{"id":3316,"date":"2015-12-01T01:12:07","date_gmt":"2015-12-01T06:12:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hasta-que-el-ministerio-nos-separe\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:07","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:07","slug":"hasta-que-el-ministerio-nos-separe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hasta-que-el-ministerio-nos-separe\/","title":{"rendered":"Hasta que el ministerio nos separe"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Leadership Journal<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Servir a Cristo como matrimonio es uno de los privilegios de quienes han sido llamados al ministerio pastoral. Cuando las responsabilidades ministeriales no se manejan correctamente, sin embargo, puede acabar con la vida de la pareja.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Dieciocho meses despu&eacute;s de nuestra boda naci&oacute; nuestro primer hijo. Un mes m&aacute;s tarde entramos a un seminario, anhelando una vida de servicio en el ministerio. Despu&eacute;s de diez a&ntilde;os, sin embargo, nuestros sue&ntilde;os ministeriales se hab&iacute;an convertido en pesadillas matrimoniales. Ministr&aacute;bamos a otros matrimonios mientras que nuestra propia relaci&oacute;n se hab&iacute;a quebrado.<br \/>\nAunque nunca mencionamos la palabra &laquo;divorcio&raquo;, ambos sab&iacute;amos que nuestro matrimonio se hund&iacute;a. Al igual que dos personas que se ahogan, pele&aacute;bamos continuamente, buscando con desesperaci&oacute;n el aire que tanto necesit&aacute;bamos, hasta que casi era demasiado tarde.<br \/>\nEsta es la historia de nuestro naufragio, pero tambi&eacute;n es la historia de nuestra sorprendente experiencia con la gracia de Dios, que san&oacute; y restaur&oacute; nuestro matrimonio.<br \/>\nSue&ntilde;os de servicio<br \/>\nJulia: Luego de cuatro agotadores a&ntilde;os en el seminario &mdash;padeciendo la lucha de mi esposo con el griego y la hermen&eacute;utica, viviendo con un presupuesto ajustado, dando a luz dos hijos, trabajando hasta la medianoche como mesera&mdash; Mat&iacute;as finalmente se gradu&oacute;. Hab&iacute;amos obtenido el premio, y ahora la vida mejorar&iacute;a, pues cre&iacute;amos que ser&iacute;a m&aacute;s f&aacute;cil y &laquo;normal&raquo;.<br \/>\nEstas experiencias afianzaron en m&iacute; un sentimiento: no me sent&iacute;a aceptada ni valorada en la iglesia. No encontraba mi lugar en la congregaci&oacute;n. En junio de ese a&ntilde;o nos mudamos a nuestra primera congregaci&oacute;n, una peque&ntilde;a iglesia rural. Yo ten&iacute;a expectativas y sue&ntilde;os para esta peque&ntilde;a congregaci&oacute;n. En lo pr&aacute;ctico, tom&eacute; por sentado que ellos cubrir&iacute;an adecuadamente nuestro salario. En lo espiritual, me entusiasmaba acompa&ntilde;ar con orgullo a mi esposo, compartiendo mis dones, mis ideas y mi pasi&oacute;n por el ministerio.<br \/>\nLa realidad de la iglesia, sin embargo, r&aacute;pidamente ech&oacute; por tierra nuestros sue&ntilde;os.<br \/>\nEn la primera Navidad program&eacute; un encuentro especial para la congregaci&oacute;n, una reuni&oacute;n en la casa pastoral. Durante d&iacute;as prepar&eacute; el hogar para este encuentro de amor, decorando con cuidado la casa y preparando deliciosos bocadillos para compartir con aquellos que decidieran acompa&ntilde;arnos. Cuando lleg&oacute; el d&iacute;a, no apareci&oacute; nadie. Luego de esperar una hora lleg&oacute; solo una visita. Me sent&iacute; profundamente desilusionada.