{"id":3321,"date":"2015-12-01T01:12:14","date_gmt":"2015-12-01T06:12:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ultima-de-las-grandes-palabras\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:14","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:14","slug":"la-ultima-de-las-grandes-palabras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ultima-de-las-grandes-palabras\/","title":{"rendered":"La \u00faltima de las grandes palabras"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Philip Yancey<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">\u00bfCu\u00e1l es el mensaje que proclama la Iglesia acerca de la gracia de Dios? La profundidad de la riqueza de la gracia del Se\u00f1or se da a conocer mejor cuando impacta primeramente nuestra propia existencia.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En mi libro El Jes&uacute;s que nunca conoc&iacute;, contaba un relato de la vida real que por mucho tiempo ha permanecido en mi mente. Se lo escuch&eacute; a un amigo que trabaja en Chicago con indigentes:<br \/>\nUna prostituta acudi&oacute; a m&iacute; en una miseria total, sin techo, enferma e incapaz de comprarle comida a su hija de dos a&ntilde;os de edad. Entre sollozos y l&aacute;grimas, me confes&oacute; que hab&iacute;a estado alquilando a su hija &mdash;&iexcl;con dos a&ntilde;os de edad!&mdash; a hombres interesados. Sacaba m&aacute;s dinero alquilando a la ni&ntilde;a durante una hora, que con lo que pod&iacute;a ganar ella sola durante una noche. Me dijo que ten&iacute;a que hacerlo para sostener su propia adicci&oacute;n a las drogas y al alcohol. Apenas pude soportar o&iacute;r su s&oacute;rdida historia. Para empezar, me creaba una obligaci&oacute;n legal, puesto que estoy obligado a informar sobre los casos de abusos a menores. No ten&iacute;a ni idea de lo que le deb&iacute;a decir a aquella mujer.<br \/>\nPor fin le pregunt&eacute; si alguna vez hab&iacute;a pensado en acudir a una iglesia en busca de ayuda. Nunca olvidar&eacute; la expresi&oacute;n de pura honestidad que sali&oacute; de su boca. &laquo;&iexcl;Una iglesia? &mdash;exclam&oacute;&mdash;. &iquest;Para qu&eacute; habr&iacute;a de ir all&iacute;? Ya siento suficiente asco de m&iacute; misma. No necesito que ellos a&ntilde;adan a&uacute;n mayor condenaci&oacute;n a mi vida&raquo;&#8230;.<br \/>\nLo que me impresion&oacute; del relato de mi amigo fue la diferencia entre la actitud de esta prostituta con la de las mujeres, muy semejantes a ella, que no huyeron de Jes&uacute;s, sino que acudieron a &eacute;l para encontrar refugio. Mientras peor se sent&iacute;a la persona consigo misma, era m&aacute;s probable que viera en Jes&uacute;s un amparo. &iquest;Ha perdido la iglesia este don? Resulta evidente que los derrotados en la vida, que se agolpaban alrededor de Jes&uacute;s mientras &eacute;l viv&iacute;a en esta tierra, ya no son bienvenidos entre sus seguidores. &iquest;Qu&eacute; ha sucedido&#8230;?<br \/>\nMientras m&aacute;s meditaba en esta pregunta, m&aacute;s atra&iacute;do me sent&iacute;a a considerar como clave una sola palabra. Todo lo que sigue se desprende de ella.<br \/>\nLa &laquo;gracia&raquo; es una palabra con un tremendo contenido teol&oacute;gico que a&uacute;n no ha sido estropeada.<br \/>\nUn concepto insertado en nuestra cultura<br \/>\nSoy escritor, y paso el d&iacute;a entero torneando palabras. Juego con ellas, estoy atento a sus matices, penetro en ellas y trato de llenarlas con mis pensamientos. He descubierto que con los a&ntilde;os las palabras tienden a echarse a perder, tal como la carne, se descomponen. Su significado se va pudriendo. Pensemos por ejemplo en la palabra &laquo;caridad&raquo;. Cuando los traductores de las primeras versiones vern&aacute;culas de la Biblia tuvieron que elegir una palabra que expresara la forma m&aacute;s alta del amor, optaron por &laquo;caridad&raquo;. En cambio, hoy en d&iacute;a, o&iacute;mos decir, con desprecio: &laquo;&iexcl;No necesito de su caridad!