{"id":3382,"date":"2015-12-01T01:13:30","date_gmt":"2015-12-01T06:13:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vivir-el-reino\/"},"modified":"2015-12-01T01:13:30","modified_gmt":"2015-12-01T06:13:30","slug":"vivir-el-reino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vivir-el-reino\/","title":{"rendered":"Vivir el Reino"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Dios nos invita, en Cristo, a recuperar nuestra vocaci\u00f3n de ejercer dominio sobre la tierra.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Para entender mejor la vida a la que hemos sido llamados necesitamos comprender el concepto de reino. La verdad es que cada uno de nosotros posee un &laquo;reino&raquo;, ese espacio donde nuestras decisiones afectan lo que ocurre alrededor de nosotros. En algunos casos este &laquo;reino&raquo; ser&aacute; diminuto, pues influenciar&aacute; solamente la vida de la familia y parientes; mientras que en otros la esfera afectada por las decisiones personales se extender&aacute; a la vida de naciones enteras. Sin relacionarlo al tama&ntilde;o de estos dominios, nuestro &laquo;reino&raquo; es aquella parte de nuestra vida que est&aacute; sujeta a nuestra propia voluntad.Las personas no pueden producir el Reino, ni establecerlo. Tampoco pueden impedir su progreso. Solamente pueden aceptar la invitaci&oacute;n a vivir dentro de &Eacute;l. Es importante entender este concepto porque el dise&ntilde;o original de Dios para el hombre fue, precisamente, que ejerciera &laquo;dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra&raquo; (Gn 1.26). Este dominio, claro est&aacute;, deb&iacute;a practicarse dentro de los par&aacute;metros establecidos en el mismo momento en que el Se&ntilde;or le dio existencia. No obstante, un rasgo distintivo de nuestra identidad como seres humanos, es nuestra vocaci&oacute;n de reinar.<br \/>\nLa sociolog&iacute;a hoy identifica esta necesidad de tener &laquo;voz y voto&raquo;, en el rumbo que toma nuestra existencia, como una de las caracter&iacute;sticas esenciales para una vida sana. Las personas que han perdido por completo su capacidad de decidir sobre su propio destino dejan de ser personas, en el sentido m&aacute;s profundo de la palabra.<br \/>\nEsta capacidad de reinar, se entiende, ha sido dram&aacute;ticamente afectada por el pecado, de manera que muchas veces termina siendo un sistema para convertir todo lo que est&aacute; alrededor de nosotros en algo que sirve solamente a nuestros propios intereses. Cuando escogemos, sin embargo, someter nuestro &laquo;reinado&raquo; al se&ntilde;or&iacute;o de nuestro Creador, la capacidad de reinar para bien se recupera y nos volvemos a alinear con nuestro llamado original.<br \/>\nEl reino de Dios<br \/>\nEl reino de Dios es aquel espacio donde se hace lo que &eacute;l desea. La persona de Dios y sus acciones son el eje central de este Reino, y todo lo que se sujeta a los principios con los que reina, ya sea por creaci&oacute;n o por elecci&oacute;n, pasa a estar dentro de su Reino. Por ser Dios un ser eterno, el salmista declara, confiado: &laquo;Tu reino es reino por todos los siglos, y tu dominio permanece por todas las generaciones&raquo; (145.13). Del mismo modo el autor de Hebreos afirma que el reino &laquo;es inconmovible&raquo; (12.27). Su reino nunca peligra, ni tampoco se somete a los caprichos de los seres humanos.<br \/>\nEs importante entender este concepto por dos razones: En primer lugar, las personas no pueden producir el Reino, ni establecerlo. Tampoco pueden impedir su progreso. Solamente pueden aceptar la invitaci&oacute;n a vivir dentro del Reino. En segundo lugar, contrario a una idea popularizada en la Iglesia, el Reino no es principalmente algo que existe &laquo;en los corazones&raquo; de quienes se han sometido al Se&ntilde;or. El reino de Dios es una realidad que afecta hasta los rincones m&aacute;s rec&oacute;nditos del universo, los cuales pueden incluir las esferas del mundo interior de cada ser humano, pero de ninguna manera se limita a este espacio.<br \/>\nCristo no anuncia la llegada del Reino, el cual ha existido desde la eternidad, sino una nueva forma de acceder al Reino, por medio del camino que ofrece su propia vida. Cuando nos ense&ntilde;a que oremos para que &laquo;venga&raquo; el Reino, no est&aacute; indicando que a&uacute;n debe llegar, sino, m&aacute;s bien, que los hijos de Dios deseen que la esfera de influencia del Alt&iacute;simo sobre el destino de los hombres sea cada vez m&aacute;s extensa.