{"id":3337,"date":"2015-12-01T01:12:33","date_gmt":"2015-12-01T06:12:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ganando-al-perder\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:33","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:33","slug":"ganando-al-perder","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ganando-al-perder\/","title":{"rendered":"Ganando al perder"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Charlie Sheed<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Me pregunto qui\u00e9n acu\u00f1\u00f3 la frase: \u00abNo puedo ganar al perder\u00bb. Quienquiera que fuera, hab\u00eda algo que no sab\u00eda. Algunas veces, en el matrimonio, se consigue lo que se quiere ma\u00f1ana, cediendo algo de terreno hoy.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    Querido Felipe:<br \/>\nHemos pasado una buena cantidad de tiempo tratando cosas que se pueden hablar cotidianamente. Pero es probable que tambi&eacute;n hablemos de algunas otras que requerir&aacute;n de un enfoque diferente.<br \/>\nD&eacute;jame contarte acerca de un esposo muy sabio que conoc&iacute; y de c&oacute;mo &eacute;l us&oacute; una retirada estrat&eacute;gica para lograr su meta de largo alcance.<br \/>\nParece que la t&iacute;a de su esposa les hab&iacute;a dado un jarr&oacute;n victoriano que hab&iacute;a estado en la familia desde la &eacute;poca de &quot;Enrique tal o cual&quot;. &Eacute;l dec&iacute;a que la &uacute;nica manera en que pod&iacute;a describirlo era que se ve&iacute;a como un accidente de esqu&iacute;. Ella dec&iacute;a que le parec&iacute;a una reliquia rara y elegante. Para &eacute;l los colores eran chillones; para ella, sencillamente preciosos. (Como lo dije antes, era de la familia de ella). &Eacute;l mismo reconoci&oacute; que estaba siendo un esposo torpe y que no llegar&iacute;a a ninguna parte con esas t&aacute;cticas. Pero, adem&aacute;s de todo eso, el jarr&oacute;n era enorme, y &eacute;se era el problema. Ella insist&iacute;a en conservarlo como el objeto central de su sala. Esto significaba que estar&iacute;a en una de esas mesas grandes y bajas. Estaba ubicado en el centro de la habitaci&oacute;n porque simplemente no se ve&iacute;a bien en ning&uacute;n otro lugar.<br \/>\nPor largo tiempo, esa monstruosidad pareci&oacute; dominarlo todo en su hogar. Tambi&eacute;n dominaba la conversaci&oacute;n de la pareja. De hecho, &eacute;l me dijo que aun sus veladas giraban alrededor de la pregunta: &quot;&iquest;Qu&eacute; otra cosa haremos esta noche adem&aacute;s de discutir por el &lsquo;accidente de esqu&iacute;&rsquo;?&quot;<br \/>\nAhora bien, este hombre medit&oacute; un poco en el asunto, y finalmente lo entendi&oacute;. &Eacute;l mismo reconoci&oacute; que estaba siendo un esposo torpe y que no llegar&iacute;a a ninguna parte con esas t&aacute;cticas. As&iacute; que determin&oacute; retroceder y tratar de nuevo.<br \/>\nAdem&aacute;s, era alguien que estaba en capacidad de poder hacerlo. Manejaba un gran negocio, con muchos empleados, y a diario tomaba decisiones que requer&iacute;an de una aut&eacute;ntica sabidur&iacute;a. &Eacute;l se enorgullec&iacute;a de su capacidad para liderar personas, alentar vendedores, evaluar mercados, y ver los m&uacute;ltiples aspectos de cada situaci&oacute;n.<br \/>\nDespu&eacute;s de aplicar su capacidad mental en el &quot;accidente de esqu&iacute;&quot;, se decidi&oacute; por un plan. Una noche regres&oacute; a su casa y sugiri&oacute; que en ese mismo instante volvieran a arreglar la sala.