{"id":3331,"date":"2015-12-01T01:12:25","date_gmt":"2015-12-01T06:12:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-oportunidad-sin-igual\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:25","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:25","slug":"una-oportunidad-sin-igual","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/una-oportunidad-sin-igual\/","title":{"rendered":"Una oportunidad sin igual"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Lejos de ser una distracci\u00f3n, hoy la relaci\u00f3n con mi esposa constituye mi mejor esperanza de ser ense\u00f1ado sobre el misterio del amor.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    No s&eacute; si ser&eacute; el &uacute;nico que alguna vez haya pensado de esta manera. A la luz de los a&ntilde;os me resulta incre&iacute;ble la inocencia de aquella convicci&oacute;n. En mis primeros tiempos en el ministerio, seguramente influenciado por las nociones rom&aacute;nticas que asociaba con el pastorado, cre&iacute;a que mi vocaci&oacute;n de servicio garantizar&iacute;a, de alguna manera, la estabilidad de mi relaci&oacute;n con mi esposa e hijos. Si yo ofrec&iacute;a al Se&ntilde;or mi vida para sus prop&oacute;sitos, &eacute;l se encargar&iacute;a de cuidar y bendecir a mi familia.<br \/>\nLos casi treinta a&ntilde;os transitados en el ministerio me han mostrado cu&aacute;nta confusi&oacute;n pose&iacute;a aquella perspectiva. Me ha sorprendido la intensidad de algunos de los conflictos que he experimentado con mi propia esposa, conflictos que hablan de la feroz resistencia que presenta el pecado a las propuestas de la cruz. Por el camino me he encontrado, tambi&eacute;n, con decenas de matrimonios pastorales en crisis.<br \/>\nAlgunos, tristemente, han terminado en la separaci&oacute;n. Otros han aprendido a convivir con la resignaci&oacute;n y la desesperanza. Observo, tambi&eacute;n, que muchos de mis colegas tampoco salen del asombro que les produce experimentar conflictos en su propio matrimonio, como si tambi&eacute;n ellos pensaran que de alguna manera el Se&ntilde;or les hubiera fallado en algo. Cuando aparecen las tensiones y reclamos por parte de nuestro c&oacute;nyuge, nos incomodamos, porque sentimos que distraen nuestra atenci&oacute;n de una tarea que consideramos m&aacute;s importante. La sorpresa que sentimos pareciera mostrar que a&uacute;n es generalizada la ignorancia acerca de la particular vulnerabilidad que posee la pareja pastoral. El no estar atentos a las permanentes estrategias que utiliza el enemigo para desestabilizar a quienes poseen mayor ingerencia sobre la congregaci&oacute;n local es, en s&iacute; mismo, una de las razones por las que tantos matrimonios pastorales acaban en problemas. Siempre es mas f&aacute;cil derribar a quien ha bajado la guardia.<br \/>\nCreo, sin embargo, que el punto donde m&aacute;s requerimos un cambio de &oacute;ptica es en la perspectiva que nos lleva a ver el matrimonio como algo que compite con nuestro deseo de servir a la Iglesia. Experimentamos fastidio al momento que comienzan a aparecer tensiones y reclamos por parte de nuestro c&oacute;nyuge porque sentimos que distraen nuestra atenci&oacute;n de una tarea que consideramos m&aacute;s importante que la familia. Aun cuando accedemos atender estos reclamos, actuamos con una m&iacute;nima inversi&oacute;n de esfuerzo, de manera que podamos r&aacute;pidamente volver a lo que realmente nos interesa. Estas peque&ntilde;as incursiones para apaciguar los reproches de quienes necesitan pasar m&aacute;s tiempo con nosotros, sin embargo, rara vez afectan el rumbo del matrimonio a largo plazo. &iexcl;Los problemas persisten en fastidiarnos!