<br \/>\nEl reino de Cristo<br \/>\nLa vida de Jes&uacute;s es la que ilustra la manera que debemos reinar, la cual debe estar unida al reino del Padre. Una y otra vez el Se&ntilde;or cont&oacute; historias acerca de la realidad en el reino de Dios, y su audiencia, mayormente jud&iacute;a, las entend&iacute;an perfectamente dentro del contexto hist&oacute;rico de la naci&oacute;n. No dudaban de que Cristo serv&iacute;a al pueblo con el Padre, y que el Padre se mov&iacute;a con Cristo. Se&ntilde;al&oacute; que &laquo;las obras que el Padre me ha dado para llevar a cabo, las mismas obras que yo hago, dan testimonio de m&iacute;, de que el Padre me ha enviado&raquo; (Jn 5.36). De igual manera afirm&oacute; que &laquo;las palabras que yo os digo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en m&iacute; es el que hace las obras&raquo; (Jn 14.10).Todas las esferas de la vida quedan afectadas por esta decisi&oacute;n y, efectivamente, el reino de Dios comienza a extenderse hacia todo lo que forma parte de nuestra existencia cotidiana.  Cuando anunci&oacute; que el reino de Dios se hab&iacute;a acercado, Jes&uacute;s daba a entender lo que &eacute;l pod&iacute;a hacer por las personas de la mano del Padre. Dios actuaba por medio de &eacute;l. En su vida y ministerio se ve&iacute;a la confirmaci&oacute;n de que reinaba por medio del reino del Padre. Esta es la raz&oacute;n por la que las personas, al finalizar el Serm&oacute;n del Monte, &laquo;se admiraban de su ense&ntilde;anza; porque les ense&ntilde;aba como uno que tiene autoridad, y no como sus escribas&raquo; (Mt 7.28&ndash;29). Al sujetar su reino al del Padre, el impacto de todo lo que llevaba a cabo se multiplicaba en gran manera.<br \/>\nReinar juntos<br \/>\nCristo invita a aquellos que entran al Reino a que ejerzan el mismo reinado de &eacute;l, en sujeci&oacute;n absoluta al Padre. Cuando los principios del Reino se manifiestan plenamente en la vida de los que deciden seguirlo, los espacios donde los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or desarrollan sus actividades cotidianas tambi&eacute;n son permeados e impactados por el reino de Dios.<br \/>\nLa exhortaci&oacute;n a &laquo;primeramente buscar el reino de Dios&raquo; (Mt 6.33) se alinea con la prioridad que impuso en el gran mandamiento: Amar a Dios siempre precede a amar al pr&oacute;jimo, porque no existe un sano ejercicio del &laquo;reino&raquo; personal hasta que nuestra capacidad de reinar haya sido sujetada e integrada al se&ntilde;or&iacute;o de Dios.<br \/>\nEn Cristo vemos el alcance del impacto de una vida que est&aacute; completa y absolutamente entregada a hacer la voluntad del Padre. Es por esto que Jes&uacute;s afirma que el Reino se ha instalado, en plenitud, en medio de los hombres.<br \/>\nNo se refiere a un lugar geogr&aacute;fico, ni a una cultura, ni tampoco a un sistema pol&iacute;tico, sino al estilo de vida que resulta cuando los seres humanos deciden alinear sus voluntades con la voluntad de Dios. Todas las esferas de la vida quedan afectadas por esta decisi&oacute;n y, efectivamente, el reino de Dios comienza a extenderse hacia todo lo que forma parte de nuestra existencia cotidiana.<br \/>\nAquellas personas a las que el Reino de Dios ha transformado, se convierten en &laquo;co-regentes&raquo; con el Se&ntilde;or. Es decir, reinan con &eacute;l porque sujetan todas las esferas de su vida a los mismos principios que han incorporado a su propia existencia. De esta manera, la forma en que visten, administran su dinero, se relacionan con sus vecinos, parientes y amigos, c&oacute;mo invierten su tiempo libre o la forma en que llevan adelante sus responsabilidades laborales las moldean los principios del Reino. En efecto, el Reino se extiende a cada uno de estos espacios donde el ejercicio de la voluntad del individuo altera el rumbo de la vida.<br \/>\nAnte este panorama resulta f&aacute;cil visualizar c&oacute;mo el reino de Dios puede lentamente cambiar el rumbo de una naci&oacute;n. Si la forma en que usamos nuestro dinero, por ejemplo, la hemos sujetado a nuestra voluntad, y esa voluntad, al Se&ntilde;or, entonces mi relaci&oacute;n con los comercios, y quienes los manejan, tambi&eacute;n quedar&aacute; afectada. Si multiplic&aacute;ramos este efecto por millones de vidas que han aceptado la invitaci&oacute;n a vivir bajo el reino de Dios, la misma econom&iacute;a de una naci&oacute;n sufrir&iacute;a una transformaci&oacute;n arrolladora. De esta manera, entonces, el Reino se establece por un proceso misterioso que no tiene por protagonista a ning&uacute;n ser humano, sino que es la multiplicaci&oacute;n de las consecuencias de volver a vivir bajo el reino de Dios.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Las ideas desarrolladas en este art\u00edculo han sido tomadas del libro The Divine Conspiracy, de Dallas Willard, Harper San Francisco, 1998. \u00a9Apuntes Digital, Volumen II &#8211; N\u00famero 5. Todos los derechos reservados.\n<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw Dios nos invita, en Cristo, a recuperar nuestra vocaci\u00f3n de ejercer dominio sobre la tierra. 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