{"id":3313,"date":"2015-12-01T01:12:03","date_gmt":"2015-12-01T06:12:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/con-abram-salimos-todos\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:03","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:03","slug":"con-abram-salimos-todos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/con-abram-salimos-todos\/","title":{"rendered":"Con Abram Salimos Todos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Desarrollo Cristiano<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Babel es m\u00e1s que una torre. Es la manifestaci\u00f3n visible de un esp\u00edritu que opera, en forma sutil, en el coraz\u00f3n de cada uno de nosotros. Abraham nos comparte algunas pistas acerca del camino que debemos recorrer para no quedar atrapados en Babel.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En la Carta a los Hebreos se afirma que cuando Abraham pag&oacute; los diezmos a Melquisedec, Lev&iacute;, que era su bisnieto, tambi&eacute;n los pag&oacute;, porque &laquo;estaba en los lomos de su padre&raquo;. No ser&iacute;a una exageraci&oacute;n inferir, entonces, que cuando Abraham sali&oacute; de Ur de los caldeos, todos salimos con &eacute;l. Una decisi&oacute;n que nos afecta a todos, por ser hijos de Abraham y pueblo en tr&aacute;nsito.<br \/>\nPropongo, entonces, que nos acerquemos al padre Abraham para que nos responda algunas preguntas que se nos amontonaron en el camino. Porque as&iacute; como, cuando &eacute;l sali&oacute;, todos nosotros partimos con &eacute;l, muchas de sus opciones se volvieron nuestras, y con ellas tambi&eacute;n lleg&oacute; a ser nuestro el peso de llevarlas mientras andamos.<br \/>\nAl momento de nuestro reportaje encontramos a Abraham cerca de Hebr&oacute;n. Se ve viejo pero no acabado. No hace mucho sepult&oacute; a su esposa Sara en una cueva que se halla en esta finca arbolada frente al bosque de Mambr&eacute;, donde habit&oacute; luego de volver de Egipto. Estamos frente a un hombre mayor que todav&iacute;a vive en carpas y sigue tomando decisiones, y, pese a su pena, se muestra dispuesto al di&aacute;logo.<br \/>\nJL: Abraham, a usted todo el mundo lo conoce; algunos lo reconocen y otros no. Sin demasiada presentaci&oacute;n, propongo ir directo al grano con algunas preguntas que se nos agolpan en el pecho. &iquest;Por qu&eacute; salimos de Ur de los caldeos? &iquest;Cu&aacute;l fue el factor determinante que provoc&oacute; este cambio tan dr&aacute;stico que aun incluy&oacute; un modo nuevo de vida, la p&eacute;rdida de alguna posici&oacute;n social, algunos negocios y mucha incertidumbre? Visto desde ac&aacute;, &iquest;fue realmente buena la decisi&oacute;n de salir de all&aacute;?, &iquest;era para tanto?<br \/>\nA: Mira, querido, eran &eacute;pocas peligrosas, y entendimos que hab&iacute;a llegado el fin de una etapa. No pod&iacute;amos m&aacute;s. Ten&eacute;s raz&oacute;n cuando dec&iacute;s que era una opci&oacute;n dificil&iacute;sima que pon&iacute;a todo en riesgo. Pero&#8230; &iquest;vos te pens&aacute;s que quedarse significaba un riesgo menor? Babel y todas sus hermanas, que hab&iacute;an sido fundadas en esa zona por el poderoso Nimrod, se ergu&iacute;an amenazantes, con una maldad sin l&iacute;mites, y el llamado de Dios para nosotros fue claro: nos era necesario salir.<br \/>\nJL: Pero&hellip; &iquest;no resulta peligroso huir de esa manera? Me refiero a los peligros que trae la soledad, como la p&eacute;rdida de personas que pueden ayudarnos a pensar y a guardar el equilibrio.