{"id":32979,"date":"2016-06-13T12:35:13","date_gmt":"2016-06-13T17:35:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-30-horas-de-vida-del-pequeno-benedetto\/"},"modified":"2016-06-13T12:35:13","modified_gmt":"2016-06-13T17:35:13","slug":"las-30-horas-de-vida-del-pequeno-benedetto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-30-horas-de-vida-del-pequeno-benedetto\/","title":{"rendered":"Las 30 horas de vida del peque\u00f1o&nbsp;Benedetto"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Giorgia Petrini<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Sencilla, vestida de claro, el pelo recogido, camina abrazada a su esposo Giovanni. Todo en ella habla de sencillez: es Silvia \u201cmam&aacute; coraje\u201d. Un \u201cPERO\u201d en el momento en que nos abrazamos me golpe&oacute; el coraz&oacute;n: sus ojos hinchados que hablan de Benedetto nacido en el cielo hac&iacute;a siete d&iacute;as. Es todo normal: por un momento las \u201cmadres coraje\u201d olvidan tambi&eacute;n la existencia del rimel.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Me regala la foto de Benedetto (que guardo cuidadosamente): \u201cGiovanni y yo estamos casados desde hace casi 10 a&ntilde;os y hemos tenido cuatro magn&iacute;ficos hijos: Agnese de 9 a&ntilde;os, Pietro de 7, Tommasso de 4 y Benedetto, nacido el 4 de abril de este a&ntilde;o y fallecido al d&iacute;a siguiente, despu&eacute;s de (8 meses y) 30 horas de vida.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Desde que vivo en Cremona presto de vez en cuando servicio como voluntaria en el Cav Centro Aiuto Vita de nuestro hospital. Esto me ha permitido enfrentarme m&aacute;s veces al tema del aborto y a las dif&iacute;ciles historias de mujeres que enfrentan embarazos con miles de dificultades, desde econ&oacute;micas a de salud. Pero viv&iacute;a todo esto con cierta distancia y quiz&aacute; un poco inconcientemente, porque me consideraba a pesar de todo afortunada, con mis tres hijos y mi vida tranquila.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En el &uacute;ltimo a&ntilde;o me hab&iacute;a topado con la historia de Chiara Corbella Petrillo, que me hab&iacute;a impresionado mucho y dejado sin aliento por la evidente sencillez y alegr&iacute;a con que esta joven chica hab&iacute;a enfrentado sus pruebas, junto a su marido: &iquest;c&oacute;mo no desear una fe as&iacute; tambi&eacute;n para mi? Me parec&iacute;a imposible.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Esto contribuy&oacute; a que surgiera en m&iacute; el deseo de acoger otro ni&ntilde;o, respondiendo tambi&eacute;n a una cuesti&oacute;n abierta para mi marido, \u201cya listo\u201d desde hac&iacute;a tiempo. A m&iacute;, en cambio, me ven&iacute;an en mente un mont&oacute;n de objeciones: tenemos ya tres hijos, el dinero no es suficiente, la hipoteca parece no terminar nunca, la opci&oacute;n por las escuelas privadas cat&oacute;licas, los problemas organizativos (al no tener a los abuelos cerca), el trabajo que toma mucho tiempo\u2026y este &uacute;ltimo gran miedo vinculado a la posibilidad que esta vez no fuera tan bien como las otras, que pudiera nacer un hijo con alguna discapacidad o con Syndrome de Down, dados mis 37 a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero el deseo en m&iacute; crec&iacute;a y entonces me confi&eacute; a la oraci&oacute;n y el embarazo lleg&oacute;. Mi coraz&oacute;n, no estaba tranquilo. No respiraba ni siquiera un poco de esa alegr&iacute;a tan deseada: por cualquier dolor o peque&ntilde;a p&eacute;rdida corr&iacute;a al hospital para que me revisaran, como si en mi coraz&oacute;n ya supiera que este beb&eacute; no era para nosotros. Luego lleg&oacute; el 23 de diciembre, d&iacute;a de la eco morfol&oacute;gica en el hospital y por primera vez, en una morfol&oacute;gica, quise junto a m&iacute; a mi marido.