{"id":3415,"date":"2015-12-01T01:14:14","date_gmt":"2015-12-01T06:14:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-afan-por-ser-vistos\/"},"modified":"2015-12-01T01:14:14","modified_gmt":"2015-12-01T06:14:14","slug":"el-afan-por-ser-vistos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-afan-por-ser-vistos\/","title":{"rendered":"El afan por ser vistos"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Christopher Shaw<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">En Mateo 23, Jes\u00fas deja en claro que la popularidad de un estilo de trabajo no necesariamente le otorga legitimidad.\n<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">En una primera mirada a Mateo 23, advertimos los errores que Jes&uacute;s identific&oacute; en el estilo de ministerio que ejerc&iacute;an los fariseos.<br \/>\nCuando un estilo de trabajo se populariza resulta f&aacute;cil creer que dicho camino es el &uacute;nico del que disponen quienes lo practican. El respeto y el prestigio del que gozaban los fariseos seguramente hab&iacute;a convencido a muchos jud&iacute;os de que no exist&iacute;a otra forma de agradar a Dios que la rigurosa vida que aquellos propon&iacute;an.El pastor que quiere ser eficaz rechaza todo aquello que incremente la distancia que existe entre su vida y la del pueblo. La ausencia de otros modelos tampoco estimulaba a una honesta evaluaci&oacute;n de las carencias que pose&iacute;a el sistema de influencia utilizado por los fariseos.<br \/>\nHoy observamos esa misma falta de capacidad de reflexi&oacute;n frente a los estilos de liderazgo popularizados entre algunos pastores. Pareciera que la ambici&oacute;n por los t&iacute;tulos, el amor por la plataforma y el af&aacute;n por amontonar personas son el com&uacute;n denominador a muchos ministerios, a tal punto que nos sentimos tentados a resignar los sue&ntilde;os de otro estilo de pastorado.<br \/>\nEn Mateo 23 Jes&uacute;s deja en claro que la popularidad de un estilo de trabajo no necesariamente le otorga legitimidad. Desafi&oacute; a sus disc&iacute;pulos a pensar en el ministerio desde una &oacute;ptica radicalmente diferente a la de la cultura de los fariseos. Los principios que comparti&oacute; con ellos no han perdido su vigencia, a pesar del paso de los siglos.<br \/>\nMuchas palabras, poca vida<br \/>\nEl primer error que Cristo identifica en la vida de los fariseos es la contradicci&oacute;n que existe entre los dichos de su boca y la forma en que viven. &laquo;De modo que hagan y observen todo lo que les digan; pero no hagan conforme a sus obras, porque ellos dicen y no hacen&raquo;(3). El ministro que aspira a ser un medio de transformaci&oacute;n en la vida de las personas deber&aacute; tener la convicci&oacute;n inamovible de que impacta m&aacute;s por lo que es que por lo que predica. Diez encuentros para dar una completa ense&ntilde;anza sobre el tema de la oraci&oacute;n o el discipulado no podr&aacute;n lograr el mismo impacto que las frecuentes oportunidades que tenga la gente de observar a su pastor orando o formando disc&iacute;pulos. De hecho, los mismos disc&iacute;pulos de Cristo pidieron instrucci&oacute;n sobre el tema de la oraci&oacute;n porque se percataron de que este era uno de los ejercicios espirituales b&aacute;sicos en la vida de su Maestro.<br \/>\nLos fariseos se presentaban ante el pueblo con una doctrina cuidadosamente confeccionada. No exist&iacute;a aspecto de la vida sobre el cual no hubieran reflexionado con profundidad. Para cada tema pose&iacute;an un arsenal de textos que marcaban el camino que deb&iacute;an seguir los devotos. No obstante este elaborado desarrollo intelectual de la verdad, sus vidas frecuentemente revelaban alarmantes carencias de madurez espiritual. No exhib&iacute;an la ternura, la compasi&oacute;n, la sensibilidad, ni la humildad que son las marcas normales de un coraz&oacute;n moldeado por Dios. La aspereza de sus corazones muchas veces acababa neutralizando las ense&ntilde;anzas con las que pretend&iacute;an instruir al pueblo.