{"id":3347,"date":"2015-12-01T01:12:47","date_gmt":"2015-12-01T06:12:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/tironeados-por-los-extremos\/"},"modified":"2015-12-01T01:12:47","modified_gmt":"2015-12-01T06:12:47","slug":"tironeados-por-los-extremos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/tironeados-por-los-extremos\/","title":{"rendered":"Tironeados por los extremos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Al Se\u00f1or no lo limita ninguno de los elementos que tanto nos complican la vida a nosotros.  D\u00e9mosle a \u00e9l la libertad de que nos sorprenda, incomode, maraville y deslumbre. Lo \u00fanico que le pedimos, es que no nos deje solos&#8230;<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p>                    Reconciliar dos posturas aparentemente contradictorias no es tarea f&aacute;cil. La dificultad de este desaf&iacute;o queda claramente evidenciada por la larga historia que arrastra el pueblo de Dios de ubicarse en los extremos de la verdad. El reto se present&oacute; cuando la Iglesia apenas daba sus primeros pasos. Algunos cre&iacute;an que &uacute;nicamente a los jud&iacute;os se les deb&iacute;a presentar el evangelio. Otros cre&iacute;an que era hora de trabajar entre los gentiles.<br \/>\nLas posturas intransigentes solamente cedieron cuando un concilio en Jerusal&eacute;n (Hch 15), acompa&ntilde;ado del consejo del Esp&iacute;ritu, logr&oacute; destrabar la situaci&oacute;n. La soluci&oacute;n m&aacute;s l&oacute;gica y obvia parece haber sido, tambi&eacute;n, la m&aacute;s esquiva: &iquest;Por qu&eacute; no sembrar la palabra en ambos pueblos, los jud&iacute;os y los gentiles?El resultado de esta tendencia es que no logramos un acercamiento a los que est&aacute;n en &laquo;la otra punta&raquo;.  No hab&iacute;a pasado mucho tiempo cuando segmentos de la Iglesia reci&eacute;n nacida comenzaron otra vez a ubicarse en extremos. Unos se inclinaban por una fe complaciente, apoyada enteramente en la gracia de Dios. Otros argumentaban que las obras eran las que justificaban al hombre. El ap&oacute;stol Santiago acab&oacute; redactando una carta en la que afirmaba que la fe, sin obras, no serv&iacute;a. Su argumento volv&iacute;a a se&ntilde;alar que la soluci&oacute;n no pasaba solamente por la fe, ni las obras, sino por la sabia combinaci&oacute;n de ambos elementos.<br \/>\nEl paso de los siglos, sin embargo, no ha servido de ayuda en este punto. La historia de la Iglesia est&aacute; plagada de interminables luchas por instalar posturas extremas que, inevitablemente, excluyen parte de la verdad revelada. &iquest;Nos volcamos exclusivamente a las misiones, o trabajamos solamente en la iglesia local? &iquest;Ofrecemos educaci&oacute;n teol&oacute;gica, o huimos despavoridos de ella? &iquest;Nos inclinamos hacia una formaci&oacute;n intelectual o una capacitaci&oacute;n pr&aacute;ctica? &iquest;Nos dedicamos a la evangelizaci&oacute;n, o concentramos nuestros esfuerzos en las necesidades de la congregaci&oacute;n? El triste resultado de esta obstinada tendencia es que no logramos siquiera un acercamiento a los que est&aacute;n en &laquo;la otra punta&raquo; de nuestra postura. La distancia que separa los extremos es tan inmensa que solamente los m&aacute;s atrevidos se animar&aacute;n a recorrerla.<br \/>\nLo asombroso es que, cuando alguno decide abandonar su postura, lo hace para &iexcl;instalarse en el otro extremo! A lo largo de los a&ntilde;os he conocido a una multitud de personas que se han &laquo;cruzado de bando&raquo;. Algunos, cansados de un men&uacute; exclusivo de milagros y pseudos-milagros, se han instalado en congregaciones cuya postura es pr&aacute;cticamente anti-pentecostal. Otros, fastidiados con el ambiente sobrio y racional de las iglesias hist&oacute;ricas, han optado por un pentecostalismo a&uacute;n m&aacute;s radical que el de los propios pentecostales. Ambos grupos, desde su nuevo lugar, ahora se dedican a denunciar a los que, en otro tiempo, eran compa&ntilde;eros de camino.