{"id":3308,"date":"2015-12-01T01:11:57","date_gmt":"2015-12-01T06:11:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/orden-en-la-iglesia-2\/"},"modified":"2015-12-01T01:11:57","modified_gmt":"2015-12-01T06:11:57","slug":"orden-en-la-iglesia-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/orden-en-la-iglesia-2\/","title":{"rendered":"Orden en la iglesia"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Jose Young<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La iglesia debe ser sal, luz, un contraste con la sociedad en donde act\u00faa. No puede pasar por alto la desobediencia en su propio seno. La iglesia es sana cuando busca cura a sus enfermedades.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Hay pocos temas m&aacute;s delicados para la vida de la iglesia que el tema de la disciplina. No tanto porque sea dif&iacute;cil de comprender, sino por la inmensa variedad de interpretaciones (o distorsiones) en la pr&aacute;ctica del tema.<br \/>\nEs porque, como iglesia, vivimos una tensi&oacute;n entre la necesidad de ser santa, pura, y la necesidad de amar, aceptar, perdonar.<br \/>\nLa congregaci&oacute;n que pone mucho &eacute;nfasis en la &quot;santidad&quot;, en la necesidad de separarse del mal, f&aacute;cilmente llega a ser como una &quot;secta&quot; que rechaza a todos menos a los que piensan exactamente como ellos. Seguramente saben que no vivimos bajo la ley, sin embargo, su sistema de interpretaci&oacute;n, su defensa de las tradiciones que recibieron de los misioneros o de la generaci&oacute;n pasada, llega a ser como una ley. Y &iexcl;ay del hermano que se atreva a pasar por encima de los l&iacute;mites trazados!<br \/>\nPero la iglesia que pone mucho &eacute;nfasis en la aceptaci&oacute;n, con facilidad se convierte en un &quot;club&quot; que acepta a todos y a todo. Simplemente se adapta a la cultura que la rodea. En la mayor&iacute;a de los casos, lo que la sociedad acepta, ellos tambi&eacute;n aceptan. Pero al hacerlo, dejan a un lado el llamado del Se&ntilde;or hacia la santidad. El reto principal de Pablo contra la iglesia de Corinto, en su primera carta a esa iglesia, en el cap&iacute;tulo 5 (el caso del hombre que viv&iacute;a con su madrastra), no ten&iacute;a que ver tanto con el pecador, sino con la iglesia porque esta no hab&iacute;a disciplinado a ese hombre.<br \/>\nDoy, lo que son para m&iacute;, ejemplos de los dos extremos. Por un lado tenemos a una se&ntilde;orita que bail&oacute; con el novio en la fiesta de casamiento de su hermana. Su iglesia le impuso un castigo fuerte. Dif&iacute;cilmente podemos justificar b&iacute;blicamente la posici&oacute;n de la iglesia.<br \/>\nPor el otro lado tenemos el caso del hijo de uno de los ancianos de la iglesia, que tiene relaciones sexuales con su novia. Todo el mundo lo sabe, pero nadie hace nada. &quot;Y bueno&#8230; es algo normal para la juventud actual.&quot;<br \/>\nDos extremos que da&ntilde;an seriamente a la iglesia<br \/>\nEl equilibrio entre estos dos extremos es la disciplina b&iacute;blica correctamente aplicada. Enfatizo la palabra &quot;correctamente&quot; porque en demasiados casos la disciplina que se aplica tiene poco que ver con las pautas b&iacute;blicas. Pero vamos a eso luego.<br \/>\nRazones<br \/>\nSugiero dos razones porqu&eacute; la disciplina, necesariamente, es un tema que la iglesia tiene que comprender y aplicar.<br \/>\nPrimero, porque la iglesia de Dios es un templo santo. Ah&iacute; vive el Esp&iacute;ritu de Dios, el Dios Santo. Tal como el Se&ntilde;or exige que cada uno de nosotros sea santo (1 P 1.16), de igual manera espera que su iglesia tambi&eacute;n ande en santidad.