{"id":3300,"date":"2015-12-01T01:11:49","date_gmt":"2015-12-01T06:11:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/entre-pecadores\/"},"modified":"2015-12-01T01:11:49","modified_gmt":"2015-12-01T06:11:49","slug":"entre-pecadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/entre-pecadores\/","title":{"rendered":"Entre Pecadores"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Apuntes Pastorales<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasi\u00f3n y vocaci\u00f3n de servicio que Cristo form\u00f3 en los primeros disc\u00edpulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, \u00a1se habr\u00e1 despertado un verdadero gigante!<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p align=\"justify\"><b>Jes&uacute;s am&oacute; a los pecadores<br \/>\n<\/b>No hay forma de que podamos escapar de esta realidad: &Eacute;l pas&oacute; mucho tiempo en compa&ntilde;&iacute;a de pecadores. En una escena, seguramente representativa de otras tantas, lo observamos sentado a la mesa, rodeado de recaudadores de&nbsp;impuestos y pecadores (Mt 9). Los fariseos se escandalizaron por la aparente frivolidad de esta costumbre, y lo descalificaron como &laquo;un hombre glot&oacute;n y bebedor de vino, amigo de recaudadores de impuestos y de pecadores&raquo; (Mt 11.19). No obstante, &eacute;l insisti&oacute; que no hab&iacute;a venido a llamar a los justos, sino a los pecadores, porque &laquo;los que est&aacute;n sanos no tienen necesidad de m&eacute;dico, sino los que est&aacute;n enfermos&raquo; (2.17). Los pecadores representaban la esencia de su misi&oacute;n.<br \/>\nSu firmeza en este punto nos incomoda un poco en el contexto de la Iglesia que conocemos hoy, porque la maldad que vemos en el mundo nos ha llevado a refugiarnos en nuestras reuniones y relacionarnos solamente con aquellos que tienen los mismos valores que nosotros. Frente a las manifestaciones m&aacute;s groseras de pecados sentimos desesperaci&oacute;n, como si fuera razonable esperar que un mundo en tinieblas fuera mejor de lo que realmente es. Nuestra desilusi&oacute;n nos aparta de aquellos que pretendemos socorrer. Cuando solamente esperemos del pecador una conducta pecaminosa, sus acciones no despertar&aacute;n en nosotros rechazo. Sospecho que Jes&uacute;s viv&iacute;a rodeado de pecadores porque ellos sab&iacute;an que &eacute;l, sin avalar el estilo de vida que llevaban, no los condenaba como personas porque solamente se conduc&iacute;an tanto como su naturaleza se los permit&iacute;a.<br \/>\n<b>Jes&uacute;s se movi&oacute; entre los pecadores<br \/>\n<\/b>Jes&uacute;s llevaba a cabo su vida y ministerio en los lugares donde estaba la gente. No encontramos una sola instancia en los evangelios en que los disc&iacute;pulos salieran a invitar a personas a una reuni&oacute;n con Cristo. M&aacute;s bien &eacute;l se encontraba con multitudes de necesitados a medida que transitaba por los mismos caminos y frecuentaba las mismas reuniones que ellos. La calle prove&iacute;a el marco ideal para que el evangelio llegara a quienes nunca asistir&iacute;an a una sinagoga o se sent&iacute;an excluidos del severo sistema religioso de los fariseos.<br \/>\nHoy, 90% de las actividades de la Iglesia tienen como objetivo la atenci&oacute;n de los justos, no de los enfermos. Ocasionalmente invitamos a los pecadores a que se acerquen a nosotros para que puedan disfrutar de alguna bendici&oacute;n espiritual. La mayor&iacute;a, sin embargo, no participar&aacute; nunca en una reuni&oacute;n evang&eacute;lica. Nosotros deberemos ir a los lugares donde ellos est&aacute;n. De hecho, todos los d&iacute;as estamos en los mismos lugares, pero nuestra tendencia a creer que solamente en las &laquo;reuniones eclesi&aacute;sticas&raquo; se desarrollan actividades espirituales nos ha llevado a descartar las mejores oportunidades para ministrarlos. Necesitamos que el Se&ntilde;or vuelva a abrir nuestros ojos a la vida que transcurre a nuestro alrededor para que, en el momento oportuno, podamos realizar nuestro aporte, en el nombre de Jes&uacute;s.<br \/>\n<b>Jes&uacute;s no excluy&oacute; a nadie<br \/>\n<\/b>&iexcl;La lista de la clase de personas que se acercaron a Cristo es extraordinaria! En ella encontramos a un jefe de recaudaci&oacute;n de impuestos muy odiado por el pueblo, a una mujer que ya iba por su sexto marido, a un desagradable leproso, a una mujer de mala vida, a un representante del enemigo y hasta a una cananea que, sin modales algunos, lo sigui&oacute; a gritos hasta que consigui&oacute; lo que le ped&iacute;a. Los improbables beneficiarios de la bondad de Dios, en las par&aacute;bolas que contaba, son personas tales como un despreciable samaritano, unos holgazanes que trabajaron apenas una hora junto a otros que hab&iacute;an sudado el d&iacute;a entero, o un hijo que malgast&oacute; la fortuna que su padre, con tanto sacrificio, hab&iacute;a juntado a lo largo de toda una vida de trabajo.