, experimentamos la resurrecci&oacute;n\u201d, explic&oacute; el obispo de Roma, a&ntilde;adiendo: \u201cSiempre que, superados los antiguos prejuicios, nos atrevemos a promover nuevas relaciones fraternas, confesamos que Cristo ha resucitado verdaderamente\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Por todo ello, el Papa Francisco renov&oacute; la voluntad \u201cde mantener un di&aacute;logo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misi&oacute;n, se abra a una situaci&oacute;n nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comuni&oacute;n reconocido por todos\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Son muchas las persecuciones que sufren los cristianos y el Papa Francisco calific&oacute; de \u201cecumenismo del sufrimiento\u201d y \u201cecumenismo de sangre\u201d la uni&oacute;n de los cristianos que \u201csufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> \u201cDejemos a un lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro coraz&oacute;n a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo\u201d, afirm&oacute; el Papa, que mostr&oacute; que \u201cen este camino nos sentimos sostenidos por la oraci&oacute;n que el mismo Jes&uacute;s, en esta Ciudad, la vigilia de su pasi&oacute;n, elev&oacute; al Padre por sus disc&iacute;pulos, y que no nos cansamos, con humildad, de hacer nuestra: &quot;Que sean una sola cosa\u2026 para que el mundo crea&quot;.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Su Beatitud Bartolom&eacute;: El &uacute;nico camino que conduce al cumplimiento de la voluntad de Dios, que todos sean uno.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> De igual manera se expres&oacute; el Patriarca Bartolom&eacute;, que record&oacute; c&oacute;mo \u201cel fanatismo religioso amenaza la paz en muchas regiones de la tierra, donde incluso el don de la vida es sacrificado en el altar del odio religioso\u201d. \u201dEl mensaje de la tumba vivificante es urgente y claro: amor al otro, al diferente, a los seguidores de otros credos y de otras confesiones. Amarlos como a hermanos y hermanas\u201d, expres&oacute;.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> El abrazo de Pablo VI y el Patriarca Ecum&eacute;nico Aten&aacute;goras fue recordado en su discurso y afirm&oacute; que con &eacute;l, \u201cexpulsaron el miedo; se liberaron del miedo que hab&iacute;a prevalecido durante un milenio, un miedo que hab&iacute;a mantenido las dos antiguas Iglesias, de Occidente y de Oriente, lejos una de otra, a veces incluso enfrentadas la una a la otra\u201d.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> \u201cNo hay otro camino para la vida sino el camino del amor, la reconciliaci&oacute;n, la paz aut&eacute;ntica y la fidelidad a la Verdad\u201d continu&oacute; Su Beatitud Bartolom&eacute;, recordando que aunque a veces \u201cel camino puede ser largo y arduo, incluso a veces puede parecer un callej&oacute;n sin salida. Sin embargo, es el &uacute;nico camino que conduce al cumplimiento de la voluntad de Dios que quiere &quot;que [sus disc&iacute;pulos] sean uno&quot;.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Momentos antes del encuentro, Su Beatitud Bartolom&eacute; y Su Santidad Francisco firmaron<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.aleteia.org\/es\/religion\/noticias\/no-son-las-armas-sino-el-dialogo-el-perdon-y-la-reconciliacion-los-unicos-medios-posibles-para-lograr-la-paz-6719440515235840\"> un documento<\/a>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Discurso del Papa Francisco:<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>En esta Bas&iacute;lica, a la que todo cristiano mira con profunda veneraci&oacute;n, llega a su culmen la peregrinaci&oacute;n que estoy realizando junto con mi amado hermano en Cristo, Su Santidad Bartolom&eacute;. Peregrinamos siguiendo las huellas de nuestros predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Aten&aacute;goras, que, con audacia y docilidad al Esp&iacute;ritu Santo, hicieron posible, hace cincuenta a&ntilde;os, en la Ciudad santa de Jerusal&eacute;n, el encuentro hist&oacute;rico entre el Obispo de Roma y el Patriarca de Constantinopla. Saludo cordialmente a todos los presentes.