<br \/>\nA: Cuando salimos, no &eacute;ramos nadie, y casi no pod&iacute;amos hablar sobre el prop&oacute;sito de nuestro viaje. Despert&aacute;bamos l&aacute;stima cuando cont&aacute;bamos que no sab&iacute;amos hacia d&oacute;nde nos dirig&iacute;amos. Nos escuchaban como si estuvi&eacute;semos borrachos, perdidos. Les parec&iacute;a que carec&iacute;a de seriedad nuestra haza&ntilde;a.<br \/>\nY, contestando tu pregunta, &iexcl;claro que es peligroso! Lo &uacute;nico que te puede salvar es que contin&uacute;es siendo Abraham y no Nimrod, ni Fara&oacute;n, ni ning&uacute;n otro. Resulta peligroso porque te ves tentado a empezar tu ciudad, tu propia Babel, y&hellip; ah&iacute;, no te salva nadie. De tu Babel se torna mucho m&aacute;s dif&iacute;cil la huida.<br \/>\nJL: Pero&hellip; &iquest;cualquiera puede construir una Babel? No me parece tan sencillo.<br \/>\nA: Claro que no. Los peligros de permanecer en soledad y de la locura consecuente saltan al paso de aquellos que pueden levantar una. Algunos sencillamente carecen de la fuerza, del empuje y de la inteligencia necesarios. Estos, a veces sin saberlo, construyen babeles por orden y cuenta de otros, que no los perdonar&aacute;n ni a ellos ni a sus hijos. Pero la tentaci&oacute;n ataca a los que son capaces y saben c&oacute;mo fundarla. A m&iacute; me toc&oacute;, de parte de Dios, una tarea muy diferente: generar una gran naci&oacute;n, imposible de contar, pero sin construir ciudades.<br \/>\nJL: &iquest;C&oacute;mo aprendieron los que saben c&oacute;mo construirla?<br \/>\nA: Te cit&eacute; a Nimrod. &Eacute;l era un cazador muy h&aacute;bil. Coincidi&oacute; un sobresaliente hecho hist&oacute;rico con su &eacute;poca, el descubrimiento de la t&eacute;cnica del ladrillo cocido en el fuego. Bueno, me dir&aacute;s, los cazadores cazan y los constructores usan ladrillos. S&iacute;, tienes raz&oacute;n. Pero cuando un cazador se vuelve constructor, construye trampas para cazar, murallas para defender, torres para vigilar y puertas para controlar. El descubrimiento del ladrillo cocido result&oacute; en el apoyo que hac&iacute;a falta para la concentraci&oacute;n de recursos. Ya no era necesario ir a las canteras a recoger piedras, ni cortarlas trabajosamente para que encajaran unas con otras. &iexcl;Ten&iacute;amos ladrillos! (teatraliza ir&oacute;nicamente) y eso nos ofreci&oacute; posibilidades antes jam&aacute;s pensadas. Por ejemplo, con ellos se pod&iacute;a construir una torre que llegara hasta el cielo. Con ella se obtendr&iacute;a la fama y nadie lograr&iacute;a dispersarnos.<br \/>\nJL: D&iacute;ganos, por favor, &iquest;usted odia la ciudad y est&aacute; a favor de la vida rural?<br \/>\nA: No, querido, no. &iquest;Nunca te enteraste c&oacute;mo estuve orando por Sodoma y Gomorra? Uno no sabe cu&aacute;nta gente buena puede residir en una ciudad mala, y vaya uno a saber si no se trata de los propios queridos por uno, &iquest;no?<br \/>\nJL: S&iacute;, claro, pero dan ganas a veces de pedir la intervenci&oacute;n del cielo y que se termine todo.<br \/>\nA: Ah, s&iacute;, pero yo soy pastor, no juez. En lugar de destruirla, yo me voy. A m&iacute; no me agarran. Son de temer. Sean las ciudades de Egipto, Babilonia o Sodoma y Gomorra, son todas iguales, insaciables devoradoras de gente. Los domina una fuerza de pudrici&oacute;n de la humanidad.<br \/>\nTe confieso que no existe modo de construirla sin maldad, mucha maldad. S&oacute;lo Dios, verdadero arquitecto y constructor, puede edificar una ciudad para el bien, que obre el bien. Por eso no acepto ninguna, ni quiero constru&iacute;rmela a mi medida.