{"id":34016,"date":"2016-06-13T18:12:00","date_gmt":"2016-06-13T23:12:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/querida-mama-no-soy-el-mejor-de-la-clase\/"},"modified":"2016-06-13T18:12:00","modified_gmt":"2016-06-13T23:12:00","slug":"querida-mama-no-soy-el-mejor-de-la-clase","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/querida-mama-no-soy-el-mejor-de-la-clase\/","title":{"rendered":"Querida mam\u00e1, no soy el mejor de la&nbsp;clase\u2026"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Desde ni\u00f1os somos v\u00edctimas de una cultura de la competencia: nos ense\u00f1an a ser cada vez mejores que los dem\u00e1s. Somos todos hijos del libro <em><strong>Coraz\u00f3n<\/strong><\/em>, nos sentimos todos continuamente juzgados por una maestrita con la pluma roja, a quien no queremos desilusionar como si fuera una mam\u00e1 que hay que venerar, nos sentimos todos como aquel Enrique que vive permanente acomplejado por no poder nunca llegar a ser como Derossi, el mejor de la clase.<\/p>\n<p align=\"justify\">Este libro me produjo a menudo pesadillas en mi infancia: <strong>me daba miedo la posibilidad de ser etiquetado, sent\u00eda la presi\u00f3n de ser el mejor, pero viv\u00eda tambi\u00e9n el miedo de quedar repentinamente atr\u00e1s.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">La banalidad del libro <em>Coraz\u00f3n<\/em> est\u00e1 en el hecho de que es demasiado claro qui\u00e9nes son los buenos y qui\u00e9nes los malos, qui\u00e9n es el primero y qui\u00e9n es el \u00faltimo, en cambio <strong>para los disc\u00edpulos de Jes\u00fas, como para la pobre gente de hoy, no est\u00e1 en absoluto claro qui\u00e9n es el mejor<\/strong>: con mayor raz\u00f3n en una sociedad corrupta, del m\u00e9rito fingido, del clientelismo y los <em>lobbies<\/em>, es realmente dif\u00edcil establecer qui\u00e9n es el mejor.<\/p>\n<p align=\"justify\">Esta pregunta la llevamos dentro desde los primeros juegos con otros ni\u00f1os, pero contin\u00faa devor\u00e1ndonos tambi\u00e9n a medida que los juegos se vuelven cada vez m\u00e1s serios. <strong>El otro se nos presenta cada vez m\u00e1s como un adversario a derrotar.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Comenzamos a alimentar cada vez m\u00e1s una cierta desconfianza<\/strong>, y roza continuamente el pensamiento de que el otro quiera quitarnos el lugar, que el otro pueda llegar antes que nosotros. Comenzamos a elaborar estratagemas, peque\u00f1as o grandes mentiras, intentamos construir alianzas.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Hasta el final creemos que los mejores podemos ser realmente nosotros.<\/strong> Lo pens\u00e1bamos en la escuela, hasta que la realidad no nos ha puesto frente a los ojos que los mejores no \u00e9ramos nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y entonces, en la vida como adultos, fingimos que ser los mejores a nosotros no nos interesa para nada, fingimos, derribamos la desilusi\u00f3n, nos enojamos, nos frustramos. La envidia comienza a consumirnos, dici\u00e9ndonos a nosotros mismos que es s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de suerte.<\/p>\n<p align=\"justify\">Esta pregunta devastadora, que ha acompa\u00f1ado nuestra infancia, ha alimentado una visi\u00f3n del otro, de cualquier otro, como enemigo y adversario. <strong>En cada circunstancia nos sentimos siempre bajo juicio<\/strong>, siempre en competencia, siempre en una carrera.<\/p>\n<p align=\"justify\">Jes\u00fas invita a cambiar la mirada sobre el otro: <strong>en lugar de ver al otro como un adversario, puedo descubrir, en cambio, su necesidad de ser abrazado.<\/strong> Cada adversario lleva dentro de s\u00ed la fragilidad de un ni\u00f1o. Si intentamos no repetirnos m\u00e1s, como adultos, esa terrible invitaci\u00f3n a ser los mejores, quiz\u00e1 lograremos no tener miedo del otro y abrir los ojos sobre su inevitable necesidad de ser querido.