{"id":3371,"date":"2015-12-01T01:13:15","date_gmt":"2015-12-01T06:13:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pastor-subversivo-primera-parte\/"},"modified":"2015-12-01T01:13:15","modified_gmt":"2015-12-01T06:13:15","slug":"el-pastor-subversivo-primera-parte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pastor-subversivo-primera-parte\/","title":{"rendered":"El pastor subversivo (Primera parte)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Eugene Peterson<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Como pastor no me gusta que me vean como una buena persona, alguien con un trabajo inofensivo&#8230;<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Me molesta cuando alg&uacute;n empresario, al escuchar mi pr&eacute;dica, me comenta: &laquo;Pastor, est&aacute; todo muy lindo, pero esas verdades no se pueden vivir en el mundo real&raquo;.Creo que el reino de este mundo se convertir&aacute; en el reino de Dios y de Cristo. Es m&aacute;s; creo que ese Reino ya se ha manifestado en medio de nosotros. Supongo que mi fastidio tiene que ver con el hecho de que siempre he pensado que nosotros, los pastores, pertenecemos al mundo real. Es un mundo en el que la gracia, que pretendemos ministrar por medio de la cruz de Cristo, transforma la vida de aquellos que viven d&iacute;a a d&iacute;a en medio de las tinieblas. No obstante, el comentario del empresario me golpea fuerte. &Eacute;l no me considera real. Para &eacute;l, hacer negocios es m&aacute;s importante que adorar a Dios. La oraci&oacute;n no es una de sus prioridades. Ir a la iglesia es su actividad de los fines de semana, &iexcl;cuando se a&iacute;sla del mundo real!<br \/>\nEl reino que viene<br \/>\nBrota en mi interior el deseo de demostrarle que soy valioso. Quiero llevarlo a entender que soy un integrante clave en el proyecto de Dios, que tengo m&aacute;s peso de lo que este empresario percibe. Pero en ese momento recuerdo que soy un subversivo. Mi efectividad, a largo plazo, descansa en que no me reconozcan por lo que soy. Si este hombre se enterara de que realmente creo que este presente siglo ser&aacute; destruido, para ser reemplazado por otro reino que se est&aacute; montado en secreto, no me escuchar&iacute;a nunca m&aacute;s. Si &eacute;l entendiera lo que realmente estoy haciendo y el verdadero impacto que tiene mi vida, &iexcl;me echar&iacute;a!<br \/>\n&iexcl;As&iacute; es! Creo que el reino de este mundo se convertir&aacute; en el reino de Dios y de Cristo. Es m&aacute;s; creo que ese Reino ya se ha manifestado en medio de nosotros. Precisamente por eso soy pastor, porque mi vocaci&oacute;n es presentar el Reino a las personas y ayudarlas a vivir en el mundo real, que es el mundo que viene. Lo m&eacute;todos que sirven para fortalecer los sistemas y las instituciones de este mundo no sirven para edificar el reino de los cielos. Debemos aprender un nuevo m&eacute;todo, un camino que es distinto a los caminos que han ganado popularidad entre los hombres.<br \/>\nNo obstante, estos caminos populares son los que atesoran la mayor&iacute;a de las personas de mi congregaci&oacute;n. Muchos de ellos creen que los valores de Dios y los valores de la cultura son muy similares. En esto consiste, precisamente, la instituci&oacute;n de la religi&oacute;n, la m&aacute;s antigua sobre la faz de la tierra. Ha sido edificada sobre la convicci&oacute;n de que los deseos de Dios y los nuestros son pr&aacute;cticamente iguales.<br \/>\nComo pastor, no estoy dispuesto a apoyar estas convicciones. El Se&ntilde;or tiene algo enteramente diferente en mente para nuestra vida. Para ayudar a las personas a convertirse al reino de Dios utilizo el m&eacute;todo de la subversi&oacute;n.<br \/>\nExtra&ntilde;a vocaci&oacute;n<br \/>\nLos pastores ocupamos un lugar at&iacute;pico en la vida de las personas. Las comunidades de fe esperan de nosotros que los convoquemos a reuniones, les ense&ntilde;emos y prediquemos, proveyendo la direcci&oacute;n y el &aacute;nimo en los desaf&iacute;os de la vida espiritual. Dentro del &aacute;mbito de nuestras propias congregaciones gozamos de un modesto reconocimiento. Ocasionalmente algunos alcanzan reconocimiento regional o nacional, pero la mayor&iacute;a de nosotros somos conocidos solamente en el &aacute;mbito de nuestras propias congregaciones.<br \/>\nAparecemos fugazmente en la vida de otros en ceremonias de casamientos, bautismos y funerales. Por lo general la gente nos trata con respeto, pero no nos considera importantes en el sentido social, cultural o econ&oacute;mico del pa&iacute;s. Los m&aacute;s bondadosos nos ven como inofensivos. Los m&aacute;s &aacute;cidos nos ven como par&aacute;sitos.