{"id":3315,"date":"2015-12-01T01:12:05","date_gmt":"2015-12-01T06:12:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hacia-el-equilibrio\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:05","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:05","slug":"hacia-el-equilibrio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hacia-el-equilibrio\/","title":{"rendered":"Hacia el Equilibrio"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Apuntes Pastorales<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">En una pl\u00e1tica franca y abierta, Sixto Porras y su esposa Helen nos hablan de sus luchas y las lecciones que han aprendido acerca de las din\u00e1micas necesarias para mantener fresca la relaci\u00f3n con la familia en medio del servicio ministerial.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">AP:&iquest;Qu&eacute; tensiones experimentaron como matrimonio durante los a&ntilde;os que ejercieron la responsabilidad pastoral en la iglesia?<br \/>\nSixto: Una de las tensiones es el hecho de que uno, como pastor, maneja su propia agenda; carecemos de alguien que est&eacute; encima de nosotros d&aacute;ndonos instrucciones en cuanto a horario o actividades. Por nuestra tendencia a enfocarnos m&aacute;s en el trabajo, caemos en la trampa de descuidar a la familia porque todo el tiempo lo consumimos en el trabajo pastoral.   Adem&aacute;s el trabajo de la iglesia, aparte de que es apasionante, resulta ser inagotable. Uno de los retos m&aacute;s importantes es, entonces, aprender a guardar el equilibrio en el manejo de la agenda sin sentir culpa alguna por esto.   Como uno se sabe llamado por el Se&ntilde;or y necesita responder &laquo;no puedo atenderlo&raquo;, se maneja cierta dosis de culpa.  Por nuestra tendencia a enfocarnos m&aacute;s en el trabajo, caemos en la trampa de descuidar a la familia porque todo el tiempo lo consumimos en el trabajo pastoral. Uno piensa: &laquo;&iquest;Qu&eacute; pensar&aacute;n los hermanos?&raquo;<br \/>\nTambi&eacute;n debemos educar a la congregaci&oacute;n a fin de que entienda que en la agenda del pastor se destina tiempo para la atenci&oacute;n pastoral, tiempo para encontrarse personalmente con Dios y tiempo para pasar con la familia.<br \/>\nEn ese sentido los primeros a&ntilde;os de nuestro matrimonio no resultaron f&aacute;ciles porque yo no sab&iacute;a c&oacute;mo guardar el equilibrio. En cierto momento escuch&eacute; a Helen decir &laquo;siento que Dios me ha robado a mi esposo&raquo;. Entonces yo asum&iacute; la responsabilidad y confes&eacute;: &laquo;no es Dios el responsable sino yo, que no s&eacute; c&oacute;mo manejar mi agenda. Yo luchaba con la culpa, as&iacute; que acud&iacute; a mis pastores para confesarles que no sab&iacute;a c&oacute;mo disfrutar mi tiempo en familia y mis vacaciones. La primera orientaci&oacute;n que me dieron fue establecer acertadamente mis prioridades. Pero conseguirlo no es tarea f&aacute;cil. Es un ejercicio c&iacute;clico en el que uno debe permanecer consciente de esas prioridades. Hablando con el Se&ntilde;or, &eacute;l me gui&oacute; a Eclesiast&eacute;s, y ah&iacute; aprend&iacute; el don de disfrutar la vida.<br \/>\nCreo que no existe mayor tristeza que terminar con &eacute;xito en el ministerio pero perder por el camino a la familia. Para m&iacute;, el &eacute;xito en la familia es llegar al final de los d&iacute;as habiendo amado a quien hemos tenido que amar. Helen ha conseguido sacar lo mejor de m&iacute;.