{"id":33028,"date":"2016-06-13T12:37:09","date_gmt":"2016-06-13T17:37:09","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-relato-de-un-aborto-estremece-a-francia\/"},"modified":"2016-06-13T12:37:09","modified_gmt":"2016-06-13T17:37:09","slug":"el-relato-de-un-aborto-estremece-a-francia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-relato-de-un-aborto-estremece-a-francia\/","title":{"rendered":"El relato de un aborto estremece a&nbsp;Francia"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">&ldquo;<em>Ella siente aproximarse el punto sin vuelta atr&aacute;s; suavemente, siente las l&aacute;grimas a punto de salir, se muerde los labios hasta la sangre para no echarse a llorar. Aparcan, entran en la recepci&oacute;n de la cl&iacute;nica<\/em>&rdquo;. El diario franc&eacute;s <em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.lemonde.fr\/idees\/article\/2014\/01\/23\/une-epreuve-vecue-sans-legerete-ni-regret_4352868_3232.html\">Le Monde<\/a><\/em> public&oacute; el viernes pasado el estremecedor testimonio de G&eacute;raldine, una mujer que fue a abortar a una cl&iacute;nica acompa&ntilde;ada por el padre de su hijo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTitulado <em>Una prueba vivida sin ligereza ni arrepentimiento<\/em>, se trata del desgarrador y contradictorio relato de una mujer que tras vivir el calvario de deshacerse del hijo que lleva en su vientre en medio de una inmensa soledad y sufrimiento, alza la voz para defender el aborto como un derecho de la mujeres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa cr&oacute;nica explica al detalle la experiencia de la embarazada. Traducimos algunos fragmentos: &ldquo;<em>No escucha, no quiere o&iacute;r, tiene ganas de vomitar otra vez, siempre de llorar. Est&aacute; disgustada, por este recepcionista que no conoce sus c&oacute;digos, por &eacute;l que ya no osa mirarla, por el mundo que le ha explicado que lo razonable era&hellip;, por ella misma que ha cedido<\/em>&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Ella llora. &Eacute;l ya no la mira, s&oacute;lo tiene un miedo: que ella se eche atr&aacute;s, que tenga a este ni&ntilde;o que &eacute;l no quiere, que vendr&iacute;a a aplastar su vida familiar bien establecida. Las puertas del ascensor se abren<\/em>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Para elegir: a la derecha, sala de nacimientos; a la izquierda, nursery. Ella se pregunta si es voluntario o inconsciente el enviar a una mujer que viene a someterse a un aborto a la planta de partos. Llora todo el rato. <\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Llega la comadrona, le da un vaso de agua. Le pide que la acompa&ntilde;e a una oficina. Una mesa, dos sillas, ninguna ventana. Nada. &Eacute;l se sienta a su lado. Ella no puede dejar de llorar. Se pregunta qu&eacute; hace ah&iacute;. La enfermera le ofrece el formulario que atestigua su consentimiento. Ella firma. Un golpe de tamp&oacute;n con la fecha. El 6 de mayo de 2005, este papel prueba que ella ha querido abortar. &Eacute;l no tiene nada que firmar.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Sin embargo, es &eacute;l quien ha decidido sacarlo, a este beb&eacute;, no ella, pero bueno, las cosas son as&iacute;, s&oacute;lo una firma y un golpe de tamp&oacute;n. Ella llora todo el tiempo. &Eacute;l no la mira. Ella se sienta. La comadrona le explica el procedimiento a seguir: se va a tomar estas tres pastillas, esto va a desprender el feto del &uacute;tero. En 48 horas, tendr&aacute; que volver para tomar otras tres pastillas, para expulsar el feto. Acaba dici&eacute;ndole que no llore, venga, se va a tomar estas pastillas y no se hable m&aacute;s, &iquest;eh?<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Ella sabe que &eacute;l siempre est&aacute; ah&iacute;, en su vientre. Pero siente que est&aacute; en proceso de partir. Tres d&iacute;as m&aacute;s tarde, ella conoce el camino, las formalidades administrativas ya est&aacute;n completas. El feto est&aacute; despegado. S&oacute;lo queda expulsarlo. La ginec&oacute;loga le ha advertido que eso puede ser un poco doloroso.&nbsp;<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Escucha a la enfermera explicarle que si quiere orinar debe hacerlo en un recipiente de pl&aacute;stico para que pueda controlar, en caso de que el feto fuera expulsado al mismo tiempo.