{"id":34086,"date":"2016-06-13T18:14:49","date_gmt":"2016-06-13T23:14:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-lujuria-un-descuartizador-y-una-carniceria\/"},"modified":"2016-06-13T18:14:49","modified_gmt":"2016-06-13T23:14:49","slug":"la-lujuria-un-descuartizador-y-una-carniceria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-lujuria-un-descuartizador-y-una-carniceria\/","title":{"rendered":"La Lujuria, un descuartizador y una&nbsp;carnicer\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El lujurioso es, ante todo, un descuartizador. En las personas no ve m&aacute;s que cuerpos, y de esos cuerpos s&oacute;lo unas cuantas partes: las que ya sabemos. Al menos es casi seguro que el h&iacute;gado o la tiroides de su v&iacute;ctima (llam&eacute;mosla as&iacute;) no le interesan en modo alguno. <strong>Para &eacute;l, el mundo es una gigantesca carnicer&iacute;a en la que compra &uacute;nicamente las piezas con las que se sacia su apetito<\/strong>, pues llevarse a casa el animal entero (as&iacute; habla &eacute;l: mediante comparaciones zool&oacute;gicas) le causa un profundo horror: &iquest;qu&eacute; har&iacute;a con el resto?<\/p>\n<p align=\"justify\"> En Los excluidos, una de las &uacute;ltimas novelas de Elfriede Jelinek (premio Nobel de Literatura 2004) aparece una mujer as&iacute;: <strong>le gusta acostarse con hombres, pero a la hora de hacerlo los prefiere sin rostro, sin alma y sin nombre: s&oacute;lo un cuerpo \u2013dice\u2013, s&oacute;lo un cuerpo y nada m&aacute;s: tal es lo que necesito, lo &uacute;nico que deseo.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Al lujurioso ni siquiera le pasa por la cabeza que el ser por el que arde pueda tener alma, sentimientos, o, en fin, una de esas cosas que dif&iacute;cilmente pueden ser notadas a simple vista. Para decirlo ya, lo que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la piel est&aacute; tambi&eacute;n m&aacute;s all&aacute; de su inter&eacute;s.<\/p>\n<p align=\"justify\"> La imagen del perro que se detiene ante el poste es la m&aacute;s a prop&oacute;sito para describir al lujurioso: si se detiene un momento no es porque sienta por el poste eso que con suma vaguedad se expresa con la palabra algo, sino simplemente porque le quedaba de paso. Y, de este modo, una vez hecho lo suyo recobra su posici&oacute;n normal y echa a correr. De ninguna manera entraba en sus planes crear con el poste una relaci&oacute;n, iniciar lo que se llama una historia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> He aqu&iacute; los h&aacute;bitos sexuales de Hans-Peter Dallow, personaje sacado de una de las novelas de Christoph Hein, el escritor alem&aacute;n; juzgue usted si nos hallamos ante un lujurioso o no: <strong>\u201cTras cada visita al bar se acostaba con una mujer distinta, pero nunca se quedaba toda la noche. <\/strong>No quer&iacute;a despertar al lado de una desconocida; ten&iacute;a miedo del desencanto que trae la ma&ntilde;ana, de la visi&oacute;n de una cara sin maquillaje y para &eacute;l espantosa. Cambiaba de restaurante con frecuencia, y tambi&eacute;n para evitar reencontrarse una noche con alguna conocida\u201d.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &iquest;Volver a verlas? &iexcl;Por nada del mundo! As&iacute; como no conservamos para el recuerdo la jeringa hipod&eacute;rmica con la que nos inyectaron por primera vez cuando &eacute;ramos ni&ntilde;os y ten&iacute;amos fiebre, as&iacute; tampoco el lujurioso suele recordar con excesiva nostalgia a aquella que finalmente cedi&oacute; y a la que en el fondo desprecia. \u201cDespu&eacute;s de todo, fue demasiado f&aacute;cil\u201d, dice para sus adentros o a sus amigos m&aacute;s &iacute;ntimos. Y la arroja de su vida, como tir&oacute; nuestra madre, hace mucho tiempo, la jeringa contaminada. Abenhazam de C&oacute;rdoba ten&iacute;a raz&oacute;n cuando observ&oacute;: \u201cEl primero que tiene en poco a la ad&uacute;ltera es el que con ella cometi&oacute; adulterio\u201d.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> No volver a ver a sus v&iacute;ctimas es para el lujurioso algo esencial. <strong>&iquest;Qu&eacute; pasar&iacute;a si llegara a encari&ntilde;arse de ella? No quiere ni pensarlo. La sola idea le causa horror.<\/strong> Porque encari&ntilde;arse significa, de alguna manera, correr el riesgo de comprometerse, y a &eacute;l los compromisos no le van.<\/p>\n<p align=\"justify\"> \u201cMe gusta divertirme con las mujeres. Lo hago a menudo y voy de una a otra porque no amo a ninguna. S&oacute;lo amo sus cuerpos\u201d, confiesa Wilfred Ingram a uno de sus amigos en Cada hombre en su noche, la novela de Julien Green. No pocas mujeres suspiraban por &eacute;l porque ten&iacute;a una bella sonrisa y un cuerpo espigado; incluso, en ocasiones, \u201cle dec&iacute;an que lo amaban en los momentos en los que uno es capaz de decir cualquier cosa, pero no le escrib&iacute;an, porque &eacute;l no les daba su direcci&oacute;n, en previsi&oacute;n a las dificultades que pudieran surgir\u201d.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/><strong>El lujurioso no vive enamorado, sino s&oacute;lo excitado<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team El lujurioso es, ante todo, un descuartizador. En las personas no ve m&aacute;s que cuerpos, y de esos cuerpos s&oacute;lo unas cuantas partes: las que ya sabemos. Al menos es casi seguro que el h&iacute;gado o la tiroides de su v&iacute;ctima (llam&eacute;mosla as&iacute;) no le interesan en modo alguno. 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