<br \/>\nEra la necesidad de sembrar en el coraz&oacute;n de nuestros hijos que ellos eran importantes para &eacute;l. Helen: Para m&iacute; el desaf&iacute;o mayor era lograr que &eacute;l entendiera lo que yo estaba viendo, la necesidad en mis hijos &mdash;en m&iacute; misma&mdash; de querer compartir m&aacute;s tiempo. No quer&iacute;a que interpretara mi perspectiva como un capricho. Era la necesidad de sembrar en el coraz&oacute;n de nuestros hijos que ellos eran importantes para &eacute;l. No quer&iacute;a, de ninguna forma, que llegaran a resentirse contra el ministerio. Mi desaf&iacute;o era compartirlo de tal manera que &eacute;l quedara persuadido y conmovido. Ped&iacute; ayuda para saber c&oacute;mo hablarle a Sixto sobre mi inquietud. No porque &eacute;l mostrara un coraz&oacute;n cerrado, sino que era esencial que &eacute;l reconociera la importancia de esa necesidad. Siempre le ped&iacute;a a Dios que me diera el momento oportuno y la actitud correcta. Necesit&eacute; ser firme en el momento justo de exponerle mi opini&oacute;n, pues en el principio solo guardaba dolor. Entonces pude confesarle que no estaba dispuesta a continuar con semejante carga. Necesitaba que &eacute;l se diera cuenta de que urg&iacute;a que &eacute;l introdujera cambios en la administraci&oacute;n de su tiempo.<br \/>\n&Eacute;l dispuso su coraz&oacute;n al cambio y pudimos llegar a acuerdos claros de c&oacute;mo distribuir&iacute;a el tiempo. Desde inicio de a&ntilde;o definimos espacios en su agenda para la familia. Durante la semana establecimos d&iacute;as en los cuales saldr&iacute;amos como familia; tambi&eacute;n organizamos tardes para que Sixto pudiera pasar tiempo con nuestros hijos. No ser&iacute;amos nosotros los que buscar&iacute;amos en qu&eacute; momento nos met&iacute;amos en su agenda. El tiempo ha pasado y puedo asegurar que los chicos se sienten a gusto, muy honrados de estar sirviendo al Se&ntilde;or.<br \/>\nSixto: Uno de los errores que comet&iacute;a con frecuencia era contraer compromisos justo en el periodo de vacaciones de los chicos, hasta que aprend&iacute;, con la ayuda de Helen, que lo m&aacute;s saludable era separar el tiempo de familia antes de que empezara el a&ntilde;o. Y ahora, son los muchachos los que llevan una agenda m&aacute;s saturada, pero han aprendido a establecer las mismas prioridades.<br \/>\nAP: Ustedes han mencionado varios pasos que tomaron para resolver las tensiones. &iquest;Cu&aacute;l fue la v&iacute;a que encontraron para mantener un di&aacute;logo sano y productivo?<br \/>\nHelen: Segu&iacute; un principio: me cas&eacute; con la premisa de que todo lo que Sixto y yo hici&eacute;ramos honrara el nombre del Se&ntilde;or, en peque&ntilde;as decisiones, conversaciones, estrategias. Para llegar a acuerdos la meta que siempre deb&iacute;amos buscar era exaltar el nombre del Se&ntilde;or. Yo amo a Sixto, pero ante todo amo al Se&ntilde;or. Permanec&iacute;a consciente de que cualquier acci&oacute;n que tomara, actitud que eligiera o palabra que pronunciara deb&iacute;a honrarlo siempre a &Eacute;l.<br \/>\nOtro principio que consider&eacute; es que deb&iacute;a vivir mi matrimonio como una carrera de fondo. Otro principio que consider&eacute; es que deb&iacute;a vivir mi matrimonio como una carrera de fondo. Para llegar a donde queremos necesitamos dar los pasos acertados que nos permitan llegar al final. Si mis deseos est&aacute;n en primer lugar, no contribuye en nada a alcanzar la meta anhelada.<br \/>\nEstos han sido principios esenciales que nos han ayudado a saber que en todos los retos que enfrentemos juntos nuestra meta debe ser llegar a una soluci&oacute;n, m&aacute;s que interponer nuestros deseos individuales.<br \/>\nAdem&aacute;s el respeto ha sido un elemento vital. Cuando lo confronto por algo en lo el que siento que no ha actuado correctamente, siempre me ha expresado: &laquo;No tengo la respuesta porque no la s&eacute;, no se me ocurre&raquo;. Su actitud siempre ha sido de escuchar con atenci&oacute;n, apertura y respeto. Yo tambi&eacute;n lo respeto a &eacute;l como mi esposo, como a un hombre a quien Dios ha llamado.