<br \/>\nJL: No estoy seguro de compartir su punto de vista. Yo he visto muchas ciudades, grandes y chicas, y me parece que muestran lo mejor de la humanidad: la ciencia, las artes, el trabajo, las diversiones&#8230;<br \/>\nA: Muestran lo mejor y lo peor. Son un gran mercado y, justamente, concentran los poderes del bien y del mal para s&iacute; mismas, y nunca sabr&aacute;s cu&aacute;ndo usar&aacute;n el uno u el otro. La fuerza de Babel, aunque est&aacute; escondida, est&aacute; bien presente en cada construcci&oacute;n. Descubrimos una oportunidad, nos aliamos a otros con la misma meta, nos trazamos planes, y&#8230; all&iacute; est&aacute; ella. Siempre quiere m&aacute;s y m&aacute;s. Busca concentrar m&aacute;s gente, crecer m&aacute;s hacia arriba, conseguir m&aacute;s fama para su nombre, ejercer su poder con severidad, y evitar perder poblaci&oacute;n. No, dispersar la gente y distribuir los recursos, brindar la oportunidad de emigrar, son pensamientos ajenos a Babel. S&oacute;lo le suenan bien los t&eacute;rminos comerciales, que hablen de productividad y rentabilidad, pues eso la eleva, la convierte en grande, fuerte e insensible. Eso s&iacute;, cierto d&iacute;a va a caerse porque ya no encontrar&aacute; palabras para darse a entender. Llega un momento en que la codicia y la fama se vuelven imposibles de compartir.<br \/>\nJL: Cu&eacute;ntenos de su experiencia personal&hellip; dos momentos. Digamos el mejor y el peor.<br \/>\nA: Te voy a contar dos muy importantes y me voy a reservar otros que, hoy, no me siento en condiciones de comentar. El primero fue cuando, por el hambre, nos vimos obligados a viajar a Egipto. Ah&hellip; &iexcl;qu&eacute; locura! Solo pensar en Egipto nos generaba sensaciones extra&ntilde;as, mucho miedo. La pobre Sara y yo elegimos ir de todos modos, porque la necesidad nos apremiaba. Pero no &eacute;ramos nosotros mismos.<br \/>\nJL: &iquest;Perd&oacute;n?&#8230;<br \/>\nA: Quiero decir que nos fuimos desfigurando. Invent&aacute;bamos tretas que no ten&iacute;an nada que ver con nuestra manera de ser. &iexcl;Bah! Result&oacute; un desastre. Nos echaron violentamente; para m&iacute; fue una verg&uuml;enza enorme. Yo, que iba a ser una bendici&oacute;n para todos los pueblos de la tierra, termin&eacute; de esta manera. El pobre Fara&oacute;n&#8230;<br \/>\nJL: &iquest;Pobre Fara&oacute;n?<br \/>\nA: S&iacute;, todav&iacute;a resuenan sus palabras en mis o&iacute;dos: &laquo;&iquest;Qu&eacute; te hice yo para que me enga&ntilde;es as&iacute;? &iquest;Por qu&eacute; no me dijiste que era tu mujer?&raquo; Decidimos impulsados por el miedo. Nosotros no &eacute;ramos as&iacute;, pero dentro de esas sociedades nos volv&iacute;amos irreconocibles y decid&iacute;amos esas locuras. Otra vez, tambi&eacute;n, con Abimelec, rey de Gerar provocamos otro desastre. Yo me hab&iacute;a vuelto sordo a la voz de Dios. Es m&aacute;s, Dios les hablaba a ellos y no a nosotros. De esa manera and&aacute;bamos, desfigurados, irreconocibles.<br \/>\nJL: Ahora, la buena. Cu&eacute;ntenos una experiencia de lo mejor.<br \/>\nA: Bueno, para equilibrar un poco el car&aacute;cter de las an&eacute;cdotas te cuento el final del rescate de Lot. Seguramente conoc&eacute;s algo de esa historia. Eran cinco reyes contra cuatro. Yo de rey no ten&iacute;a nada, pero estaba metido en el asunto por la vida de mi sobrino. Cuando termin&oacute; aquel enfrentamiento, lleg&oacute; el rey de Sodoma para repartir el bot&iacute;n, es decir, los despojos de los perdedores, pero entonces s&iacute; vi con claridad. &iexcl;Ah, s&iacute;!, yo no pod&iacute;a recibirle ni una correa de calzado, ni un hilo, nada. No, querido, existe gente a la que no pod&eacute;s recibirle nada, con la que no te pod&eacute;s asociar en nada. Son peligrosos tanto en sus obras como en sus palabras, y esa vez sal&iacute; librado y bien plantado de esa situaci&oacute;n. Retornaba feliz con mi gente, tra&iacute;a a mi sobrino y eso me bastaba. No, vaya uno a saber qu&eacute; mentiras hubiera afirmado por ah&iacute; &laquo;que yo enriquec&iacute; a Abraham, que gracias a m&iacute; es lo que es y posee lo que posee&raquo;. No, nada de eso. Ellos son los reyes de sus ciudades; yo&hellip; directo a mi carpa.