{"id":3408,"date":"2015-12-01T01:14:05","date_gmt":"2015-12-01T06:14:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-reino-de-dios-de-cada-dia\/"},"modified":"2015-12-01T01:14:05","modified_gmt":"2015-12-01T06:14:05","slug":"el-reino-de-dios-de-cada-dia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-reino-de-dios-de-cada-dia\/","title":{"rendered":"El reino de Dios de cada d\u00eda"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Ed. CrossWay<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La evangelizaci\u00f3n m\u00e1s efectiva es la que le brinda a otros la oportunidad de observar a los hijos de Dios en el contexto de relaciones sanas.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">Nuestra identidad est&aacute; definida por la Palabra y la comunidad de fe. Como cristianos hemos sido llamados a una doble fidelidad: Fidelidad al contenido esencial del evangelio y fidelidad al contexto central de una comunidad que cree en Cristo. Sea que estemos pensando en evangelizaci&oacute;n, en trabajos sociales, en cuidado pastoral, en la defensa del evangelio, en el discipulado o en la ense&ntilde;anza, el contenido debe ser siempre el evangelio de Jesucristo, y el contexto debe ser siempre la comunidad del Se&ntilde;or. Nuestra vida y nuestras obras las definen estas dos realidades.La iglesia, no es una reuni&oacute;n a la cual asistimos, sino una identidad, que en Cristo Jes&uacute;s nos pertenece. Cuando nuestra vida espiritual se apoya en el mensaje del evangelio y la experiencia de la comunidad, nuestra experiencia de iglesia cambia dram&aacute;ticamente.<br \/>\nComenzamos a ver a la iglesia como nuestra identidad en lugar de una actividad que compite con las otras actividades de nuestra agenda.&nbsp; Reconocemos la vida cotidiana como el contexto ideal para la proclamaci&oacute;n de la Palabra, la cual llevamos a cabo en forma natural e informal.&nbsp; Organizamos menos eventos evangelizadores, programas sociales y reuniones especiales para invertir m&aacute;s tiempo compartiendo nuestra vida con los que no creen. Establecemos nuevas congregaciones en lugar de estar obsesionados con agrandar las que ya existen. Estudiamos la Palabra en comunidad en lugar de aislarnos y estudiar a solas la Biblia.<br \/>\nDesarrollamos una perspectiva y un compromiso hacia las misiones y el cuidado pastoral que ejercita toda la semana, en lugar de momentos aislados de ministerio.&nbsp; Cambiamos nuestro enfoque de la ense&ntilde;anza de la Palabra hacia el aprendizaje de la Palabra. Descubrimos c&oacute;mo discipularnos los unos a los otros cada d&iacute;a. La iglesia, no es una reuni&oacute;n a la cual asistimos, sino una identidad, que en Cristo Jes&uacute;s nos pertenece.<br \/>\nPalabras y obras<br \/>\nEsta perspectiva tiene implicaciones radicales para la forma en que llevamos adelante la tarea de compartir el evangelio. Se dice que San Francisco de As&iacute;s alguna vez exhort&oacute;: &laquo;predica el evangelio siempre; cuando fuera necesario, usa palabras&raquo;. Este es un gran dicho y seguramente ha impactado a muchas personas, pero tiene una carencia: no abarca la totalidad de lo que es la tarea evangelizadora tal cual la ense&ntilde;a la Palabra.<br \/>\nJes&uacute;s comenz&oacute; su ministerio p&uacute;blico &laquo;proclamando el evangelio de Dios&raquo; (Mr 1.14). Cuando comenz&oacute; a ser conocido por sus milagros opt&oacute; por alejarse de la regi&oacute;n, para poder continuar con la tarea de proclamar el evangelio, &laquo;pues para esto he venido&raquo; (Mr 1.38).<br \/>\nCuando el Se&ntilde;or encomend&oacute; el ministerio a sus disc&iacute;pulos les dej&oacute; una comisi&oacute;n espec&iacute;fica: que fueran a todas las naciones &laquo;ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que yo les he mandado&raquo; (Mt 28.20).<br \/>\nNo cualquier palabra<br \/>\nExiste una tendencia en algunos grupos hoy a promover una evangelizaci&oacute;n que carece de la proclamaci&oacute;n verbal del mensaje. Se realizan obras de bienestar social o se invita a la participaci&oacute;n de reuniones, pero no se provee a las personas la explicaci&oacute;n que necesitan para entender el significado de estas obras. Esto se puede comparar a cruzarse, en una ruta, con carteles que no contienen ninguna informaci&oacute;n: no se&ntilde;alan nada o, peor a&uacute;n, se&ntilde;alan nuestras buenas obras. El evangelio es buenas noticias, un mensaje que debe ser proclamado, una verdad que debe ser ense&ntilde;ada, una palabra que debe ser hablada, una historia que debe ser contada.