{"id":3390,"date":"2015-12-01T01:13:39","date_gmt":"2015-12-01T06:13:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/desnudo-en-el-pulpito-parte-i\/"},"modified":"2015-12-01T01:13:39","modified_gmt":"2015-12-01T06:13:39","slug":"desnudo-en-el-pulpito-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/desnudo-en-el-pulpito-parte-i\/","title":{"rendered":"Desnudo en el p\u00falpito, parte I"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Tim Keel<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Predicar es una acci\u00f3n que por naturaleza es insensata. Pablo comenta que Dios lo exhibi\u00f3 p\u00fablicamente como a un insensato (1Co 4.9\u201310). Para experimentar la intimidad, debe existir la vulnerabilidad.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando termin&eacute; el seminario, pens&eacute; equivocadamente que el prop&oacute;sito de predicar era transmitir informaci&oacute;n. Esa era mi convicci&oacute;n antes de mi viaje a la India. Cerca de un a&ntilde;o m&aacute;s tarde de haber fundado la iglesia Jacob&acute;s Well (El pozo de Jacob), un amigo me invit&oacute; a predicar en la India, pero, ni bien hab&iacute;a llegado, me enter&eacute; de que deb&iacute;a predicar catorce veces en once d&iacute;as.<br \/>\nAl principio, me enoj&eacute;. &iquest;C&oacute;mo iba a poder preparar catorce sermones en tan poco tiempo y sin todos los recursos que hab&iacute;a dejado en mi casa? Aunque no me enorgullece admitirlo, esta situaci&oacute;n revel&oacute; que para m&iacute; la tarea de predicar se hab&iacute;a convertido en una especie de actuaci&oacute;n, para impresionar a la gente con mi conocimiento. Ahora, me encontraba ah&iacute; y no hab&iacute;a manera alguna de prepararme lo suficiente para impresionar.Predicar es una acci&oacute;n &iacute;ntima porque demanda que revele p&uacute;blicamente en mi vida a la persona de Cristo.<br \/>\nCambio de &oacute;ptica<br \/>\nEntonces, todav&iacute;a enojado, sent&iacute; que Dios me invitaba a hacer algo m&aacute;s que predicar. Esta era una oportunidad para que &eacute;l me discipulara para beneficio de los que me rodeaban y para el m&iacute;o propio. Fue as&iacute; que, de mala gana, acept&eacute; no prepararme. Aunque el grupo nunca ser&iacute;a el mismo, sent&iacute;a que no deb&iacute;a predicar el mismo mensaje dos veces.<br \/>\nEn vez de eso, me presentaba y permit&iacute;a que Dios me diera las palabras que deb&iacute;a pronunciar, dependiendo de las personas, el contexto, y lo que ocurr&iacute;a en mi interior. As&iacute; prediqu&eacute; durante casi dos semanas. Todas las veces, durante los once d&iacute;as, luchaba contra Dios por este asunto. Y todas las veces lo obedec&iacute;, y &eacute;l me guiaba en lo que deb&iacute;a predicar.<br \/>\n&iexcl;Nunca me hab&iacute;a sentido tan vivo!<br \/>\nCada vez que me levantaba, Dios estaba ah&iacute;. Sin embargo, no era una creaci&oacute;n de la nada. Me ven&iacute;an a la cabeza datos aislados de mensajes anteriores, pasajes de las Escrituras en los cu&aacute;les hab&iacute;a estado meditando (o bien hab&iacute;a pasado por alto), aspectos de mi propia vida que se volvieron muy importantes. En alg&uacute;n punto, entre todos estos elementos y el caos del entorno, se produc&iacute;a la creaci&oacute;n.<br \/>\nVolver a lo sencillo<br \/>\nSimplemente, me pon&iacute;a de pie, le&iacute;a un texto de las Escrituras, y expon&iacute;a sobre lo que Dios hablaba a trav&eacute;s de esa palabra y c&oacute;mo yo estaba procurando vivirla. Fue muy humillante, y el sentimiento fue todo lo contrario de lo que hab&iacute;a experimentado en el ministerio hasta ese momento.