&raquo;<br \/>\nTal vez yo insista en regresar a la gracia porque es una palabra con un tremendo contenido teol&oacute;gico que a&uacute;n no ha sido estropeada. La llamo &laquo;la &uacute;ltima de las grandes palabras&raquo;, porque todos sus usos actuales que he logrado hallar retienen algo de la gloria del original. Al igual que un gigantesco manto acu&iacute;fero, esta palabra se halla subyacente en nuestra orgullosa civilizaci&oacute;n, para recordarnos que las cosas buenas no proceden de nuestros propios esfuerzos, sino de la gracia de Dios. Aun ahora, y a pesar de nuestra desviaci&oacute;n secular, nuestras ra&iacute;ces se siguen extendiendo en busca de la gracia. Vea las formas en que usamos esta palabra.<br \/>\nMuchas personas &laquo;dan gracias&raquo; antes de las comidas, reconociendo que el pan diario es un don de Dios. Estamos agradecidos ante la bondad de alguien, las buenas noticias son gratificantes, nos congratulan cuando triunfamos y ejercemos nuestras gracias sociales cuando recibimos como hu&eacute;spedes a nuestros amigos. Cuando nos agrada la forma en que alguien nos ha servido, le dejamos una gratificaci&oacute;n. En cada uno de estos usos puedo captar una sensaci&oacute;n de deleite en algo que no ha sido merecido.<br \/>\nEl compositor musical le a&ntilde;ade a la partitura notas de gracia. Aunque no sean esenciales para la melod&iacute;a &mdash;son gratuitas&mdash; esas notas a&ntilde;aden una floritura cuya ausencia se dejar&iacute;a sentir. Cuando intento interpretar al piano una sonata de Bethoven o de Schubert, primero la toco completa unas cuantas veces sin las notas de gracia. Se escucha la sonata, pero el sonido llega a ser notoriamente diferentes cuando le a&ntilde;ado las notas de gracia, las cuales sazonan la pieza musical como especies deliciosas.<br \/>\nAlgunos usos en Inglaterra manifiestan con claridad la fuente teol&oacute;gica de la palabra. Los s&uacute;bditos brit&aacute;nicos se dirigen a los miembros de la familia real con el t&iacute;tulo de &laquo;Vuestra gracia&raquo;. Los estudiantes de Oxford y de Cambridge pueden &laquo;recibir una gracia&raquo; que los exima de ciertas exigencias acad&eacute;micas.<br \/>\nComo una estrella agonizante, la gracia se disipa en una explosi&oacute;n final de p&aacute;lida luz, y es tragada despu&eacute;s por el oscuro agujero de la &laquo;falta de gracia&raquo;.<br \/>\nEl Parlamento declara un &laquo;acto de gracia&raquo; cuando indulta a un delincuente. Tambi&eacute;n las casas editoras de Nueva York insin&uacute;an el significado teol&oacute;gico con su norma de gratificar. Si yo me suscribo a doce n&uacute;meros de una revista, es posible que reciba unos cuantos ejemplares extra, aun despu&eacute;s de que se haya vencido mi suscripci&oacute;n. Me env&iacute;an estos &laquo;n&uacute;meros de gratificaci&oacute;n&raquo; (gratuitos) para tentarme a renovar mi suscripci&oacute;n. De igual forma, las tarjetas de cr&eacute;dito, las agencias de alquiler de autom&oacute;viles y las compa&ntilde;&iacute;as hipotecarias les conceden a sus clientes un &laquo;per&iacute;odo de gracia&raquo;.<br \/>\nAdem&aacute;s profundizo en el significado de una palabra por sus ant&oacute;nimos. Los peri&oacute;dicos hablan de que el comunismo ha &laquo;ca&iacute;do de la gracia&raquo;, expresi&oacute;n que se ha aplicado de manera similar a Jimmy Swaggart y Richard Nixon. Insultamos a una persona cuando le se&ntilde;alamos su carencia de gracia: &laquo;&iexcl;Ingrato!