{"id":34144,"date":"2016-06-13T18:17:02","date_gmt":"2016-06-13T23:17:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-23-anos-de-un-milagro-eucaristico-en-pleno-buenos-aires\/"},"modified":"2016-06-13T18:17:02","modified_gmt":"2016-06-13T23:17:02","slug":"a-23-anos-de-un-milagro-eucaristico-en-pleno-buenos-aires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-23-anos-de-un-milagro-eucaristico-en-pleno-buenos-aires\/","title":{"rendered":"A 23 a\u00f1os de un milagro eucar\u00edstico en pleno Buenos&nbsp;Aires"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Esteban Pittaro<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La presencia real de Jesucristo en el sacramento de la Eucarist&iacute;a no se conoce por los sentidos, sino por la fe, ense&ntilde;a el Catecismo de la Iglesia (pto. 1381) siguiendo a santo Tom&aacute;s de Aquino. Pero hace 23 a&ntilde;os comenzaron a darse en una parroquia de Buenos Aires unos extra&ntilde;os acontecimientos que invitan a seguir creciendo en el amor al sacramento que \u201cse eleva por encima de todos los sacramentos\u201d (pto. 1374).<br \/> &nbsp;<br \/> Ocurri&oacute; en la parroquia de Santa Mar&iacute;a, en Almagro, Buenos Aires. Tras la misa del 1 de mayo de 1992, cuando un ministro de la Eucarist&iacute;a fue a hacer la reserva del Sant&iacute;simo Sacramento<strong> encontr&oacute; dos pedazos de hostia sobre el corporal del Sagrario. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Consult&oacute; al sacerdote quien le indic&oacute; que los colocara en un recipiente con agua para que se disolvieran, como est&aacute; previsto en estos casos. Durante d&iacute;as no se observ&oacute; ning&uacute;n cambio pero una semana m&aacute;s tarde, el viernes 8 de mayo, encontraron que los pedazos ten&iacute;an un color rojizo, como si fuera sangre.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero ese fue apenas el primer signo, ya que dos d&iacute;as despu&eacute;s, domingo 10 de mayo, <strong>durante las misas vespertinas en las patenas que utilizaron los sacerdotes para distribuir la comuni&oacute;n pudieron observarse algunas gotitas de sangre<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Se inform&oacute; de los acontecimientos a las autoridades eclesi&aacute;sticas para que se procediera con la debida prudencia, y se fueron conservando los recipientes y la evidencia.<br \/> &nbsp;<br \/> Para situar temporalmente aquellos primeros signos en mayo de 1992, sin que esto implique expresar una relaci&oacute;n, <strong>por esos d&iacute;as el Papa Juan Pablo II eleg&iacute;a obispo auxiliar de Buenos Aires al sacerdote jesuita Jorge Mario Bergoglio.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pero los signos no acabaron all&iacute;. Dos a&ntilde;os despu&eacute;s, el domingo 24 de julio de 1994, durante la misa de ni&ntilde;os, cuando el ministro de la Eucarist&iacute;a destap&oacute; el cop&oacute;n,&nbsp;<strong>vio una gota de sangre que corr&iacute;a por el lado interno del cop&oacute;n.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Y en agosto de 1996, luego de la celebraci&oacute;n por la fiesta de la Asunci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen, se coloc&oacute; otra hostia para que se disuelviera en agua. El 26, se descubri&oacute; que <strong>la hostia hab&iacute;a asumido una forma similar a un trozo de carne.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Cada instancia fue debidamente documentada y comunicada al arzobispado de Buenos Aires, y desde &eacute;l, a la Santa Sede.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;La carne de Cristo?<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Si bien en cada hostia consagrada est&aacute; Cristo entero, en este caso donde emp&iacute;ricamente se observa un trozo de carne, &iquest;se est&aacute; ante el cuerpo del Salvador?<br \/> &nbsp;<br \/> Ricardo Casta&ntilde;&oacute;n G&oacute;mez fue convocado en 1999 por el arzobispo de Buenos Aires Jorge Bergoglio a realizar una investigaci&oacute;n sobre esa evidencia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Seg&uacute;n explica Casta&ntilde;&oacute;n G&oacute;mez en conferencias, los cient&iacute;ficos por &eacute;l consultados, de diversas partes del mundo e incluso sin saber la procedencia de la muestra, aseguran que <strong>la carne era parte del ventr&iacute;culo izquierdo del m&uacute;sculo de un coraz&oacute;n de una persona de aproximadamente 30 a&ntilde;os que hab&iacute;a sufrido mucho al morir.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Las conclusiones de Casta&ntilde;&oacute;n, seg&uacute;n expresa, provienen de consultas con distintos especialistas como Frederick Zugibe, pat&oacute;logo con experiencia analizando la S&aacute;bana Santa.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Otro consultado es Robert Lawrence, m&eacute;dico forense experto en tejidos, quien asegura en una observaci&oacute;n con microscopio grabada, a la que este periodista tuvo acceso, que observa presencia de gl&oacute;bulos blancos en el tejido estudiado, c&eacute;lulas que si un tejido es extra&iacute;do de un cuerpo y luego colocadas en agua, se disuelven a los pocos minutos. Sin embargo, las c&eacute;lulas estaban vivas al momento de ser tomada la muestra.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>M&aacute;s all&aacute; de la ciencia<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Independientemente de los estudios sobre los hechos, los resultados convencer&aacute;n a unos y no lo har&aacute;n a otros. Pero el hecho, en cuya difusi&oacute;n la parroquia y la arquidi&oacute;cesis han sido siempre prudentes, conmueve a quienes se acercan a enterarse m&aacute;s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Esteban Pittaro La presencia real de Jesucristo en el sacramento de la Eucarist&iacute;a no se conoce por los sentidos, sino por la fe, ense&ntilde;a el Catecismo de la Iglesia (pto. 1381) siguiendo a santo Tom&aacute;s de Aquino. Pero hace 23 a&ntilde;os comenzaron a darse en una parroquia de Buenos Aires unos extra&ntilde;os acontecimientos que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-23-anos-de-un-milagro-eucaristico-en-pleno-buenos-aires\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abA 23 a\u00f1os de un milagro eucar\u00edstico en pleno Buenos&nbsp;Aires\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-34144","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34144","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=34144"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/34144\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=34144"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=34144"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=34144"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}