<br \/>\nSixto: Para m&iacute; ha sido clave la actitud de Helen: siempre ha sabido decir bien las cosas. Ese es el gran secreto. Si ella me hubiera gritado o insultado no hubiera provocado de m&iacute; la mejor actitud. Ambos partimos de la premisa de que nos amamos y ese di&aacute;logo nos ha ayudado. En algunos momentos yo reacciono, pero llega el momento en que r&aacute;pidamente reflexiono y me doy cuenta de que lo que ella est&aacute; diciendo tiene su &oacute;ptica y su raz&oacute;n. A&ntilde;ado, tambi&eacute;n, que ambos hemos tenido confianza en decirnos la cosas.<br \/>\nAP: &iquest;Qu&eacute; s&iacute;ntomas pueden alertar al matrimonio de que necesitan prestar m&aacute;s atenci&oacute;n a su relaci&oacute;n como pareja?<br \/>\nSixto: Agresividad, reclamos constantes, distanciamiento, herirse mutuamente y no decir nada, tenerle temor el uno al otro. Es muy com&uacute;n &mdash;y triste a la vez&mdash; que alguno de los dos guarde silencio con respecto a lo que est&aacute; pensando. El silencio puede conducir a situaciones extremas: hijos con s&iacute;ntomas de adicciones, por ejemplo, o depresiones, rebeld&iacute;a. Las mujeres han ca&iacute;do en depresi&oacute;n porque acarrean resentimientos, no se expresan, no confrontan. En mi opini&oacute;n, algunos de esos signos indican que existe una disfunci&oacute;n.<br \/>\nAP: Existe una tendencia natural en el var&oacute;n a descuidar su relaci&oacute;n con la familia; &iquest;por qu&eacute; se acent&uacute;a tanto esa tendencia en hombres que est&aacute;n involucrados en el pastorado?<br \/>\nSixto: A m&iacute; me parece que es por la cultura machista en la que hemos crecido. Yo entr&eacute; al ministerio en una &eacute;poca en que el desaf&iacute;o era: &laquo;quien no deja padre ni madre no es digno de m&iacute;&raquo;, y se sosten&iacute;a este argumento con orgullo. Si tu ministerio no mostraba todos los elementos de sacrificio por el ministerio, se generaba culpa. Hoy estamos viviendo una &eacute;poca en la que la familia es un tema de ense&ntilde;anza, la importancia de cuidar el hogar, de criar bien a los hijos.<br \/>\nOtro elemento en juego es que lo hemos ocultado a nivel pastoral. Descuidamos a la familia no porque estemos en el pastorado, sino que es una de las &aacute;reas que no hemos permitido que Dios trate con nosotros. Hace poco atend&iacute; a la hija de un pastor que me compart&iacute;a: &laquo;mis hermanos se han ido de la casa. Mi pap&aacute; es tan duro y religioso que mis hermanos odian todo lo que tenga que ver con fe. Mi pap&aacute; nos echa de la casa cuando nos atrae alguien que no es cristiano. Es tan duro que, si alguno de nosotros quiere ayudar al que se fue de la casa, mi pap&aacute; se lo proh&iacute;be, de manera que cualquier ayuda que le brindemos se la damos en secreto&raquo;. Me doli&oacute; profundamente&nbsp; escuchar esta hija de pastor. &iquest;C&oacute;mo puede llegar a ocurrir algo semejante? &Eacute;l se relaciona de esa manera no por estar en el pastorado, sino porque ha sido mal educado en t&eacute;rminos de lo que significa ser cristiano y sobre todo ser padre.<br \/>\nHelen: Eso me lleva a pensar en los desaf&iacute;os que enfrenta la familia pastoral. Muchas de las posturas como la de este pastor, se deben a las expectativas err&oacute;neas que se han formado con respecto a las funciones, roles y comportamientos de los miembros de la familia pastoral. Ha ca&iacute;do un peso y una demanda insostenible sobre sus hijos &mdash;que deben seguir una conducta espec&iacute;fica&mdash;, sobre su esposa, y sobre el mismo pastor. Esa presi&oacute;n puede producir crisis como la del ejemplo que acaba de compartir Sixto. Y muchas veces se les pide algo que no necesariamente es lo que Dios quiere que cada uno haga.<br \/>\nAP: &iquest;De qu&eacute; manera ser&iacute;a conveniente educar a la congregaci&oacute;n para que no ejerza sobre la familia pastoral semejante presi&oacute;n?<br \/>\nHelen: Primeramente debe darse un espacio a la reflexi&oacute;n interna sobre qu&eacute; significa la funci&oacute;n pastoral. Sixto nunca puso demandas sobre m&iacute;, ni sobre nuestros hijos. Yo tambi&eacute;n luch&eacute; para que esas demandas no alcanzaran a mis hijos.