{"id":3336,"date":"2015-12-01T01:12:32","date_gmt":"2015-12-01T06:12:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-puedes-estar-durmiendo\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:32","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:32","slug":"como-puedes-estar-durmiendo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-puedes-estar-durmiendo\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo puedes estar durmiendo?"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por David M. Ruiz<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">\u00bfSeremos capaces de articular las respuestas eternas de Dios en t\u00e9rminos y lenguajes que sean cultural y ling\u00fc\u00edsticamente amigables para el mundo? Sin duda, la respuesta est\u00e1 en manos de la Iglesia. La pregunta, sin embargo, ya ha sido lanzada: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puedes estar durmiendo?\u00bb<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    Introducci&oacute;n<br \/>\nEl mundo est&aacute; en medio de una crisis. Las grandes potencias ven destruirse delante de ellos los bastiones que sosten&iacute;an su esperanza, aquellos en los cuales hab&iacute;an invertido todos sus recursos. El capitalismo, el sistema econ&oacute;mico que promet&iacute;a recompensar con ganancias el esfuerzo y la empresa personal ha fracasado.<br \/>\nLos gobiernos de los pa&iacute;ses s&iacute;mbolos del capitalismo est&aacute;n tomando acciones similares a las de aquellos gobiernos socialistas que ellos mismos hab&iacute;an criticado o combatido en el pasado. El militarismos como doctrina de poder tambi&eacute;n ha mostrado su ineficiencia; la ansiada paz mundial sostenida por naciones con un poder&iacute;o militar nunca se ha podido alcanzar.<br \/>\nPor otro lado, las naciones y pueblos con menos recursos militares, pero con pasi&oacute;n nacionalista o extremismo religioso, han logrado contener el poder&iacute;o militar. La democracia como sistema de dominaci&oacute;n se encuentra en escrutinio, &laquo;el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo&raquo; no es m&aacute;s que una caricatura dibujada por aquellos que han sabido jugar las piezas pol&iacute;ticas, y el sistema que intentaba dar voz al pueblo lo ha amordazado. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la Iglesia?, &iquest;d&oacute;nde se encuentra escondido el instrumento de Dios cuando el mundo est&aacute; en crisis? Nuestros pa&iacute;ses tambi&eacute;n han sido alcanzados por esta crisis. Adem&aacute;s de la crisis financiera y de la falta de credibilidad en nuestras instituciones nos encontramos ahora en medio de un tiempo de incertidumbre, corriendo en busca de la justicia, aunque esta parece escaparse de nuestras manos. Unos a otros nos echamos la culpa; con facilidad buscamos la paja en el ojo ajeno, pero&hellip; parece que ninguno de nosotros quiere ver la viga en su propio ojo.<br \/>\nTodos est&aacute;n corriendo de un lado para otro buscando alguna respuesta a las preguntas m&aacute;s comunes que surgen siempre que surge una crisis o una circunstancia inesperada: &iquest;Por qu&eacute; sucede esto?&#8230; &iquest;Qu&eacute; podemos hacer?&#8230; y&hellip; &iquest;existe alguna esperanza?