<br \/>\nCuando lleg&oacute; el verano, sin embargo, quise volver a intentar. Tom&eacute; la lista de miembros de la iglesia y me propuse invitar a cada familia a compartir un helado en nuestro hogar. Comenc&eacute; con la letra &laquo;A&raquo; e invit&eacute; a los Andersons, una familia con tres varones salvajes. En lugar de disfrutar el helado lo chorrearon por toda la casa, arruinando mis sillones y la alfombra, rompieron todo lo que tocaron y se quedaron hasta la medianoche. Me di por vencida, &iexcl;sin siquiera haber llegado a la letra &laquo;B&raquo;!<br \/>\nEstas experiencias afianzaron en m&iacute; un sentimiento: no me sent&iacute;a aceptada ni valorada en la iglesia. No encontraba mi lugar en la congregaci&oacute;n. Creo que ellos tampoco sab&iacute;an de qu&eacute; forma conectarse conmigo. Al vivir en un peque&ntilde;o pueblo con una cultura que no entend&iacute;a, me sent&iacute;a como si alguien me hubiera echado en medio de un lago rodeado de una densa bruma. Necesitaba encontrar la forma de nadar hasta la orilla, pero no ten&iacute;a idea de c&oacute;mo lograrlo.<br \/>\nMientras que Mat&iacute;as se entregaba cada vez m&aacute;s de coraz&oacute;n a la congregaci&oacute;n, yo comenc&eacute; a construir un muro de protecci&oacute;n alrededor de mis sentimientos. Cuanto m&aacute;s avanzaba mi esposo, m&aacute;s me refugiaba en mi propia caparaz&oacute;n.<br \/>\nMat&iacute;as: Yo no ten&iacute;a grandes expectativas de la iglesia, ni tampoco de mi matrimonio (por lo menos as&iacute; lo cre&iacute;a), pero s&iacute; esperaba grandes cosas de m&iacute; mismo.<br \/>\nDesafortunadamente no me daba cuenta cu&aacute;n profundamente estaban vinculadas estas expectativas a las heridas no sanadas de mi alma. So&ntilde;aba con ser un pastor &laquo;fiel&raquo;, que amaba a las personas, predicaba sermones inspiradores y desarrollaba una nueva visi&oacute;n para la congregaci&oacute;n. Y por supuesto que esperaba que Julia me ayudara en esto, pues esta siempre hab&iacute;a sido &laquo;nuestra&raquo; visi&oacute;n.<br \/>\nMe tom&oacute; por sorpresa cuando Julia comparti&oacute; su frustraci&oacute;n y el dolor que sent&iacute;a como esposa de pastor. Me repet&iacute;a que sent&iacute;a &laquo;que en la iglesia todos son m&aacute;s importantes que yo&raquo;. Yo no consegu&iacute;a entender la profundidad de su angustia. Pensaba que lo que necesitaba era solamente resolver el tema de su desconsuelo y enojo, por lo que minimic&eacute; sus sentimientos y me entregu&eacute; con a&uacute;n m&aacute;s fervor a la tarea de edificar al cuerpo.<br \/>\nLuego, poco tiempo despu&eacute;s del nacimiento de nuestro cuarto hijo, mi hija me llam&oacute; a la iglesia y me dijo: &laquo;Pap&aacute;, ser&aacute; mejor que vengas a casa. Mam&aacute; se ha desplomado sobre el piso y dice que de all&iacute; no se mueve. &iexcl;Creo que est&aacute; muerta!&raquo; Di un suspiro y volv&iacute; a casa para revivir a mi melodram&aacute;tica esposa. Estaba convencido de que yo era un buen pastor y esposo. &iquest;Acaso no me tomaba un d&iacute;a de descanso por semana? Claro, el tema de la iglesia era para m&iacute; una obsesi&oacute;n, pero al menos estaba en casa.<br \/>\nCuando miro hacia atr&aacute;s me doy cuenta de que atesoraba a la iglesia y atesoraba a mis hijos, pero no ten&iacute;a idea de c&oacute;mo valorar a Julia &mdash;y mi excesiva ocupaci&oacute;n y arrogancia no me permit&iacute;an aprender.