<br \/>\n&quot;&iexcl;Oh no, no lo har&aacute;s!&quot;, dijo ella. &quot;&iexcl;S&eacute; lo que te est&aacute;s proponiendo! &iexcl;Ese vaso no se mover&aacute;! Es una pieza valiosa de colecci&oacute;n, una reliquia delicada, etc., etc.&quot;.<br \/>\nPero muy para su sorpresa, &eacute;l le dijo: &quot;Liliana, lamento haber sido tan terco. Renuncio. Dejemos el jarr&oacute;n donde est&aacute; y arreglemos la sala en torno a &eacute;l&quot;.<br \/>\nUna vez que ella se hubo levantado del suelo y recuperado sus fuerzas, ambos empezaron a llevar a cabo justo lo que &eacute;l hab&iacute;a planeado. Despu&eacute;s de todo, cuando un hombre capitula hasta tal punto, es casi imposible que una mujer diga &quot;no&quot; a una simple solicitud como la de mover los muebles. Adem&aacute;s, ella siempre disfrut&oacute; de esas ocasiones. Lo hac&iacute;an con bastante regularidad. Era uno de los juegos favoritos de ambos.<br \/>\nY aqu&iacute; debo contarte un poquito m&aacute;s acerca de esta pareja. Ellos amaban su hogar como pocos que yo haya conocido. Era hermoso. Tambi&eacute;n se amaban mucho el uno al otro, y eso tambi&eacute;n era hermoso. Su pasatiempo favorito era sentarse juntos despu&eacute;s de la cena para leer o conversar, algunas veces tomados de la mano, otras diciendo nada, otras tratando cosas importantes o no acerca de c&oacute;mo hab&iacute;an pasado el d&iacute;a, y comentando de lo uno y de lo otro.<br \/>\nY ahora viene la parte inteligente. Ya que &eacute;l era un as en administraci&oacute;n, dispuso las varias piezas de la habitaci&oacute;n de tal manera que la silla de &quot;&eacute;l&quot; estuviera directamente en frente del lugar preferido de &quot;ella&quot; en el sof&aacute;. Y entre ambos estaba situado &quot;el accidente de esqu&iacute;&quot; (&quot;la reliquia elegante&quot;).<br \/>\n&Eacute;l me dijo que ten&iacute;a la sensaci&oacute;n de que ganar&iacute;a desde esa primera noche. En medio de su lectura, como ella sol&iacute;a hacer, coment&oacute;: &quot;Harry, &iquest;has le&iacute;do esto acerca de&#8230;&quot; Y entonces, estir&oacute; el cuello para ver si &eacute;l la estaba escuchando. &Eacute;l tambi&eacute;n estir&oacute; el suyo, haci&eacute;ndoselo notar.<br \/>\nEsta situaci&oacute;n continu&oacute; por alg&uacute;n tiempo. Naturalmente, &eacute;l emple&oacute; otras t&aacute;cticas &quot;eliminatorias del jarr&oacute;n&quot;, como las llamaba. Algunas veces le dec&iacute;a: &quot;&iquest;Sabes, querida? No hay nada que me guste m&aacute;s que sentarme aqu&iacute; en la noche y mirarte&quot;.<br \/>\n&quot;T&uacute; tambi&eacute;n me gustas&quot;, dec&iacute;a ella, mirando por un lado del jarr&oacute;n.<br \/>\nDespu&eacute;s, naturalmente, hab&iacute;a ocasiones en que uno de ellos se mov&iacute;a de su sitio para hacer lo que ya te dije -tomarse de las manos y cosas por el estilo. En varios de estos viajes por el lado de la mesa, uno o el otro, algunas veces arrastrando un peri&oacute;dico, casi vuelca el tesoro. (&Eacute;l jura que nunca lo hizo a prop&oacute;sito, y supongo que fue as&iacute;, ya que se trataba de un hombre honorable).Conoci&eacute;ndolos a ambos, estoy seguro de que siguen sentados all&iacute; en las noches leyendo, hablando, e intercambiando miradas sin nada que se los impida. &iquest;Y por qu&eacute; no movi&oacute; &eacute;l su silla? Yo tambi&eacute;n me hice esta pregunta y se lo hice saber. &Eacute;l dijo que era por el cord&oacute;n de la l&aacute;mpara y porque a ambos les gustaba estar donde estaban.