{"id":3344,"date":"2015-12-01T01:12:44","date_gmt":"2015-12-01T06:12:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/parabola-de-los-naranjos\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:44","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:44","slug":"parabola-de-los-naranjos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/parabola-de-los-naranjos\/","title":{"rendered":"Par\u00e1bola de los naranjos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por John White<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Por todos lados la tierra estaba cubierta de naranjas que hab\u00edan ca\u00eddo de los \u00e1rboles. Y mientras miraba parec\u00eda que, delante de mis propios ojos, de los \u00e1rboles comenzaron a llover naranjas. Muchas de ellas yac\u00edan sobre la tierra en estado de putrefacci\u00f3n&#8230;<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    So&ntilde;&eacute; que manejaba por un camino en el estado de la Florida, solitario, recto y vac&iacute;o. A ambos lados hab&iacute;a tierras plantadas con centenares de naranjos. Los miraba de vez en cuando, mientras conduc&iacute;a, hilera tras hilera de &aacute;rboles que se perd&iacute;an en el horizonte; sus ramas inclinadas hacia el piso por el peso de abundantes frutos anaranjados. Aquella era &eacute;poca de cosecha. Mi asombro aumentaba en la medida que avanzaba kil&oacute;metro tras kil&oacute;metro. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a cosecharse semejante mies?<br \/>\nDe golpe me di cuenta de que durante todas las horas que hab&iacute;a estado manejando (entonces tom&eacute; conciencia de que estaba so&ntilde;ando) no hab&iacute;a visto a una sola persona.<br \/>\nLos naranjales estaban completamente vac&iacute;os. Tampoco me hab&iacute;a cruzado con ning&uacute;n otro veh&iacute;culo, ni hab&iacute;a visto viviendas al costado de la ruta. Me encontraba absolutamente solo en un mar de naranjos.Por un instante se mostr&oacute; un poco sorprendida. &laquo;&iquest;Usted no es de por aqu&iacute;, verdad?&raquo; &mdash;me pregunt&oacute;. Antes que pudiera contestar, me dijo: &laquo;Hoy es el d&iacute;a de la naranja.&raquo; Finalmente avist&eacute; algunos cosechadores de naranjas. Estaban lejos, casi sobre el horizonte, perdidos en la vasta plantaci&oacute;n de frutos sin cosechar. Observ&eacute; que este peque&ntilde;o grupo trabajaba con constancia. Luego, muchos kil&oacute;metros m&aacute;s adelante, vi a otro peque&ntilde;o grupo de personas. No pod&iacute;a estar seguro, pero sospechaba que la tierra se re&iacute;a silenciosamente frente a lo in&uacute;til de la tarea que se hab&iacute;an propuesto estos labradores. No obstante, los cosechadores continuaron con el trabajo de arrancar naranjas de los &aacute;rboles.<br \/>\nMucho tiempo despu&eacute;s de que el sol hab&iacute;a cruzado su cenit y las sombras comenzaban a alargarse, ingres&eacute; en una curva y, repentinamente, vi un cartel al costado de la ruta que dec&iacute;a: &laquo;Usted est&aacute; saliendo del MUNICIPIO ABANDONADO e ingresando al MUNICIPIO CULTIVADO&raquo;. El contraste era tan marcado que casi no tuve tiempo de reaccionar. Me vi obligado a disminuir la marcha pues, de golpe, el tr&aacute;nsito se hab&iacute;a tornado pesado. Miles de personas transitaban por la ruta y caminaban por las aceras.<br \/>\nLo que result&oacute; a&uacute;n m&aacute;s sorprendente era la transformaci&oacute;n que se ve&iacute;a en los naranjales. A&uacute;n proliferaban las plantaciones y los &aacute;rboles tambi&eacute;n estaban cargados de frutas. Mas ahora no se encontraban solitarias y abandonadas. Estaban invadidas por multitudes que apabullaban el silencio con sus risas y c&aacute;nticos. De hecho, las personas eran m&aacute;s visibles que los &aacute;rboles. Las personas, y las viviendas.