<\/p>\n<p align=\"justify\"> De modo particular, agradezco vivamente a Su Beatitud Te&oacute;filo, que ha tenido a bien dirigirnos unas amables palabras de bienvenida, as&iacute; como a Su Beatitud Nourhan Manoogian y al Reverendo Padre Pierbattista Pizzaballa, que hayan hecho posible este momento.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es una gracia extraordinaria estar aqu&iacute; reunidos en oraci&oacute;n. El Sepulcro vac&iacute;o, ese sepulcro nuevo situado en un jard&iacute;n, donde Jos&eacute; de Arimatea coloc&oacute; devotamente el cuerpo de Jes&uacute;s, es el lugar de donde sali&oacute; el anuncio de la resurrecci&oacute;n: &quot;No tengan miedo, ya s&eacute; que buscan a Jes&uacute;s el crucificado. No est&aacute; aqu&iacute;: ha resucitado, como hab&iacute;a dicho. Vengan a ver el sitio donde yac&iacute;a y vayan aprisa a decir a sus disc&iacute;pulos: \u2018Ha resucitado de entre los muertos\u2019&quot; (Mt 28,5-7). Este anuncio, confirmado por el testimonio de aquellos a quienes se apareci&oacute; el Se&ntilde;or Resucitado, es el coraz&oacute;n del mensaje cristiano, trasmitido fielmente de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, como afirma desde el principio el ap&oacute;stol Pablo: &quot;Lo primero que les transmit&iacute;, tal como lo hab&iacute;a recibido, fue esto: que Cristo muri&oacute; por nuestros pecados, seg&uacute;n las Escrituras, que fue sepultado y que resucit&oacute; al tercer d&iacute;a, seg&uacute;n las Escrituras&quot; (1 Co 15,3-4). Lo que nos une es el fundamento de la fe, gracias a la cual profesamos juntos que Jesucristo, unig&eacute;nito Hijo del Padre y nuestro &uacute;nico Se&ntilde;or, &quot;padeci&oacute; bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado muerto y sepultado, descendi&oacute; a los infiernos, al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de entre los muertos&quot; (S&iacute;mbolo de los Ap&oacute;stoles). Cada uno de nosotros, todo bautizado en Cristo, ha resucitado espiritualmente en este sepulcro, porque todos en el Bautismo hemos sido realmente incorporados al Primog&eacute;nito de toda la creaci&oacute;n, sepultados con &Eacute;l, para resucitar con &Eacute;l y poder caminar en una vida nueva (cf. Rm 6,4).<\/p>\n<p align=\"justify\"> Acojamos la gracia especial de este momento. Deteng&aacute;monos con devoto recogimiento ante el sepulcro vac&iacute;o, para redescubrir la grandeza de nuestra vocaci&oacute;n cristiana: somos hombres y mujeres de resurrecci&oacute;n, no de muerte. Aprendamos, en este lugar, a vivir nuestra vida, los afanes de la Iglesia y del mundo entero a la luz de la ma&ntilde;ana de Pascua. El Buen Pastor, cargando sobre sus hombros todas las heridas, sufrimientos, dolores, se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo y con su sacrificio nos ha abierto las puertas a la vida eterna. A trav&eacute;s de sus llagas abiertas se derrama en el mundo el torrente de su misericordia. &iexcl;No nos dejemos robar el fundamento de nuestra esperanza! &iexcl;No privemos al mundo del gozoso anuncio de la Resurrecci&oacute;n! Y no hagamos o&iacute;dos sordos al fuerte llamamiento a la unidad que resuena precisamente en este lugar, en las palabras de Aquel que, resucitado, nos llama a todos nosotros &quot;mis hermanos&quot; (cf. Mt 28,10; Jn 20,17).