{"id":34111,"date":"2016-06-13T18:15:52","date_gmt":"2016-06-13T23:15:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/conoce-a-la-pereza-para-poder-vencerla\/"},"modified":"2016-06-13T18:15:52","modified_gmt":"2016-06-13T23:15:52","slug":"conoce-a-la-pereza-para-poder-vencerla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/conoce-a-la-pereza-para-poder-vencerla\/","title":{"rendered":"Conoce a la pereza, para poder&nbsp;vencerla"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: SIAME<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La pereza, seg&uacute;n la defini&oacute; Santo Tom&aacute;s de Aquino, es la tristitia de bono spirituali, o sea, una de las variantes de la tristeza. El perezoso es, ante todo, un hombre triste. Nada es capaz de reclamar su inter&eacute;s, su atenci&oacute;n ni su energ&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Anda -le dice uno de sus amigos-, hagamos esto hoy mismo.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Ma&ntilde;ana -le responde el perezoso.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; &iquest;Y por qu&eacute; ma&ntilde;ana?<br \/> &nbsp;<br \/> -&iquest;Y por qu&eacute; hoy?<br \/> &nbsp;<br \/> Vive posterg&aacute;ndolo todo, dej&aacute;ndolo para despu&eacute;s; para un despu&eacute;s que, como en el caso del avaro, nunca llegar&aacute;. El perezoso no se entusiasma con nada, y cuando camina una pierna va pidi&eacute;ndole permiso a la otra para adelant&aacute;rsele. Sus movimientos son siempre lentos y torpes; todo su ser est&aacute; como drogado por una sustancia de la que ignoramos el nombre pero que seguramente es secretada por la desesperanza. De hecho, seg&uacute;n Melchor Cano (1509-1560), maestro de filosof&iacute;a en la venerable Universidad de Salamanca, la pereza es hija de la melancol&iacute;a: &laquo;Nace de la poca esperanza de alcanzar lo que se desea&raquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &laquo;La maldad de la pereza no radica simplemente en el descuido del deber, aunque &eacute;ste puede ser un s&iacute;ntoma \u2013escribi&oacute; a su vez Evelyn Waugh (1903-1966), el novelista ingl&eacute;s-, sino en el rechazo de la alegr&iacute;a. Se relaciona con la desesperaci&oacute;n&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> &laquo;El sexto combate \u2013dice Casiano- es contra el vicio que los griegos llamaban aced&iacute;a, y que nosotros podemos traducir por tedio, disgusto o ansiedad del coraz&oacute;n. Tiene cierto parentesco con la tristeza y lo experimentan particularmente los solitarios. A ellos, en efecto, ataca de una manera especial esta pasi&oacute;n, y por lo com&uacute;n con una violencia extraordinaria. Sobre todo le atormenta al monje hacia la hora sexta. Entre los ancianos se le designa con el nombre de el demonio del mediod&iacute;a&raquo; (Instituciones X, 1).<br \/> &nbsp;<br \/> El hombre atediado no deja de hacerse a s&iacute; mismo esta pregunta: &iquest;Para qu&eacute;? Todo le parece in&uacute;til, absurdo y sin sentido.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin embargo, cometer&iacute;amos para con &eacute;l una injusticia si no aludi&eacute;ramos a sus grandes talentos intelectuales, a su penetrante agudeza psicol&oacute;gica y, casi dir&iacute;amos, hasta a su olfato metaf&iacute;sico. El atediado hace (y se hace) inteligentes preguntas; son sus respuestas, m&aacute;s bien, las que no siempre saben mostrarse a la altura de las circunstancias.<\/p>\n<p align=\"justify\"> He aqu&iacute;, por ejemplo, lo que me dec&iacute;a hace tiempo uno de ellos: <strong>&laquo;Supongamos que hago esto y lo otro; que todos los d&iacute;as me levanto a las 5,30 de la ma&ntilde;ana para ir al trabajo, que me esfuerzo por ser honrado y diligente; en fin, que soy lo que suele llamarse un trabajador modelo. Bien, &iquest;me podr&iacute;a usted decir qu&eacute; suceder&aacute; con todo esto despu&eacute;s de mi muerte?&raquo;. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Puesto que vamos a morirnos, pensaba, nada compensa una sola gota de nuestro sudor. Su inquietud, claro, era leg&iacute;tima (vamos a morirnos), pero en vez de ganarle la batalla al tiempo apresur&aacute;ndose a hacer lo que ten&iacute;a que hacer, se limitaba a cruzar los brazos. <strong>He aqu&iacute; una muestra de la agilidad mental que suele caracterizar al perezoso:<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> A Nasrud&iacute;n le gustaba quedarse dormido hasta muy tarde, casi hasta el mediod&iacute;a, cosa que su mujer no dejaba de reprocharle. &laquo;La vida, querido \u2013le dec&iacute;a &eacute;sta- es de los que se levantan temprano&raquo;. Pero Nasrud&iacute;n no quer&iacute;a saber nada y se limitaba a decir desde su cama: &laquo;Esas son tonter&iacute;as&raquo;. Cierta ma&ntilde;ana la esposa fue a donde su marido roncaba a pierna suelta, lo despert&oacute; con violentas sacudidas y le comunic&oacute; la noticia de que se hab&iacute;a encontrado en la calle una moneda de oro.<br \/> &nbsp;<br \/> -Te felicito \u2013dijo Nasrud&iacute;n sin reprimir un largo y ruidoso bostezo.<br \/> &nbsp;<br \/> -&iquest;Lo ves? La vida es de los que se levantan temprano.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;-Nada de eso \u2013replic&oacute; Nasrud&iacute;n-. Si pensaras un poco caer&iacute;as en la cuenta de que esa moneda la perdi&oacute; uno que cometi&oacute; la tonter&iacute;a de levantarse antes que t&uacute;. \u2013Y acomodando la almohada a la redondez de su cabeza, se volvi&oacute; a dormir.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: SIAME La pereza, seg&uacute;n la defini&oacute; Santo Tom&aacute;s de Aquino, es la tristitia de bono spirituali, o sea, una de las variantes de la tristeza. El perezoso es, ante todo, un hombre triste. 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