&raquo; &mdash;exclamamos, o peor a&uacute;n: &laquo;&iexcl;Eres una desgracia!&raquo; Y para la persona que consideramos realmente despreciable: &laquo;no hay gracia que te salve&raquo;. Entre los usos de esta palabra radical, gracia, mi favorito es el que proviene de la frase latina persona non grata: la persona que ofende al gobierno con alg&uacute;n acto de traici&oacute;n es proclamada oficialmente &laquo;persona carente de gracia&raquo;.<br \/>\nUn concepto que escasea<br \/>\nLos numerosos usos de la palabra gracia en los idiomas modernos me convencen de que, ciertamente, se trata de algo asombroso; en verdad, la &uacute;ltima de las grandes palabras. Contiene la esencia del evangelio, de la misma forma que una gota de agua puede contener la imagen del sol. La sed de gracia que el mundo padece se manifiesta en formas que ni siquiera reconocemos. No es de maravillarse que el himno &laquo;Sublime gracia&raquo; se abriera paso en la lista de los diez himnos m&aacute;s populares, doscientos a&ntilde;os despu&eacute;s de haber sido compuesto. Para una sociedad que, al parecer, va a la deriva, no conozco palabras mejores que estas en las cuales pueda anclar la fe.<br \/>\nNo obstante, al igual que las notas de gracia en la m&uacute;sica, el estado de la gracia se manifiesta ef&iacute;mero. El muro de Berl&iacute;n cae en una noche de euforia; los surafricanos de raza negra forman largas y exuberantes filas para votar por primera vez; Yitzkah Rab&iacute;n y Yasser Arafat se dan la mano en el Jard&iacute;n de las Rosas; por un instante, desciende la gracia. Y entonces, Europa oriental se entrega malhumorado a la larga tarea de la reconstrucci&oacute;n, Sud&aacute;frica trata de encontrar los medios posibles para llevar adelante una naci&oacute;n, Arafat esquiva las balas, y una de ellas abate a Rab&iacute;n. Como una estrella agonizante, la gracia se disipa en una explosi&oacute;n final de p&aacute;lida luz, y es tragada despu&eacute;s por el oscuro agujero de la &laquo;falta de gracia&raquo;.<br \/>\n&laquo;Las grandes revoluciones cristianas &mdash;se&ntilde;alaba H. Richard Niebuhr&mdash; no se gestan por el descubrimiento de algo. Estallan cuando alguien toma en sentido radical algo que siempre hab&iacute;a estado presente&raquo;. Es extra&ntilde;o, pero a veces encuentro escasez de gracia dentro de la iglesia, una comunidad creada para proclamar, en palabras de Pablo, &laquo;el evangelio de la gracia de Dios&raquo;.<br \/>\nLeemos, escuchamos y creemos una buena teolog&iacute;a sobre la gracia. Sin embargo, no vivimos as&iacute;.<br \/>\nEl escritor Stephen Brown observa que un veterinario puede conocer mucho sobre un desconocido con s&oacute;lo observar a su perro. &iquest;Qu&eacute; logra saber el mundo acerca de Dios cuando nos observa a nosotros, sus seguidores? Indague sobre las ra&iacute;ces de la palabra gracia o xaris en griego, y encontrar&aacute; el verbo que significa &laquo;me regocijo, estoy contento&raquo;. S&eacute; por experiencia que el gozo y la alegr&iacute;a no son las primeras im&aacute;genes que a las personas les vienen a la mente cuando se les habla de la iglesia. Piensan en gente que se cree espiritualmente superior. Conciben las iglesias como lugares a los que pueden ir s&oacute;lo despu&eacute;s de haber enderezado el rumbo de su vida; no antes. Piensan en la moral; no en la gracia. &laquo;&iexcl;Una iglesia? &mdash;protest&oacute; aquella prostituta&mdash;. &iquest;Para qu&eacute; habr&iacute;a de ir all&iacute;? Ya siento suficiente asco de m&iacute; misma. No necesito que ellos a&ntilde;adan a&uacute;n mayor condenaci&oacute;n a mi vida&raquo;.