<br \/>\nUnos tras otros, tecn&oacute;cratas y futuristas, se turnan para enunciar sus respuestas. Por aqu&iacute; los economistas afirman que se trata de un ciclo del mercado; por all&aacute; los financieros abogan por un nuevo sistema monetario, y, por todos lados, los presidentes echan la culpa a los que les precedieron; los empresarios se apresuran a pedir nuevas ventajas legales para sus negocios. Todos tienen raz&oacute;n, pero sus razones no nos sirven para nada. El ciudadano com&uacute;n y corriente solo entiende las razones simples: cuando el saldo de la chequera del banco no iguala a la suma de su lista de pagos, cuando no logra salir a la calle sin sentir temor o no puede confiar plenamente en sus autoridades.<br \/>\nEl libro de Jon&aacute;s nos presenta una historia que reproduce una situaci&oacute;n parecida a la que nos aqueja a nivel mundial. Cuando leemos el primer cap&iacute;tulo del libro, pareciera que el mundo se est&aacute; planteando una nueva pregunta. No se verbaliza, pero se percibe a medida que la gente entra en la crisis: &iquest;d&oacute;nde est&aacute; la Iglesia?, &iquest;d&oacute;nde se encuentra escondido el instrumento de Dios cuando el mundo est&aacute; en crisis? &iquest;En qu&eacute; se ocupan sus siervos cuando deber&iacute;an estar respondiendo a las preguntas cruciales del mundo?<br \/>\nJon&aacute;s ilustra esta realidad. La escena que presentan los vers&iacute;culos 1.5&ndash;6 es alarmante: los marineros y pasajeros de aquel barco est&aacute;n en medio de una tormenta, una situaci&oacute;n tan desesperada que cada uno comenz&oacute; a clamar a su dios en busca de respuestas. Hombres, mujeres y ni&ntilde;os por igual infructuosamente tiran cosas por la borda. Primero arrojan lo superfluo, luego lo importante y, finalmente, acaban botando aun lo esencial, pero ning&uacute;n esfuerzo ayuda a resolver la situaci&oacute;n. Todos est&aacute;n desorientados, sin respuesta. De pronto descubren algo terrible: Jon&aacute;s se hab&iacute;a retirado al fondo de la nave y duerme pl&aacute;cidamente. El capit&aacute;n del barco le hace una pregunta lapidaria que recoge la decepci&oacute;n, el desconcierto y la indignaci&oacute;n de toda la gente: &laquo;&iquest;C&oacute;mo puedes estar durmiendo?&raquo; (1.6) .<br \/>\nEsta pregunta explica de la mejor manera el porqu&eacute; de este antiguo libro; pareciera que el capit&aacute;n personifica al Se&ntilde;or que pregunta a Jon&aacute;s, en su momento, y a la Iglesia en la hora presente: &laquo;&iquest;c&oacute;mo puedes estar durmiendo cuando hay miles de personas que no son capaces de distinguir entre lo bueno y lo malo?&raquo; (1.2, 4.11); &laquo;&iquest;c&oacute;mo puedes estar durmiendo cuando el juicio de Dios se cierne sobre aquellos que desobedecen su mandato?&raquo; (1.4, 2.3, 4.8) y &laquo;&iquest;c&oacute;mo puedes estar durmiendo cuando el mundo est&aacute; en caos y todos buscan por sus medios resolver la situaci&oacute;n y solo el pueblo de Dios tiene las respuestas?&raquo; (1.5, 13).<br \/>\nEl capit&aacute;n de la historia de Jon&aacute;s deber&iacute;a cobrar vida el d&iacute;a de hoy y preguntarle a la Iglesia en cada rinc&oacute;n del mundo: &laquo;&iquest;C&oacute;mo puedes estar durmiendo? &iquest;C&oacute;mo te escondes en el fondo de la Iglesia a cantar, a gozar de la comuni&oacute;n con los hermanos? &iquest;C&oacute;mo no tienes compasi&oacute;n de los que sufren?&raquo;<br \/>\nPareciera que, al igual que Jon&aacute;s, la Iglesia ha ca&iacute;do en una trampa. En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, estimulada por un crecimiento num&eacute;rico, ha sido cautivada por el esp&iacute;ritu del mundo. Al igual que en Wall Street, se premi&oacute; la eficiencia y la efectividad, pero basada en los mismos valores: crecimiento econ&oacute;mico, ampliaci&oacute;n del mercado, fijaci&oacute;n de la marca, desarrollo de nuevos segmentos de mercado. Ahora, sin embargo, cautiva en su trampa, la Iglesia se ve impotente, incapaz de resolver sus propios problemas al ver caer sus &iacute;ndices. Acaba ocupada en tirar todo lo que puede para salvar el barco, mientras el mundo se pregunta &iquest;c&oacute;mo puede la iglesia estar durmiendo?