<br \/>\nHacia el desprecio<br \/>\nJulia: Hice un voto de no convertirme en una esposa de pastor amargada, por lo que desarroll&eacute; una vida por fuera de la iglesia y del sue&ntilde;o que alguna vez hab&iacute;amos compartido. Si Mat&iacute;as no estaba disponible para m&iacute; ni la iglesia mostraba inter&eacute;s en aprovechar los dones que yo ten&iacute;a &mdash;razonaba&mdash;, entonces no ve&iacute;a por qu&eacute; deb&iacute;a pasarme la vida sola y triste.<br \/>\nSu esfuerzo permiti&oacute; que nuestra fr&aacute;gil uni&oacute;n sobreviviera un tiempo m&aacute;s, pero yo no me ve&iacute;a como pecadora en esta situaci&oacute;n. Termin&eacute; un t&iacute;tulo en consejer&iacute;a y me lanc&eacute; a un ministerio paralelo en un centro de consejer&iacute;a. Me obligaba a asistir a las reuniones de la iglesia, pero a mis ojos &laquo;la congregaci&oacute;n era de Mat&iacute;as&raquo;. Yo hab&iacute;a organizado reuniones sociales, estudios b&iacute;blicos, grupos caseros, reuniones de oraci&oacute;n y seminarios &mdash;pero todos terminaron en un aparente fracaso, as&iacute; que me di por vencida. La congregaci&oacute;n y yo no congeni&aacute;bamos.<br \/>\nAdem&aacute;s, desde mi perspectiva, Mat&iacute;as hab&iacute;a permitido que la congregaci&oacute;n se devorara su vida personal y nuestro matrimonio. No hab&iacute;a sabido establecer l&iacute;mites, animando a las personas a que invadieran nuestra vida personal cuando lo quisieran. En su d&iacute;a de descanso el cuerpo de Mat&iacute;as estaba presente en casa, pero su mente y coraz&oacute;n segu&iacute;an con la congregaci&oacute;n.<br \/>\nHab&iacute;a una persona en la congregaci&oacute;n que s&iacute; conoc&iacute;a la profundidad de mis luchas, una mujer sabia llamada Nancy. Ella se convirti&oacute; en nuestro mentor y mediadora. Ocasionalmente ella nos acompa&ntilde;aba hasta tarde, escuchando atentamente mientras le relataba mi agon&iacute;a y enojo. Compart&iacute;a la desilusi&oacute;n que sent&iacute;a hacia Mat&iacute;as. Ella me confrontaba tiernamente con mi pecado, mi necesidad de entender la perspectiva de quienes pertenec&iacute;an a la congregaci&oacute;n. Me animaba a perseverar en la tarea de lentamente producir cambios en un entorno resistente a ellos.<br \/>\nLuego Mat&iacute;as compart&iacute;a su fastidio con mi persona. Nancy tambi&eacute;n lo confrontaba con su pecado y lo animaba a invertir m&aacute;s en nuestro matrimonio. Ella estaba llevando a cabo un proceso extraordinario de consejer&iacute;a, intentando desesperadamente tender puentes que cerraran la brecha entre nuestro mutuo desprecio.<br \/>\nSu esfuerzo permiti&oacute; que nuestra fr&aacute;gil uni&oacute;n sobreviviera un tiempo m&aacute;s, pero yo no me ve&iacute;a como pecadora en esta situaci&oacute;n. Resultaba conveniente echarle la culpa a Mat&iacute;as por todo, pero parte de mi soledad y angustia no ten&iacute;an nada que ver con &eacute;l ni con la congregaci&oacute;n. Las propias heridas de mi ni&ntilde;ez imped&iacute;an que confiara en otros. Tambi&eacute;n me costaba aceptar a las personas buenas de la congregaci&oacute;n por lo que eran. En lugar de esto, cerr&eacute; mi coraz&oacute;n incluso a los que intentaban amarme, aun cuando fuera a su propia manera.<br \/>\nMat&iacute;as: Yo sent&iacute;a que estaba logrando mis ansiados sue&ntilde;os para el ministerio: &laquo;sermones transformadores&raquo;, un grupo de j&oacute;venes revitalizado, una congregaci&oacute;n que crec&iacute;a y un liderazgo de impacto en la comunidad. No obstante, acarreaba a&uacute;n una profunda herida en mi coraz&oacute;n. Necesitaba con desesperaci&oacute;n la afirmaci&oacute;n de la gente. Su aprobaci&oacute;n me resultaba m&aacute;s importante que la aprobaci&oacute;n de mi esposa. Me estaba sacando un &laquo;diez&raquo; en el ministerio, pero un &laquo;cero&raquo; en mi propio matrimonio.