<br \/>\nNo cabe duda de que cierta clase de persona hoy en d&iacute;a, como los homosexuales, las prostitutas, los enfermos de SIDA o los transexuales, representan los estilos de vida m&aacute;s alejados de la realidad que atesoran los que son de la casa de Dios. No obstante, ellos tambi&eacute;n son bienvenidos en la familia del Se&ntilde;or. Nunca lo sabr&aacute;n, sin embargo, hasta que nosotros se lo mostremos. Lejos de pasar &laquo;al otro lado de la calle&raquo; cuando se cruzan en nuestro camino, el Se&ntilde;or nos llama a extenderles la misericordia y compasi&oacute;n que nunca han recibido de nadie.<br \/>\n<b>Jes&uacute;s estuvo dispuesto a que lo usaran<br \/>\n<\/b>Pedro, testificando de Cristo a Cornelio, afirm&oacute; que &laquo;Dios ungi&oacute; a Jes&uacute;s de Nazaret con el Esp&iacute;ritu Santo y con poder, el cual anduvo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo; porque Dios estaba con El&raquo; (Hch 10.38 LBLA). La frase &laquo;hacer bien&raquo; capta la esencia del coraz&oacute;n del Padre el cual, seg&uacute;n Lucas, &laquo;es bondadoso para con los ingratos y perversos&raquo; (6.35). Los diez leprosos resumen lo que fue la experiencia de Jes&uacute;s a la largo de tres a&ntilde;os de ministerio: solamente uno de ellos respondi&oacute; adecuadamente al regalo que hab&iacute;a recibido del Se&ntilde;or. Muchos le segu&iacute;an solamente por el beneficio que pod&iacute;an obtener. No obstante esto, Jes&uacute;s ministr&oacute; con la misma generosidad y bondad a cada uno de ellos, sin poner condiciones para la recepci&oacute;n de estos regalos.<br \/>\nNuestras incursiones entre los perdidos muchas veces duran solamente el tiempo necesario para establecer si se van a &laquo;convertir&raquo; o van a comenzar a &laquo;asistir&raquo; a nuestras reuniones. No debe sorprendernos su falta de respuesta, pues ellos perciben que tenemos intereses escondidos. La vocaci&oacute;n de ser sal y luz en la tierra implica el deseo de hacer bien a todos seg&uacute;n uno pueda, sin importar la respuesta que nuestros esfuerzos reciban. Podemos ser generosos con otros, porque, en nuestras propias vidas, hemos recibido los beneficios de la misma bondad inmerecida.<br \/>\n<b>Jes&uacute;s impuls&oacute; a los disc&iacute;pulos hacia un compromiso con otros<br \/>\n<\/b>Cuando los Doce lo animaron a que despidiera a la multitud para que fuera en busca de su propio alimento Jes&uacute;s los exhort&oacute;: &laquo;denles ustedes de comer&raquo; (Mt 14.16). A pesar de que a&uacute;n quedaba mucho camino por recorrer en el proceso de formaci&oacute;n de ellos, reuni&oacute; primero a los Doce y luego a los setenta y los anim&oacute; a hacer por otros lo mismo que &eacute;l estaba haciendo: los envi&oacute; a proclamar la llegada del reino, a expulsar demonios y a sanar enfermos (Mt 9 y 10). Poco antes de partir se present&oacute; entre los disc&iacute;pulos, ya resucitado, y les declar&oacute;: &laquo;como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n yo los env&iacute;o&raquo; (Jn 20.21). En todo, Jes&uacute;s busc&oacute; la forma de combatir la tendencia natural en los hombres a pensar siempre en sus propias necesidades.<br \/>\nEl concepto de que los pastores y l&iacute;deres son los que tienen un &laquo;llamado&raquo; al ministerio est&aacute; tan fuertemente arraigado entre nosotros hoy que la congregaci&oacute;n de los santos se ha vuelto pasiva, espectadora del trabajo de unos pocos. La responsabilidad de ministrar en un mundo necesitado, sin embargo, ha sido entregada a todos aquellos que son parte de un &laquo;reino de sacerdotes&raquo; (1Pe 2.9\u009610). Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasi&oacute;n y vocaci&oacute;n de servicio que Cristo form&oacute; en los primeros disc&iacute;pulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, &iexcl;se habr&aacute; despertado un verdadero gigante!<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Apuntes Pastorales, Volumen XXIV \u0096 N\u00famero 1. Todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Apuntes Pastorales Debemos trabajar sin descanso para que cada uno tenga la misma pasi\u00f3n y vocaci\u00f3n de servicio que Cristo form\u00f3 en los primeros disc\u00edpulos. Cuando la Iglesia completa se ponga en pie, \u00a1se habr\u00e1 despertado un verdadero gigante! 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