{"id":32732,"date":"2016-06-13T12:26:54","date_gmt":"2016-06-13T17:26:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dialogo-el-perdon-y-la-reconciliacion-unicos-medios-posibles-para-lograr-la-paz\/"},"modified":"2016-06-13T12:26:54","modified_gmt":"2016-06-13T17:26:54","slug":"el-dialogo-el-perdon-y-la-reconciliacion-unicos-medios-posibles-para-lograr-la-paz","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-dialogo-el-perdon-y-la-reconciliacion-unicos-medios-posibles-para-lograr-la-paz\/","title":{"rendered":"El di\u00e1logo, el perd\u00f3n y la reconciliaci\u00f3n: Unicos medios posibles para lograr la&nbsp;paz"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">1. Como nuestros venerables predecesores, el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecum&eacute;nico Aten&aacute;goras, que se encontraron aqu&iacute; en Jerusal&eacute;n hace cincuenta a&ntilde;os, tambi&eacute;n nosotros, el Papa Francisco y el Patriarca Ecum&eacute;nico Bartolom&eacute;, hemos querido reunirnos en Tierra Santa, \u201cdonde nuestro com&uacute;n Redentor, Cristo nuestro Se&ntilde;or, vivi&oacute;, ense&ntilde;&oacute;, muri&oacute;, resucit&oacute; y ascendi&oacute; a los cielos, desde donde envi&oacute; el Esp&iacute;ritu Santo sobre la Iglesia naciente\u201d (Comunicado com&uacute;n del Papa Pablo VI y el Patriarca Aten&aacute;goras, publicado tras su encuentro del 6 de enero de 1964).<br \/> Nuestra reuni&oacute;n \u2013un nuevo encuentro de los Obispos de las Iglesias de Roma y Constantinopla, fundadas a su vez por dos hermanos, los Ap&oacute;stoles Pedro y Andr&eacute;s\u2013 es fuente de profunda alegr&iacute;a espiritual para nosotros. Representa una ocasi&oacute;n providencial para reflexionar sobre la profundidad y la autenticidad de nuestros v&iacute;nculos, fruto de un camino lleno de gracia por el que el Se&ntilde;or nos ha llevado desde aquel d&iacute;a bendito de hace cincuenta a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"justify\"> 2. Nuestro encuentro fraterno de hoy es un nuevo y necesario paso en el camino hacia aquella unidad a la que s&oacute;lo el Esp&iacute;ritu Santo puede conducirnos, la de la comuni&oacute;n dentro de la leg&iacute;tima diversidad. Recordamos con profunda gratitud los pasos que el Se&ntilde;or nos ha permitido avanzar.<br \/> El abrazo que se dieron el Papa Pablo VI y el Patriarca Aten&aacute;goras aqu&iacute; en Jerusal&eacute;n, despu&eacute;s de muchos siglos de silencio, prepar&oacute; el camino para un gesto de enorme importancia: remover de la memoria y de la mente de las Iglesias las sentencias de mutua excomuni&oacute;n de 1054. Este gesto dio paso a un intercambio de visitas entre las respectivas Sedes de Roma y Constantinopla, a una correspondencia continua y, m&aacute;s tarde, a la decisi&oacute;n tomada por el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Dimitrios, de feliz memoria, de iniciar un di&aacute;logo teol&oacute;gico sobre la verdad entre Cat&oacute;licos y Ortodoxos. A lo largo de estos a&ntilde;os, Dios, fuente de toda paz y amor, nos ha ense&ntilde;ado a considerarnos miembros de la misma familia cristiana, bajo un solo Se&ntilde;or y Salvador, Jesucristo, y a amarnos mutuamente, de modo que podamos confesar nuestra fe en el mismo Evangelio de Cristo, tal como lo recibimos de los Ap&oacute;stoles y fue expresado y transmitido hasta nosotros por los Concilios Ecum&eacute;nicos y los Padres de la Iglesia. Aun siendo plenamente conscientes de no haber alcanzado la meta de la plena comuni&oacute;n, confirmamos hoy nuestro compromiso de avanzar juntos hacia aquella unidad por la que Cristo nuestro Se&ntilde;or or&oacute; al Padre para que \u201ctodos sean uno\u201d (Jn 17,21).