<br \/>\nResignados, nos damos cuenta de que no vamos a poder ocuparnos del ministerio como quisi&eacute;ramos si no dedicamos m&aacute;s tiempo a nuestro matrimonio. Comenzamos a apartar tiempo para escuchar, hablar, compartir e invertir en la persona con la que vivimos d&iacute;a a d&iacute;a. Nuestros afectos, sin embargo, siguen firmemente ligados a nuestra vocaci&oacute;n pastoral y, en lo secreto de nuestro coraz&oacute;n, esperamos pase la &eacute;poca en que tanto mantenimiento requiere una relaci&oacute;n que parece poseer muy poca relaci&oacute;n con la apasionante aventura de servir a la Iglesia.<br \/>\nUn cambio significativo asoma cuando finalmente entendemos que la existencia del matrimonio obedece a un profundo prop&oacute;sito espiritual. La afirmaci&oacute;n de Pablo, en su Carta a los Efesios, cobra nuevo significado: &laquo;Porque nadie aborreci&oacute; jam&aacute;s su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida, as&iacute; como tambi&eacute;n Cristo a la iglesia; porque somos miembros de su cuerpo&hellip;Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia&raquo; (5.29&ndash;32 LBLA). El matrimonio y la iglesia no existen en una relaci&oacute;n de competencia. M&aacute;s bien la vida en el hogar contiene todas las misteriosas din&aacute;micas que operan en el plano de la relaci&oacute;n que la Novia sostiene con Cristo. El matrimonio y la iglesia no existen en una relaci&oacute;n de competencia.<br \/>\nA&uacute;n recuerdo el profundo impacto que dej&oacute; esta revelaci&oacute;n sobre mi propia vida. Me encontraba de viaje, participando de un retiro de pastores. Estaba triste por causa de una fuerte discusi&oacute;n que hab&iacute;a sostenido con mi esposa antes de salir de casa. Angustiado por la situaci&oacute;n, en medio de un desconsolado llanto busqu&eacute; alivio en el Se&ntilde;or. Inmediatamente me lleg&oacute; una pregunta del Esp&iacute;ritu: &laquo;&iquest;Te cuesta amar a tu esposa?&raquo; En ese momento me parec&iacute;a que amarla representaba un obst&aacute;culo insuperable, y as&iacute; se lo confes&eacute; al Se&ntilde;or. Vino otra vez palabra de lo alto: &laquo;Cuando t&uacute; ves lo dif&iacute;cil que resulta amar a tu esposa reci&eacute;n comienzas a entender la profundidad del amor que yo tengo por ti&raquo;. La distancia que &eacute;l ha recorrido para amarme es infinitamente mayor a la que yo jam&aacute;s tendr&eacute; que recorrer para amar a mi esposa.<br \/>\n&iquest;Por qu&eacute; me resulta dif&iacute;cil amar a mi esposa? No es por la dureza del coraz&oacute;n de ella, sino por causa de la dureza de mi propio coraz&oacute;n. &iexcl;Soy inexperto en temas del amor! Necesito un coraz&oacute;n m&aacute;s tierno, m&aacute;s sensible, m&aacute;s compasivo del que poseo en este momento. Estas son, tambi&eacute;n, las caracter&iacute;sticas esenciales para un pastorado de impacto. Entiendo que el matrimonio representa mi mejor oportunidad de desarrollar estas cualidades. Lejos de ser una distracci&oacute;n, hoy la relaci&oacute;n con mi esposa constituye mi mejor esperanza de ser ense&ntilde;ado sobre el misterio del amor. De la mano de Cristo descubro los secretos de un compromiso que perdura, en medio de las tormentas propias de la vida. De la riqueza de mi experiencia personal se nutrir&aacute;n aquellos que, en un plano m&aacute;s amplio, Dios me ha confiado para pastorear.\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">El autor, argentino, conferencista y escritor, es Director General de Desarrollo Cristiano Internacional. El t\u00edtulo de su \u00faltimo libro es Dios en sandalias, \u00a9DCI, 2008. Publicado en Apuntes Pastorales XXVI-4, edici\u00f3n de junio y julio de 2009.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw Lejos de ser una distracci\u00f3n, hoy la relaci\u00f3n con mi esposa constituye mi mejor esperanza de ser ense\u00f1ado sobre el misterio del amor. No s&eacute; si ser&eacute; el &uacute;nico que alguna vez haya pensado de esta manera. A la luz de los a&ntilde;os me resulta incre&iacute;ble la inocencia de aquella convicci&oacute;n. 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