<br \/>\nEl mensaje que Jes&uacute;s proclam&oacute; fue: &laquo;el reino de Dios se ha acercado&raquo;. Junto a este mensaje, Jes&uacute;s llam&oacute; a la gente a arrepentirse y a creer las buenas nuevas que &eacute;l tra&iacute;a. Con la llegada de un rey mesi&aacute;nico, lleg&oacute; una nueva &eacute;poca en la historia del pueblo de Dios. Jes&uacute;s demuestra la veracidad de su proclamaci&oacute;n del reino de Dios a trav&eacute;s de sus palabras y de sus hechos, que culminan en la crucifixi&oacute;n y la resurrecci&oacute;n.<br \/>\nComo resultado de esto el Rey invita a las personas a someterse, en arrepentimiento y fe, a su se&ntilde;or&iacute;o para que puedan experimentar el reino de la libertad y de la vida. Dios es el centro del evangelio de la Palabra. Sin embargo mucha evangelizaci&oacute;n ubica a las personas en este lugar. El evangelio se distorsiona cuando buscamos que se ajuste a las necesidades personales de cada quien. El evangelio que Jes&uacute;s proclam&oacute; se centra en la persona de Dios y nos llama a vivir en sujeci&oacute;n a aquel que Dios envi&oacute;, que es Cristo mismo.<br \/>\nUna comunidad de la Palabra<br \/>\nEl evangelio y la comunidad est&aacute;n &iacute;ntimamente relacionados. La Palabra crea y nutre a la comunidad, mientras que la comunidad es la que proclama y revela la Palabra. A lo largo de la historia los grandes eruditos han comprendido que la Palabra y la Iglesia no pueden existir separadas.El mundo sabr&aacute; que Jes&uacute;s es el hijo de Dios, enviado por Dios como salvador , cuando vean a una comunidad que practica el mismo amor de Cristo. Jes&uacute;s afirm&oacute; la centralidad de la comunidad en la tarea evangelizadora durante la &uacute;ltima noche antes de su crucifixi&oacute;n. En Juan 13 &eacute;l anunci&oacute; que ser&iacute;a traicionado. Para Jes&uacute;s, se acercaba la hora de su glorificaci&oacute;n. Para los disc&iacute;pulos, se acercaba un tiempo de nuevas responsabilidades, y estas responsabilidades primordialmente giraban alrededor del mandamiento que &eacute;l les entregaba: &laquo;Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros; que como yo les he amado, as&iacute; tambi&eacute;n se amen los unos a los otros&raquo; (13.34).<br \/>\nEl peso del amor<br \/>\nEn este momento crucial en la historia de Dios Jes&uacute;s est&aacute; preocupado por asegurarse que los disc&iacute;pulos se amen los unos a los otros como &eacute;l los ha amado. La raz&oacute;n es porque el amor es un elemento indispensable del evangelio. Los disc&iacute;pulos deben seguir el ejemplo del Maestro, quien am&oacute; en palabra y en hechos.<br \/>\nEl mensaje es claro. Antes de que los disc&iacute;pulos se conviertan en predicadores, en l&iacute;deres, en fundadores de iglesias, deben ser amantes. La evidencia irrefutable de que conocen a Cristo es su capacidad de amarse unos a otros. El amor es la prueba din&aacute;mica, central, esencial de que, como comunidad, hemos entendido la esencia del mensaje que Dios nos ha hablado.<br \/>\nNo es la pureza de nuestra doctrina lo que m&aacute;s importa. No es lo elaborado de nuestras estrategias lo que m&aacute;s peso debemos darle. No es nuestro compromiso con predicar lo que m&aacute;s vale. No es el compromiso de establecer nuevas iglesias lo que m&aacute;s conviene.<br \/>\n Lo que nos marca como diferentes frente a todas las otras comunidades que pueden existir sobre la faz de la tierra es nuestra capacidad de amarnos mutuamente. Mientras practicamos ese amor, el mundo, que es esc&eacute;ptico e incr&eacute;dulo acerca del valor de la palabra de Dios, encuentra una expresi&oacute;n visible de un mensaje que fue proclamado hace 2.000 a&ntilde;os. Nuestro amor, entonces, en la medida que imita y se conforma al amor de Cristo, es la herramienta evangelizadora con que contamos.<br \/>\nUn mensaje visible<br \/>\nSi unimos, entonces, el concepto de la proclamaci&oacute;n de la Palabra con la experiencia de ser comunidad, emerge una clara estrategia para la evangelizaci&oacute;n. Muchas veces caemos en el error de pensar en la evangelizaci&oacute;n como un programa. Jes&uacute;s, sin embargo, concibe la evangelizaci&oacute;n como un estilo de vida, cuyo motor es el amor de unos por otros. La comunidad cristiana es vital para nuestra misi&oacute;n como Iglesia. Esta misi&oacute;n se logra en la medida que la gente aprovecha la oportunidad de amarse mutuamente.Al percibir que la vida en esta comunidad se vive de manera distinta, ellos mismos comenzar&aacute;n a preguntarnos por la raz&oacute;n de esta vida. Todos sabemos que el evangelio se comunica tanto por palabras como por la forma en que vivimos. Lo que Jes&uacute;s est&aacute; diciendo es que la vida que vivimos en comunidad, la vida que vivimos juntos, es lo que m&aacute;s impacta a los dem&aacute;s. &Eacute;l ora, en Juan 17: &laquo;no ruego s&oacute;lo por &eacute;stos, sino tambi&eacute;n por los que han de creer en m&iacute; por la palabra de ellos, para que todos sean uno. Como t&uacute;, oh Padre, est&aacute;s en m&iacute; y yo en ti, que tambi&eacute;n ellos est&eacute;n en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me enviaste&raquo; (20&ndash;21). El mundo sabr&aacute; que Jes&uacute;s es el hijo de Dios, enviado por Dios como salvador , cuando vean a una comunidad que practica el mismo amor de Cristo.