{"id":32748,"date":"2016-06-13T12:27:22","date_gmt":"2016-06-13T17:27:22","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/unidad-de-los-cristianos-el-ecumenismo-50-anos-despues-del-vaticano-ii\/"},"modified":"2016-06-13T12:27:22","modified_gmt":"2016-06-13T17:27:22","slug":"unidad-de-los-cristianos-el-ecumenismo-50-anos-despues-del-vaticano-ii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/unidad-de-los-cristianos-el-ecumenismo-50-anos-despues-del-vaticano-ii\/","title":{"rendered":"Unidad de los cristianos: el ecumenismo 50 a\u00f1os despu\u00e9s del Vaticano&nbsp;II"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Ga\u00eblle Bertrand<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La esta semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos, que comenz&oacute; el pasado 18 de enero, se inscribe dentro del movimiento ecum&eacute;nico querido por el Concilio Vaticano II, hace ya 50 a&ntilde;os. Como declaraba el Papa Francisco en su audiencia semanal de los mi&eacute;rcoles, la divisi&oacute;n de los cristianos es un verdadero esc&aacute;ndalo para el Se&ntilde;or. En efecto, las divisiones son un obst&aacute;culo para el crecimiento de su Cuerpo, para la unidad, para la universalidad de su Iglesia y la proclamaci&oacute;n del Evangelio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa cuesti&oacute;n del ecumenismo es central en el Concilio Vaticano II. Un decreto, <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, se le consagra por entero. Sin embargo, tras su publicaci&oacute;n, el concilio fue fuente de pol&eacute;micas y de nuevas divisiones, en particular sobre esta cuesti&oacute;n de la unidad de los cristianos. A veces fuente de incomprensi&oacute;n, el movimiento ecum&eacute;nico tiene por objetivo establecer la plena comuni&oacute;n entre los cristianos, con el fin de que la Iglesia pueda &ldquo;realizar la plenitud de la catolicidad que le es propia&rdquo; (<em>Unitatis Redintegratio<\/em>).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl mi&eacute;rcoles, durante su catequesis, el Santo Padre record&oacute; que &ldquo;los cristianos comparten el bautismo y la Cruz&rdquo;. Por esto son hermanos. A pesar de ello, es forzoso constatar que los disc&iacute;pulos de Cristo, durante los siglos, han tomado caminos distintos, discrepando con frecuencia sobre cuestiones relacionadas con los dogmas y la interpretaci&oacute;n de la Palabra. Por tanto, como cuestiona el ap&oacute;stol San Pablo en su primera Carta a los Corintios, &iquest;&rdquo;est&aacute; Cristo dividido?&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa actualidad de esta semana nos invita a rezar por la unidad de los cristianos. Aprovechamos tambi&eacute;n para volver sobre este texto fundamental del Vaticano II, <em>Unitatis Redintegratio<\/em>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;Por qu&eacute; el ecumenismo?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAnte todo, el decreto del Concilio nos recuerda que &ldquo;una sola y &uacute;nica Iglesia fue fundada por Cristo el Se&ntilde;or&rdquo;, y que, con el fin de &ldquo;establecer en todo lugar su Iglesia santa hasta la consumaci&oacute;n de los siglos, Cristo confi&oacute; al colegio de los Doce la misi&oacute;n de ense&ntilde;ar, de gobernar y de santificar. Entre ellos, &eacute;l eligi&oacute; a Pedro, sobre el cual, tras la confesi&oacute;n de fe, decide edificar su Iglesia; le prometi&oacute; las llaves del Reino y, despu&eacute;s de que el ap&oacute;stol le diera la prueba de su amor, le confi&oacute; todas las ovejas para que las confirmara en la fe y para que las pastoreara en perfecta unidad, Jesucristo mismo sigue siendo eternamente la piedra angular y el Supremo Pastor de nuestras almas&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Concilio a&ntilde;ade que el &ldquo;deseo de unidad&rdquo; de los cristianos es querido por el mismo Dios: &ldquo;Que todos sean uno como tu, Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti: que ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me has enviado&rdquo; (Jn 17, 21). Este &ldquo;deseo de unidad&rdquo; es una gracia que el Se&ntilde;or concede a los cristianos a trav&eacute;s de su Esp&iacute;ritu.