<br \/>\nEl libro est&aacute; lleno de lecciones para los cristianos en particular, como para la Iglesia en general. Estas lecciones nos ayudan a sacudirnos la pereza, despertar de nuestro sue&ntilde;o y comenzar a cumplir el papel que la Iglesia est&aacute; llamada a desempe&ntilde;ar en momentos como estos. &laquo;&iexcl;Qui&eacute;n sabe si no has llegado &hellip; precisamente para un momento como este!&raquo; (Ester 4.14) nos preguntar&iacute;a Mardoqueo.<br \/>\n&iexcl;Lev&aacute;ntate! &iexcl;Clama a tu Dios! (1.6) El capit&aacute;n del barco pronuncia estos dos imperativos en medio de la desesperaci&oacute;n, al ver que nada funciona. Parece que, en el momento de crisis, la gente se vuelve a su dios con la esperanza de ser o&iacute;da. Sin embargo, aquel que est&aacute; durmiendo sobre la carga, &eacute;l s&iacute; tiene la posibilidad de ser o&iacute;do por el &uacute;nico y todopoderoso Dios. De &eacute;l podr&iacute;a ser el testimonio del salmista: &laquo;En mi angustia clam&eacute; al Se&ntilde;or, y &eacute;l me respondi&oacute;&raquo; (2.2). Tiene entrada al mismo trono de Dios para interceder por aquellos que se encuentran en medio de la crisis. De hecho, m&aacute;s adelante no dudar&iacute;a en declarar: &laquo;mi oraci&oacute;n lleg&oacute; hasta ti, hasta tu santo templo&raquo; (2.7). &Eacute;l es el &uacute;nico en aquel lugar que tiene la respuesta a la crisis porque sabe que &laquo;&iexcl;la salvaci&oacute;n viene del Se&ntilde;or!&raquo; (2.9), pero&hellip; est&aacute; durmiendo. La oraci&oacute;n que Dios oye debe ir acompa&ntilde;ada de una acci&oacute;n deliberada a negarse a satisfacer los deseos ego&iacute;stas.La oraci&oacute;n escuchada, sin embargo, tiene que cumplir con caracter&iacute;sticas espec&iacute;ficas que Dios presenta en este pasaje: Debe ser sincera. Jon&aacute;s lo describe bien &laquo;En mi angustia clam&eacute; al Se&ntilde;or&raquo;. Interesantemente, tambi&eacute;n los ninivitas lo perciben cuando, al escuchar el anuncio del juicio de Dios, &laquo;proclamaron ayuno&raquo; (3.5), y tambi&eacute;n cuando su rey les instruy&oacute;: &laquo;hagan duelo y clamen a Dios con todas sus fuerzas&raquo; (3.8). Esta es la oraci&oacute;n que Dios escucha, no aquella t&iacute;mida, cohibida, llena de f&oacute;rmulas. La persona de coraz&oacute;n sincero reconoce que &iexcl;se juega la vida al orar!<br \/>\nOtra caracter&iacute;stica es que debe ir acompa&ntilde;ada de arrepentimiento y conversi&oacute;n. Jon&aacute;s lo aprende en el vientre del pez cuando declara: &laquo;He sido expulsado de tu presencia, &iquest;c&oacute;mo volver&eacute; a contemplar tu santo templo?&raquo; (2.4). El rey de N&iacute;nive eval&uacute;a la situaci&oacute;n y establece que la crisis, la destrucci&oacute;n, es resultado de su mal proceder y su pecado. As&iacute; lo se&ntilde;ala en el decreto que dicta para el pueblo: &laquo;Ordena as&iacute; mismo que cada uno se convierta de su mal camino y de sus hechos violentos&raquo; (3.8). Esta crisis demanda una evaluaci&oacute;n concienzuda de nuestro actuar como personas, como familias, como iglesias y como naci&oacute;n. Debemos hacer duelo, clamar a Dios, pero, sobre todo, apartarnos de nuestro mal camino (2Cr 7.14). La oraci&oacute;n que Dios oye debe ir acompa&ntilde;ada de una acci&oacute;n deliberada a negarse a satisfacer los deseos ego&iacute;stas.