<br \/>\nUna asignatura pendiente<br \/>\nEstas actitudes proceden en cierta medida de un concepto err&oacute;neo o prejuicioso por parte de los de afuera. Yo he visitado lugares donde reparten comida y ofrecen refugios a personas indigentes, hospicios, y ministerios para los privados de libertad manejados por voluntarios cristianos generosos, movidos por la gracia.<br \/>\nCon todo, el comentario de aquella prostituta resultaba inc&oacute;modo, porque hab&iacute;a identificado un punto d&eacute;bil en la iglesia. Algunos de nosotros parecemos tan ansiosos por evitar el infierno, que nos olvidamos de celebrar nuestro camino hacia el cielo. Otros, preocupados con toda raz&oacute;n por las cuestiones de una &laquo;guerra cultural&raquo; moderna, descuidan la misi&oacute;n de la Iglesia como refugio de gracia en este mundo carente de ella.<br \/>\n&laquo;La gracia est&aacute; en todas partes&raquo; &mdash;afirma el sacerdote mientras agoniza, en la novela Diario de un cura rural, de Georges Bernanos. S&iacute;, pero con cu&aacute;nta facilidad pasamos junto a ella, sordos a su melod&iacute;a.<br \/>\nYo estudi&eacute; en una universidad b&iacute;blica. A&ntilde;os m&aacute;s tarde, sentado en un avi&oacute;n junto al presidente de esa instituci&oacute;n, &eacute;l me pidi&oacute; que evaluara mis estudios: &laquo;Unos buenos; otros malos&raquo; &mdash;le contest&eacute;.<br \/>\n&laquo;All&iacute; conoc&iacute; muchos hombres y mujeres de Dios. De hecho, all&iacute; me encontr&eacute; con Dios mismo. &iquest;C&oacute;mo puedo valorar algo as&iacute;? Sin embargo, m&aacute;s tarde me di cuenta de que en cuatro a&ntilde;os, no hab&iacute;a aprendido casi nada acerca de la gracia. Tal vez sea esta la palabra m&aacute;s importante de la Biblia; es el coraz&oacute;n del evangelio. &iquest;C&oacute;mo es posible que la haya pasado por alto?&raquo;<br \/>\nM&aacute;s adelante, relat&eacute; nuestra conversaci&oacute;n en una charla que dict&eacute; en esa instituci&oacute;n y, al hacerlo, ofend&iacute; a los profesores. Hasta hubo alguien que sugiri&oacute; que no me volvieran a invitar a hablar. Un alma bondadosa me escribi&oacute; para preguntarme si no deb&iacute;a haber expresado lo mismo de otra forma. &iquest;No deb&iacute;a haber dicho que cuando era estudiante carec&iacute;a de los receptores personales necesarios para captar la gracia que me rodeaba por completo? Puesto que aprecio y respeto a este hombre, reflexion&eacute; profundamente y por largo tiempo en su pregunta. Sin embargo, al final llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que hab&iacute;a experimentado tanta falta de gracia entre la gente de aquella escuela b&iacute;blica, como en cualquier otro lugar donde hab&iacute;a estado en mi vida.<br \/>\nEl consejero David Seamands resume de esta forma su carrera:<br \/>\nHace muchos a&ntilde;os que llegu&eacute; a la conclusi&oacute;n de que las dos causas principales en la mayor&iacute;a de los problemas entre los cristianos evang&eacute;licos son estas: no saber comprender, recibir y vivir la gracia y el perd&oacute;n incondicionales de Dios, y no saber comunicar ese amor, perd&oacute;n y gracia incondicionales a otras personas &hellip; leemos, escuchamos y creemos una buena teolog&iacute;a sobre la gracia. Sin embargo, no vivimos as&iacute;. La buena noticia del evangelio de la gracia no ha penetrado hasta el nivel de nuestras emociones.<br \/>\n&laquo;El mundo puede hacer casi todo tan bien como la iglesia, o mejor &mdash;comenta Gordon MacDonald&mdash;. No hace falta ser cristiano para construir casas, alimentar a los hambrientos o sanar enfermos. Solo quedan algunas cosas que el mundo no puede hacer. No puede ofrecer gracia&raquo;. MacDonald ha sabido se&ntilde;alar la contribuci&oacute;n m&aacute;s importante de la Iglesia &iquest;A qu&eacute; otro lugar podr&iacute;a acudir el mundo para hallar gracia?