<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ciertamente, no podemos negar las divisiones que todav&iacute;a hay entre nosotros, disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s: este lugar sagrado nos hace sentir con mayor dolor el drama. Y, sin embargo, cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s del abrazo de aquellos dos venerables Padres, hemos de reconocer con gratitud y renovado estupor que ha sido posible, por impulso del Esp&iacute;ritu Santo, dar pasos realmente importantes hacia la unidad. Somos conscientes de que todav&iacute;a queda camino por delante para alcanzar aquella plenitud de comuni&oacute;n que pueda expresarse tambi&eacute;n compartiendo la misma Mesa eucar&iacute;stica, como ardientemente deseamos; pero las divergencias no deben intimidarnos ni paralizar nuestro camino. Debemos pensar que, igual que fue movida la piedra del sepulcro, as&iacute; pueden ser removidos todos los obst&aacute;culos que impiden a&uacute;n la plena comuni&oacute;n entre nosotros. Ser&aacute; una gracia de resurrecci&oacute;n, que ya hoy podemos pregustar. Siempre que nos pedimos perd&oacute;n los unos a los otros por los pecados cometidos en relaci&oacute;n con otros cristianos y tenemos el valor de conceder y de recibir este perd&oacute;n, experimentamos la resurrecci&oacute;n. Siempre que, superados los antiguos prejuicios, nos atrevemos a promover nuevas relaciones fraternas, confesamos que Cristo ha resucitado verdaderamente. Siempre que pensamos el futuro de la Iglesia a partir de su vocaci&oacute;n a la unidad, brilla la luz de la ma&ntilde;ana de Pascua. A este respecto, deseo renovar la voluntad ya expresada por mis Predecesores, de mantener un di&aacute;logo con todos los hermanos en Cristo para encontrar una forma de ejercicio del ministerio propio del Obispo de Roma que, en conformidad con su misi&oacute;n, se abra a una situaci&oacute;n nueva y pueda ser, en el contexto actual, un servicio de amor y de comuni&oacute;n reconocido por todos (cf. Juan Pablo II, Enc. Ut unum sint, 95-96).<\/p>\n<p align=\"justify\"> Peregrinando en estos santos Lugares, recordamos en nuestra oraci&oacute;n a toda la regi&oacute;n de Oriente Medio, desgraciadamente lacerada con frecuencia por la violencia y los conflictos armados. Y no nos olvidamos en nuestras intenciones de tantos hombres y mujeres que, en diversas partes del mundo, sufren a causa de la guerra, de la pobreza, del hambre; as&iacute; como de los numerosos cristianos perseguidos por su fe en el Se&ntilde;or Resucitado. Cuando cristianos de diversas confesiones sufren juntos, unos al lado de los otros, y se prestan los unos a los otros ayuda con caridad fraterna, se realiza el ecumenismo del sufrimiento, se realiza el ecumenismo de sangre, que posee una particular eficacia no s&oacute;lo en los lugares donde esto se produce, sino, en virtud de la comuni&oacute;n de los santos, tambi&eacute;n para toda la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Aquellos que por odio a la fe matan, persiguen los cristianos y no les preguntan si son ortodoxos sin son cat&oacute;licos o son cristianos; la sangre cristiana es la misma.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Santidad, querido Hermano, queridos hermanos todos, dejemos a un lado los recelos que hemos heredado del pasado y abramos nuestro coraz&oacute;n a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, el Esp&iacute;ritu del Amor (cf. Rm 5,5) y de la Verdad (cf. Jn 16,13), para marchar juntos hacia el d&iacute;a bendito en que reencontremos nuestra plena comuni&oacute;n. En este camino nos sentimos sostenidos por la oraci&oacute;n que el mismo Jes&uacute;s, en esta Ciudad, la vigilia de su pasi&oacute;n, elev&oacute; al Padre por sus disc&iacute;pulos, y que no nos cansamos, con humildad, de hacer nuestra: &quot;Que sean una sola cosa\u2026 para que el mundo crea&quot; (Jn 17,21).<br \/> &nbsp;<br \/> Y cuando la desuni&oacute;n nos hace que pesimistas con poco coraje vamos todos bajo el manto de nuestra santa madre de Dios. Cuando en el alma cristiana hay turbulencias espirituales solo bajo el manto de la Santa Madre de Dios encontraremos paz. Que ella nos ayude en este camino.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Alvaro Real Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s un nuevo abrazo une a toda la Cristiandad. 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