<br \/>\nSeguramente nuestra predilecci&oacute;n por las posturas extremas tiene que ver con la profunda inseguridad que nos caracteriza como seres humanos. No nos sentimos a gusto cuando la vida nos presenta matices indefinidos. Preferimos la aparente certeza de los absolutos, porque tienen fachada de verdad. No obstante, la Biblia est&aacute; repleta de situaciones que no encuadran con nuestros absolutos. &iquest;No se puede beber vino? Jes&uacute;s cambi&oacute; el agua en vino. &iquest;Dios condena la poligamia? El autor del Salmo 23 tuvo m&aacute;s de cinco esposas. &iquest;Los mentirosos no entrar&aacute;n en el cielo? Rahab fue salvada por mentir sobre la ubicaci&oacute;n de los esp&iacute;as. La lista es muy larga, simplemente porque la vida no transcurre en blanco y negro sino, m&aacute;s bien, en una gran gama de grises que no siempre se prestan a ser clasificados.<br \/>\nEn ning&uacute;n tema es tan aparente nuestra tendencia a los extremos como el de las se&ntilde;ales y los prodigios. La necesidad de definiciones en este asunto se torna imperiosa, quiz&aacute;s porque es aqu&iacute; donde experimentamos, en toda su intensidad, el frustrante misterio de qui&eacute;n es Dios. Los milagros, las se&ntilde;ales y los prodigios se resisten a nuestros intentos de encasillarlos, porque son una extensi&oacute;n del mismo coraz&oacute;n de Dios. Y Dios no se explica, se adora.<br \/>\nPara vivir c&oacute;modos con las se&ntilde;ales y los prodigios tenemos que estar dispuestos a convivir con la incomodidad. Huimos de las posturas extremas porque sus limitaciones no satisfacen la despiadada realidad de una vida, muchas veces, cruel. Movidos a compasi&oacute;n&nbsp; no nos atrevemos a condenar al enfermo que no san&oacute; porque &laquo;le falt&oacute; fe&raquo;.Los milagros y los prodigios se resisten a nuestros intentos de encasillarlos, estos son una extensi&oacute;n del mismo coraz&oacute;n de Dios. Tampoco nos animamos a la osada declaraci&oacute;n de que toda opresi&oacute;n diab&oacute;lica es, en realidad, un desequilibrio psicol&oacute;gico, ni que los milagros fueron para otro tiempo, porque acabamos con un Dios inofensivo, pasado de moda. M&aacute;s bien nos abrimos a todo el misterio de Dios, sin la necesidad de explicarlo ni encasillarlo. Y cuando lo hacemos, &eacute;l podr&aacute; moverse como &eacute;l quiere. Seguramente comenzar&aacute; a manifestarse m&aacute;s frecuentemente en nuestro medio e, inevitablemente, los milagros y los prodigios ser&aacute;n parte de lo que ocurre. A &eacute;l no lo limita ninguno de los elementos que tanto nos complican la vida a nosotros.&nbsp; D&eacute;mosle a &eacute;l la libertad de que nos sorprenda, incomode, maraville y deslumbre. Lo &uacute;nico que le pedimos, es que no nos deje solos.\n                    <\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">\u00a9Copyright 2009, Desarrollo Cristiano Internacional. Publicado en Apuntes Digital II-4, todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw Al Se\u00f1or no lo limita ninguno de los elementos que tanto nos complican la vida a nosotros. D\u00e9mosle a \u00e9l la libertad de que nos sorprenda, incomode, maraville y deslumbre. Lo \u00fanico que le pedimos, es que no nos deje solos&#8230; Reconciliar dos posturas aparentemente contradictorias no es tarea f&aacute;cil. 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