<br \/>\nSe les ense&ntilde;a a los otros cuando vivimos con tranquilidad, sabiendo que es Dios quien nos mueve a llevar a cabo algo. Uno lo puede expresar cuando conversa con las personas, haciendo comentarios que muestren valor a su familia. Yo no quiero que mis hijos lleguen a desarrollar resentimientos o actitudes negativas sino que disfruten. No crear expectativas sobre ellos ha sido de gran ayuda.<br \/>\nSixto: Yo le ense&ntilde;&eacute; a la iglesia que Helen era mi esposa, no la pastora, y que &iacute;bamos a esperar que Dios hablara al coraz&oacute;n de Helen para que ella ocupara el lugar que ella sintiera que deb&iacute;a ocupar. Unas personas le dec&iacute;an que deb&iacute;a dirigir a los ni&ntilde;os, a las mujeres, y Helen no quer&iacute;a dirigir nada de eso. Helen ten&iacute;a veinti&uacute;n a&ntilde;os. Tuve la libertad de hablarle a la iglesia para que no trasladaran los modelos pastorales que hab&iacute;an visto antes a nuestra nueva vivencia de familia y de m&iacute; como pastor.<br \/>\nHelen: A mi hijo mayor una maestra de la escuela dominical le dijo que se deb&iacute;a comportar como su pap&aacute;. Y le pregunt&eacute; a mi hijo, &laquo;&iquest;qu&eacute; pens&aacute;s sobre eso?&raquo; Me respondi&oacute;: &laquo;&iexcl;entonces yo deber&iacute;a portarme tres veces peor!&raquo; Por las historias que hab&iacute;a escuchado sab&iacute;a que su pap&aacute; hab&iacute;a sido un ni&ntilde;o muy inquieto, travieso, activo. Esta maestra estaba viendo a un hombre formado, &iexcl;de cuarenta a&ntilde;os y esperaba que el ni&ntilde;o de doce se comportara como &eacute;l! Yo pude ense&ntilde;arle a mi hijo a ubicar las cosas, a aprender a interpretar los comentarios para que no guardara ning&uacute;n dolor en su coraz&oacute;n y, en consecuencia, mis hijos aman el ministerio y admiran el trabajo que se realiza.Primeramente debe darse un espacio a la reflexi&oacute;n interna sobre qu&eacute; significa la funci&oacute;n pastoral.  AP: &iquest;De qu&eacute; manera se ha enriquecido su relaci&oacute;n matrimonial el cumplir sus funciones ministeriales de una manera diferente a la convencional?<br \/>\nSixto: Yo no conozco otro trabajo m&aacute;s que servir al Se&ntilde;or tiempo completo. Cuando me inici&eacute; como pastor apenas comenz&aacute;bamos nuestra relaci&oacute;n de noviazgo, y nos casamos menos de un a&ntilde;o despu&eacute;s. Las cosas m&aacute;s bellas que he podido disfrutar, esa comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or, las he disfrutado tambi&eacute;n como matrimonio y familia. Nos ha bendecido el amor de las personas, pues&nbsp; siempre ha habido quien nos ame. Otro elemento enriquecedor es el respaldo que nuestras familias &mdash;la de Helen y la m&iacute;a&mdash; nos han dado para el ministerio. Ha sido un respaldo espiritual, moral, emocional y econ&oacute;mico. Servir a la iglesia de Cristo tambi&eacute;n me obliga a mantener mi comuni&oacute;n con Dios. El mejor discipulado es el servicio, porque te obliga a buscar y a depender de Dios. Debes mantenerte humillado, quebrantado, dependiente de &Eacute;l, en una b&uacute;squeda continua de su presencia. Otro regalo que no tiene precio es ver a nuestros hijos crecer con la marca de Dios en sus vidas, y la huella de Helen y m&iacute;a en ellos. Tengo en gran estima la amistad que nos une a Helen y a m&iacute;. Vale la pena invertir en la familia. Pero la calidad de la relaci&oacute;n que disfrutamos se debe s&oacute;lo a la gracia y misericordia del Se&ntilde;or. Sin Cristo dudo de que lo hubiera logrado. S&oacute;lo en Cristo cobra otro sentido la vida.