<br \/>\nLa ira me llevaba a buscar la forma de controlar a Julia, y cuanto m&aacute;s intentaba controlarla m&aacute;s se alejaba de m&iacute;. En lugar de sanar esta herida el &eacute;xito pastoral simplemente la abri&oacute; mucho m&aacute;s. Buscaba los aplausos de la congregaci&oacute;n, pero el enojo de Julia convirti&oacute; el reconocimiento de la gente en algo amargo y barato. Sent&iacute;a que constantemente deb&iacute;a cubrirla. Las personas en la congregaci&oacute;n preguntaban: &laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Julia hoy?&raquo; y yo continuamente presentaba excusas para ella, pues pasaba cada vez m&aacute;s tiempo en el centro de consejer&iacute;a.<br \/>\nSolamente Nancy conoc&iacute;a la verdadera historia que viv&iacute;amos, pues yo me esforzaba por esconder nuestros conflictos matrimoniales. La necesidad de estar escondiendo me produjo profundos sentimientos de tristeza e ira. La ira me llevaba a buscar la forma de controlar a Julia, y cuanto m&aacute;s intentaba controlarla m&aacute;s se alejaba de m&iacute;.<br \/>\nOcasionalmente ve&iacute;amos alguna nueva chispa del amor entre las cenizas del desprecio. Un a&ntilde;o, en nochebuena, por ejemplo, est&aacute;bamos sentados solos entre papel de regalos, cajas&nbsp; y envoltorios. Los ni&ntilde;os hab&iacute;an abierto sus obsequios y jugaban felices. Le tom&eacute; la mano a Julia y le confes&eacute;: &laquo;Este a&ntilde;o ha sido muy duro. No sabes cu&aacute;nto lo lamento&raquo;, le declar&eacute; con ternura: &laquo;realmente te amo&raquo;. Julia estall&oacute; en llanto. Nos abrazamos, entre papeles, y lloramos juntos. Fue un momento de ternura, un momento que volvi&oacute; a encender nuestro anhelo de intimidad y compa&ntilde;erismo.<br \/>\nClaro, no se puede sanar un matrimonio quebrado en un solo instante, y yo no sab&iacute;a cu&aacute;n profundamente Dios quer&iacute;a transformar mi propia vida. A&uacute;n no lograba comprender el coraz&oacute;n herido de Julia. Ella estaba enojada conmigo y con la congregaci&oacute;n. Nuestros sue&ntilde;os hab&iacute;an degenerado en desde&ntilde;o. Ella sol&iacute;a llegar tarde del centro de consejer&iacute;a y acab&aacute;bamos discutiendo. Yo regresaba tarde de las reuniones de la iglesia y acab&aacute;bamos discutiendo.<br \/>\nTratamiento de Shock<br \/>\nMat&iacute;as: No lograba entender el profundo resentimiento de Julia. El ministerio pastoral no era malo. Yo trabajaba menos horas que muchos de mis colegas. Yo pasaba m&aacute;s tiempo con mis hijos en comparaci&oacute;n a la mayor&iacute;a de padres de la congregaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s pod&iacute;a querer ella?<br \/>\nDurante tres a&ntilde;os ella me dijo que se sent&iacute;a sola, herida, ignorada y poco valorada. Yo escuchaba las palabras pero no comprend&iacute;a su coraz&oacute;n. Consideraba que este era un problema de ella, no un problema m&iacute;o. Lentamente vi c&oacute;mo ella se alejaba de la congregaci&oacute;n y de mi vida. Finalmente, en el verano del 95, mientras yo participaba de un viaje misionero con los j&oacute;venes, Julia me llam&oacute; para compartirme una noticia devastadora. Mientras habl&aacute;bamos yo percib&iacute;a que ella ya no estaba enojada; su voz se hab&iacute;a tornado desganada e indiferente. &laquo;Ya no s&eacute; si te amo &mdash;me confes&oacute;&mdash;. La verdad es que me siento muy confundida, porque pienso que amo a otra persona&raquo;.