{"id":34083,"date":"2016-06-13T18:14:42","date_gmt":"2016-06-13T23:14:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-importancia-de-hacerse-pequeno-2\/"},"modified":"2016-06-13T18:14:42","modified_gmt":"2016-06-13T23:14:42","slug":"la-importancia-de-hacerse-pequeno-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-importancia-de-hacerse-pequeno-2\/","title":{"rendered":"La importancia de hacerse&nbsp;peque\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Es curioso, siempre utilizamos la imagen del gorri&oacute;n y la colocamos en las manos del Padre.&nbsp;Un gorri&oacute;n que busca morada en los atrios de la casa de Dios: \u201cMi alma se consume y anhela los atrios del Se&ntilde;or, mi coraz&oacute;n y mi carne retozan por el Dios vivo. <strong>Hasta el gorri&oacute;n ha encontrado una casa<\/strong>; la golondrina, un nido\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Esa imagen del salmo 83 nos da alegr&iacute;a. Una imagen id&iacute;lica, bella. Un gorri&oacute;n sin miedo, cobijado, seguro en la casa de Dios. Como mi coraz&oacute;n que anhela ese descanso. Una imagen poco com&uacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> El gorri&oacute;n vive normalmente con miedo. Desconf&iacute;a de las manos de los hombres. Huye del ruido y de los peligros. Por eso intenta volar m&aacute;s alto, para evitar a los hombres.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona rezaba: \u201c<em>Quiero amanecer despacio. Quiero sufrir y gritar fuerte. Quiero alegrarme y sufrir, todo ello en un instante. <strong>Verlo todo negro y luego verlo todo lleno de luz.<\/strong> Con tus ojos, con los m&iacute;os. Quiero escribir mi nombre en los &aacute;rboles del camino. Para nunca andar perdido. Para caminar muy quedo. Quiero vestirme de d&iacute;a, de esperanza, de alegr&iacute;a. Quiero escuchar en la noche el canto de tu esperanza. Descifrar en la tiniebla tu mano sobre la m&iacute;a<\/em>\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Muchos siguen perdidos. No ven la luz<\/strong>. Parece que no se salvan. Es cierto que <strong>cuando estamos m&aacute;s desesperados es cuando alzamos la mirada a lo alto.<\/strong> Suplicamos ayuda. Y vemos un rayo &uacute;ltimo de esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/> Muchas veces no pido ayuda. Muchas veces no ayudo a otros a encontrar la salida. O no me piden ayuda. Y al caer la noche veo una luz, una esperanza y salgo. Desaparece el miedo. Brillan las estrellas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong style=\"line-height:18.909090042114px;\">Quisiera aprender a descansar en las manos de Dios<\/strong>. Sin miedo. Sin querer controlarlo todo. En sus atrios. Como un ni&ntilde;o. Con paz. Un gorri&oacute;n en la casa de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Estoy tan lejos de vivir con esa confianza. <strong>Tengo miedo y desconf&iacute;o<\/strong>. Y no busco la ayuda de los hombres. <strong>Porque me cuesta reconocer mi debilidad, mi necesidad, mis heridas. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Aprender a confiar en las manos de Dios. Sin pensar que va a desaparecer de nuevo. Sin creer que mi vida no le importa. Simplemente dormir a su lado, en su regazo, como los ni&ntilde;os. As&iacute; quisiera confiar siempre.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>A veces tendemos a hacernos como Dios en lugar de descansar en Dios<\/strong>, haci&eacute;ndonos peque&ntilde;os. <strong>No aceptamos los l&iacute;mites que la naturaleza nos impone. Nos cuestan las correcciones de los dem&aacute;s<\/strong>. Juzgamos al que nos juzga.<br \/> &nbsp;<br \/> Porque nos molesta equivocarnos y ser imperfectos. No queremos caer. No queremos que el mundo nos condene. <strong>Nos importa mucho lo que los dem&aacute;s piensan<\/strong>, c&oacute;mo nos ven.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Por eso tantas veces nos escondemos detr&aacute;s de una imagen, nos protegemos<\/strong>. Tememos el fracaso y la p&eacute;rdida de nuestra fama. Cuando nos juzgan, cuando nos condenan, lo vemos todo negativo.<br \/> &nbsp;<br \/> Y nos puede pasar lo que le&iacute;a el otro d&iacute;a: \u201cMe pongo en plan v&iacute;ctima y me quejo a los dem&aacute;s, focalizo mi atenci&oacute;n en lo malo, en lo que no sale, en lo que me fastidia. Veo amenazas, me quedo quieto y espero que alguien venga a salvarme, me empobrezco, me voy apagando, transmito pesimismo\u201d<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14e0ce3a32368851__ftn1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nos dejamos llevar por nuestros sentimientos y desconfiamos<\/strong>. De Dios y de nosotros. Nos cuesta entonces creer en el poder de Dios, en su cuidado y protecci&oacute;n. No queremos ser fr&aacute;giles y d&eacute;biles. No queremos ser como un gorri&oacute;n en las manos de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Papa Francisco: \u201c<strong>Hay que hacerse peque&ntilde;o para experimentar las caricias de Dios Pap&aacute; en el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Las heridas del pasado deben ser puestas en el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s para que &Eacute;l las sane<\/strong>\u201d.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Es curioso, siempre utilizamos la imagen del gorri&oacute;n y la colocamos en las manos del Padre.&nbsp;Un gorri&oacute;n que busca morada en los atrios de la casa de Dios: \u201cMi alma se consume y anhela los atrios del Se&ntilde;or, mi coraz&oacute;n y mi carne retozan por el Dios vivo. 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