<br \/>\nJL: &iquest;En esa misma ocasi&oacute;n se encontr&oacute; con Melquisedec?<br \/>\nA: S&iacute;, s&iacute;, una experiencia hermosa. Pero esa es otra historia. &iquest;Vamos a encontrarnos alguna otra vez no es cierto? Bueno, entonces la seguimos. &iquest;Comemos algo juntos?<br \/>\nJL: Uy, bueno. Muchas gracias&#8230; A prop&oacute;sito, &iquest;conoce algo de las vi&ntilde;as de En Gadi?<br \/>\nMeditaciones sobre el tema de edificar<br \/>\nLa met&aacute;fora de la edificaci&oacute;n del templo que se usa en el Nuevo Testamento puede jugarnos una mala pasada cuando, sin querer, perdemos la met&aacute;fora. Lo que edifica (o lo edificante) se nos puede perder entre las oportunidades y desaf&iacute;os, y as&iacute; quedarnos s&oacute;lo con la construcci&oacute;n de templos, de colegios, de seminarios y otros edificios. Podemos llegar a pensar que levantando construcciones estamos edificando la Iglesia. En ese enga&ntilde;o se nos escap&oacute; la met&aacute;fora y nos quedamos con la sem&aacute;ntica desnuda de edificaci&oacute;n y construcci&oacute;n de ciudades.<br \/>\nLa tradici&oacute;n urbana nos convierte en prisioneros y obliga a nuestro entendimiento a detectar s&oacute;lo como hist&oacute;rico lo que queda del paso del tiempo en edificios, escritos, ruinas y ciudades. Murallas, estanques, acueductos, estadios, puertos y monumentos varios nos hablan de tradici&oacute;n, de historia.<br \/>\nEl seguimiento de los n&oacute;mades es mucho m&aacute;s dif&iacute;cil<br \/>\nEl inicio del per&iacute;odo de los patriarcas est&aacute; marcado por la necesidad de salir de un &aacute;mbito hasta entonces conocido y de pertenencia, y el imperativo de la voz de Dios que empuja hacia lo desconocido y que todav&iacute;a no pertenece.<br \/>\nM&aacute;s all&aacute; de una torre<br \/>\nCasi todos los estudios del libro del G&eacute;nesis marcan un salto entre los cap&iacute;tulos 11 y 12. El cap&iacute;tulo 11, que relata el inicio de la ciudad de Babel y su torre, se puede ver como la culminaci&oacute;n de cualquier proceso de engrandecimiento sin medida.<br \/>\nLa mayor&iacute;a de nuestras versiones de la Biblia presentan este p&aacute;rrafo bajo el t&iacute;tulo &laquo;La torre de Babel&raquo;. Por esto, nuestro recuerdo de Babel es &laquo;La Torre&raquo;, aunque lo que se relata all&iacute; es la fundaci&oacute;n de una ciudad con una torre. Se trata, en realidad, del establecimiento de los que andaban y se mov&iacute;an, cuando decidieron asentarse y se establecieron en un s&oacute;lo sitio. La circunstancia se ve subrayada porque la construcci&oacute;n de la ciudad vendr&aacute; a partir de un importante salto tecnol&oacute;gico: El descubrimiento del ladrillo cocido. Es bien conocida la intervenci&oacute;n divina y su resultado: La confusi&oacute;n final porque no consiguieron entenderse. La imposibilidad de comunicarse logr&oacute; que el salto tecnol&oacute;gico no significara nada bueno.