<br \/>\nJulia: No ten&iacute;a idea de cu&aacute;n profundamente me hab&iacute;a hundido en mi propio pecado. Luego de cuatro embarazos me sent&iacute;a gorda y fea. La atenci&oacute;n que me prestaba este hombre en el centro de consejer&iacute;a me hac&iacute;a sentir hermosa y atractiva. En lugar de buscar que Dios llenara el vac&iacute;o en mi coraz&oacute;n comenc&eacute; a coquetear con el inter&eacute;s que me mostraba esta persona.<br \/>\nNo llegamos hasta una relaci&oacute;n f&iacute;sica, pero mis emociones estaba completamente enfocadas en &eacute;l. Sent&iacute;a como si viviera una doble vida: era la esposa del pastor, la madre de cuatro hijos y la amante del hombre m&aacute;s atractivo que hab&iacute;a conocido. El poder seductor de esta &laquo;vida escondida&raquo; comenzaba a consumir mis pasiones.<br \/>\nMat&iacute;as: Yo ten&iacute;a mis sospechas acerca de la relaci&oacute;n entre Julia y este compa&ntilde;ero de trabajo, pero cada vez que preguntaba ella me aseguraba que no eran m&aacute;s que colegas en el ministerio. Yo pensaba que solamente necesitaba estar lejos de m&iacute;, la congregaci&oacute;n y nuestros hijos. Ahora, sin embargo, hab&iacute;a conseguido atrapar mi atenci&oacute;n. &iexcl;Estaba escuch&aacute;ndola con todo mi coraz&oacute;n!<br \/>\nDios expuso, con feroz e insistente misericordia, las capas de pecado en mi vida Durante los pr&oacute;ximos seis meses entr&eacute; en un tiempo de arrepentimiento y profunda tristeza. Me di cuenta de lo que estaba perdiendo a causa de mi negligencia y af&aacute;n ministerial. Me arrepent&iacute; por la forma en que hab&iacute;a tratado a Julia. Sab&iacute;a que ten&iacute;a que volver a conquistar sus afectos, tal como lo hab&iacute;a hecho durante nuestro noviazgo.<br \/>\nDios expuso, con feroz e insistente misericordia, las capas de pecado en mi vida: mis erradas prioridades, mi frialdad hacia Julia, mis &iacute;dolos arraigados. Hab&iacute;a estado disponible para la iglesia, pero ausente para mi esposa. Durante cinco a&ntilde;os hab&iacute;a utilizado las demandas del ministerio para ignorar el coraz&oacute;n de mi compa&ntilde;era de vida.<br \/>\nTambi&eacute;n comenc&eacute; a entender que mi af&aacute;n de &eacute;xito en el ministerio ten&iacute;a mucha relaci&oacute;n con mis propios conflictos; mi falta de intimidad, mi anhelo de reconocimiento, mi deseo de conquista. Ahora, sin embargo, anhelaba profundamente acercarme a Dios y a mi esposa. Impulsado por el quebrantamiento, deseaba aprender a valorar a Julia.<br \/>\nTiempo de arrepentimiento<br \/>\nJulia: Cuando Mat&iacute;as comenz&oacute; a cambiar mi sorpresa fue profunda. Por primera vez en el ministerio comenz&oacute; a establecer l&iacute;mites y a negarse a algunas de las demandas de la gente. M&aacute;s que esto, sin embargo, &eacute;l comenz&oacute; a buscar mi coraz&oacute;n. Cuando se tomaba un d&iacute;a de descanso realmente se desvinculaba del ministerio. Cuando nos &iacute;bamos de vacaciones realmente dejaba atr&aacute;s a la iglesia para enfocarse exclusivamente en m&iacute; y nuestros hijos. No llamaba a la oficina para saber c&oacute;mo estaba todo. No le&iacute;a libros relacionados con el ministerio.<br \/>\nAunque yo ve&iacute;a que &eacute;l buscaba la forma de valorarme, yo no estaba lista para entregarle mi coraz&oacute;n. Sent&iacute;a demasiados temores y, adem&aacute;s, a&uacute;n segu&iacute;a vinculada emocionalmente al hombre que trabajaba conmigo en el centro de consejer&iacute;a.