<br \/>\nEl tiempo de abundancia, la prosperidad y el &eacute;xito arrastraron al mundo al consumismo, al desperdicio, a oprimir al pobre, a la depredaci&oacute;n de los recursos naturales en aras del progreso, desarrollo y mejoramiento, los cuales se tradujeron siempre en satisfacci&oacute;n de innumerables deseos ego&iacute;stas (Stg 5.4&ndash;6). La &eacute;tica del mundo tambi&eacute;n cambi&oacute;; lo bueno y lo malo no se definieron m&aacute;s a lo que agrada a Dios, sino al hecho de que produjeran ganancias y si estas eran abundantes. El mundo debe arrepentirse de este mal proceder, que Dios juzga y castiga.<br \/>\nSin embargo, la Iglesia tambi&eacute;n ha sido arrastrada por este mismo pecado. La ley de siembra y de cosecha, la prosperidad como medida de espiritualidad, la medida de &eacute;xito y el llamado a las ofrendas han sido tergiversados para abusar de la buena fe de los creyentes, para despojar a las viudas y a los pobres de sus &uacute;ltimos recursos, como tambi&eacute;n para confundir a los ricos y poderosos, financiando construcciones, empresas personales y negocios millonarios, disfrazados como &laquo;la obra de Dios&raquo;. De esto tambi&eacute;n debemos arrepentirnos y convertirnos de nuestro mal proceder, para volver a cuidar al pobre, a la viuda, a los hu&eacute;rfanos (Hch 4.34; Stg 1.27; 1Jn 3.17&ndash;22). Deber&aacute; llegar el momento en que entre nosotros no haya quien tenga necesidad o pobreza extrema, porque solo as&iacute;, Dios escuchar&aacute; nuestras oraciones. &iquest;Qu&eacute; es lo que has hecho? (1.10) Los marineros, luego de haber escuchado la historia de Jon&aacute;s, y, sobre todo, de su deliberada acci&oacute;n de huir de Dios, lo animaron, con la desesperaci&oacute;n de aquellos que estaban sufriendo las consecuencias de su mal proceder, a arrepentirse, a reflexionar sobre las consecuencias de su rebeli&oacute;n contra Dios. Ver una situaci&oacute;n desde la perspectiva de Dios cambia significativamente la percepci&oacute;n para aquellos que est&aacute;n en crisis. Los marineros, que en medio de la crisis que comenzaron invocando a cuanto dios conoc&iacute;an, terminaron volviendo su rostro al Dios verdadero y temieron a su justicia y a su poder.<br \/>\nJon&aacute;s, por su parte, es confrontado con si mismo en el vientre de aquel pez, movido a clamar por perd&oacute;n y misericordia a Dios: &laquo;en mi angustia clam&eacute; al Se&ntilde;or&raquo; (2.2) testifica. Reflexiona acerca de su situaci&oacute;n presente y las consecuencias de su pecado: &laquo;he sido expulsado de tu presencia&raquo;. Finalmente, resume su situaci&oacute;n, su acci&oacute;n y la respuesta de Dios cuando confiesa: &laquo;Al sentir que se me iba la vida, me acord&eacute; del Se&ntilde;or&raquo; (2.7) El examen personal, la reflexi&oacute;n de la situaci&oacute;n desde la perspectiva de Dios y el arrepentimiento son necesarios para que nuestra oraci&oacute;n llegue hasta el Se&ntilde;or.<br \/>\n&iexcl;Anda, ve y proclama! (1.2, 3.2) Sin duda Jon&aacute;s es un hombre nuevo, tanto en su interior como en su apariencia f&iacute;sica. El pez lo vomita en tierra firme y, acto seguido, escucha nuevamente la misma instrucci&oacute;n que hab&iacute;a ignorado: &laquo;&iexcl;Anda, ve y proclama!