<br \/>\n&iquest;Pastorado inofensivo?<br \/>\nPero no es esto lo que ten&iacute;amos en mente cuando asentimos al llamado de desempe&ntilde;ar la funci&oacute;n de pastores. No imagin&aacute;bamos estar ocupados en algo tan benigno, ni tampoco tan perif&eacute;rico a la existencia de la gente. Las figuras que nos inspiraron eran mucho m&aacute;s radicales: Mois&eacute;s, que denuncia al fara&oacute;n; El&iacute;as, que hace caer fuego del cielo; Pedro, que sana al paral&iacute;tico; o Pablo, que se lleva por delante el Imperio Romano. Durante los a&ntilde;os de nuestra formaci&oacute;n se nos habl&oacute; que el reino de Dios era revolucionario, desestabilizante, amenazante a los principados y a las potestades del aire.Los que se descuidan encontrar&aacute;n que el ejercicio de la imaginaci&oacute;n se convierte en ejercicio de la fe. El vocabulario que aprendimos, en anticipaci&oacute;n a nuestra tarea, era de batalla (&laquo;no peleamos contra sangre ni carne&raquo;), de riesgo (&laquo;vuestro adversario, el diablo, anda como le&oacute;n rugiente buscando a quien devorar&raquo;) y de austeridad (&laquo;toma tu cruz y s&iacute;gueme&raquo;). Pero cuando llegamos al pastorado nos encontramos con pocas oportunidades de usar los t&eacute;rminos que hab&iacute;amos aprendido y r&aacute;pidamente estos conceptos cayeron en desuso.<br \/>\nTodos son cordiales con nosotros, pero nadie nos toma en serio. Cuando anunciamos que el Reino ha llegado, nadie se pone nervioso. Cuando pronunciamos los mismos conceptos radicales que Cristo predic&oacute; acerca del amor, la fe, la paz y el pecado, la gente simplemente nos escucha con cortes&iacute;a, aunque en otros tiempos estos principios desataron la pasi&oacute;n y el martirio. Descubrimos que es dif&iacute;cil trabajar como revolucionarios cuando todos lo tratan a uno con la misma afabilidad que a un cajero del supermercado.<br \/>\nEsp&iacute;as encubiertos<br \/>\n&iquest;Ser&aacute; que tienen raz&oacute;n estas personas? &iquest;Es que no representamos ninguna amenaza al estilo de vida que las personas han escogido? Muchos pastores, d&aacute;ndose cuenta de que en realidad no impactan a otros como desean, acaban adapt&aacute;ndose al rol y asumiendo la tarea de ser capellanes de la cultura. Los que no se amoldan, sin embargo, descubren que pueden ser subversivos.<br \/>\nEstos, mientras desarrollan las aparentes inofensivas tareas pastorales, est&aacute;n permanentemente al acecho del verdadero enemigo, el reino del ego. Este reino est&aacute; ferozmente defendido, escondido detr&aacute;s de fachadas que intentan impresionar con un seudo-cristianismo, pero que no admite, bajo ning&uacute;n concepto, ceder terreno ante el reino de los cielos. El pastor subversivo continuamente busca se&ntilde;ales en la gente que delaten la existencia de una peque&ntilde;a fisura que permita acceder a las intimidades del coraz&oacute;n. Mientras predica, ense&ntilde;a o conversa, examina, en lo secreto, a las personas en busca de un ojo que se empa&ntilde;e, una mirada que se desv&iacute;e, un suspiro, un cambio en el tono de voz que revele apertura a lo espiritual. Tratar de discernir la realidad oculta detr&aacute;s de las fachadas demanda concentraci&oacute;n y perseverancia.<br \/>\nEl reino del ego no ceder&aacute; sin dar batalla. El pecado no es un significante tropez&oacute;n moral, sino una actitud de rebeld&iacute;a directa a la soberan&iacute;a de Dios. Los asaltos directos contra este reino son insospechablemente ineficaces. Pegarle de frente al pecado es como golpear un clavo con un martillo: cuanto m&aacute;s uno le pega m&aacute;s adentro se mete. En ocasiones el ataque frontal da resultados, pero el camino indirecto es el que m&aacute;s a menudo escoge el Se&ntilde;or.<br \/>\nJes&uacute;s subversivo<br \/>\nJes&uacute;s es el gran maestro de la subversi&oacute;n. Hasta el &uacute;ltimo momento, todos, incluyendo a sus disc&iacute;pulos, lo llamaban Rab&iacute;. Los rabinos eran importantes, pero no eran agentes de cambio. Cuando ocasionalmente las personas comenzaban a sospechar que Jes&uacute;s era algo m&aacute;s que esto, &eacute;l buscaba la forma de mantener el hecho en secreto: &laquo;No digan nada a nadie&raquo;.Pr&aacute;cticamente no existe alg&uacute;n detalle en la historia del evangelio que no fuera, en alg&uacute;n momento, descartado por ser improbable, ignorado por ser demasiado obvio, o rechazado por ser ilegal. Una simple historia<br \/>\nLa par&aacute;bola, uno de los g&eacute;neros preferidos por Cristo, es subversiva. Las par&aacute;bolas parecen absolutamente ordinarias, historias comunes de semillas, tierra, monedas, bandidos y ovejas. Son, tambi&eacute;n, enteramente seculares. De las cuarenta par&aacute;bolas en los evangelios, solamente una ocurre en un contexto religioso, y apenas un pu&ntilde;ado mencionan el nombre de Dios.