<br \/>\nYa habr&aacute;s adivinado el resultado. Un d&iacute;a, varias semanas despu&eacute;s, &eacute;l lleg&oacute; a casa, y &iquest;d&oacute;nde crees que estaba el jarr&oacute;n? En un rinc&oacute;n del comedor, en el suelo. &Eacute;l me confes&oacute; que casi comete un terrible error. Comenz&oacute; a decir: &quot;Oh, veo que has&#8230;.&quot; Y entonces se call&oacute; a tiempo. &quot;Oh, ya veo&quot;, dijo. &quot;&iexcl;Te has recogido el cabello! As&iacute; es como lo llevabas la primera vez que te vi. Me gusta as&iacute;&quot;.<br \/>\nLe pregunt&eacute; si alguna vez volvieron a discutir por el jarr&oacute;n. &quot;&iexcl;Ni hablar!&quot;, casi grit&oacute;. &quot;Ya no hay por qu&eacute; hacerlo&quot;. (Apenas me parece posible que un hombre pueda ser tan noble &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a abstenerse de sacar a relucir su triunfo por lo menos alguna vez, para regodearse un poquito? Pero algunos hombres tienen m&aacute;s de lo que yo tengo para ser as&iacute; de nobles). De cualquier modo, no pude pensar en ninguna otra raz&oacute;n por la que ellos tuvieran que volver a discutir el asunto, excepto para divertirse un poquito.<br \/>\nAlgunas veces me he preguntado d&oacute;nde estar&aacute; el jarr&oacute;n acumulando polvo hoy. &iquest;Estar&aacute; en el &aacute;tico, en el s&oacute;tano, o en el armario de la sala? Conoci&eacute;ndolo a &eacute;l, estoy seguro de que ha sido ella la que finalmente ha guardado el jarr&oacute;n, no importa donde. Y conoci&eacute;ndolos a ambos, estoy seguro de que siguen sentados all&iacute; en las noches leyendo, hablando, e intercambiando miradas sin nada que se los impida. Y conoci&eacute;ndola a ella, estoy seguro de que algunas veces sonr&iacute;e y agradece al Se&ntilde;or por un buen hombre que pudo manejarlo todo tan bien, pero especialmente, porque pudo manejarla a ella con el toque h&aacute;bil de un esposo sabio. Me pregunto qui&eacute;n acu&ntilde;&oacute; la frase: &quot;No puedo ganar al perder&quot;. Quienquiera que fuera, hab&iacute;a algo que no sab&iacute;a. Algunas veces, en el matrimonio, se consigue lo que se quiere ma&ntilde;ana, cediendo algo de terreno hoy.<br \/>\nSigue pensando,<br \/>\nPap&aacute;.\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Tomado de Charlie W. Shedd, Cartas a Felipe : sobre c\u00f3mo tratar a una mujer. Usado con permiso.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Charlie Sheed Me pregunto qui\u00e9n acu\u00f1\u00f3 la frase: \u00abNo puedo ganar al perder\u00bb. Quienquiera que fuera, hab\u00eda algo que no sab\u00eda. Algunas veces, en el matrimonio, se consigue lo que se quiere ma\u00f1ana, cediendo algo de terreno hoy. Querido Felipe: Hemos pasado una buena cantidad de tiempo tratando cosas que se pueden hablar cotidianamente. &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ganando-al-perder\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abGanando al perder\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3337","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3337","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3337"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3337\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3337"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3337"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3337"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}