<br \/>\nEn el verano de 1996 trasladaron a Mat&iacute;as a una iglesia a 120 kil&oacute;metros de d&oacute;nde est&aacute;bamos, una congregaci&oacute;n tres veces mas grande que la nuestra. Yo tom&eacute; por sentado que las demandas del ministerio volver&iacute;an a devorarse a mi esposo y sus esfuerzos por volver a amarme. Mat&iacute;as, sin embargo, no permiti&oacute; que eso ocurriera. Fue fiel a los l&iacute;mites que hab&iacute;a establecido, asist&iacute;a a dos reuniones nocturnas por semana. En raras ocasiones estaba dispuesto a aceptar una tercera reuni&oacute;n.<br \/>\nMientras tanto la aventura emocional que yo estaba viviendo sali&oacute; a la luz. El director del centro de consejer&iacute;a me confront&oacute;: &laquo;Est&aacute;s pasando demasiado tiempo con este hombre. &iquest;Est&aacute;s enamorada de &eacute;l?&raquo; Confes&eacute; que ten&iacute;a fuertes sentimientos hacia &eacute;l, pero que no hab&iacute;amos tenido relaciones. El director me comunic&oacute; que esta era una situaci&oacute;n que el centro no pod&iacute;a tolerar y me despidi&oacute;. Eventualmente el hombre que amaba tambi&eacute;n se tuvo que ir y ya no volvimos a tener contacto.<br \/>\nHice duelo por la p&eacute;rdida de amigos y un medio de apoyo, pues la gente del centro de consejer&iacute;a hab&iacute;an sido como una familia para m&iacute;. Cuando perd&iacute; mi trabajo en el centro de consejer&iacute;a me toc&oacute; entrar en un per&iacute;odo de arrepentimiento y dolor. A pesar de la forma en que lo hab&iacute;a racionalizado, esta relaci&oacute;n no era la forma correcta de responder a la falta de felicidad que experimentaba en mi matrimonio. &iexcl;Era un pecado! Otros me hab&iacute;an descubierto. Me sent&iacute; expuesta, llena de verg&uuml;enza y remordimiento. Me desgarraba saber que hab&iacute;a lastimado a Mat&iacute;as y a nuestros hijos. Tambi&eacute;n comenc&eacute; a enfrentarme a algunas de las heridas que a&uacute;n arrastraba de mi ni&ntilde;ez, asuntos que ten&iacute;an que ver con la traici&oacute;n, el abandono y la soledad.<br \/>\nHice duelo por la p&eacute;rdida de amigos y un medio de apoyo, pues la gente del centro de consejer&iacute;a hab&iacute;an sido como una familia para m&iacute;. Repentinamente estas relaciones desaparecieron. Ca&iacute; en depresi&oacute;n, perd&iacute; mucho peso y comenc&eacute; a trabajar como mesera en un puesto de comida. Mat&iacute;as, sin embargo, jam&aacute;s me dio la espalda.<br \/>\nPerd&iacute; todo lo que yo valoraba como importante &mdash;mi carrera, mi &eacute;xito, mi fantas&iacute;a emocional&mdash; y comenc&eacute; a recuperar todo lo que Dios valora.<br \/>\nReconstruir<br \/>\nMat&iacute;as: Cuando Julia perdi&oacute; su trabajo en el centro de consejer&iacute;a y me di cuenta de cu&aacute;n profundos eran sus sentimientos por la otra persona, nuestro matrimonio comenz&oacute; a sanar, a pesar del profundo dolor que sent&iacute;a. Era como escuchar las palabras de un m&eacute;dico luego de una cirug&iacute;a de c&aacute;ncer: &laquo;Creo que lo pudimos agarrar a tiempo&raquo;.<br \/>\nPeque&ntilde;os incidentes detonaban reacciones airadas y fustigaba a mi esposo. Julia me dijo que la relaci&oacute;n con el otro hombre se hab&iacute;a acabado, que se hab&iacute;a equivocado y que estaba comprometida con volver a construir una relaci&oacute;n conmigo. Por mi parte, yo estaba decidido a no permitir que regresaran las condiciones que la hab&iacute;an llevado a buscar los afectos de otro hombre.