<\/p>\n<p align=\"justify\"> 3. Con el convencimiento de que dicha unidad se pone de manifiesto en el amor de Dios y en el amor al pr&oacute;jimo, esperamos con impaciencia que llegue el d&iacute;a en el que finalmente participemos juntos en el banquete eucar&iacute;stico. En cuanto cristianos, estamos llamados a prepararnos para recibir este don de la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica, como nos ense&ntilde;a san Ireneo de Lyon (Adv. haer., IV,18,5:PG 7,1028), mediante la confesi&oacute;n de la &uacute;nica fe, la oraci&oacute;n constante, la conversi&oacute;n interior, la vida nueva y el di&aacute;logo fraterno. Hasta llegar a esta esperada meta, manifestaremos al mundo el amor de Dios, que nos identifica como verdaderos disc&iacute;pulos de Jesucristo (cf. Jn 13,35).<\/p>\n<p align=\"justify\"> 4. En este sentido, el di&aacute;logo teol&oacute;gico emprendido por la Comisi&oacute;n Mixta Internacional ofrece una aportaci&oacute;n fundamental en la b&uacute;squeda de la plena comuni&oacute;n entre cat&oacute;licos y ortodoxos.<br \/> En los periodos sucesivos de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI, y del Patriarca Dimitrios, el progreso de nuestros encuentros teol&oacute;gicos ha sido sustancial. Hoy expresamos nuestro sincero aprecio por los logros alcanzados hasta la fecha, as&iacute; como por los trabajos actuales. No se trata de un mero ejercicio te&oacute;rico, sino de un proceder en la verdad y en el amor, que requiere un conocimiento cada vez m&aacute;s profundo de las tradiciones del otro para llegar a comprenderlas y aprender de ellas. Por tanto, afirmamos nuevamente que el di&aacute;logo teol&oacute;gico no pretende un m&iacute;nimo com&uacute;n denominador para alcanzar un acuerdo, sino m&aacute;s bien profundizar en la visi&oacute;n que cada uno tiene de la verdad completa que Cristo ha dado a su Iglesia, una verdad que se comprende cada vez m&aacute;s cuando seguimos las inspiraciones del Esp&iacute;ritu santo. Por eso, afirmamos conjuntamente que nuestra fidelidad al Se&ntilde;or nos exige encuentros fraternos y di&aacute;logo sincero. Esta b&uacute;squeda com&uacute;n no nos aparta de la verdad; sino que m&aacute;s bien, mediante el intercambio de dones, mediante la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, nos lleva a la verdad completa (cf. Jn 16,13).<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> 5. Y, mientras nos encontramos a&uacute;n en camino hacia la plena comuni&oacute;n, tenemos ya el deber de dar testimonio com&uacute;n del amor de Dios a su pueblo colaborando en nuestro servicio a la humanidad, especialmente en la defensa de la dignidad de la persona humana, en cada estadio de su vida, y de la santidad de la familia basada en el matrimonio, en la promoci&oacute;n de la paz y el bien com&uacute;n y en la respuesta ante el sufrimiento que sigue afligiendo a nuestro mundo.<br \/> Reconocemos que el hambre, la pobreza, el analfabetismo, la injusta distribuci&oacute;n de los recursos son un desaf&iacute;o constante. Es nuestro deber intentar construir juntos una sociedad justa y humana en la que nadie se sienta excluido o marginado.