<br \/>\nCuando la gente escuchaba estas historias ve&iacute;an inmediatamente que no se relacionaban para nada con Dios y por eso no se sent&iacute;an amenazadas por ellas. Relajaban su postura defensiva. Se retiraban perplejos, tratando de entender el significado de historias que, sin darse cuenta, se hab&iacute;an alojado en sus mentes. Y luego, como una bomba de tiempo, inesperadamente explotaban en sus corazones desprotegidos. Un abismo se abr&iacute;a ante ellos. Jes&uacute;s s&iacute; hab&iacute;a estado hablando de Dios, y ellos, ahora, hab&iacute;an sido &iexcl;invadidos por esa palabra!<br \/>\nJes&uacute;s continuamente arrojaba extra&ntilde;as historias a los pies de gente ordinaria y luego se retiraba, sin hacer un llamado ni explicar el significado de las mismas. Luego, los que las hab&iacute;an o&iacute;do comenzaban a ver las conexiones: se vinculaban con Dios, con la vida y con la eternidad. El mismo hecho de que eran tan obvias no advert&iacute;a a los oyentes del impacto que podr&iacute;an ejercer sobre sus vidas. No era la par&aacute;bola la que trabajaba en ellos, sino la imaginaci&oacute;n que estimulaba la historia de la par&aacute;bola. Este g&eacute;nero literario no es una historia que simplifica verdades, sino un cuento que las complica, pues se requiere valerse de la imaginaci&oacute;n para entenderla. Los que se descuidan encontrar&aacute;n que el ejercicio de la imaginaci&oacute;n se convierte en ejercicio de la fe.<br \/>\nDefensas vulneradas<br \/>\nLas par&aacute;bolas logran penetrar, subversivamente, las defensas contra nuestra fe. Una vez alojadas en el fort&iacute;n de nuestro ego podr&iacute;amos esperar un cambio de estrategia, una repentina aparici&oacute;n de espadas que perpet&uacute;e un golpe de estado. Nada de esto sucede, sin embargo. Nuestra integridad se mantiene intacta. Dios no impone su realidad desde afuera, sino que cultiva flores y frutas desde adentro. La verdad del Se&ntilde;or no es una invasi&oacute;n extraterrestre, sino una seductora relaci&oacute;n de amor en la que los detalles de nuestra vida cotidiana son valorados como semillas que germinar&aacute;n para el reino de los cielos. Las par&aacute;bolas conf&iacute;an en nuestra imaginaci&oacute;n, es decir en nuestra fe. No nos conducen, de manera paternalista, hacia un aula donde se nos explican y diagraman las verdades de la vida. No nos obligan a enrolarnos en regimientos donde marchamos todos a un paso moralmente aprobado.<br \/>\nPr&aacute;cticamente no existe alg&uacute;n detalle en la historia del evangelio que no fuera, en alg&uacute;n momento, descartado por ser improbable, ignorado por ser demasiado obvio, o rechazado por ser ilegal. Detr&aacute;s de la fachada de lo convencional y lo ordinario, cada detalle efectivamente se&ntilde;alaba la llegada del Reino: concepci&oacute;n (tal como se la consideraba) ilegal, nacimiento en establo, silencio en Nazaret, secularismo en Galilea, sanidades sab&aacute;ticas, oraciones en Getseman&iacute;, muerte criminal, agua de bautismo, pan y vino de Eucarist&iacute;a&hellip; todo era subversivo&#8230;<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Se tom\u00f3 y adapt\u00f3 de Christianity Today, \u00a9 1989. Se usa con permiso. Apuntes Pastorales, Volumen II &#8211; N\u00famero 5, edici\u00f3n de noviembre y diciembre de 2009. Todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Eugene Peterson Como pastor no me gusta que me vean como una buena persona, alguien con un trabajo inofensivo&#8230; Me molesta cuando alg&uacute;n empresario, al escuchar mi pr&eacute;dica, me comenta: &laquo;Pastor, est&aacute; todo muy lindo, pero esas verdades no se pueden vivir en el mundo real&raquo;.Creo que el reino de este mundo se convertir&aacute; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-pastor-subversivo-primera-parte\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEl pastor subversivo (Primera parte)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3371","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3371","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3371"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3371\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3371"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3371"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3371"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}