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute;, y desde esta perspectiva de unidad, el Concilio propone a los cat&oacute;licos &ldquo;los medios, las formas y los modos de actuaci&oacute;n que les permitir&aacute;n a ellos mismos responder a esta llamada divina y a esta gracia&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;C&oacute;mo ejercer el ecumenismo?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJesucristo, por su esp&iacute;ritu, nos invita ante todo a dialogar y a exponer nuestra doctrina de manera clara e inteligible. El objetivo es que &ldquo;todos adquieran un conocimiento m&aacute;s &nbsp;conforme a la verdad, al mismo tiempo que una estima m&aacute;s justa de la ense&ntilde;anza y la vida de cada comunidad&rdquo;. El di&aacute;logo debe llevar por tanto a &ldquo;un conocimiento fraterno rec&iacute;proco&rdquo;, as&iacute; como al reconocimiento de &ldquo;la verdadera posici&oacute;n de la Iglesia cat&oacute;lica&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn este sentido, los cat&oacute;licos son invitados a dar pruebas de humildad y de ejemplaridad en su vida cristiana, de santidad, para ser testigos vivos de la Iglesia apost&oacute;lica de Cristo. Igualmente, el decreto <em>Unitatis Redintegratio<\/em> afirma que el camino hacia la unidad de los cristianos va al par que &ldquo;la conversi&oacute;n de los corazones&rdquo;. De la humildad, la generosidad y el amor nacer&aacute; esta &quot;conversi&oacute;n interior&quot; necesaria para el inicio de un di&aacute;logo fruct&iacute;fero entre los cristianos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn este sentido, el di&aacute;logo debe mantenerse con respeto y amabilidad. De hecho, se trata de colaborar entre cristianos con el fin de &quot;estimar el verdadero valor de la persona humana&quot;, &quot;promover la paz&quot;, de perseguir &quot;la aplicaci&oacute;n social del Evangelio&quot;, de desarrollar &quot;las ciencias y las artes en un ambiente cristiano&quot; y de aportar &ldquo;remedios de todo tipo contra las miserias de nuestro tiempo &quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl trabajo ecum&eacute;nico implica de la misma forma a los laicos y a los consagrados, cada uno de acuerdo con las facultades que le fueron dadas. Se comprende entonces la necesidad de una formaci&oacute;n teol&oacute;gica e hist&oacute;rica. La formaci&oacute;n de nuestros sacerdotes es por tanto fundamental para comunicar con precisi&oacute;n la verdad revelada de Cristo. &quot;Es de la formaci&oacute;n de los sacerdotes de la que depende principalmente la necesaria educaci&oacute;n y formaci&oacute;n espiritual de los fieles y religiosos&quot;, dijo el Concilio Vaticano II.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Concilio nos invita finalmente a la oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos. Por otro lado, se aconseja rezar conjuntamente con nuestros amigos separados de Roma, pero aclarando que &ldquo;es la autoridad episcopal local la que debe prudentemente dar instrucciones&rdquo;. La oraci&oacute;n com&uacute;n aparece como &ldquo;un medio eficaz para pedir la gracia de la unidad&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Las diferentes divisiones con la Iglesia cat&oacute;lica<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa &uacute;ltima parte del decreto ecum&eacute;nico del Concilio Vaticano II trata sobre las diferentes divisiones &nbsp;que han afectado a la Iglesia cat&oacute;lica a lo largo de los siglos. El an&aacute;lisis se hace en dos partes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nViene en primer lugar la cuesti&oacute;n de Oriente. &ldquo;Hay en Oriente muchas Iglesias particulares o locales, de las cuales las de primer rango son las Iglesias patriarcales&rdquo;. El decreto recuerda que la Iglesia latina se apoya en gran