<br \/>\nDurante este tiempo tambi&eacute;n comenzamos el proyecto de construir nuestra propia casa. Elegimos juntos el terreno, el dise&ntilde;o, los detalles. Durante los cinco meses que dur&oacute; la construcci&oacute;n a menudo coment&aacute;bamos que la casa se parec&iacute;a a nuestro matrimonio. Al comienzo lo &uacute;nico que ve&iacute;amos era el terreno pelado, pero lentamente se convirti&oacute; en la hermosa casa que compart&iacute;amos juntos. Nos inund&oacute; el deseo y la esperanza de un futuro mejor que el camino que ya hab&iacute;amos transitado.<br \/>\nJulia: Luego de cuatro a&ntilde;os de reconstruir la confianza y establecer nuevos patrones para nuestra relaci&oacute;n, Mat&iacute;as acept&oacute; ser el pastor principal de una congregaci&oacute;n en otro estado. Aunque en el fondo yo sab&iacute;a que esto era la voluntad de Dios para nuestras vidas, no pude evitar un sentimiento de temor que invadi&oacute; mi ser. &iquest;Qu&eacute; pasar&aacute; si Mat&iacute;as me vuelve a abandonar? &iquest;Qu&eacute; ocurrir&aacute; si esta congregaci&oacute;n acaba acaparando su voluntad y su agenda? &iquest;Qu&eacute; ser&aacute; de nosotros si nuestro matrimonio vuelve a desintegrarse? Los fantasmas del pasado, que yo pensaba ya hab&iacute;an sido derrotados, comenzaron otra vez a atemorizarme.<br \/>\nEl temor se convirti&oacute; en ira, y con frecuencia la ira iba dirigida contra Mat&iacute;as. Peque&ntilde;os incidentes detonaban reacciones airadas y fustigaba a mi esposo. Sab&iacute;a que necesitaba consejer&iacute;a, y nuestro matrimonio tambi&eacute;n.<br \/>\nMat&iacute;as: Durante el tiempo de transici&oacute;n un sabio consejero nos ayud&oacute; con el proceso. Por ejemplo, una noche que est&aacute;bamos parando en un hotel Julia me pidi&oacute; que bajara a la recepci&oacute;n para pedir una toalla adicional y m&aacute;s jab&oacute;n. Cuando regres&eacute; con la toalla, pero sin el jab&oacute;n, ella explot&oacute;.<br \/>\nCuando le expliqu&eacute; al consejero lo &laquo;rid&iacute;culo&raquo; que me parec&iacute;a hacer tanto &laquo;esc&aacute;ndalo&raquo; por apenas un jab&oacute;n, el me se&ntilde;al&oacute;: &laquo;Su ira no ten&iacute;a que ver con el jab&oacute;n, Mat&iacute;as&raquo;. Me mostr&eacute; confundido, por lo que a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;Julia siente miedo de mudarse. Se enoja porque teme que no la escuches, que no la tomes en cuenta. Ella es el jab&oacute;n. &iquest;La dejar&aacute;s atr&aacute;s cuando te vayas?&raquo;<br \/>\nSus sabias intervenciones nos ayudaron a prepararnos para la mudanza. Dejamos de enfocarnos en los detalles y comenzamos a escuchar lo que estaba diciendo cada uno. Yo busqu&eacute; mejorar mis capacidades para escuchar su coraz&oacute;n.<br \/>\nGracia para el futuro<br \/>\nMat&iacute;as: En el 2001 nos mudamos a nuestra nueva congregaci&oacute;n. Nuestra hija ahora asiste a la Universidad y tenemos tres preciosos adolescentes en casa. Julia y yo nos hemos unidos, como &iacute;ntimos aliados, en el servicio a Cristo. &iexcl;Qu&eacute; aventura! &iexcl;Qu&eacute; privilegio!<br \/>\nJulia:&nbsp; No ha sido f&aacute;cil. Mudar a toda la familia y acostumbrarla a una nueva cultura result&oacute;, en ocasiones, bastante doloroso. Luego, a pocos meses de habernos mudado, dos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas, a apenas 80 Km. de nuestra congregaci&oacute;n. Aunque no perdimos a ning&uacute;n miembro de la congregaci&oacute;n, la angustia provocada por la p&eacute;rdida de amigos, hermanos y compa&ntilde;eros dur&oacute; muchos meses.