&raquo;. El nuevo Jon&aacute;s sale ahora en direcci&oacute;n a N&iacute;nive y, al llegar, comienza a proclamar en la ciudad el mensaje que Dios le hab&iacute;a dado. Al leer el cap&iacute;tulo 3, confirmamos que Jon&aacute;s era el escogido a quien Dios hab&iacute;a preparado para esta tarea.&iexcl;Nuestro egocentrismo nos impide ver al mundo como Dios lo ve! Centrarnos en nosotros mismos nos lleva a perder la perspectiva.<br \/>\nLos ninivitas son confrontados a trav&eacute;s del mensaje de Jon&aacute;s y movidos a ver la situaci&oacute;n y la crisis desde la perspectiva en que Dios la ve. Entienden que lo que sucede no es un accidente de la naturaleza, ni de las finanzas; no es un ciclo del mercado, ni un catarro pasajero de la bolsa de valores. Ellos entienden que todo lo que est&aacute; a punto de pasar es por causa de su maldad. Entonces el pasaje relata que &laquo;le creyeron a Dios, proclamaron ayuno y, desde el mayor al menor, se vistieron de luto en se&ntilde;al de arrepentimiento&raquo; (3.5). La escena que vemos aqu&iacute; es inaudita. Ser&iacute;a propio esperar tal reacci&oacute;n y respuesta del pueblo amado de Dios, pero, &iexcl;oh sorpresa!, esta respuesta surge de un pueblo cuya maldad hab&iacute;a colmado la paciencia de Dios y cuyas vidas hab&iacute;an sido condenadas a la destrucci&oacute;n.<br \/>\n&iquest;Cu&aacute;l fue el mensaje de Jon&aacute;s? &iquest;C&oacute;mo fue su predicaci&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; estilo y metodolog&iacute;a utiliz&oacute;? No lo sabemos. Lo realmente importante es que su mensaje inici&oacute; un movimiento de arrepentimiento que lleg&oacute;, no solo a todos los rincones de N&iacute;nive, sino que tambi&eacute;n afect&oacute; a todos los niveles de la sociedad. El movimiento que vemos aqu&iacute; es un verdadero avivamiento en N&iacute;nive; tan genuino que el escritor refiere su resultado con las siguientes palabras: &laquo;Al ver Dios lo que hicieron, es decir, que se hab&iacute;an convertido de su mal camino, [Dios] cambi&oacute; de parecer y no llev&oacute; a cabo la destrucci&oacute;n que les hab&iacute;a anunciado&raquo; (3.10).<br \/>\nJon&aacute;s exhibe caracter&iacute;sticas relevantes que son necesarias para aquellos a quienes Dios ha llamado para &laquo;ir y proclamar&raquo;. En primer lugar, Jon&aacute;s utiliz&oacute; una clara y efectiva estrategia de proclamaci&oacute;n, no solo en la forma sino, en especial, en el contenido &laquo;se fue internando en la ciudad &hellip; mientras proclamaba&raquo;.<br \/>\nJon&aacute;s fue capaz de ingeni&aacute;rselas de tal manera que logr&oacute; que, en menos de cuarenta d&iacute;as, cada una de las personas que hab&iacute;a escuchado el mensaje lo entendiera y fuera confrontada a actuar en consecuencia. Consigui&oacute; que el contenido del mensaje llegara a o&iacute;dos del propio Rey. No fueron noticias de un alarmista que los visitaba, un saboteador, un loco que andaba por las calles asustando a los Ninivitas; tal como consta en el testimonio escrito, el mensaje lleg&oacute; al trono con el mismo poder, la misma claridad y autoridad con que se estaba escuchando en cada uno de los cuatro costados de N&iacute;nive.<br \/>\nFinalmente, articula con claridad la demanda de Dios de modo que el rey se baja de su trono, se sienta en el suelo, se rompe sus ropajes reales y echa ceniza o tierra sobre su cabeza; y todo esto, a la vista de sus s&uacute;bditos. Hay una respuesta individual del pueblo, de las familias que una a una se van sumando al ayuno y al clamor, pero la maldad de N&iacute;nive demanda tambi&eacute;n una respuesta oficial y esta es la que vemos en el decreto que se transcribe en los versos 3.7&ndash;9. Tal como se puede imaginar al leer este pasaje, el pueblo entero estuvo en un constante clamor de arrepentimiento y contrici&oacute;n delante de Dios con una sola esperanza: &laquo;&iexcl;Quien sabe! Tal vez Dios cambie de parecer, y aplaque el ardor de su ira, y no perezcamos&raquo; (3.9).