<br \/>\nPero la iglesia es gente, usted y yo. Y no puede ser m&aacute;s santa que el miembro menos santo. Una de las caracter&iacute;sticas de la santidad es la pureza. Si tenemos un litro de agua, y cae en &eacute;l un s&oacute;lo grano de polvo, ya no es puro. Si la iglesia anda bien, en obediencia a Dios, pero un miembro persiste en pecado, la iglesia ya no es un templo santo&#8230; a menos que se aplique el proceso de la disciplina b&iacute;blica.<br \/>\nLa tendencia de fingir que los problemas (de los que todo el mundo reconoce) no existen, produce un tremendo da&ntilde;o a la iglesia. Creo que aqu&iacute; se aplica bien la advertencia de Pablo en Efesios 4.30: &quot;No hagan que se entristezca el Esp&iacute;ritu de Dios&#8230;&quot; Sospecho que algunas de nuestras congregaciones le hacen llorar.<br \/>\nSegundo, la disciplina es necesaria porque la iglesia es un cuerpo. Y como bien explica 1 Corintios 12.26, si un miembro de la iglesia sufre, todos sufren. &iquest;Qu&eacute; significa eso?<br \/>\nSignifica que si hay un hermano enfermo espiritualmente, toda la iglesia sentir&aacute; un malestar. Y si no se cura esa enfermedad local, todo el cuerpo sufrir&aacute;. Hay congregaciones que viven por muchos a&ntilde;os con las heridas y cicatrices de un problema que no confrontaron a su debido tiempo, o nunca lo hicieron.<br \/>\nNaturaleza de la disciplina<br \/>\nAntes de entrar en los detalles acerca de la disciplina b&iacute;blica, quiero destacar dos aspectos de su naturaleza. Primero, disciplinar es amar.<br \/>\nY &iquest;qu&eacute; es amar? Es buscar el bienestar de la otra persona. Y esto implica que si esa persona se est&aacute; da&ntilde;ando a s&iacute; misma o a otros, amarla es ayudarle a corregirse. La iglesia que no disciplina a los que persisten en el pecado no solamente se hace da&ntilde;o a s&iacute; misma, sino tambi&eacute;n a la persona errada. Amar es ayudar al pecador a salir del error, a huir del pecado, a restaurar su santidad en Cristo.<br \/>\nEl segundo aspecto de la naturaleza de la disciplina es que su prop&oacute;sito nunca debe ser &quot;castigar&quot;. La disciplina b&iacute;blica siempre busca sanar. Vamos a pensar en dos casos hipot&eacute;ticos pero posibles.<br \/>\nJuan, hombre casado con una linda familia, cae en una relaci&oacute;n ad&uacute;ltera con su secretaria. Cuando su esposa se entera, habla con el pastor de la iglesia. El pastor intenta aconsejar a Juan, y mostrarle su error. Pero Juan no quiere saber nada. &quot;He orado mucho acerca de esto, y creo que es Dios quien cre&oacute; esta relaci&oacute;n. Creo que lo comprende y acepta. He encontrado la verdadera felicidad&#8230;&quot; La negaci&oacute;n de Juan de considerar su situaci&oacute;n, arrepentirse, y pedir perd&oacute;n a Dios y a su esposa exige que la iglesia d&eacute; paso al proceso de disciplina.<br \/>\nPero supongamos que Juan reconoce su error. Renuncia a su relaci&oacute;n ileg&iacute;tima, pide perd&oacute;n a su esposa. Y va hasta el extremo de pedir perd&oacute;n p&uacute;blicamente a la iglesia. &iquest;C&oacute;mo debe responder la iglesia en este caso?<br \/>\nPues, el Se&ntilde;or mismo nos da la respuesta. &iquest;Cu&aacute;ntas veces debemos perdonar a nuestro hermano, y perdonarlo de coraz&oacute;n? Ya sabemos la respuesta (Mt 18.35). O como afirma Pablo: &quot;De la manera que Cristo os perdon&oacute;, as&iacute; tambi&eacute;n hacedlo vosotros&quot; (Col 3.13).<br \/>\nB&iacute;blicamente no tenemos facultad para disciplinar a un hermano que peca pero que se arrepiente. La disciplina es para el que no se arrepiente.