{"id":34117,"date":"2016-06-13T18:16:06","date_gmt":"2016-06-13T23:16:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-el-espiritu-santo-hizo-y-sigue-haciendo\/"},"modified":"2016-06-13T18:16:06","modified_gmt":"2016-06-13T23:16:06","slug":"lo-que-el-espiritu-santo-hizo-y-sigue-haciendo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/lo-que-el-espiritu-santo-hizo-y-sigue-haciendo\/","title":{"rendered":"Lo que el Esp\u00edritu Santo hizo&#8230; y sigue&nbsp;haciendo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Me detengo cansado muchas veces. Como si recorriera caminos ya hollados y la rutina me hastiara. Como si el miedo a perder fuera m&aacute;s fuerte que la misi&oacute;n inmensa abierta ante mis ojos.<br \/> &nbsp;<br \/> Yo solo no puedo. No brotan las palabras.&nbsp;<strong>Pido el Esp&iacute;ritu que todo lo calma<\/strong>. Lo llena. Lo enciende. Lo necesito para vivir. Sin ese fuego soy de paja. Y de barro mis sue&ntilde;os. No quiero detenerme ante la puerta abierta. Quiero salir. Hay tanta sed.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> \u201cTodo el mundo parece sediento de alguna cosa, y casi todos van corriendo de aqu&iacute; para all&aacute; buscando encontrarla y saciarse con ella. Yo soy sed, no solamente que tengo sed; se procura acabar con esas locas carreras o, al menos, ralentizar el paso. El agua est&aacute; en la sed. Es preciso entrar en el propio pozo\u201d<a target=\"_blank\" href=\"https:\/\/mail.google.com\/mail\/u\/0\/#14d7c615c499b50d__ftn2\" title=\"\">[2]<\/a>.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Hay tanto dolor y soledad fuera del Cen&aacute;culo! Resuena el grito de Jes&uacute;s:&nbsp;\u201cTengo sed\u201d. Yo tambi&eacute;n tengo sed. <strong>El mundo tiene sed. El agua viene de lo alto<\/strong>. El fuego que me quema. La luz que ilumina los pasos que comienzo a dar.<br \/> &nbsp;<br \/> Necesito el Esp&iacute;ritu para vivir como Jes&uacute;s. Para que mis palabras sean las suyas y mi agua la que &Eacute;l me da. Y mi camino aquel que &Eacute;l ya recorre. Que se rompan los muros de mi coraz&oacute;n. Que venza su Esp&iacute;ritu en m&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiero salir e ir al encuentro.<strong> &iquest;Tengo algo que dar? El agua, el fuego<\/strong>. Es la pregunta central en mi alma. &iquest;Y si no tengo nada que dar?&nbsp;No puedo salir si el coraz&oacute;n no se llena en Pentecost&eacute;s. <strong>No quiero salir si estoy vac&iacute;o.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dios llega en Pentecost&eacute;s en la fuerza del Esp&iacute;ritu.&nbsp;\u201cDe repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, reson&oacute; en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repart&iacute;an, pos&aacute;ndose encima de cada uno\u201d.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Es un fuego que ilumina, que se posa sobre cada uno. Porque cada uno tiene su propia oscuridad. Y <strong>Dios se derrama en cada uno, toca a cada uno, all&iacute; donde est&aacute; su herida, su anhelo m&aacute;s profundo, su sed, su nostalgia, su miedo, su sue&ntilde;o, su nombre. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios llega a lo m&aacute;s hondo. Al grito de cada uno por la ausencia de Jes&uacute;s. <\/strong>A la pregunta de cada uno sobre su vida, sobre su misi&oacute;n. Dios llega a todos. Se dona de forma personal. Acompa&ntilde;a la historia de cada hombre de una forma &uacute;nica. Se posa delicadamente, sin forzar, respetando, con cuidado.<br \/> &nbsp;<br \/> Es un ruido que se oye. Rompe el silencio. Es un viento que arrasa el miedo y la oscuridad. Es un viento que mueve el coraz&oacute;n hacia los otros. Ese es el primer fruto del Esp&iacute;ritu. Los llena y los entrega a otros.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Primero llega a ellos. Se llenan de Dios<\/strong>. Se llenan de Aquel que han amado con pasi&oacute;n. No pudieron llenarse tanto de Jes&uacute;s mientras viv&iacute;a en la tierra. Estaba cerca, a su lado, pero ahora pueden susurrarle desde lo m&aacute;s hondo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ahora &Eacute;l llega a todos los pliegues de su coraz&oacute;n, recorre todos los caminos de su alma, lo inunda todo. Es la presencia que deseaban y m&aacute;s a&uacute;n<\/strong>, porque ya no hay p&eacute;rdidas.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios siempre responde y nos da m&aacute;s de lo que esperamos. <strong>Cumpli&oacute; su promesa de venir, de permanecer todos los d&iacute;as, de quedarse<\/strong>, de consolarnos y fortalecernos, de iluminarnos, de no dejarnos ya nunca solos.&nbsp;<strong>En lo m&aacute;s sagrado del alma podemos encontrarnos con Jes&uacute;s, y hablar con &Eacute;l. Parece imposible m&aacute;s cercan&iacute;a. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Despu&eacute;s de llenar a los disc&iacute;pulos, los impulsa a salir de s&iacute; mismos hacia otros. Ellos, que son fr&aacute;giles, por el Esp&iacute;ritu se hacen fuertes. Ellos, que tienen miedo, por el Esp&iacute;ritu, son valientes.<br \/> &nbsp;<br \/> Comienza algo nuevo. Hacen las obras de Jes&uacute;s, dicen las palabras de Jes&uacute;s, viven con el estilo de Jes&uacute;s. Aman como Jes&uacute;s. <strong>Desde ese momento, sienten la presencia de Jes&uacute;s a&uacute;n m&aacute;s cerca que cuando estaba con ellos<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces les costar&iacute;a, seguro, estar sin &Eacute;l f&iacute;sicamente, pero el aliento de Jes&uacute;s, el que recibieron ese d&iacute;a de puertas cerradas, el que baj&oacute; del cielo en Pentecost&eacute;s y rompi&oacute; los muros, hizo posible algo que parec&iacute;a imposible: <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Me detengo cansado muchas veces. Como si recorriera caminos ya hollados y la rutina me hastiara. Como si el miedo a perder fuera m&aacute;s fuerte que la misi&oacute;n inmensa abierta ante mis ojos. &nbsp; Yo solo no puedo. No brotan las palabras.&nbsp;Pido el Esp&iacute;ritu que todo lo calma. Lo llena. 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