{"id":3393,"date":"2015-12-01T01:13:44","date_gmt":"2015-12-01T06:13:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hora-de-decidir\/"},"modified":"2015-12-01T01:13:44","modified_gmt":"2015-12-01T06:13:44","slug":"hora-de-decidir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hora-de-decidir\/","title":{"rendered":"Hora de decidir"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Pedro Fuentes<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">El ejercicio de tomar una decisi\u00f3n requiere de mayor disciplina de lo que creemos.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Muchas veces sabemos, sin temor a equivocarnos, cu&aacute;l es el camino que debemos seguir, pero no lo transitamos. Sabemos cu&aacute;l ser&iacute;a la mejor decisi&oacute;n, pero no la tomamos. Lo que sucede es que cualquier decisi&oacute;n conlleva una crisis . Una decisi&oacute;n representa una negaci&oacute;n a todas las dem&aacute;s opciones. Tal vez nos falte coraje, o quiz&aacute;s nos sobren temores.<br \/>\nLo cierto es que todos tomamos decisiones de forma continua, aun cuando algunos traten de evitarlo. Otros dejan que los dem&aacute;s decidan por ellos. Las personas que triunfan son aquellas que no evitan las decisiones que deben tomar. Son esa clase de gente que est&aacute;n dispuestas a pagar el precio de equivocarse o a disfrutar el resultado de haber acertado. Siempre asumen su responsabilidad.El ejemplo de Jes&uacute;s es m&aacute;s que suficiente para recordarnos que no podemos seguir el plan de Dios y ser negligentes a la vez. Las tan conocidas frases &laquo;nunca me decid&iacute;&raquo;, o &laquo;dej&eacute; de hacerlo por falta de decisi&oacute;n&raquo;, suelen ser respuestas muy comunes entre las personas que arrastran situaciones inconclusas en su vida, ya sea que se trate de cartas sin responder, materias sin aprobar, una construcci&oacute;n sin terminar, un jard&iacute;n sin arreglar, o cualquier otro tema pendiente.<br \/>\nLa pregunta que siempre me he formulado cuando encuentro en mi vida situaciones no resueltas es: &laquo;&iquest;Por qu&eacute; no tomo una decisi&oacute;n? &iquest;Por qu&eacute;, debiendo asumir una decisi&oacute;n, prefiero evitarla?&raquo; Las respuestas para justificarme pueden ser muy variadas. Creo, sin embargo, que la falta de decisi&oacute;n se origina en actitudes pecaminosas y de ninguna manera debiera continuar as&iacute;. Veamos algunas razones por las que las personas no se deciden:<br \/>\nPereza<br \/>\n&laquo;El alma del perezoso desea; y nada alcanza, mas el alma de los diligentes ser&aacute; prosperada&raquo; (Pr 13.4). Dios advierte que la persona perezosa no obtendr&aacute; prosperidad ni &eacute;xito. El perezoso estar&aacute; siempre haciendo planes, pero nunca los realizar&aacute;. La pereza es la actitud de no querer trabajar, de buscar comodidad y holgazanear.<br \/>\nLa Biblia nos exhorta a dejar esa actitud : &laquo;Ve a la hormiga, oh perezoso; mira su camino y s&eacute; sabio&raquo;, (Pr 6.6). Muchas de nuestras decisiones implican tener que ponernos a trabajar, dejar nuestro estado de pasividad y poner manos a la obra. Las personas triunfadoras siempre han sido personas de acci&oacute;n. No es posible alcanzar &eacute;xito desde la inacci&oacute;n.<br \/>\nLa exhortaci&oacute;n de los cinco exploradores de Dan al pueblo fue: &laquo;Levantaos, subamos contra ellos; porque nosotros hemos explorado la regi&oacute;n y hemos visto que es muy buena; &iquest;y vosotros no har&eacute;is nada? No se&aacute;is perezosos en poneros en marcha para ir a tomar posesi&oacute;n de la tierra&raquo; (Jue 18.9). La pereza pod&iacute;a llevar a los hijos de Dan a perder la oportunidad de poseer una buena tierra. Era imprescindible que salieran a luchar. Poseerla les resultar&iacute;a imposible si no tomaban la decisi&oacute;n de salir a pelear. Siempre ser&aacute; as&iacute;. Decidirse exige renunciar a la pereza. El ejemplo de Jes&uacute;s es m&aacute;s que suficiente para recordarnos que no podemos seguir el plan de Dios y ser negligentes a la vez. Jes&uacute;s declar&oacute;: &laquo;Mi Padre hasta ahora trabaja y yo trabajo&raquo; (Jn 5.17). Las palabras del ap&oacute;stol Pablo son un reto para todos los que deseamos alcanzar &eacute;xito: &laquo;En lo que requiere diligencia, no perezosos&raquo; (Ro 12.11).<br \/>\nPostergaci&oacute;n<br \/>\nSabemos exactamente qu&eacute; es lo que debemos hacer, c&oacute;mo debemos hacerlo, y somos conscientes de los beneficios y los perjuicios que est&aacute;n en juego. As&iacute; y todo, no lo hacemos. Si nos pidieran alguna explicaci&oacute;n, seguramente no conseguir&iacute;amos ninguna raz&oacute;n de peso para justificarnos, pero s&iacute; para sonrojarnos: esto sencillamente se llama postergaci&oacute;n.