<br \/>\nEl a&ntilde;o pasado me diagnosticaron c&aacute;ncer de tiroides. Este tipo de c&aacute;ncer es f&aacute;cilmente tratable, pero a&uacute;n mi cuerpo no se recupera del golpe y del temor que me caus&oacute; la noticia. La presi&oacute;n que siento por tantas situaciones complicadas ocasionalmente me perturban y agotan. No obstante, en medio de las necesidades de mis hijos, una nueva carrera en consejer&iacute;a, sesiones de quimioterapia, cientos de nuevas personas en la congregaci&oacute;n, Mat&iacute;as ha sido fiel en acompa&ntilde;arme. La iglesia me ha rodeado de amor. Durante el tratamiento para el c&aacute;ncer frecuentemente nos prove&iacute;an de todas las comidas del d&iacute;a. Algunos miembros de la Iglesia son ahora tambi&eacute;n mis compa&ntilde;eros de ministerio.<br \/>\nHace un a&ntilde;o me encontr&eacute; con el cuerpo ministerial de la iglesia para compartir mis sue&ntilde;os y anhelos para el ministerio, pidiendo que me rodearan con oraci&oacute;n. Ellos se mostraron &iexcl;tan cari&ntilde;osos! Y, lo mejor de todo, es que en la congregaci&oacute;n he encontrado personas que considero verdaderos amigos.<br \/>\nMat&iacute;as: Estoy tan agradecido a Dios por sus &laquo;severas misericordias&raquo;. &iexcl;Cu&aacute;n doloroso ha sido nuestro peregrinaje! Ambos tuvimos que enfrentarnos, una y otra vez, a nuestro pecado y fragilidad. Pero de las cenizas de nuestra vida Dios ha vuelto a reconstruir nuestro matrimonio.<br \/>\nEl mes pasado, mientras Julia limpiaba el horno, la cocina se llen&oacute; de humo. Llam&oacute; a los bomberos para que la aconsejaran, pero en pocos minutos dos camiones, la camioneta del jefe de bomberos y un auto de polic&iacute;as hab&iacute;an llegado a nuestra casa, sirenas encendidas y luces tintineando. Nueve bomberos irrumpieron en nuestra cocina con m&aacute;scaras de humo y hachas en las manos. Nuestro perro sali&oacute; corriendo al jard&iacute;n mientras que nuestro hijo m&aacute;s peque&ntilde;o se subi&oacute; a uno de los camiones hidrantes.<br \/>\nLos vecinos y miembros de la congregaci&oacute;n rodearon la casa para ver que pasaba. Julia y yo nos sentamos en la galer&iacute;a para re&iacute;rnos. Esta escena era un retrato de nuestras vidas, la abundante gracia de Dios que ha permitido que resurja la alegr&iacute;a del caos y la tristeza.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Se tom\u00f3 de Leadership Journal, de Cristianity Today \u00a92004. Se usa con permiso.<br \/>\nLos derechos de la traducci\u00f3n pertenece a Desarrollo Cristiano Internacional \u00a92009. <\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Leadership Journal Servir a Cristo como matrimonio es uno de los privilegios de quienes han sido llamados al ministerio pastoral. Cuando las responsabilidades ministeriales no se manejan correctamente, sin embargo, puede acabar con la vida de la pareja. Dieciocho meses despu&eacute;s de nuestra boda naci&oacute; nuestro primer hijo. Un mes m&aacute;s tarde entramos a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hasta-que-el-ministerio-nos-separe\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHasta que el ministerio nos separe\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3316","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3316","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3316"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3316\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3316"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3316"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3316"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}