<br \/>\nModelo de disciplina<br \/>\nHebreos 12.3-11 nos ofrece el mejor modelo de la disciplina. Habla de la disciplina que todos recibimos&#8230; o por lo menos, debemos recibir, de parte de Dios. Notemos tres caracter&iacute;sticas de esta disciplina.<br \/>\nPrimero, es disciplina paternal, de un Padre que nos ama y nos comprende. Un buen padre disciplina porque ama (v. 6). Un buen padre disciplina porque quiere que su hijo crezca hasta ser una persona sana, recta, &iacute;ntegra. Un buen padre disciplina porque est&aacute; preocupado por las consecuencias del pecado en la vida de su hijo. Nuestro Padre no nos disciplina porque &quot;merecemos castigo&quot;, sino porque necesitamos ser corregidos; Jesucristo se entreg&oacute; a s&iacute; mismo para presentarnos como una iglesia sin mancha y sin arruga.<br \/>\nSegundo, es disciplina con dolor. En nuestra familia, cuando los chicos eran peque&ntilde;os, ten&iacute;amos reservada una tabla ancha que ellos conoc&iacute;an. La tuvimos que utilizar muy pocas veces, pero fue muy efectiva aplicada al trasero de un ni&ntilde;o desobediente, porque hac&iacute;a mucho ruido, y porque la aplicaci&oacute;n dol&iacute;a.<br \/>\nEste pasaje habla del sufrimiento, pero es importante destacar que Dios no es el autor de ese sufrimiento. Los hebreos estaban sufriendo las consecuencias de declarar Se&ntilde;or a Jesucristo (10.32, 33). Nosotros, parte de un mundo ca&iacute;do, sufrimos de diferentes maneras, pero no son sufrimientos &quot;enviados&quot; por Dios, tal como la persecuci&oacute;n que sufr&iacute;an los hebreos no ven&iacute;a de parte de Dios (Stg 1.13 y 17 lo subraya).<br \/>\nPero lo que este pasaje destaca (y muchos otros) es que Dios utiliza ese sufrimiento para nuestro bien. &quot;Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero despu&eacute;s da fruto apacible de justicia a los que por medio de ella han sido ejercitados&quot; (v. 11). Y lo ins&oacute;lito es que, hablando de Jesucristo, el autor de Hebreos dice &quot;&#8230;aunque era Hijo, a trav&eacute;s del sufrimiento aprendi&oacute; lo que es la obediencia.&quot; (5.8)<br \/>\nTercero, es diciplina que da fruto. Tanto Santiago (Stg 1.2, 12) como Pablo (Ro 5.3, 4) destacan que la prueba, el sufrimiento, nos pueden hacer bien. Dios utiliza lo que nos duele para forjar m&aacute;s de su Hijo en nosotros. La disciplina no solamente sana a personas, sino tambi&eacute;n a iglesias.<br \/>\nDel ejemplo del Padre, vemos que la disciplina nace de una preocupaci&oacute;n por el bienestar de nuestros hermanos, y aunque duele, es algo que necesitamos para nuestro bien.<br \/>\nHabiendo definido la naturaleza y las caracter&iacute;sticas de la disciplina b&iacute;blica, se hace necesario explorar el proceso b&iacute;blico de c&oacute;mo aplicar la disciplina.<br \/>\n&iquest;C&oacute;mo se realiza? El proceso<br \/>\nLa iglesia, por su propia salud y por la salud de sus miembros, necesita practicar la disciplina. Pero como ya hemos visto en los p&aacute;rrafos anteriores, hay disciplina&#8230; y hay disciplina. Una buena mayor&iacute;a de la disciplina que practican las iglesias no se practica seg&uacute;n las pautas b&iacute;blicas, y en muchos casos, es m&aacute;s castigo que disciplina.<br \/>\nLa &uacute;nica descripci&oacute;n del proceso que hemos de seguir para aplicar la disciplina viene del Se&ntilde;or mismo. Esta descripci&oacute;n concuerda con muchos otros pasajes del NT. Siguiendo la pauta de Mt 18.15-17, los pasos son esencialmente tres.<br \/>\nPrimero, acerqu&eacute;monos personal e individualmente a quien pensamos que anda mal. Nunca debemos confiar en otros: &quot;quiero que ores por Juan, porque aparentemente&#8230;&quot;. Hablar con otros, antes de hablar con la persona afectada, es chisme, o peor, calumnia.