{"id":33047,"date":"2016-06-13T12:37:51","date_gmt":"2016-06-13T17:37:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-guerra-sobre-la-pildora-en-la-iglesia\/"},"modified":"2016-06-13T12:37:51","modified_gmt":"2016-06-13T17:37:51","slug":"la-guerra-sobre-la-pildora-en-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-guerra-sobre-la-pildora-en-la-iglesia\/","title":{"rendered":"La guerra sobre la p\u00edldora en la&nbsp;Iglesia"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: La Nuova Bussola<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">&ldquo;Ning&uacute;n te&oacute;logo cat&oacute;lico ha ense&ntilde;ado jam&aacute;s que la contracepci&oacute;n sea una acci&oacute;n buena&rdquo;. As&iacute;, en 1965 el jurista John T. Noonan daba cuenta de 19 siglos de doctrina cristiana interrumpida en 1930 por los anglicanos y, despu&eacute;s, por las dem&aacute;s confesiones protestantes. En la Iglesia hab&iacute;a decretos y la enc&iacute;clica de P&iacute;o XI <em>Casti connubii<\/em>, que confirmaban la ense&ntilde;anza de los santos: la contracepci&oacute;n es un acto intr&iacute;nsecamente malo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero en 1957 hab&iacute;a llegado a Am&eacute;rica la p&iacute;ldora estroprogest&aacute;gena y los te&oacute;logos, primero cautamente, cada vez con menos prejuicios, hab&iacute;an identificado una vasta casu&iacute;stica en la que la p&iacute;ldora era considerada l&iacute;cita. El clima de expectativa de cambio que embisti&oacute; de lleno a la Iglesia en los a&ntilde;os 60 vio en la cuesti&oacute;n del control de los nacimientos uno de los &aacute;mbitos de mayor expresi&oacute;n. Fue suficiente el anuncio de que la Iglesia estuviera discutiendo sobre la cuesti&oacute;n para que algunos sectores se sintieran autorizados a dar como inminente la admisi&oacute;n de la contracepci&oacute;n entre las pr&aacute;cticas moralmente l&iacute;citas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo s&oacute;lo los te&oacute;logos, sino obispos y cardenales empezaron a impartir &oacute;rdenes en sus di&oacute;cesis para declarar dudosa y no obligatoria la norma vigente, quitando a los c&oacute;nyuges que utilizaban la contracepci&oacute;n la obligaci&oacute;n de la confesi&oacute;n sacramenta. As&iacute; lo hicieron el obispo Reuss, el obispo James Shannon, el cardenal D&ouml;epfner. El cardenal belga Suenens, despu&eacute;s de una h&aacute;bil intervenci&oacute;n en el aula conciliar concertada para tener la m&aacute;xima visibilidad en los medios e incidir en los padres conciliares, celebr&oacute; en Estados Unidos una rueda de prensa en la que anticip&oacute; el cambio inminente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El derrumbe de la adhesi&oacute;n a la doctrina sobre la paternidad responsable por parte de los c&oacute;nyuges cat&oacute;licos fue el efecto sociol&oacute;gicamente demostrado de esas intervenciones, y junto a esto, el desconcierto escandalizado de esas parejas que se hab&iacute;an esforzado siempre en seguir en su vida conyugal las ense&ntilde;anzas de la Iglesia,<\/strong> ahora se&ntilde;alada como demasiado exigente por tan numerosos eclesi&aacute;sticos. En el Concilio se luch&oacute; sobre cada acento y coma para que el texto de la <em>Gaudium et Spes<\/em> sobre el matrimonio se abriese o, al contrario, se cerrase al uso de la contracepci&oacute;n. Se instituy&oacute; una comisi&oacute;n de estudio; inicialmente compuesta por 6 te&oacute;logos, llegar&iacute;a a implicar a 64 personas, incluyendo tambi&eacute;n juristas, laicos comprometidos y m&eacute;dicos. Entre estos, el famoso ginec&oacute;logo de la Georgetown University, Andre Helleghers.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY sin embargo, entre tanto cient&iacute;fico, el informe final no hac&iacute;a menci&oacute;n de los posibles efectos microabortivos de la p&iacute;ldora y del DIU que un atento conocimiento de la literatura cient&iacute;fica de entonces permit&iacute;a conocer. Hubo sondeos; el del psiquiatra Cavanagh, el de los c&oacute;nyuges Crowleys entre parejas casadas, el del cardenal Shehan entre sus sacerdotes de la di&oacute;cesis de Baltimore, el de los obispos holandeses, el de la Secretar&iacute;a de Estado entre los episcopados. Pero <strong>se abus&oacute; de los sondeos para introducir el criterio parlamentario en la doctrina. Dos r&iacute;os impetuosos procedentes de fuera y de dentro de la Iglesia se unieron y formaron una impresionante ola de presi&oacute;n que se abati&oacute; sobre el papa.