<br \/>\n&laquo;Nadie ha visto a Dios&raquo;, declara Juan. &laquo;El unig&eacute;nito Dios, que est&aacute; en el seno del Padre, El le ha dado a conocer&raquo; (Jn 1.18). El Dios invisible se hace visible por medio de su hijo Jesucristo. &laquo;A Dios nadie le ha visto jam&aacute;s&raquo;, vuelve a afirmar Juan en su primera ep&iacute;stola. &laquo;Si nos amamos unos a otros&raquo;, sin embargo, &laquo;Dios permanece en nosotros y su amor se perfecciona en nosotros&raquo; (4.12). El Dios invisible se hace visible a trav&eacute;s de una comunidad de personas que se aman en Cristo Jes&uacute;s.<br \/>\nUna comunidad abierta<br \/>\nLa vida en comunidad es una de las formas en que comunicamos el evangelio a los dem&aacute;s. Necesitamos crear oportunidades para que los que est&aacute;n alrededor de nosotros vean c&oacute;mo nos amamos los unos a los otros. El contacto con la comunidad llega a trav&eacute;s de una red de relaciones, en lugar de simplemente oportunidades de asistir a reuniones espor&aacute;dicas en las cuales intentamos ense&ntilde;arles las buenas nuevas del evangelio.<br \/>\nNuestra experiencia en la Iglesia nos ha revelado que muchas veces las personas se sienten m&aacute;s atra&iacute;das a la comunidad cristiana que al mensaje cristiano. Si la comunidad es el instrumento para convencer, entonces necesitamos crear oportunidades para que las personas que no conocen a Cristo tengan relaci&oacute;n con Su comunidad.<br \/>\n&iquest;C&oacute;mo se consigue este contacto? Utilizando las relaciones naturales que son parte de nuestra vida cotidiana, en el trabajo, la escuela, el vecindario y entre amigos. En el contexto de estas relaciones podemos darle a la gente la oportunidad de que participen de nuestra experiencia de comunidad. El amor con que se aman quienes est&aacute;n en Cristo es lo que provoca inquietudes en ellos. A esto se refiere el libro de Hechos cuando relata que la Iglesia se reun&iacute;a &laquo;por las casas&raquo;. Los de afuera ten&iacute;an entrada a los encuentros informales de una Iglesia que viv&iacute;a comprometida con ser comunidad de Dios.<br \/>\nCuando Pedro exhorta a los expatriados a estar &laquo;siempre preparados para presentar defensa ante todo el que os demande raz&oacute;n de la esperanza que hay en vosotros, pero hacedlo con mansedumbre y reverencia&raquo; (1Pe 3.15), no le escribe a individuos, sino a la Iglesia. Muchas veces nuestro esfuerzo evangelizador es un intento de responder preguntas que las personas no se est&aacute;n planteando. En lugar de esto, resulta m&aacute;s efectivo aprovechar los v&iacute;nculos naturales para que ellos puedan ver la vida de la comunidad cristiana. La iglesia que se re&uacute;ne por las casas es la iglesia donde habita el Esp&iacute;ritu de Dios (Ef 2.22). La vida que posee es la vida del Esp&iacute;ritu. Al percibir que la vida en esta comunidad se vive de manera distinta, ellos mismos comenzar&aacute;n a preguntarnos por la raz&oacute;n de esta vida. En ese momento, entonces, podremos darles una respuesta que s&iacute; satisface una curiosidad natural en los que nos observan.<br \/>\nPara esto, no hace falta que seamos una comunidad perfecta. No estamos buscando dar testimonio de nuestras buenas obras sino que somos una comunidad que existe por la gracia de Dios hacia nosotros. Nuestro compromiso el uno con el otro, a pesar de nuestras diferencias, nuestros errores y nuestros fracasos, es lo que mayor impacto tendr&aacute; sobre ellos.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Se tom\u00f3 y adapt\u00f3 del libro Total Church, Crossway, 2008. Se usa con permiso. \u00a9Apuntes Digital, Volumen II &#8211; N\u00famero 5. Todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Ed. CrossWay La evangelizaci\u00f3n m\u00e1s efectiva es la que le brinda a otros la oportunidad de observar a los hijos de Dios en el contexto de relaciones sanas. Nuestra identidad est&aacute; definida por la Palabra y la comunidad de fe. 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