<br \/>\nEstacion&eacute; mi veh&iacute;culo al costado del camino y sal&iacute; a pasear entre la multitud. Me sent&iacute; avergonzado de mi ropa de trabajo, pues la gente vest&iacute;a tapados vistosos, zapatos lustrados, sombreros llamativos, trajes lujosos y camisas almidonadas. &iexcl;Todos parec&iacute;an estar tan alegres y tener tan buena presencia! &laquo;&iquest;Acaso se trata de alguna fiesta especial?&raquo; &mdash;le pregunt&eacute; a una mujer con la que comenc&eacute; a caminar. Por un instante se mostr&oacute; un poco sorprendida. Luego se relaj&oacute; y una sonrisa condescendiente apareci&oacute; en su rostro. &laquo;&iquest;Usted no es de por aqu&iacute;, verdad?&raquo; &mdash;me pregunt&oacute;. Antes que pudiera contestar, me dijo: &laquo;Hoy es el d&iacute;a de la naranja.&raquo; Seguramente ella percibi&oacute; mi falta de comprensi&oacute;n, pues prosigui&oacute;: &laquo;Es tan bueno poder dejar los quehaceres de la vida y dedicarse, un d&iacute;a por semana, a juntar naranjas.&raquo;<br \/>\n&laquo;&iquest;Acaso no cosechan naranjas todos los d&iacute;as?&raquo; &mdash;le pregunt&eacute;.<br \/>\n&laquo;Uno puede cosechar naranjas en cualquier momento &mdash;me contest&oacute;&mdash;. Siempre debemos estar dispuestos a cosechar naranjas, pero el d&iacute;a de la naranja es el d&iacute;a que dedicamos especialmente a juntar naranjas.&raquo;<br \/>\nLa dej&eacute; y entr&eacute; en uno de los naranjales. La mayor&iacute;a de las personas llevaba un libro. Estaban exquisitamente forrados en cuero, con delicadas letras y lomos dorados. Pude ver en una de ellas las palabras: &laquo;Manual del cosechador de naranjas&raquo;.<br \/>\nDe pronto vi que se hab&iacute;an colocado asientos alrededor de uno de los &aacute;rboles, en prolijas hileras cuidadosamente escalonadas. Los asientos estaban casi todos ocupados, pero cuando me acerqu&eacute; al grupo, un caballero sonriente y bien vestido me dio la mano y me condujo hasta uno desocupado.<br \/>\nPod&iacute;a ver, desde all&iacute;, a varias personas alrededor del &aacute;rbol. Uno de ellos estaba habl&aacute;ndoles a las personas en las hileras de asientos. Justo cuando llegu&eacute; a mi asiento todos se pusieron en pie y comenzaron a cantar. El hombre a mi costado comparti&oacute; conmigo su cancionero. Se llamaba Canciones de los naranjales. El grupo cant&oacute; por un buen rato. El hombre que dirig&iacute;a las canciones mov&iacute;a los brazos con extra&ntilde;o entusiasmo, exhortando a las personas, entre canto y canto, para que cantaran m&aacute;s fuerte.<br \/>\nLa confusi&oacute;n que yo sent&iacute;a crec&iacute;a cada vez m&aacute;s. &laquo;&iquest;En qu&eacute; momento comenzamos a juntar naranjas?&raquo; le pregunt&eacute; al hombre que me compart&iacute;a el cancionero. &laquo;Ya falta poco &mdash;me contest&oacute;&mdash;. Nos gusta que primeramente la gente entre en el esp&iacute;ritu de la reuni&oacute;n. Adem&aacute;s, queremos que las naranjas se sientan a gusto&raquo;. Pens&eacute; que el hombre estaba bromeando, pero &eacute;l se mantuvo serio.<br \/>\nLuego de un tiempo un hombre gordo reemplaz&oacute; al director de canto. Despu&eacute;s de leer dos oraciones de su gastada copia del Manual del cosechador de naranjas, comenz&oacute; a dar un discurso. No me resultaba claro si le estaba hablando a las personas o a las naranjas.