{"id":34130,"date":"2016-06-13T18:16:31","date_gmt":"2016-06-13T23:16:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-de-maria-la-venida-del-espiritu-santo\/"},"modified":"2016-06-13T18:16:31","modified_gmt":"2016-06-13T23:16:31","slug":"vida-de-maria-la-venida-del-espiritu-santo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/vida-de-maria-la-venida-del-espiritu-santo\/","title":{"rendered":"Vida de Mar\u00eda: La venida del Esp\u00edritu&nbsp;Santo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Opus Dei<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Una vez que Jesucristo hubo ascendido al Cielo, los testigos de aquel hecho maravilloso regresaron a Jerusal&eacute;n desde el monte llamado de los Olivos, que est&aacute; cerca de Jerusal&eacute;n a la distancia de un camino permitido el s&aacute;bado. Y cuando llegaron, subieron al Cen&aacute;culo donde viv&iacute;an Pedro, Juan, Santiago y Andr&eacute;s, Felipe y Tom&aacute;s, Bartolom&eacute; y Mateo, Santiago de Alfeo y Sim&oacute;n el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban un&aacute;nimes en la oraci&oacute;n, junto con algunas mujeres y con Mar&iacute;a, la Madre de Jes&uacute;s, y sus hermanos (Hch 1, 12-14).<br \/> &nbsp;<br \/> Cumpl&iacute;an el mandato de Jes&uacute;s, que les hab&iacute;a dicho que aguardaran en la Ciudad Santa el env&iacute;o del Consolador prometido. Fueron diez d&iacute;as de espera, todos alrededor de Mar&iacute;a. &iexcl;Qu&eacute; humanamente l&oacute;gico es lo que nos cuenta la Sagrada Escritura!<\/p>\n<p align=\"justify\"> Al perder la compa&ntilde;&iacute;a f&iacute;sica de su Maestro, los m&aacute;s &iacute;ntimos se re&uacute;nen en torno a la Madre, que tanto les recordar&iacute;a a Jes&uacute;s: en las facciones, en el timbre de la voz, en el mirar cari&ntilde;oso y maternal, en las delicadezas de su coraz&oacute;n y, sobre todo, en la paz que derramaba alrededor. Adem&aacute;s de los Ap&oacute;stoles y de las santas mujeres, encontramos a los parientes m&aacute;s cercanos del Se&ntilde;or, esos mismos que antes hab&iacute;an dudado de &Eacute;l, y que ahora, convertidos, se estrechan en torno a la Virgen de Nazaret.<br \/> &nbsp;<br \/> Es f&aacute;cil imaginar la vida en aquel Cen&aacute;culo, que deb&iacute;a de ser amplio para acoger a tantas personas. Los datos de la tradici&oacute;n no permiten asegurar con certeza de qui&eacute;n era aquella casa, aunque dos hip&oacute;tesis parecen las m&aacute;s seguras: o bien se trataba de la casa de la madre de Marcos, el futuro evangelista, a la que se refiere m&aacute;s adelante el texto sagrado (cfr. Hch 12, 12), o bien pudo ser la casa que la familia de Juan el evangelista ten&iacute;a en la Ciudad Santa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En cualquier caso, la oraci&oacute;n un&aacute;nime de los disc&iacute;pulos con Mar&iacute;a produjo enseguida un primer resultado: la elecci&oacute;n de Mat&iacute;as para ocupar el puesto de Judas Iscariote. Una vez completado el n&uacute;mero de los doce Ap&oacute;stoles, continuaron rezando en espera de la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que Jes&uacute;s les hab&iacute;a prometido.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero no todo era rezar: deb&iacute;an ocuparse de muchas m&aacute;s tareas; aunque, en el fondo, todo lo que hac&iacute;an era verdadera oraci&oacute;n, porque su pensamiento estaba de continuo en Jes&uacute;s y ten&iacute;an con ellos a Mar&iacute;a. Podemos imaginar las conversaciones \u2014verdaderas tertulias\u2014 con la Virgen. Ahora que hab&iacute;an visto a Cristo resucitado y contemplado su ascensi&oacute;n al Cielo, deseaban conocer muchos detalles de la vida \u2014tambi&eacute;n de la infancia\u2014 de su Maestro.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Y all&iacute; estaba la Madre, evocando aquellos recuerdos siempre vivos en su coraz&oacute;n: el anuncio de Gabriel en los a&ntilde;os ya lejanos de Nazaret, los desposorios con Jos&eacute; \u2014a quien muchos de ellos no hab&iacute;an conocido\u2014, el nacimiento en Bel&eacute;n, la adoraci&oacute;n de los pastores y los magos, la huida a Egipto, la vida de trabajo en el taller de Nazaret&#8230; &iexcl;Cu&aacute;ntos temas brindaban las palabras de Mar&iacute;a a la oraci&oacute;n de los disc&iacute;pulos!<\/p>\n<p align=\"justify\"> &iexcl;Con qu&eacute; nueva luz debieron ver todos los sucesos vividos junto al Maestro, en sus tres a&ntilde;os de acompa&ntilde;arle por tierras de Palestina! <strong>Junto a Mar&iacute;a, la Virgen fiel, se encend&iacute;a en ellos la fe, la esperanza y el amor<\/strong>: la mejor preparaci&oacute;n para recibir al Par&aacute;clito.<br \/> &nbsp;<br \/> Por fin, al cumplirse los d&iacute;as de Pentecost&eacute;s, sobrevino del cielo un ruido, como de viento que irrumpe impetuosamente, y llen&oacute; toda la casa en la que se hallaban. Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego, que se divid&iacute;an y se posaban sobre cada uno de ellos. Quedaron todos llenos del Esp&iacute;ritu Santo (Hch 2, 2-4).<br \/> &nbsp;<br \/> La maravilla del suceso lleg&oacute; a la multitud que hab&iacute;a por entonces en Jerusal&eacute;n: partos, medos, elamitas, habitantes de Mesopotamia, de Judea y Capadocia, del Ponto y del Asia, de Frigia y Panfilia&#8230; (Hch 2, 9 ss). Pedro habl&oacute; a la multitud, enardecido por la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. Despu&eacute;s llegar&iacute;a la dispersi&oacute;n de los Ap&oacute;stoles por Galilea, Samaria y hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra, llevando a todas partes la buena nueva del reino de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Mar&iacute;a agradec&iacute;a a Dios la conversi&oacute;n de aquellas primicias de la predicaci&oacute;n apost&oacute;lica, y la incontable muchedumbre de fieles que vendr&iacute;an a la Iglesia con el trascurso de los siglos. <strong>Todos ten&iacute;an cabida en su coraz&oacute;n de madre, que Dios le hab&iacute;a otorgado en el momento de la encarnaci&oacute;n del Verbo y que Jes&uacute;s le hab&iacute;a confirmado desde el madero de la Cruz, en la persona del disc&iacute;pulo amado.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.opusdei.es\/es-es\/article\/vida-de-maria-2\/\"><strong>Art&iacute;culo <\/strong><\/a>originalmente publicado por Opus Dei<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Opus Dei Una vez que Jesucristo hubo ascendido al Cielo, los testigos de aquel hecho maravilloso regresaron a Jerusal&eacute;n desde el monte llamado de los Olivos, que est&aacute; cerca de Jerusal&eacute;n a la distancia de un camino permitido el s&aacute;bado. 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