<br \/>\nEn ese lugar de la India, la influencia de la cultura occidental es muy fuerte, y los j&oacute;venes est&aacute;n deslumbrados con lo que llega de Am&eacute;rica. Por eso habl&eacute; de Eclesiast&eacute;s y del descontento que sufri&oacute; el autor, luego de que todos sus deseos se cumplieran. A una comunidad de viudas, les habl&eacute; de Abraham y de la forma en que Dios, luego de hacerle promesas a su siervo, le presentaba dificultades que revelaban su falta de confianza y lo que, a su vez, provocaba que &eacute;l volviera a confiar en Dios antes de obtener la soluci&oacute;n.<br \/>\nEn el viaje de regreso de la India a la ciudad de Kansas, sent&iacute; que Dios me estaba ordenando: &laquo;Lo que acabas de llevar a cabo en la India, quiero que eso mismo lo empieces en tu ciudad&raquo;.<br \/>\nHablar desde el coraz&oacute;n<br \/>\nAs&iacute; comenz&oacute; mi peregrinaje. Fue un proceso por el que mis mensajes dejaron de provenir simplemente de mi mente, y empezaron a salir desde lo profundo de mi coraz&oacute;n y de todo mi ser hacia la congregaci&oacute;n. En m&iacute;, la tarea de predicar se ha convertido en una experiencia &iacute;ntima, integral. Es mucho m&aacute;s que simplemente pasar informaci&oacute;n a la cabeza de otras personas.<br \/>\nCuando me inici&eacute; en el ministerio, a los veintid&oacute;s a&ntilde;os, comenc&eacute; a trabajar semanalmente como obrero. Cada semana, me paraba frente a los adolescentes de la escuela secundaria y les predicaba el evangelio. Luego de practicar eso durante tres a&ntilde;os, entr&eacute; al seminario, donde aprend&iacute; ex&eacute;gesis, y luego de la ex&eacute;gesis, tom&eacute; el curso de Homil&eacute;tica.<br \/>\nMe empap&eacute; de textos b&iacute;blicos. Un profesor nos hab&iacute;a indicado que deb&iacute;amos dedicar unas veinte horas por semana para preparar cualquier mensaje, y nos exig&iacute;a que escribi&eacute;ramos el serm&oacute;n palabra por palabra, y luego deb&iacute;amos exponerlo sin ning&uacute;n apunte a la vista.<br \/>\nEl seminario me ayud&oacute;. Era estudiante de arte en la universidad, y los asuntos acad&eacute;micos me pon&iacute;an nervioso. En el seminario, me enamor&eacute; de los estudios. Pero alej&eacute; mi coraz&oacute;n de ellos y los instal&eacute; en mi cabeza. Y me result&oacute; tan tentador quedarme as&iacute;.<br \/>\nMi cabeza estaba repleta de informaci&oacute;n y no ve&iacute;a la hora de transmitirla a los dem&aacute;s. Cre&iacute;a que si cumpl&iacute;a con mi tarea de predicador, al finalizar el serm&oacute;n, los oyentes sabr&iacute;an lo mismo que yo.<br \/>\nPero desde mi viaje a la India, ya no creo que sea as&iacute;. Creo que lo que las personas anhelan ver es a Cristo en m&iacute;, el relato de una historia.<br \/>\nCerrar brechas<br \/>\nHoy d&iacute;a, muy pocos lugares pueden permanecer si sostienen el conflicto entre lo art&iacute;stico y lo acad&eacute;mico, entre las humanidades y la ciencia, entre la gracia y la verdad, entre el coraz&oacute;n y la mente, y esto nos perjudica. Creo que las iglesias deber&iacute;an ser espacios de conciliaci&oacute;n. Predicar es una acci&oacute;n &iacute;ntima porque demanda que revele p&uacute;blicamente en mi vida a la persona de Cristo. Cuando me paro tras el p&uacute;lpito, quedo expuesto. La habilidad de estar presente frente a mi iglesia, frente al texto y frente a Dios entra&ntilde;a entregar la vida.<br \/>\nEstoy intentando describir el reino, la vida y a Dios de manera honesta para que se produzca el intercambio. Para que eso ocurra, debo estar dispuesto a ser vulnerable&hellip; a desnudarme en alg&uacute;n sentido.