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Apenas la ginec&oacute;loga comenz&oacute; a mirar a nuestro beb&eacute; el clima pas&oacute; inmediatamente de bromista a relajado a helado y silencioso. Nuestro beb&eacute; ten&iacute;a malformaciones en todos lados: el cerebro, el coraz&oacute;n (un desastre), un bracito, un piecito, una Trisom&iacute;a 18, incompatible con la vida. Yo estaba en la semana 20, por lo que la ginec&oacute;loga me dijo que si me hubiera hecho inmediatamente la amniocentesis habr&iacute;a estado a tiempo de \u201cescoger\u201d. Con mi marido no hubo ni siquiera necesidad de mirarse a la cara para decir nuestro doloror&iacute;simo \u201csi\u201d: nuestro beb&eacute; estaba ah&iacute;, con su carita, sus manitas y piernitas que se mov&iacute;an. Si hubiera vivido o no, no habr&iacute;a sido opci&oacute;n nuestra.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &Eacute;l hab&iacute;a sido deseado as&iacute; y de esta manera lo habr&iacute;amos acogido. &Eacute;l estaba vivo y no habr&iacute;a sido yo, su madre, quien lo matara. Mi primer pensamiento fue que el Se&ntilde;or quiz&aacute; hab&iacute;a entendido que no habr&iacute;a sido capaz de cuidar a un beb&eacute; discapacitado y me hab&iacute;a regalado un mal a&uacute;n m&aacute;s grande, que se lo habr&iacute;a llevado de mi, probablemente antes incluso de nacer. Pero el afecto a nuestro beb&eacute; se hac&iacute;a cada vez m&aacute;s grande, tan grande que pedimos el milagro para que sobreviviera (hay beb&eacute;s con Trisom&iacute;a 18 vivos y fuertes, a pesar de sus miles de patolog&iacute;as). Cierto, nos daba miedo s&oacute;lo la idea de lo que hubiera significado para nosotros y nuestros hijos pero si el Se&ntilde;or lo hubiera querido habr&iacute;a sido para nosotros.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Benedetto era tan fuerte y tenaz que resisti&oacute; duro hasta la semana 30. Durante el embarazo nos apoyamos al equipo de la doctora Vergani de San Gerardo di Monza y fuimos acompa&ntilde;ados por el neonat&oacute;logo del mismo hospital, el doctor Paterlini, y \u2013 aunque de lejos \u2013 por la neonat&oacute;loga,&nbsp; Parravicini, experta en cuidados paliativos, en Nueva York.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Quiero recordarles por qu&eacute; para nosotros no fueron s&oacute;lo los m&eacute;dicos, sino parte de una compa&ntilde;&iacute;a que nos ha ayudado a acoger a Benedetto, a quererlo desde el principio y a darle s&oacute;lo lo que necesitaba, que en realidad es lo que todos necesitamos: ser amados y sentirse amados. Esto me hizo entender c&oacute;mo el ser acompa&ntilde;ados por profesionales que, no s&oacute;lo extremadamente preparados en su campo, tienen una mirada abierta a la realidad, es indispensable en estas circunstancias delicadas: en la primera ecograf&iacute;a que hicimos en Monza, la doctora Vergani, primero que nada intent&oacute; ver si era ni&ntilde;o o ni&ntilde;a y no ver la larga lista de malformaciones que ten&iacute;a Benedetto.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Cu&aacute;ntas veces, dirigi&eacute;ndose a &eacute;l, nos dijo \u201ces un misterio\u201d. Esto me ha ayudado a no dudar: no me ha surgido la duda de que fuera todo in&uacute;til, que estos meses de embarazo fueran meses desperdiciados, porque pienso que no he vivido momentos m&aacute;s bellos e intensos con mi marido, nuestros hijos y los amigos que nos han acompa&ntilde;ado como hermanos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Giorgia Petrini Sencilla, vestida de claro, el pelo recogido, camina abrazada a su esposo Giovanni. Todo en ella habla de sencillez: es Silvia \u201cmam&aacute; coraje\u201d. Un \u201cPERO\u201d en el momento en que nos abrazamos me golpe&oacute; el coraz&oacute;n: sus ojos hinchados que hablan de Benedetto nacido en el cielo hac&iacute;a siete d&iacute;as. Es todo &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-30-horas-de-vida-del-pequeno-benedetto\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLas 30 horas de vida del peque\u00f1o&nbsp;Benedetto\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-32979","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32979","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=32979"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/32979\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=32979"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=32979"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=32979"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}