<br \/>\nEl valor del movimiento<br \/>\nEl cap&iacute;tulo 12 presenta el inicio de una etapa nueva que se&ntilde;ala una direcci&oacute;n opuesta a la de Babel. Movimiento y dispersi&oacute;n, salida y camino. La orden divina impulsa a Abram a salir de la ciudad, a partir y seguir marchando hacia una tierra que todav&iacute;a no sabe cu&aacute;l es. De all&iacute; en adelante el programa divino ser&aacute; encarnado en familias de pastores que ir&aacute;n de tierra en tierra para ganar pastos para sus reba&ntilde;os y deber&aacute;n estar atentos contra los enga&ntilde;os de la ciudad. Ser&aacute; un mensaje que, en adelante, el pueblo de Dios deber&aacute; tomar en cuenta, tanto cuando se integre a los sistemas de la ciudad como cuando esta lo desfigure, lo devore y lo oprima.<br \/>\nAl menos as&iacute; lo interpreta la iglesia del Nuevo Testamento cuando honra a Abraham, a Isaac y a Jacob porque siguieron viviendo en tiendas y no se afincaron ni construyeron ciudades. (Hebreos 11). Los autores neotestamentarios consideran en alta estima esas conductas que hasta subrayan que Dios se presenta como &laquo;el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob&raquo;, y &eacute;l no se averg&uuml;enza de llamarse &laquo;el Dios de ellos&raquo;. El Se&ntilde;or no se presenta por s&iacute; mismo sino por aquellos que lo han seguido en sus caminos. Es el sello de su aprobaci&oacute;n a los suyos, pues ellos son la presencia de Dios entre la gente.<br \/>\n&laquo;Vete&raquo;<br \/>\nDonde est&eacute;s, en donde hayas llegado a quedarte, creyendo que ya has llegado, lev&aacute;ntate de inmediato y vete. Que nada ni nadie te atrape. Que nada ni nadie se consolide en ti como roca que se te ata a los pies y para ser arrojado con ella al fondo del mar.<br \/>\n&mdash;Vete.<br \/>\n&mdash;&iquest;A d&oacute;nde?<br \/>\n&mdash;A la tierra que te mostrar&eacute;.<br \/>\nAs&iacute; es el mensaje de Dios, pura incertidumbre. Elecci&oacute;n, sacrificio, iron&iacute;a.<br \/>\nSabes que te vas. Pero no sabes a d&oacute;nde&raquo;.<br \/>\nLa tecnolog&iacute;a: un arma de doble filo<br \/>\nNuestras conductas y nuestras expectativas fueron severamente modificadas por los saltos tecnol&oacute;gicos. Algunos instantes en la historia nos marcaron porque nos proveyeron un poder que antes no pose&iacute;amos, y ese poder nos condujo a pensar de otra manera. Nuestra manera de mirar el mundo cambi&oacute; desde entonces. Dado que han ocurrido muchos en la historia, casi podr&iacute;amos leerla a partir de esos saltos tecnol&oacute;gicos, que llamamos as&iacute; por la adquisici&oacute;n de nuevas tecnolog&iacute;as. Surgir&iacute;an entonces preguntas como estas: &iquest;qu&eacute; pas&oacute; cuando tuvimos herramientas nuevas? (la rueda, el telescopio, la br&uacute;jula, la m&aacute;quinas a vapor y de todo tipo). &iquest;C&oacute;mo procedimos cuando descubrimos que pod&iacute;amos manejar materias primas desconocidas? (el bronce, el hierro, la p&oacute;lvora, la porcelana, o ahora la gen&eacute;tica). &iquest;C&oacute;mo decidimos utilizar las nuevas energ&iacute;as que &iacute;bamos descubriendo?&hellip; fuego, electricidad, energ&iacute;a nuclear). &iquest;Qu&eacute; aplicaciones les dimos frente a los enormes logros s&uacute;bitos de las disciplinas que ya conoc&iacute;amos? (en la agricultura, en la medicina, en la navegaci&oacute;n) o&#8230; &iquest;hacia d&oacute;nde decidimos enfatizar el uso de las t&eacute;cnicas antes impensables, como las comunicaciones y los medios masivos?<br \/>\nEstos saltos nos cambiaron. Con la presencia de la televisi&oacute;n, la computadora y el celular ya no somos los mismos que antes de que recibi&eacute;ramos sus servicios. Y, por supuesto, no nos sentimos tan seguros sabiendo que algunas potencias poseen armas de destrucci&oacute;n masiva, que pueden terminar con la vida en el planeta&#8230; y que son capaces de usarlas.