<br \/>\nEl concepto que plantea el libro de G&eacute;nesis, de que fuimos creados desnudos y sin verg&uuml;enza, es profundo. Consiste en que permitamos a Dios que entre hasta aquellas &aacute;reas de nuestra vida que est&aacute;n hechas pedazos, y que nos alumbre con su luz en esos sitios rec&oacute;nditos para que nos sane y restaure. As&iacute;, a trav&eacute;s de esas experiencias podremos darle esperanza a los dem&aacute;s. Nuestra vida es el escenario donde transcurre la historia de la creaci&oacute;n, de la encarnaci&oacute;n y de la re-creaci&oacute;n.Para experimentar la intimidad, debe existir la vulnerabilidad. Nuestras congregaciones est&aacute;n repletas de gente que lleva mucha vida de iglesia, pero su conexi&oacute;n con Dios es escasa.<br \/>\nSer vulnerable<br \/>\nEl periodista deportivo Red Smith coment&oacute; en cierta ocasi&oacute;n &laquo;Es muy f&aacute;cil ser escritor; s&oacute;lo debes sentarte delante de la m&aacute;quina de escribir y abrirte&raquo;. Del mismo modo, pienso que es f&aacute;cil ser predicador; todo lo que uno debe hacer es pararse delante de la congregaci&oacute;n y&hellip; abrirse. Pero para eso, necesitamos discernimiento y vulnerabilidad.<br \/>\nPor supuesto que hay que tener en cuenta los niveles apropiados de las revelaciones que hacemos. Para las personas enfermas, el p&uacute;lpito puede resultar un lugar peligroso para resolver problemas. La congregaci&oacute;n no es el lugar apropiado para hacer terapia en p&uacute;blico. Uno nunca comparte algo que uno mismo no haya tomado en cuenta para encontrarle el significado, especialmente si se relaciona con la sexualidad.<br \/>\nCuando a uno lo asaltan dudas de cu&aacute;nta informaci&oacute;n debe revelar, es necesario preguntarle a alguien de confianza. Muchas veces comparto las ideas con mi esposa: &laquo;Estaba pensando en hablar acerca de este tema, &iquest;crees que es sabio?&raquo; No muestre su interior de una manera inapropiada.<br \/>\nConclusi&oacute;n<br \/>\nPredicar es una acci&oacute;n que por naturaleza es insensata. Pablo comenta que Dios lo exhibi&oacute; p&uacute;blicamente como a un insensato (1Co 4.9&ndash;10). Para experimentar la intimidad, debe existir la vulnerabilidad. Nuestras congregaciones est&aacute;n repletas de gente que lleva mucha vida de iglesia, pero su conexi&oacute;n con Dios es escasa. Otros, que no son seguidores de Cristo, vienen solamente a fijarse si aquellos que proclaman las buenas nuevas son personas aut&eacute;nticas. Los miembros de nuestras iglesias se est&aacute;n perdiendo a Jes&uacute;s. Est&aacute;n desesperadamente hambrientos de &eacute;l. Mi viaje a la India ayud&oacute; a que mi predicaci&oacute;n diera el paso de la informaci&oacute;n hacia intimidad.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Tim Keel es el pastor fundador de la iglesia Jacob&#8217;s Well (El pozo de Jacob) en la ciudad de Kansas, en Missouri. Derechos reservados \u00a9 2005 por el autor y por Christianity Today International\/Leadership. Derechos reservados de la traducci\u00f3n \u00a92010 por DesarrolloCristiano.com<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Tim Keel Predicar es una acci\u00f3n que por naturaleza es insensata. Pablo comenta que Dios lo exhibi\u00f3 p\u00fablicamente como a un insensato (1Co 4.9\u201310). Para experimentar la intimidad, debe existir la vulnerabilidad. Cuando termin&eacute; el seminario, pens&eacute; equivocadamente que el prop&oacute;sito de predicar era transmitir informaci&oacute;n. 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