<br \/>\nEl novelista italiano Ignazio Silone escribi&oacute; sobre un revolucionario perseguido por la polic&iacute;a. Para esconderlo, sus camaradas lo disfrazaron de sacerdote y lo enviaron a una aldea remota al pie de los Alpes. Se reg&oacute; la voz de la llegada de un cl&eacute;rigo, y pronto apareci&oacute; junto a su puerta una larga fila de campesinos, llenos de relatos sobre sus pecados y su quebrantada vida. El &laquo;sacerdote&raquo; protest&oacute; y trat&oacute; de alejarlos, pero no lo consigui&oacute;. No tuvo m&aacute;s remedio que sentarse a escuchar las historias de aquella gente hambrienta de gracia.<br \/>\nEn resumen, prefiero m&aacute;s comunicar la gracia, que explicarla.<br \/>\nDe hecho, me da la impresi&oacute;n de que &eacute;sa es la raz&oacute;n por la cual las personas acuden a la iglesia: tienen hambre de la gracia. El libro Growing up fundamentalist (Crecer en el fundamentalismo) habla de una reuni&oacute;n de exalumnos de una academia misionera en Jap&oacute;n. &laquo;Con una o dos excepciones, todos nos hab&iacute;amos apartado de la fe y regresado&raquo; &mdash;informaba uno de ellos&mdash;. Y los que hab&iacute;amos regresado ten&iacute;amos un elemento en com&uacute;n: todos hab&iacute;amos descubierto la gracia&raquo;.<br \/>\nCuando miro hacia atr&aacute;s y veo mi propio peregrinar, repleto de extrav&iacute;os y callejones sin salida, veo ahora que lo que me llevaba todo el tiempo era la b&uacute;squeda de la gracia. Durante un tiempo, rechac&eacute; a la iglesia, porque encontr&eacute; muy poca gracia en ella. Regres&eacute;, porque no hall&eacute; gracia en ning&uacute;n otro lugar.<br \/>\nApenas le he tomado el gusto a la gracia; he dado menos de lo que he recibido, y en ning&uacute;n sentido soy &laquo;experto&raquo; en ella. Esas son precisamente las razones que me impulsan a escribir sobre ella. Quiero saber m&aacute;s, comprender m&aacute;s, experimentar m&aacute;s gracia. No me atrevo &mdash;y el peligro es muy real&mdash; a escribir carente de gracia sobre la gracia misma. Por eso, le pido que acepte ahora mismo que escribo como peregrino, capacitado solamente por mis ansias de gracia.<br \/>\nLa gracia no resulta un tema f&aacute;cil para un escritor. Tomo prestado el comentario de E. B. White acerca del humor: &laquo;Se le puede hacer la disecci&oacute;n (a la gracia) como a una rana, pero muere mientras lo hacemos, y las entra&ntilde;as son desalentadoras para todos, con excepci&oacute;n de la mente puramente cient&iacute;fica&raquo;. Acabo de leer en la New Catholic Encyclopedia (Nueva enciclopedia cat&oacute;lica) un art&iacute;culo de trece p&aacute;ginas sobre la gracia, que me ha curado de todo deseo de hacerle la disecci&oacute;n y exponer sus entra&ntilde;as. No quiero que muera. Por esa raz&oacute;n, voy a confiar m&aacute;s en los relatos que en los silogismos.<br \/>\nEn resumen, prefiero m&aacute;s comunicar la gracia, que explicarla.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Se tom\u00f3 del libro Gracia divina versus condena humana, de Phillip Yancey, \u00a9Editorial Vida. Todos los derechos reservados. Se usa con permiso. Publicado en Apuntes Pastorales XXVI-2, edici\u00f3n de enero a marzo de 2009.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Philip Yancey \u00bfCu\u00e1l es el mensaje que proclama la Iglesia acerca de la gracia de Dios? La profundidad de la riqueza de la gracia del Se\u00f1or se da a conocer mejor cuando impacta primeramente nuestra propia existencia. 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