<br \/>\nHelen: Mi inspiraci&oacute;n siempre ha sido el Se&ntilde;or. &Eacute;l es el que nos ha levantado inspirado en los momentos dif&iacute;ciles en el ministerio y en el hogar. El ministerio es otra fuente de inspiraci&oacute;n, otro reto para llevar adelante el matrimonio. Podemos servir al Se&ntilde;or porque hemos construido un hogar donde es posible vivir la gracia del Se&ntilde;or, pero, igual, podemos recibir bendiciones en nuestra relaci&oacute;n de familia porque el Se&ntilde;or nos motiva a trav&eacute;s del servicio. Todo viene del sustentador de nuestra alma, y vuelve a &eacute;l como una ofrenda de gratitud por su gracia en nosotros.<br \/>\nAP: &iquest;Helen, alguna vez, en los veintitr&eacute;s a&ntilde;os de su matrimonio, deseaste que Sixto se dedicara a otra tarea?<br \/>\nHelen: No. Ha sido nuestra forma de vida. No lo visualizo haciendo otra cosa porque su pasi&oacute;n es servir a las personas y ver que mejoren. Lo conoc&iacute; sirviendo al Se&ntilde;or; creo que para eso naci&oacute; y as&iacute; morir&aacute;.<br \/>\nAP: &iquest;Qu&eacute; consejo le dar&iacute;an a otros matrimonios que est&aacute;n en el pastorado?<br \/>\nSixto: Despu&eacute;s de treinta a&ntilde;os de caminar con el Se&ntilde;or creo que la lucha m&aacute;s grande que uno enfrenta es mantener la frescura de su relaci&oacute;n con el Se&ntilde;or, el anhelo de buscar a Dios y tener hambre de Su Persona. He visto a muchos compa&ntilde;eros del ministerio transformar esta experiencia &iacute;ntima en profesi&oacute;n, cuando deber&iacute;a seguir siendo pasi&oacute;n, entusiasmo por verlo y conocerlo. Resulta imprescindible desarrollar el coraz&oacute;n de un disc&iacute;pulo.<br \/>\nActualmente se ha levantado una gran trampa que lleva a la exaltaci&oacute;n de nosotros mismos. En cierta oportunidad vi a una chica que le besaba el anillo a su pap&aacute;, como ministro de Cristo. Despu&eacute;s de consultarle al pastor me explic&oacute; que ella lo hac&iacute;a por respeto. Tal cuadro me dej&oacute; asustado y clam&eacute; al Se&ntilde;or: &laquo;&iexcl;gu&aacute;rdanos!&raquo;.<br \/>\nLa lucha diaria que enfrentamos no es f&aacute;cil. Surgen momentos en los que uno se enoja, o se frustra; por estar sensible puede lastimar a otros. Les dir&iacute;a a los pap&aacute;s y esposos que no es justo para los dem&aacute;s que ellos sientan miedo ante nosotros. No podr&aacute;n encontrar nada m&aacute;s hermoso que sentir el coraz&oacute;n de su hijo y de su esposa y disfrutar esa comuni&oacute;n. Quiero llegar al final de mis d&iacute;as diciendo, como Pablo: &laquo;he peleado la buena batalla, he corrido la carrera, he guardado la fe, el amor de mi familia, los he visto crecer en Cristo&raquo;.<br \/>\nOtro principio que he aprendido y me gustar&iacute;a legar es que no importa los a&ntilde;os que uno lleve en el ministerio, siempre ser&aacute; necesario cuidar tu matrimonio y tu familia como si estuvieras comenzado. He visto compa&ntilde;eros de ministerio que, despu&eacute;s de muchos a&ntilde;os, caminaron hacia las trampas que el enemigo les hab&iacute;a tendido y abandonaron a su familia. La experiencia de ellos me ha llevado a concluir que no hemos llegado a la meta sino hasta el &uacute;ltimo momento. Es esencial que mantengamos fresca nuestra relaci&oacute;n con Dios, viviendo una vida de equilibrio, tomando tiempo para descansar, para re&iacute;r, para celebrar, servir y trabajar, entendiendo que el crecimiento lo da Dios, y que este siempre se dar&aacute; por la gracia y misericordia de Dios.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Publicada en Apuntes Pastorales XXI-4, Desarrollo Cristiano Internacional, \u00a92009. Se reservan todos los derechos.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Apuntes Pastorales En una pl\u00e1tica franca y abierta, Sixto Porras y su esposa Helen nos hablan de sus luchas y las lecciones que han aprendido acerca de las din\u00e1micas necesarias para mantener fresca la relaci\u00f3n con la familia en medio del servicio ministerial. 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