<\/em>&nbsp;<em>Ella finge escuchar, ya no escucha nada, no quiere escuchar m&aacute;s. Tiende la mano. La enfermera le da cuatro pastillas. &ldquo;Las dos primeras, las tragas; las otras dos las introduces en la vagina&rdquo;. Las rompe en cuatro para que entren m&aacute;s f&aacute;cilmente. <\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Los primeros dolores. Solapados, lentos, que suben, que invaden su vientre, su cuerpo, su cabeza. Contracciones. Punzantes, violentas. Durante unas dos horas, va a permanecer plegada, al principio as&iacute; como se le ha dicho, despu&eacute;s acostada porque el dolor es demasiado fuerte, y ya no lo soporta m&aacute;s. Ella espera desde hace dos horas. Llama a la enfermera, le pide calmantes, algo, lo que sea para que no le duela m&aacute;s. Ella le responde que no puede hacer gran cosa. &ldquo;&iquest;Crees, se&ntilde;orita, que iba a pasar como si nada? Pues no, es lo que es, &iquest;eh? Vas a abortar, entonces a la fuerza esto hace da&ntilde;o&hellip;&rdquo;.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Ella se levanta, se dobla en dos, es atravesada por una contracci&oacute;n m&aacute;s violenta que las dem&aacute;s, corre al lavabo, no tiene tiempo de coger el recipiente de pl&aacute;stico, siente su cuerpo abrirse, algo caer, mira al fondo del orinal, en medio de la sangre hay una masa pegajosa. Nunca habr&iacute;a cre&iacute;do que ser&iacute;a tan grande. Se pone a gritar. Ya no est&aacute; embarazada. <\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Nunca se ha arrepentido de haber abortado. No est&aacute; &ldquo;en situaci&oacute;n de angustia&rdquo;, como lo quer&iacute;a la ley Veil. &iquest;Pero qui&eacute;n osar&aacute; decir que fue sin embargo un aborto de &ldquo;confort&rdquo;?&rdquo;.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa crudeza del relato y la defensa del aborto por parte de esta madre han impactado a muchos, entre ellos el bloguero cat&oacute;lico Coz, quien le ha escrito una <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.koztoujours.fr\/lettre-a-geraldine-qui-a-avorte-sous-la-contrainte\">carta abierta<\/a>:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&ldquo;<em>El viernes pasado publicaste en Le Monde tu testimonio para apoyar el derecho al aborto. Me ha interpelado. Una historia que te coge y no te suelta as&iacute; como as&iacute;. Titulado &ldquo;Una prueba vivida sin ligereza ni arrepentimiento&rdquo;. No, realmente no se puede sentir ligereza con la lectura de tu testimonio, sino el horror ante lo que has sufrido. Y una tristeza profunda por ti, forzada a vivir este dolor. Por el beb&eacute; tambi&eacute;n, &ldquo;en el fondo del orinal&rdquo; de la cl&iacute;nica.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Tienes el m&eacute;rito de no edulcorar lo que has vivido, de no esconderte detr&aacute;s de tal o cual per&iacute;frasis militante o administrativa. No hablas de &ldquo;amasijo de c&eacute;lulas&rdquo; ni de &ldquo;fragmentos de embarazo&rdquo;. Lo que tienes en tu vientre es &ldquo;un beb&eacute;&rdquo;, &ldquo;un ni&ntilde;o&rdquo;, al menos en las primeras palabras. No escondes ni el dolor ni la violencia que has sufrido. Ni los lloros ni los gritos. &ldquo;Nunca hab&iacute;a cre&iacute;do que fuera tan grande; se pone a gritar; ya no est&aacute; embarazada&rdquo;. Tu testimonio es escalofriante. Y tanto m&aacute;s cuando se sabe que no es aislado (hay m&aacute;s de un<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/t.co\/UJtGXAemtF\"> testimonio en l&iacute;nea<\/a>). <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Has sido insultada por los que, en una f&oacute;rmula mordaz, evocan los &ldquo;abortos c&oacute;modos&rdquo;. Tu y todas las dem&aacute;s mujeres que han sufrido el mismo desgarro&quot;.<\/em><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\n<em>&quot;Soy un hombre. Cuando se habla del aborto siempre se encuentra a alguien que nos niega el derecho a hablar a los hombres. Como si precisamente excluy&eacute;ndolo as&iacute;, el hombre no tuviera un v&iacute;nculo directo con la actitud de quien te ha llevado<\/em><em> a abortar. Como si hubiera que persuadir realmente a los hombres de que esto no les concierne. Porque en tu historia, precisamente, es cuesti&oacute;n de un hombre. De hombres. De estos hombres que tienen una opini&oacute;n bien precisa sobre el aborto, en estrecha colaboraci&oacute;n con tu &uacute;tero. De los que consideran que el aborto es &ldquo;su cuerpo, su elecci&oacute;n, su derecho&rdquo;&hellip; su problema.