<br \/>\nMir&eacute; a mi alrededor y vi a diferentes grupos de personas tambi&eacute;n se estaban congregando alrededor de otros &aacute;rboles, mientras ellos tambi&eacute;n eran arengados por otros hombres gordos. Algunos de los &aacute;rboles no ten&iacute;an a nadie congregado bajo sus ramas.Por lo que pod&iacute;a percibir, ten&iacute;a que ver con alguna rivalidad con algunos de los otros &laquo;grupos&raquo; de cosechadores de naranjas. &laquo;&iquest;De cuales &aacute;rboles arrancamos naranjas?&raquo; &mdash;le pregunt&eacute; otra vez a mi compa&ntilde;ero. No parec&iacute;a entender mi pregunta, por lo que le se&ntilde;al&eacute; los otros &aacute;rboles a nuestro alrededor.<br \/>\n&laquo;Este es nuestro &aacute;rbol&raquo; &mdash;me dijo, se&ntilde;alando el &aacute;rbol alrededor del cual est&aacute;bamos reunidos.<br \/>\n&laquo;Pero somos muchos para cosechar de un solo &aacute;rbol &mdash;le dije&mdash;. &laquo;&iexcl;Si aqu&iacute; hay m&aacute;s personas que naranjas!&raquo;<br \/>\n&laquo;Es que nosotros no juntamos naranjas &mdash;el hombre me explic&oacute;&mdash;. No hemos sido llamados. Ese es el trabajo del Pastor de los cosechadores de naranjas. Nosotros estamos reunidos para apoyar su trabajo. Adem&aacute;s, usted no ha ido a la universidad. Uno necesita saber c&oacute;mo piensa una naranja antes de que la pueda arrancar exitosamente, usted sabe, entender la psicolog&iacute;a de la naranja. La mayor&iacute;a de las personas aqu&iacute; &mdash;dijo, mientras se&ntilde;alaba a la gente congregada&mdash; ni siquiera han asistido al seminario del Manual.&raquo;<br \/>\n&laquo;Seminario del Manual&hellip; &iquest;qu&eacute; es eso?&raquo; &mdash;le pregunt&eacute; en voz baja.<br \/>\n&laquo;Es el lugar donde la gente va para estudiar el Manual del cosechador de naranjas &mdash;me replic&oacute; mi informante&mdash;. Es muy dif&iacute;cil de entender. Uno debe estudiar durante a&ntilde;os antes de que pueda comenzar a comprenderla.&raquo;.<br \/>\n&laquo;Entiendo &mdash;le respond&iacute;&mdash;. La verdad es que no ten&iacute;a idea de que cosechar naranjas era un asunto tan complejo.&raquo;<br \/>\nEl hombre gordo de adelante a&uacute;n continuaba con su discurso. Su cara estaba colorada y mostraba aparentemente indignaci&oacute;n por alg&uacute;n asunto. Por lo que pod&iacute;a percibir, ten&iacute;a que ver con alguna rivalidad con algunos de los otros &laquo;grupos&raquo; de cosechadores de naranjas. Un momento m&aacute;s tarde, sin embargo, su rostro se ilumin&oacute;.<br \/>\n&laquo;Sin embargo, no estamos abandonados &mdash;se&ntilde;al&oacute;&mdash;. Tenemos mucho por qu&eacute; estar agradecidos. LA SEMANA PASADA VIMOS C&Oacute;MO ENTRARON TRES NARANJAS A NUESTRO CESTO, y ahora hemos podido terminar de pagar la deuda por las nuevas almohadas que ustedes est&aacute;n disfrutando en sus asientos en este mismo momento.&raquo;<br \/>\n&laquo;&iquest;No es maravilloso?&raquo; &mdash;me pregunt&oacute; mi compa&ntilde;ero. No le respond&iacute;. Sent&iacute;a que de alguna manera algo en esta reuni&oacute;n estaba profundamente errado. Todo esto me parec&iacute;a una manera muy rebuscada de recoger naranjas.<br \/>\nEl hombre gordo estaba llegando al punto culminante de su discurso. El ambiente estaba tenso. Entonces, con un gesto de dramatismo, estir&oacute; los brazos y tom&oacute; en sus manos dos naranjas, arranc&aacute;ndolas de la rama y coloc&aacute;ndolas en el cesto que ten&iacute;a a sus pies. La congregaci&oacute;n irrumpi&oacute; en un ensordecedor aplauso.<br \/>\n&laquo;&iquest;Ahora nos toca a nosotros?&raquo; &mdash;pregunt&eacute; al hombre a mi lado.<br \/>\n&laquo;&iquest;Qu&eacute; rayos piensa que estamos haciendo? &mdash;replic&oacute; airado&mdash;. Para qu&eacute; piensa que se ha realizado este tremendo esfuerzo? Hemos reunido en este lugar m&aacute;s talento cosechador que en todo el resto del condado. Se han invertido miles de d&oacute;lares en el &aacute;rbol que usted est&aacute; viendo.