<br \/>\nEl acercamiento debe ser no para acusar, sino en amor, para averiguar. Hemos o&iacute;do de tal cosa, o nos damos cuenta de otra&#8230; &iquest;es cierto? Es muy posible que nuestras primeras impresiones sean falsas, y con un poco de conversaci&oacute;n se aclara todo. Y con esto, asunto terminado.<br \/>\nG&aacute;latas 6.1 afirma que debemos acercarnos &quot;amablemente&quot;, con man-sedumbre. Seg&uacute;n mi percepci&oacute;n del pasaje, implica que debemos acercar-nos con el presupuesto de que nuestra sospecha es falsa. Especialmente si la &quot;evidencia&quot; viene de terceros, hay una gran posibilidad de que es una distorsi&oacute;n.<br \/>\nPero, &iquest;si la sospecha result&oacute; ser cierta, y nuestro hermano anda mal? Entonces debemos aconsejarle, ayu-darle a discernir, con las Escrituras en la mano, qu&eacute; no est&aacute; bien. Buscamos que cambie de actitud, que reconozca su error, el peligro y riesgos que corre si persevera en el error (Stg 5.19).<br \/>\nSi nuestro hermano reconoce su error, y se arrepiente de &eacute;l: asunto terminado. No debemos hablarle a nadie m&aacute;s acerca del tema. Tampoco hay indicaciones en el NT de que debemos &quot;castigar&quot; al pecador arrepentido. Si Dios perdona, tenemos la obligaci&oacute;n de hacer lo mismo (Ef 4.32). Si no hay purgatorio en el cielo, tampoco debe haberlo en la iglesia.<br \/>\nPero &iquest;si no quiere aceptar nuestro consejo, si se justifica y no muestra ninguna intenci&oacute;n de cambiar? Debemos, en ese caso, pasar al segundo paso del proceso de disciplina.<br \/>\nSegundo, acerqu&eacute;monos de nuevo al hermano en error, pero esta vez con una o dos personas m&aacute;s que nos acompa&ntilde;an. Deben ser hermanos de mucha confianza, hombres y mujeres espirituales, que pueden ayudar en la tarea de &quot;convencer al pecador&quot; y no ir desparramando la noticia por todos lados.<br \/>\nDe esta forma, el &quot;errado&quot; se dar&aacute; cuenta que no es simplemente un capricho personal de nuestra parte, sino que es algo que involucra tambi&eacute;n a la iglesia. Tambi&eacute;n vemos que el principio de hacer una acusaci&oacute;n acompa&ntilde;ado por &quot;dos o tres testigos&quot; es un principio fundamental en la Biblia (note tambi&eacute;n 2 Co 13.1 y Heb 10.28).<br \/>\nDe nuevo, si reconoce su error, y se arrepiente, asunto terminado. Nuestro prop&oacute;sito se habr&aacute; logrado.<br \/>\nPero si no nos hace caso, entonces hay un tercer paso (Mt 18.17). Los primeros dos pasos no son asunto de la iglesia. Pero a esta altura la persona &quot;enferma&quot; ha entrado en un estado grave, y es necesario involucrar a toda la congregaci&oacute;n.<br \/>\nNo tenemos detalles de c&oacute;mo proceder con este paso, pero supongo que ser&aacute; necesario que los &quot;dos o tres testigos&quot; hablen con el pastor o los ancianos de la iglesia primeramente. Y &eacute;l (o ellos) hablar&aacute; con la persona errada. Si se confirma el testimonio de los testigos, es decir, que esa persona se mantiene firme en su decisi&oacute;n de no cambiar, entonces ser&aacute; necesario hacer una denuncia p&uacute;blica en la iglesia.<br \/>\nEn el NT, la &uacute;ltima etapa de la disciplina involucraba a toda la iglesia. Lo vemos, por ejemplo, en el caso del hombre que viv&iacute;a con su propia madrastra. Las instrucciones del ap&oacute;stol eran &quot;quiten a ese pecador de en medio de ustedes&quot; (1 Co 5.13). Pablo tambi&eacute;n dice a la iglesia de Roma que deben apartarse de herma-nos que causan divisiones y ponen tropiezos a la iglesia (Ro 16.17).