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Como hombre, mi reacci&oacute;n va del disgusto a la compasi&oacute;n por estos hombres que, cobardes, abandonaban antes a la mujer embarazada y hoy, siempre tambi&eacute;n cobardes y odiosos pero modernos, imponen a las mujeres sufrir el horror que describes.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Tu testimonio arroja la realidad a la cara de todos los que quisieran retratar una realidad aseptizada, un aborto sin dolor y en guantes blancos, un &ldquo;acto m&eacute;dico como cualquier otro&rdquo;. Y quiz&aacute;s el hombre del que hablas ni siquiera ten&iacute;a conciencia, quiz&aacute;s prefer&iacute;a ocultarse vergonzosamente tras el discurso del entorno, quiz&aacute;s lo ha banalizado, quiz&aacute;s incluso le satisface la idea de participar en la lucha de las mujeres. Se encuentran tantas buenas razones, siempre, para ahogar la propia conciencia&hellip; Entonces quiz&aacute;s, s&iacute;, tu testimonio servir&aacute; para abrir los ojos a los hombres que piden someter a eso a las mujeres que dicen amar&rdquo;.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>&ldquo;Nos irrita esta diferencia entre la gloriosa reivindicaci&oacute;n de una conquista femenina, tan proclamada, y la realidad concreta del aborto. &iexcl;Esta diferencia entre &ldquo;mi cuerpo, mi elecci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;mi cuerpo, mi derecho, mi libertad&rdquo;, y la realidad de la tensi&oacute;n que has sufrido! &iquest;D&oacute;nde est&aacute; esta libertad, cuando un hombre practica el chantaje con la ruptura? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; esta libertad cuando el aborto se presenta como la m&aacute;s alta conquista de la mujer?&rdquo;.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>&ldquo;S&iacute;, es odioso constatar que un hombre ha podido contrariarte as&iacute; por no &ldquo;aplastar su vida familiar bien instalada&rdquo; (&middot;&middot;&middot;). S&iacute;, es odioso que se ignore tu voluntad de tener ese ni&ntilde;o. S&iacute;, es odioso que &ldquo;el mundo [te] haya explicado que la raz&oacute;n quer&iacute;a que&hellip;&rdquo; y te tuerzas de dolor para sacar a este ni&ntilde;o que quer&iacute;as tener. <\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Entonces no, G&eacute;raldine, no creo que haya tantos &ldquo;caballeros&rdquo; que te echen el &ldquo;aborto de confort&rdquo; a la cara. Veo m&aacute;s llorando contigo lo inmundo de nuestra sociedad y a este beb&eacute; que se ha ido. Maldigo este mundo y esta sociedad inhumana que no te ha dado las condiciones para una elecci&oacute;n, una elecci&oacute;n verdadera, una elecci&oacute;n libre. Arrancar un &ldquo;s&iacute;&rdquo;, obtener un consentimiento, no es permitir a la persona ejercer su libertad, ni respetarla&rdquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team &ldquo;Ella siente aproximarse el punto sin vuelta atr&aacute;s; suavemente, siente las l&aacute;grimas a punto de salir, se muerde los labios hasta la sangre para no echarse a llorar. Aparcan, entran en la recepci&oacute;n de la cl&iacute;nica&rdquo;. El diario franc&eacute;s Le Monde public&oacute; el viernes pasado el estremecedor testimonio de G&eacute;raldine, una mujer &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-relato-de-un-aborto-estremece-a-francia\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl relato de un aborto estremece a&nbsp;Francia\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-33028","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33028","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=33028"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/33028\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=33028"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=33028"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=33028"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}