<br \/>\nLas t&eacute;cnicas desarrolladas &mdash;y que funcionan&mdash; ejercen tal fascinaci&oacute;n que nos resulta dif&iacute;cil, muy dif&iacute;cil, escapar de ellas. Justamente es el hecho de que &iexcl;funcionan! lo que las convierte en herramientas casi inobjetables. Se requiere de una gran fuerza interior para lograr plantarse ante tantos saltos y cuestionar un sistema, una t&eacute;cnica que se haya demostrado funcionar.<br \/>\nIglesia y mercadeo<br \/>\nLa Iglesia ha vivido etapas, que bien podr&iacute;amos llamar saltos tecnol&oacute;gicos, que nos han cambiado, llevando a la construcci&oacute;n de estructuras que pueden funcionar sin Dios.<br \/>\nTodos los estudios de las ciencias sociales al servicio de la t&eacute;cnica publicitaria dan como resultado la venta de tal o cual producto. Esto aun cuando el comprador nunca antes en la vida lo haya necesitado ni deseado. Se crea, entonces, la necesidad. Se estimula el nuevo deseo. Se ridiculiza a quienes no lo poseen. Se exalta al usuario y se le destaca sobre los dem&aacute;s. Se proclaman las bondades del precio, y se vende. Sociolog&iacute;a, psicolog&iacute;a, econom&iacute;a, artes visuales y musicales, belleza humana, odios y amores, instintos, historias y apelaciones de todo orden invaden la cabeza del p&uacute;blico que debe comprar el producto. No importa si el producto es un chocolate, una tarjeta de cr&eacute;dito, un veh&iacute;culo, o una bebida o cualquier electrodom&eacute;stico. Cada objeto aporta su t&eacute;cnica &iexcl;y funciona! Tambi&eacute;n sirve para candidatos pol&iacute;ticos, equipos de f&uacute;tbol o grupos religiosos.<br \/>\nLa Iglesia ha sido proveedora, pero a la vez consumidora de modelos de gobierno y de expansi&oacute;n. Ha influenciado, pero tambi&eacute;n ha sufrido la influencia a trav&eacute;s de muchos modelos filos&oacute;ficos y administrativos que, en ocasiones, ha justificado d&aacute;ndoles un bautismo cristiano y adaptando el vocabulario. En otras, ni siquiera optaron por el disimulo. As&iacute; es como aparecen en la Iglesia los grados militares, los nombramientos de grado republicanos o mon&aacute;rquicos, los lenguajes productivos y comerciales.<br \/>\nEl uso de esas t&eacute;cnicas nunca resulta gratuito. Se paga m&aacute;s barato o m&aacute;s caro, m&aacute;s temprano o m&aacute;s tarde en ineficacia o en falta de verdadera encarnaci&oacute;n, en herej&iacute;as, en testimonios horrendos y escandalosos, en soberbias hirientes de los privilegiados y las jerarqu&iacute;as.<br \/>\nConclusi&oacute;n:<br \/>\nBabel representa mucho m&aacute;s que una torre: es una tentaci&oacute;n. No resulta tan obvio el poder escapar de ella. Los pastores que ven que su congregaci&oacute;n funciona, que crece el n&uacute;mero de fieles, que aumentan las ofrendas, que su reputaci&oacute;n se vuelve incuestionable, que los cultos son apreciados, se encontrar&aacute;n ante la tentaci&oacute;n de Babel: &laquo;poseemos la t&eacute;cnica; poseemos los elementos; no nos dejemos dispersar&raquo;. Si persistimos en lo que estamos haciendo podemos llegar muy lejos, hasta el mismo cielo.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Jaime Barilko,Cabal\u00e1 de la Luz, pg.259, Emec\u00e9 Editores, 1996, Buenos Aires. Usado con permiso, DesarrolloCristiano.com, derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Desarrollo Cristiano Babel es m\u00e1s que una torre. Es la manifestaci\u00f3n visible de un esp\u00edritu que opera, en forma sutil, en el coraz\u00f3n de cada uno de nosotros. 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