<\/p>\n<p align=\"justify\"> 6. Estamos profundamente convencidos de que el futuro de la familia humana depende tambi&eacute;n de c&oacute;mo salvaguardemos \u2013con prudencia y compasi&oacute;n, a la vez que con justicia y rectitud\u2013 el don de la creaci&oacute;n, que nuestro Creador nos ha confiado. Por eso, constatamos con dolor el il&iacute;cito maltrato de nuestro planeta, que constituye un pecado a los ojos de Dios. Reafirmamos nuestra responsabilidad y obligaci&oacute;n de cultivar un esp&iacute;ritu de humildad y moderaci&oacute;n de modo que todos puedan sentir la necesidad de respetar y preservar la creaci&oacute;n. Juntos, nos comprometemos a crear una mayor conciencia del cuidado de la creaci&oacute;n; hacemos un llamamiento a todos los hombres de buena voluntad a buscar formas de vida con menos derroche y m&aacute;s austeras, que no sean tanto expresi&oacute;n de codicia cuanto de generosidad para la protecci&oacute;n del mundo creado por Dios y el bien de su pueblo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> 7. Asimismo, necesitamos urgentemente una efectiva y decidida cooperaci&oacute;n de los cristianos para tutelar en todo el mundo el derecho a expresar p&uacute;blicamente la propia fe y a ser tratados con equidad en la promoci&oacute;n de lo que el Cristianismo sigue ofreciendo a la sociedad y a la cultura contempor&aacute;nea. A este respecto, invitamos a todos los cristianos a promover un aut&eacute;ntico di&aacute;logo con el Juda&iacute;smo, el Islam y otras tradiciones religiosas. La indiferencia y el desconocimiento mutuo conducen &uacute;nicamente a la desconfianza y, a veces, desgraciadamente incluso al conflicto.<\/p>\n<p align=\"justify\"> 8. Desde esta santa ciudad de Jerusal&eacute;n, expresamos nuestra com&uacute;n preocupaci&oacute;n profunda por la situaci&oacute;n de los cristianos en Medio Oriente y por su derecho a seguir siendo ciudadanos de pleno derecho en sus patrias. Con confianza, dirigimos nuestra oraci&oacute;n a Dios omnipotente y misericordioso por la paz en Tierra Santa y en todo Medio Oriente. Pedimos especialmente por las Iglesias en Egipto, Siria e Iraq, que han sufrido mucho &uacute;ltimamente. Alentamos a todas las partes, independientemente de sus convicciones religiosas, a seguir trabajando por la reconciliaci&oacute;n y por el justo reconocimiento de los derechos de los pueblos. Estamos convencidos de que no son las armas, sino el di&aacute;logo, el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n, los &uacute;nicos medios posibles para lograr la paz.<\/p>\n<p align=\"justify\"> 9. En un momento hist&oacute;rico marcado por la violencia, la indiferencia y el ego&iacute;smo, muchos hombres y mujeres se sienten perdidos. Mediante nuestro testimonio com&uacute;n de la Buena Nueva del Evangelio, podemos ayudar a los hombres de nuestro tiempo a redescubrir el camino que lleva a la verdad, a la justicia y a la paz. Unidos en nuestras intenciones y recordando el ejemplo del Papa Pablo VI y el Patriarca Aten&aacute;goras, de hace 50 a&ntilde;os, pedimos que todos los cristianos, junto con los creyentes de cualquier tradici&oacute;n religiosa y todos los hombres de buena voluntad reconozcan la urgencia del momento, que nos obliga a buscar la reconciliaci&oacute;n y la unidad de la familia humana, respetando absolutamente las leg&iacute;timas diferencias, por el bien de toda la humanidad y de las futuras generaciones.<\/p>\n<p align=\"justify\"> 10. Al emprender esta peregrinaci&oacute;n en com&uacute;n al lugar donde nuestro &uacute;nico Se&ntilde;or Jesucristo fue crucificado, sepultado y resucitado, encomendamos humildemente a la intercesi&oacute;n de la Sant&iacute;sima siempre Virgen Mar&iacute;a los pasos sucesivos en el camino hacia la plena unidad, confiando a la entera familia humana al amor infinito de Dios. \u201cEl Se&ntilde;or ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor; el Se&ntilde;or se fije en ti y te conceda la paz\u201d (Nm 6,25-26)<br \/> &nbsp;<br \/> Jerusal&eacute;n, 25 de mayo de 2014.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team 1. 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