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPablo VI estaba al borde del &eacute;xito: su terminaci&oacute;n del Concilio, la apertura a la colegialidad simbolizada con la bendici&oacute;n de los fieles junto al primado de B&eacute;lgica, el abrazo con Aten&aacute;goras, la no inclusi&oacute;n de una condena expl&iacute;cita del comunismo en los textos del Concilio, la puesta en marcha de la reforma lit&uacute;rgica, la renuncia al trirreino, eran gestos y actos que hab&iacute;an hecho del Papa Montini un icono de la renovaci&oacute;n invocada por el sistema de los mass media. Pero <strong>cuando el jesuita John Cuthbert Ford pregunt&oacute; al Papa: &quot;&iquest;Est&aacute; dispuesto a afirmar que la <em>Casti connubii<\/em> puede cambiarse?&quot; el Santo Padre, anota Ford en su diario, respondi&oacute; con un &quot;No&quot; decidido<\/strong>, como si con &eacute;l hubiera querido responder a una acusaci&oacute;n de traici&oacute;n de todo el credo cat&oacute;lico.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando despu&eacute;s, con la enc&iacute;clica <em>Humanae vitae<\/em> el Papa reafirm&oacute; con un acto de Magisterio ordinario la doctrina infalible expresada por el Magisterio universal, todo el consenso acumulado hasta entonces se disolvi&oacute; como la nieve al sol. En un momento, de la gloria del Domingo de Ramos, el Santo Padre se encontr&oacute; viviendo un Viernes de Pasi&oacute;n que durante diez a&ntilde;os lo acompa&ntilde;&oacute; hasta la muerte. Asociaciones de laicos, te&oacute;logos, sacerdotes, religiosos, obispos, cardenales y conferencias episcopales enteras dieron vida a una taimada y poderosa obra de rebeli&oacute;n que a&uacute;n hoy est&aacute; lejos de haber terminado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Si el Papa hubiera cedido, las consecuencias para la Iglesia habr&iacute;an sido devastadoras.<\/strong> El cambio de la doctrina habr&iacute;a mostrado <em>ipso facto <\/em>que no hay nada definitivo, que el bien y el mal son categor&iacute;as provisionales dictadas por el contexto hist&oacute;rico. Las m&aacute;s solemnes declaraciones en el &aacute;mbito moral se leer&iacute;an con el final sobreentendido &quot;por ahora&quot;. Y si esto era as&iacute; para la moral, &iquest;por qu&eacute; no se pod&iacute;a extender a cualquier otro &aacute;mbito de la teolog&iacute;a?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Papa en un momento habr&iacute;a sido reducido a un l&iacute;der de opini&oacute;n. Si el amor, si la intimidad afectiva hubiera sido reconocida como el principal bien del matrimonio, todo lo dem&aacute;s se habr&iacute;a convertido en un mero instrumento; cualquier tipo de actividad sexual habr&iacute;a sido l&iacute;cita con el fin de preservar ese bien supremo. Hay un antiguo Enemigo que conoce bien la vulnerabilidad del recinto en ese sector. Es necesario conocer bien la batalla que se combati&oacute; hace medio siglo por parte de pocos heroicos defensores de la fe ante el inmenso ej&eacute;rcito del oscuro se&ntilde;or que hoy se agolpa a los pies de los sagrados muros y manda se&ntilde;ales a los emisarios infiltrados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nRenzo Puccetti es autor de &quot;Los venenos de la contracepci&oacute;n&rdquo; <em>[I veleni della contraccezione, Edizioni Studio Domenicano]<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em><strong>Art&iacute;culo publicado originalmente en italiano en La Nuova Bussola<\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: La Nuova Bussola &ldquo;Ning&uacute;n te&oacute;logo cat&oacute;lico ha ense&ntilde;ado jam&aacute;s que la contracepci&oacute;n sea una acci&oacute;n buena&rdquo;. As&iacute;, en 1965 el jurista John T. 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