<br \/>\nExige, como consecuencia, la unidad de la iglesia. Si la iglesia aplica esta clase de disciplina a una persona, hace mucho da&ntilde;o si un miembro de la congregaci&oacute;n, o un grupito, reciben al &quot;pobrecito&quot;.<br \/>\nEsta es la &uacute;nica forma de disciplina que encontramos en el NT. No encontramos diferentes &quot;niveles&quot; de disciplina, menos de castigo. En esencia, hay dos escenarios: el pecador que se arrepiente, y recibe perd&oacute;n, o el pecador obstinado que est&aacute; separado de la iglesia.<br \/>\nY en todo caso, la disciplina siempre tiene el mismo prop&oacute;sito: efectuar un cambio en la persona. Como dice Pablo, &quot;para que le d&eacute; verg&uuml;enza&quot; (2 Ts 3.14). Si hace falta castigo o venganza, es algo que debemos dejar en las manos del Se&ntilde;or. &quot;A m&iacute; me corresponde hacer justicia: yo pagar&eacute;, dice el Se&ntilde;or.&quot; (Ro 12.19).<br \/>\nLas causantes<br \/>\nUn tema clave pero delicado, es discernir qu&eacute; asuntos deben ser objeto de disciplina. Personalmente, me hubiera gustado que el NT ofreciera una lista con todos las causantes de la disciplina. Pero, respetando la sabidur&iacute;a del Autor del libro, necesi-tamos discernir entre varios pasajes.<br \/>\nPara simplificar el panorama, sugiero, para resumir los datos, tres causantes principales.<br \/>\nPrimero, deben ser disciplinados aquellos que siguen en directa desobediencia a la Palabra. Si la Biblia es realmente Palabra de Dios, entonces es la regla absoluta para nuestras vidas. No podemos dejar a un lado los mandatos que no nos convienen, aunque esa sea una pr&aacute;ctica bastante com&uacute;n.<br \/>\nCon esto todos estaremos de acuerdo, aunque no siempre es f&aacute;cil ponerlo en pr&aacute;ctica. Creo (y reco-nozco que muchos lo niegan enf&aacute;ticamente), que hay &aacute;reas &quot;grises&quot; en las Escrituras con respecto a pr&aacute;cticas. Es decir, que no son ni blancas ni negras.<br \/>\nDoy un par de ejemplos simples. Pablo en 1 Timoteo 2.8 dice que los hombres deben levantar las manos cuando oren. &iquest;Es pecado no hacerlo? Hay iglesias donde lo hacen, otras que no.<br \/>\nOtro ejemplo. El Se&ntilde;or en Juan 13.15 dice que debemos lavar los pies de los hermanos. Hay muy pocos grupos que lo hacen. &iquest;Ser&aacute; pecado no hacerlo?<br \/>\nQuiero llegar a lo siguiente. Hay temas en el NT en los que las iglesias, en la pr&aacute;ctica, tienen cierta flexibilidad. No siempre es f&aacute;cil determinar si la posici&oacute;n de la iglesia depende principalmente de una comprensi&oacute;n clara de las Escrituras, o de una tradici&oacute;n denominacional. Necesitamos discernir dirigidos por el Esp&iacute;ritu.<br \/>\nEn todo caso, la regla final para la conducta de los creyentes tiene que ser la Palabra, y la iglesia no puede permitir que un hermano directamente la desobedezca.<br \/>\nSegundo, debemos disciplinar a los que ense&ntilde;an falsa doctrina. Ense&ntilde;ar doctrina falsa hace mucho da&ntilde;o a la iglesia, y Pablo en su carta a los g&aacute;latas dice que la persona que lo hace sea &quot;anatema&quot;, es decir, est&aacute; bajo condenaci&oacute;n, algo que se debe evitar (Gl 1.8). Juan dice que no debemos recibir a tal persona (2 Jn 10).<br \/>\nHay muchas advertencias en el NT acerca de la ense&ntilde;anza de doctrina falsa, especialmente porque puede ser (&iquest;siempre es?) ense&ntilde;anza diab&oacute;lica (1 Ti 4.1). Pablo en su exhortaci&oacute;n a los ancianos de la iglesia de &Eacute;feso dice que pueden levantarse hombres dentro de la congregaci&oacute;n con &quot;nuevas&quot; verdades, como tambi&eacute;n &quot;maestros&quot; de afuera que pueden traer doctrina err&oacute;nea a la iglesia.