<br \/>\nEl concepto esbozado por las autoras del libro El h&aacute;bito de posponer define con claridad cu&aacute;l es la raz&oacute;n por la cual una persona se habit&uacute;a a posponer sus decisiones: &laquo;La postergaci&oacute;n les permite permanecer suspendidos en el limbo, entre lo que quieren hacer y lo que piensan que deben hacer&raquo;.<br \/>\nSi de verdad queremos obtener &eacute;xito en la vida, no deber&iacute;amos dejarnos atrapar por esa actitud tan c&oacute;moda, pero devastadora. Las personas que fracasan se han acostumbrado a postergar. Debemos revisar nuestro estilo de vida, nuestras costumbres y h&aacute;bitos. Cuando una persona arreglaba algo para salir del paso, mi suegro sol&iacute;a decir: &laquo;esto es provisorio para siempre&raquo;.<br \/>\nPablo exhortaba as&iacute; al joven Timoteo: &laquo;Procura con diligencia&raquo; (2Ti 2.15). La palabra diligencia significa &laquo;accionar con prontitud&raquo;. Es verdad que el texto se refiere a presentarse a Dios, pero es la misma palabra que Pablo utiliza cuando lo apremia: &laquo;Procura venir pronto a verme&raquo; (2Ti 4.9). Si actuamos con diligencia para responder a las demandas de Dios, tambi&eacute;n seremos diligentes para realizar nuestras cosas.<br \/>\nLa actitud de postergar las cosas que debemos hacer no es un s&iacute;ntoma de las personas que triunfan. Los ni&ntilde;os suelen tener esa actitud: est&aacute;n prontos (o diligentes) si les decimos que los llevaremos a pasear o a tomar un helado; sin embargo no mostrar&aacute;n la misma prontitud cuando tengan que hacer sus deberes escolares o colaborar con las tareas de la casa. Ellos se manejan por lo que les agrada hacer, no por lo que deben hacer.Dios no est&aacute; de acuerdo con nosotros cuando postergamos lo que debemos hacer hoy. Jes&uacute;s siempre realiz&oacute; a su tiempo cada obra que deb&iacute;a cumplir.   La postergaci&oacute;n produce severos da&ntilde;os en la vida de las personas, de las familias y tambi&eacute;n en las iglesias. Dios no est&aacute; de acuerdo con nosotros cuando postergamos lo que debemos hacer hoy. Jes&uacute;s siempre realiz&oacute; a su tiempo cada obra que deb&iacute;a cumplir. Es por esta raz&oacute;n que nunca tuvo que regresar a terminar tareas inconclusas. Los hombres dijeron de &eacute;l: &laquo;Bien lo ha hecho todo&raquo;. (Lc 7.37)<br \/>\nMiedo al fracaso<br \/>\nMuchas personas fracasan antes de comenzar. Repetidas veces piensan que de seguro fracasar&aacute;n y por ello nunca se atreven a intentarlo. El miedo al fracaso se basa en enga&ntilde;os de Satan&aacute;s. Dios no nos cre&oacute; para el fracaso sino para el triunfo. El gran fracasado es Satan&aacute;s y, con sus artima&ntilde;as, pretende llevarnos tras sus pasos malignos, pero nosotros debemos o&iacute;r las palabras de Pablo: &laquo;Antes en todas estas cosas somos m&aacute;s que vencedores por medio de aquel que nos am&oacute;&raquo; (Ro 8.37).<br \/>\nCon seguridad, m&aacute;s de alguna vez fallaremos en el intento de alcanzar objetivos. Esto de ninguna manera debe llevarnos a sentirnos fracasados. Muy por el contrario, ante un error cometido debemos repetirnos lo que el famoso cient&iacute;fico Tom&aacute;s Edison aconsej&oacute; a uno de sus&nbsp; alumnos tras fracasar en un ensayo: &laquo;No lo llames un error; ll&aacute;malo educaci&oacute;n&raquo;.<br \/>\nUsemos los errores para aprender, no para abandonar. El leg&iacute;timo fracaso ocurre no cuando fallamos sino cuando no volvemos a intentarlo. El miedo al fracaso es el mayor de los fracasos. La conclusi&oacute;n a la que arriba el gran predicador ilustra perfectamente este concepto: &laquo;A&uacute;n hay esperanza para todo aquel que est&aacute; entre los vivos; porque mejor es perro vivo que le&oacute;n muerto&raquo; (Ec 9.4).<br \/>\nNo importa cu&aacute;ntas veces intentemos algo, lo que a&ntilde;ade valor al esfuerzo es no darnos por vencidos. Mientras estemos con vida, siempre existe la esperanza de triunfar. Por ello, no importa cu&aacute;ntos a&ntilde;os tengas, ni cu&aacute;ntas veces hayas probado, intenta una vez m&aacute;s. Dios estar&aacute; de tu lado y te llevar&aacute; al triunfo. Si fracasas no te acobardes, siempre podr&aacute;s comenzar de nuevo.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Se tom\u00f3 de Podemos triunfar, Sembrar ediciones, 2005. Se usa con permiso. Apuntes Digital, Volumen II &#8211; N\u00famero 5, edici\u00f3n de noviembre y diciembre de 2009. Todos los derechos reservados. El h\u00e1bito de posponer, J. Burlan-Leonara Yuen, Vergara Editor S.A, 2000.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Pedro Fuentes El ejercicio de tomar una decisi\u00f3n requiere de mayor disciplina de lo que creemos. Muchas veces sabemos, sin temor a equivocarnos, cu&aacute;l es el camino que debemos seguir, pero no lo transitamos. Sabemos cu&aacute;l ser&iacute;a la mejor decisi&oacute;n, pero no la tomamos. 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