medida en las riquezas de la Iglesia de Oriente, en materia de liturgia, de la tradici&oacute;n espiritual y del derecho. El desarrollo de los monasterios en Occidente viene de Oriente, por ejemplo. Del mismo modo, los orientales profesan a Mar&iacute;a una devoci&oacute;n admirable. Fue precisamente en Oriente donde se celebr&oacute; el Concilio Ecum&eacute;nico de Efeso que la proclama como la &quot;Sant&iacute;sima Madre de Dios&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa b&uacute;squeda de la unidad con las Iglesias de Oriente no se puede hacer sino mediante la comprensi&oacute;n de su historia particular. Esta &uacute;ltima comienza en los primeros a&ntilde;os del cristianismo. Por lo tanto, &quot; la herencia transmitida por los ap&oacute;stoles fue recibida de diferentes maneras, y ya desde los or&iacute;genes mismos de la Iglesia, se ha explicado de diferentes formas seg&uacute;n la diversidad de la cultura y de las condiciones de vida&quot;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Concilio recomienda a los cat&oacute;licos que aprendan a conocer las riquezas de Oriente para una comuni&oacute;n cada vez m&aacute;s fruct&iacute;fera. En todo caso, subraya que &ldquo;no es en absoluto contrario a la unidad de la Iglesia que haya diversidad de normas y de costumbres&rdquo;: &ldquo;semejante diversidad contribuye a su belleza y es una ayuda preciosa para el cumplimiento de su misi&oacute;n&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nViene a continuaci&oacute;n la cuesti&oacute;n de Occidente. Las escisiones tuvieron lugar a final de la Edad Media. Estas &ldquo;Iglesias y comunidades eclesiales&rdquo; son muy diferentes entre s&iacute;. Es muy importante considerarlas individualmente. Presentan grandes divergencias con la Iglesia cat&oacute;lica en t&eacute;rminos de &ldquo;interpretaci&oacute;n de la verdad revelada&rdquo; y de magisterio apost&oacute;lico.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEstas iglesias y comunidades tienen en cambio una gran devoci&oacute;n a las Santas Escrituras- &ldquo;La vida cristiana de estos hermanos se nutre de la fe en Cristo, se beneficia de la gracia del bautismo y de la escucha de la Palabra de Dios&rdquo;: En Cristo se encuentra nuestra uni&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nFinalmente, en la cuesti&oacute;n de Occidente, la <em>Unitatis Redintegratio<\/em>, se expresa en estos t&eacute;rminos: Pero si muchos cristianos no entienden siempre el Evangelio en su aspecto moral, en la misma manera que los cat&oacute;licos, ni admiten las mismas soluciones a los problemas m&aacute;s complicados de la sociedad moderna, no obstante quieren seguir, lo mismo que nosotros, la palabra de Cristo, como fuente de virtud cristiana, y obedecer al precepto del Ap&oacute;stol: <em>Todo cuanto hac&eacute;is de palabra o de obra, hacedlo en el nombre del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, dando gracias a Dios Padre por El<\/em>&rdquo;. De aqu&iacute; puede surgir el di&aacute;logo ecum&eacute;nico sobre la aplicaci&oacute;n moral del Evangelio&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl ecumenismo es una tarea diaria que debemos asumir. La Semana de Oraci&oacute;n por la Unidad de los Cristianos y el aniversario de la conversi&oacute;n de san Pablo, este s&aacute;bado, 25 de enero suponen buenas oportunidades en este sentido. Pero no hay que olvidar que esta obra tit&aacute;nica de la reconciliaci&oacute;n de los cristianos, de una Iglesia, &quot;va m&aacute;s all&aacute; de los poderes y capacidades humanas&rdquo;. Por eso el Se&ntilde;or nos cuida y nos env&iacute;a su Esp&iacute;ritu para llevar a cabo el proyecto.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Ga\u00eblle Bertrand La esta semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos, que comenz&oacute; el pasado 18 de enero, se inscribe dentro del movimiento ecum&eacute;nico querido por el Concilio Vaticano II, hace ya 50 a&ntilde;os. 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