<br \/>\nEsta es la raz&oacute;n por la que existe la Iglesia como pueblo de Dios en un mundo en crisis, en un mundo como el que hoy nos toca vivir a cada uno de nosotros. La Iglesia no est&aacute; llamada a dar respuestas econ&oacute;micas, administrativas, filos&oacute;ficas o comerciales. Cientos de personas est&aacute;n lanzando sus tesis, presentando este tipo de propuestas. La respuesta que la Iglesia pueda dar responde a su naturaleza. La Iglesia debe articular una respuesta clara y contundente que muestre que Dios es soberano &laquo;sobre el mar y la tierra firme&raquo; (1.9), Dios es justo y su juicio es real y verdadero sobre aquellos que &laquo;abandonan el amor de Dios&raquo; (2.8); Dios es compasivo y llega a usar misericordia con aquellos que, con sinceridad, se &laquo;convierten de su mal camino y de sus hechos violentos&raquo; (3.8). Siempre termina su historia con la misma pregunta: &laquo;&iquest;No habr&iacute;a yo de compadecerme?&raquo; (4.11).<br \/>\n&iquest;Tienes raz&oacute;n para enfurecerte tanto? (4.4) Esta pregunta nos anticipa la &uacute;ltima lecci&oacute;n que este libro contiene. El libro de Jon&aacute;s tambi&eacute;n nos evidencia que, como siervos del Se&ntilde;or llamados a una tarea especial siempre estamos en riesgo de caer v&iacute;ctimas de nuestro propio ego. El peor enemigo del siervo es &eacute;l mismo.Centrarnos en nosotros mismos nos lleva a perder la objetividad. Nos conduce a que juzguemos a los dem&aacute;s y sus acciones de manera m&aacute;s estricta que el juicio que emitimos sobre nuestras propias acciones. Jon&aacute;s evidencia esa falta de objetividad en la contradicci&oacute;n que &eacute;l mismo enfrenta en su libro. Jon&aacute;s ora s&oacute;lo dos veces: la primera de ellas es para pedir compasi&oacute;n de Dios para &eacute;l (2.1) y la segunda, para reprochar la compasi&oacute;n de Dios para con los dem&aacute;s (4.2). &iexcl;Nuestro egocentrismo nos impide ver al mundo como Dios lo ve! Podr&aacute; la Iglesia darle la respuesta acertada a un mundo que est&aacute; en crisis?, &iquest;tendremos el valor de levantarnos, salir de nuestros &laquo;guetos evang&eacute;licos&raquo; y acercarnos m&aacute;s y mejor al mundo? Centrarnos en nosotros mismos nos lleva a perder la perspectiva. No somos capaces de ver cu&aacute;n peque&ntilde;os somos comparados con Dios. La actitud desafiante de Jon&aacute;s ofrece evidencia de esto cuando &laquo;sali&oacute; y acamp&oacute; al este de la ciudad. All&iacute; hizo una enramada y se sent&oacute; bajo su sombra para ver qu&eacute; iba a suceder con la ciudad&raquo; (4.5) El pasaje puede darnos dos posibilidades: la primera, que este sea un desaf&iacute;o al car&aacute;cter compasivo de Dios, en cuyo caso la explicaci&oacute;n ser&iacute;a que Jon&aacute;s fue all&iacute; a esperar que el Se&ntilde;or cumpliera su palabra de destruir a N&iacute;nive. Otra posible respuesta es que, confundido, como est&aacute;, por la actitud de Dios, va a aquel lugar en espera de que el Se&ntilde;or haga algo que le permita entender la manera como &Eacute;l act&uacute;a con los hombres. Ambas perspectivas nos muestran el mismo problema: la p&eacute;rdida de perspectiva del siervo en su acercamiento con Dios para ver la grandeza de Dios y la peque&ntilde;ez del hombre, aun cuando este sea su siervo.