<br \/>\nPero es importante destacar que nunca se debe disciplinar a un hermano porque piensa de una manera diferente que nosotros. Puede ser que su interpretaci&oacute;n de la profec&iacute;a, por ejemplo, sea diferente de la posici&oacute;n &quot;oficial&quot; de la iglesia. Pero si esa diferencia no afecta su conducta cristiana, y si &eacute;l no intenta imponer sus ideas sobre los otros miembros de la iglesia, no existe ning&uacute;n problema. Siempre habr&aacute; personas en la congregaci&oacute;n con sus ideas e interpretaciones propias, pero no por esa raz&oacute;n requieren disciplina.<br \/>\nTercero, se debe disciplinar a los que crean divisiones en la iglesia. Pasajes como Romanos 16.17, 18 y Tito 3.10, 11 tratan el tema. Pero el pasaje m&aacute;s contundente es 1 Corintios 3.16, 17, en &eacute;l Pablo dice que Dios destruir&aacute; a la persona que destruye a su iglesia. La iglesia es una posesi&oacute;n muy apreciada por Dios, y &iexcl;ay de la persona que le hace da&ntilde;o!<br \/>\nSe ve en las Escrituras que la disciplina es necesaria, pero tambi&eacute;n que no es arbitraria. Los fariseos preguntaron a Jes&uacute;s: &quot;&iquest;Le est&aacute; permitido a uno divorciarse de su esposa por un motivo cualquiera?&quot; (Mt 19.3), y de la misma manera, podemos preguntarnos: &quot;&iquest;Le est&aacute; permitido a la iglesia disciplinar por un motivo cualquiera?&quot; En ambos casos la respuesta tiene que ser &quot;no&quot;. La disciplina en s&iacute; es el acto final de todo un proceso, y llegamos a ese punto solamente en casos extremos, casos que seriamente perjudican a la persona o a la congregaci&oacute;n.<br \/>\nFunciones de la disciplina<br \/>\nSugiero que la disciplina en la iglesia cumple por lo menos tres funciones:<br \/>\nPrimero, sirve para despertar al pecador de su situaci&oacute;n. La esperanza es que la disciplina sacuda a la persona de tal manera que cambie de actitud. La disciplina no es castigo, sino el &uacute;ltimo paso de un proceso dise&ntilde;ado para salvar al hermano en error.<br \/>\nSegundo, la disciplina sirve para advertir a toda la iglesia. No se puede jugar con el pecado. Dios lo odia, y todos deben darse cuenta de que &Eacute;l exige santidad de su pueblo. Si le permitimos a un hermano que siga con algo que es contrario al car&aacute;cter Dios, no lo amamos (ni al hermano, ni a Dios).<br \/>\nTercero, la disciplina es necesaria para la salud del pueblo de Dios. Y no solamente eso, sino tambi&eacute;n por el testimonio de la iglesia frente al mundo. Ya hemos tenido demasiadas noticias de l&iacute;deres conocidos que han ca&iacute;do en pecado. Ya hemos escuchado demasiadas veces &quot;Fulano es uno de ustedes, y mire c&oacute;mo vive, mire qu&eacute; ha hecho. &iexcl;Son todos iguales!&quot;<br \/>\nLa iglesia debe ser sal, luz, un contraste con la sociedad en donde act&uacute;a. No puede pasar por alto la desobediencia en su propio seno.<br \/>\nLa iglesia es sana cuando busca cura a sus enfermedades.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">\u00a9Copyright 2003, por Jos\u00e9 Young. El autor reside en Argentina; es escritor, maestro, pastor y director de Ediciones Crecimiento Cristiano.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Jose Young La iglesia debe ser sal, luz, un contraste con la sociedad en donde act\u00faa. No puede pasar por alto la desobediencia en su propio seno. La iglesia es sana cuando busca cura a sus enfermedades. 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