{"id":33918,"date":"2016-06-13T18:08:16","date_gmt":"2016-06-13T23:08:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-envidia-ese-pecado-tan-espanol-y-tan-peligroso\/"},"modified":"2016-06-13T18:08:16","modified_gmt":"2016-06-13T23:08:16","slug":"la-envidia-ese-pecado-tan-espanol-y-tan-peligroso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-envidia-ese-pecado-tan-espanol-y-tan-peligroso\/","title":{"rendered":"La envidia, ese pecado &#8220;tan espa\u00f1ol&#8221; y tan&nbsp;peligroso"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Gaudium Press<\/b><\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align:left;\">La paradoja de la envidia es que comienza cuando juzgamos que se nos tiene envidia. Nace de nuestras comparaciones desleales (malas emulaciones) y del desconocimiento o del mal uso que hacemos de nuestras cualidades personales. Pero en desconocer nuestras cualidades personales puede haber no falta grave sino mala educaci\u00f3n. Un ni\u00f1o puede desconocer sus cualidades personales porque le inculcaron la creencia de tener otras totalmente falsas, para estimularlo a realizarse como le parec\u00eda mejor a sus padres o porque el ego\u00edsmo y la ambici\u00f3n innatos -a veces estimulados por sus propios familiares- lo llevaron a aprovecharse de ellas para su propio beneficio personal y exclusivo.<\/p>\n<p align=\"justify\">En todo caso la envidia es un mal tremendo: hace perder el reposo del esp\u00edritu y vivir en preocupaci\u00f3n, atormentando por el temor a ser igualado, superado, subestimado, despreciado, olvidado o puesto de lado. (1) En otras palabras, enferma. Porque una persona en ese estado de preocupaci\u00f3n y desasosiego tiene que enfermarse f\u00e1cilmente de los nervios y con ello termina somatizando el pecado. Civilizaciones enteras se han hundido por culpa de la envidia cuando la riqueza y el imperialismo llegan a cierto auge. Roma fue la m\u00e1s dram\u00e1tica representaci\u00f3n de esa desgracia. La envidia se anid\u00f3 entre los opulentos senadores de una forma tal que el emperador de turno la us\u00f3 como instrumento de disociaci\u00f3n para lograr sus fines, creando rivalidades y competencias entre ellos, confirma Suetonio en su libro Vida de los doce C\u00e9sares.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es innegable que la Biblia es el documento hist\u00f3rico m\u00e1s antiguo que ha conseguido explicar de forma clar\u00edsima ese fen\u00f3meno espiritual, tan profundamente arraigado en el alma humana. Desde Ca\u00edn y Abel hasta la crucifixi\u00f3n de Jes\u00fas, la envidia es la constante. Los Ap\u00f3stoles la padecieron de manera terrible, y casi se podr\u00eda afirmar que fue una mortificaci\u00f3n para Jes\u00fas ver ese estado de esp\u00edritu entre sus seguidores. Tambi\u00e9n casi se podr\u00eda afirmar que no hay tratamiento psicol\u00f3gico para curar ese mal y que solamente el recurso a lo espiritual es la soluci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Esa sana actitud espiritual de los primeros cristianos debi\u00f3 asombrar mucho al ego\u00edsmo pagano porque seg\u00fan comenta Tertuliano, dec\u00edan &#8220;Mirad como se aman&#8221;. Les sorprend\u00eda que se admiraran uno a los otros, se perdonaran f\u00e1cilmente, no se compararan con los dem\u00e1s y se ayudaran mutuamente sin esperar retribuci\u00f3n. Bien lejos de eso estaba la mentalidad pagana y soberbia de los dominadores del mundo de aquel entonces. Era que no sab\u00edan lo que era la caridad, aquel sentimiento humano por el cual &#8220;amamos al que no se lo merece&#8221; dice el Padre Loring en su libro &#8220;Para Salvarte&#8221;. Pero es perder el tiempo intentar conseguir la pr\u00e1ctica de la caridad fraterna para contrarrestar la envidia sin reconocerla crudamente en nuestra vida y pedir la gracia de Dios para superarla. Por los medios naturales -como intentaron los estoicos- es sencillamente imposible porque la envidia es como la huella digital: cada uno tiene la propia muy particular, ya que la envidia no se plantea respecto de quienes est\u00e1n distantes de nosotros por el lugar, el tiempo o la situaci\u00f3n sino que la tenemos es con quienes se encuentran entre nosotros, dice Santo Tom\u00e1s de Aquino (2).<\/p>\n<p align=\"justify\">Por Antonio Borda<\/p>\n<p align=\"justify\">(1)Mons. Joao Cl\u00e1 Dias, &#8220;Precursor y Restituci\u00f3n&#8221;, Revista Heraldos del Evangelio, No.37, Enero 2005.<br \/>\n(2) Suma Teol\u00f3gica,II-II, q.36.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Contenido originalmente publicado por <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/es.gaudiumpress.org\/content\/74237\">Gaudium Press<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gaudium Press La paradoja de la envidia es que comienza cuando juzgamos que se nos tiene envidia. Nace de nuestras comparaciones desleales (malas emulaciones) y del desconocimiento o del mal uso que hacemos de nuestras cualidades personales. Pero en desconocer nuestras cualidades personales puede haber no falta grave sino mala educaci\u00f3n. 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