&raquo;<br \/>\nMe disculp&eacute; r&aacute;pidamente. &laquo;No tuve intenci&oacute;n de criticar &mdash;le dije&mdash; No me cabe duda de que el hombre gordo debe ser un muy buen cosechador de naranjas. Pero, &iquest;no podr&iacute;amos el resto de nosotros tambi&eacute;n hacer el intento? Despu&eacute;s de todo, son miles las naranjas que a&uacute;n quedan por cosechar. Todos tenemos manos con las cuales trabajar&hellip; y hasta podr&iacute;amos leer el Manual.&raquo;<br \/>\n&laquo;Cuando usted haya estado en este negocio por tantos a&ntilde;os como yo, se dar&aacute; cuenta de que el asunto no es tan sencilla como parece &mdash;me contest&oacute;&mdash;. Para empezar, no hay suficiente tiempo para hacerlo. Cada uno de nosotros tenemos nuestras ocupaciones, nuestras familias que cuidar, nuestros hogares que construir. Nosotros&hellip;&raquo;&laquo;La mies a la verdad es mucha, pero los obreros pocos; por tanto, rogad al Se&ntilde;or de la mies que env&iacute;e obreros a su mies&hellip;&raquo;  Pero ya no lo estaba escuchando. Comenzaba a aclar&aacute;rseme la situaci&oacute;n. Fuera cual fuera la identidad de esta gente, una cosa resultaba obvia: no eran cosechadores de naranjas. El cosechar naranjas no era m&aacute;s que un entretenimiento para ellos, algo para los fines de semana.<br \/>\nMe acerqu&eacute; a uno o dos de los otros grupos alrededor de los &aacute;rboles. No todos pose&iacute;an requisitos acad&eacute;micos tan elevados para el proceso de cosechar naranjas. Algunos ofrec&iacute;an cursos para cosechar naranjas. Trat&eacute; de contarles acerca de los &aacute;rboles que hab&iacute;a visto en el MUNICIPIO ABANDONADO, pero la mayor&iacute;a se mostraba desinteresada. &laquo;A&uacute;n no hemos terminado de cosechar las naranjas que tenemos aqu&iacute;&raquo; &mdash;era la respuesta que m&aacute;s frecuentemente escuchaba.<br \/>\nEl sol ya se estaba poniendo en mi sue&ntilde;o. Como estaba cansado del ruido y la actividad a mi alrededor, me sub&iacute; a mi carro y me volv&iacute; por el mismo camino por el cual hab&iacute;a venido. En poco tiempo me encontr&eacute; rodeado, una vez m&aacute;s, por las vastas y solitarias plantaciones de naranjas.<br \/>\nPero hab&iacute;a cambios. Algo hab&iacute;a ocurrido durante mi ausencia. Por todos lados la tierra estaba cubierta de naranjas que hab&iacute;an ca&iacute;do de los &aacute;rboles. Y mientras miraba parec&iacute;a que, delante de mis propios ojos, de los &aacute;rboles comenzaron a llover naranjas. Muchas de ellas yac&iacute;an sobre la tierra en estado de putrefacci&oacute;n.<br \/>\nTodo esto me parec&iacute;a tan extra&ntilde;o; a&uacute;n m&aacute;s cuando pensaba en las multitudes que permanec&iacute;an en el MUNICIPIO CULTIVADO. Entonces, con voz de trompeta, una voz se escuch&oacute; de entre los &aacute;rboles, que dec&iacute;a: &laquo;La mies a la verdad es mucha, pero los obreros pocos; por tanto, rogad al Se&ntilde;or de la mies que env&iacute;e obreros a su mies&hellip;&raquo;<br \/>\nY luego, despert&eacute; &mdash;pues, &iexcl;no era m&aacute;s que un sue&ntilde;o!\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Traducido y adaptado por DesarrolloCristiano.com, todos los derechos reservados.. Adaptado de The Parable of the Orange Tree, del Dr. John White. Apuntes Pastorales,  Volumen XXII \u2013 N\u00famero 4. \u00a9 Copyright 2008, Desarrollo Cristiano Internacional, todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por John White Por todos lados la tierra estaba cubierta de naranjas que hab\u00edan ca\u00eddo de los \u00e1rboles. 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