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ciertamente, <strong>para no ver m\u00e1s a un adversario en el otro, es necesario comenzar a no ver m\u00e1s un adversario en nosotros mismos.<\/strong> A menudo somos nosotros el principal adversario de nosotros mismos, estamos de hecho primero que nada en competencia con nosotros mismos, continuamos poni\u00e9ndonos desaf\u00edos absurdos para demostrarnos que (no) somos unos perdedores.<\/p>\n<p align=\"justify\">Quiz\u00e1 es necesario recomenzar a abrazarnos a nosotros mismos, a <strong>ver nuestra necesidad de ser queridos, de ser acogidos<\/strong> incluso si somos Franti y no Derossi. Y <strong>el primero en dejarse abrazar es Cristo<\/strong>, s\u00f3lo as\u00ed puede invitarnos a verlo en cada ni\u00f1o, en cada adversario, que tenemos el valor de acoger: \u201cY el que reciba a un ni\u00f1o como \u00e9ste en mi nombre, a m\u00ed me recibe\u201d (Mt 18,5). <strong>\u00bfD\u00f3nde acogemos a Cristo si no en la fragilidad del otro<\/strong>, dejando de ver a todos como posibles adversarios?<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>S\u00f3lo as\u00ed la vida deja de ser una competici\u00f3n y puede volverse servicio.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">La pregunta que los disc\u00edpulos se hacen sobre qui\u00e9n es el m\u00e1s importante no llega en un momento casual: Jes\u00fas ha apenas hablado de su fin, de su sufrimiento, de la posibilidad de ser asesinado. Y entonces inmediatamente se desencadena la competencia entre los disc\u00edpulos. <strong>Hay una vacante que rellenar<\/strong>, el lugar vac\u00edo que deja el jefe. La competencia nos vuelve deshumanos: <strong>los disc\u00edpulos no se preocupan del sufrimiento del amigo, sino de qui\u00e9n podr\u00e1 tomar su puesto.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Los disc\u00edpulos est\u00e1n tan preocupados por la competencia, que no escuchan las palabras: la muerte no es s\u00f3lo el vac\u00edo de poder que consiente una nueva asunci\u00f3n o una nueva escalada al \u00e9xito, <strong>la muerte abre la vida a su sentido m\u00e1s profundo.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">Mirar la propia muerte te permite preguntarte para qui\u00e9n est\u00e1s viviendo o para qu\u00e9 est\u00e1s viviendo. <strong>Abrir el coraz\u00f3n al sentido de la muerte te permite vivir la vida no contra alguien, sino para alguien.<\/strong> S\u00f3lo pasando a trav\u00e9s de la muerte se abre el sentido de la vida, s\u00f3lo pasando a trav\u00e9s de la propia muerte se abre la resurrecci\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cristo es el primero en acoger la muerte porque ha vivido toda su existencia para alguien m\u00e1s, para el Padre a quien obedece, para el hombre por quien se deja matar.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Leer interiormente<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bfPara qui\u00e9n o para qu\u00e9 est\u00e1s viviendo tu vida?<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bfTe sucede que te sientes en competencia con los dem\u00e1s?<\/p>\n<p align=\"justify\">\u00bfC\u00f3mo reacciones? \u00bfAtacas, renuncias, finges que no te interesa?<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"><em>Por Gaetano Piccolo en\u00a0<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/piccologaetanoblog.wordpress.com\/\">Rigantur Mentes<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team Desde ni\u00f1os somos v\u00edctimas de una cultura de la competencia: nos ense\u00f1an a ser cada vez mejores que los dem\u00e1s. 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