<br \/>\nCentrarnos en nosotros mismo nos lleva a perder la compasi&oacute;n. No somos movidos a mostrar el amor incondicional con el que Dios se relaciona con nosotros. Dios a&uacute;n no ha terminado con su siervo y le ense&ntilde;a que, por estar muy preocupado por s&iacute; mismo, ha perdido la capacidad de compadecerse por los de N&iacute;nive. No es que Jon&aacute;s no posea compasi&oacute;n, pues &eacute;l la siente por su arbusto. No obstante, su compasi&oacute;n por el arbusto solamente est&aacute; relacionada con el beneficio que este le otorga: comodidad y satisfacci&oacute;n.<br \/>\nEl libro termina con una pregunta: &laquo;&iquest;No habr&iacute;a yo de compadecerme?&raquo; (4.11). Dios ha tenido compasi&oacute;n de N&iacute;nive pero tambi&eacute;n de su siervo, para mostrarle a &eacute;l y a nosotros, en esta &eacute;poca de nuestra vida, que nos ha dejado una tarea por delante y que, si bien esta nos supera, podemos cumplirla cuando nos levantemos, nos arrepintamos, cumplamos la obra de Dios y nos cuidemos a nosotros mismo para no caer.&nbsp; &iquest;Podr&aacute; la Iglesia darle la respuesta acertada a un mundo que est&aacute; en crisis?, &iquest;tendremos el valor de levantarnos, salir de nuestros &laquo;guetos evang&eacute;licos&raquo; y acercarnos m&aacute;s y mejor al mundo? &iquest;Seremos capaces de articular las respuestas eternas de Dios en t&eacute;rminos y lenguajes que sean cultural y ling&uuml;&iacute;sticamente amigables para el mundo? Sin duda, la respuesta est&aacute; en manos de la Iglesia. La pregunta, sin embargo, ya ha sido lanzada: &laquo;&iquest;C&oacute;mo puedes estar durmiendo?&raquo;\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">El autor, guatemalteco, ha servido como presidente de la Cooperaci\u00f3n Misionera Iberoamericana, COMIBAM. Actualmente se desempe\u00f1a como Director Asociado de la Comisi\u00f3n de Misiones de la Alianza Evang\u00e9lica Mundial (WEA). Participa en el comit\u00e9 regional del Movimiento Lausana para la Evangelizaci\u00f3n Mundial. Ha sido Coordinador Internacional de la Mesa Redonda de la Gran Comisi\u00f3n (GCR). Es pastor con amplia experiencia y un conocedor de la iglesia iberoamericana y global. Est\u00e1 en contacto con pastores y l\u00edderes de misiones en m\u00e1s de cincuenta pa\u00edses. Tiene una maestr\u00eda en Misiones Contempor\u00e1neas de All Nations Christian College en el Reino Unido.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por David M. Ruiz \u00bfSeremos capaces de articular las respuestas eternas de Dios en t\u00e9rminos y lenguajes que sean cultural y ling\u00fc\u00edsticamente amigables para el mundo? Sin duda, la respuesta est\u00e1 en manos de la Iglesia. La pregunta, sin embargo, ya ha sido lanzada: \u00ab\u00bfC\u00f3mo puedes estar durmiendo?\u00bb Introducci&oacute;n El mundo est&aacute; en medio de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-puedes-estar-durmiendo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfC\u00f3mo puedes estar durmiendo?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3336","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3336","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3336"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3336\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3336"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3336"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3336"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}