<br \/>\nEn los sistemas educativos de este mundo es posible que el mensaje y el mensajero est&eacute;n completamente divorciados, pero en el reino de los cielos la calidad del mensajero es a&uacute;n m&aacute;s relevante que el mensaje que entrega, pues su vida ser&aacute; la que le dar&aacute; a su palabra el peso necesario para producir el tan deseado impacto.<br \/>\nMuchas instrucciones, poca compasi&oacute;n<br \/>\nUn segundo elemento que Cristo conden&oacute; en los fariseos era que ellos &laquo;atan cargas pesadas y dif&iacute;ciles de llevar, y las ponen sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con un dedo quieren moverlas&raquo;. Un error en el que caemos los pastores, con demasiada frecuencia, es creer que nuestra tarea consiste en anunciarle a las personas lo que Dios espera de ellas. No cabe duda de que una de nuestras responsabilidades es ayudar al pueblo a entender los preceptos de la palabra de Dios, pero &iexcl;cu&aacute;nto exceso de ense&ntilde;anza existe en nuestras congregaciones! El pueblo est&aacute; saturado de reuniones en las que les presentamos interminables listas de exigencias para &laquo;vivir la vida&raquo; a la que han sido llamados. No percibimos que muchas veces los llevamos a vivir bajo un verdadero agobio, pues les resulta imposible cumplir siquiera con diez por ciento de todo lo que escuchan. Nuestra efectividad en el ministerio depende del grado de cercan&iacute;a que logremos a las personas que intentamos ayudar. Cristo claramente esperaba de sus ministros que invirtieran m&aacute;s tiempo en ayudar a las personas a vivir las verdades de Dios que en se&ntilde;alarles lo que deb&iacute;an cumplir. Esta es la tarea principal del verdadero pastor. Se sit&uacute;a a la par de la persona y camina con ella, ayud&aacute;ndola en su debilidad, hasta que cobre suficiente fuerza y confianza como para caminar sola. Es una tarea que requiere de nosotros, los pastores, la disposici&oacute;n de aliviar parte de la carga que las personas experimentan, llevando sobre nuestros propios hombros sus dolores, luchas, angustias y penas. Este es el camino que escogi&oacute; Cristo. No nos grit&oacute; instrucciones desde el cielo, sino que descendi&oacute; para pararse a nuestro lado y caminar con nosotros.<br \/>\nMucha ambici&oacute;n, poca vocaci&oacute;n<br \/>\nUn tercer elemento que Cristo censur&oacute; en los fariseos era su desmedido af&aacute;n porque el pueblo los reconociera, por encontrar la forma de sobresalir de las masas que los rodeaban. Denunci&oacute; &laquo;que hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres pues agrandan sus distintivos religiosos y alargan los adornos de sus mantos. Aman el lugar de honor en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, y los saludos respetuosos en las plazas y ser llamados por los hombres Rab&iacute;&raquo; (6&ndash;8).<br \/>\nEl af&aacute;n principal de los fariseos era destacar las diferencias que exist&iacute;an entre ellos y el resto del pueblo. Para lograr esto utilizaban ropa llamativa, reservaban los lugares de honor en los banquetes e insist&iacute;an en que la gente se refiriera a ellos por sus t&iacute;tulos. No quer&iacute;an que nadie los confundiera con el grueso del pueblo jud&iacute;o de la &eacute;poca. El cuadro guarda una escalofriante similitud con la proliferaci&oacute;n, de estos tiempos, de pseudo-l&iacute;deres que se desviven buscando qu&eacute; t&iacute;tulo a&ntilde;adir a su nombre para presumir que sobre ellos reposa una &laquo;unci&oacute;n&raquo; que otros no poseen, los nuevos &laquo;ap&oacute;stoles y patriarcas&raquo; que tanto se han incrementado en estos d&iacute;as. Nuestra efectividad en el ministerio depende del grado de cercan&iacute;a que logremos a las personas que intentamos ayudar. Cuanto mayor sea la distancia entre nosotros y ellas, menor ser&aacute; el grado de impacto que tengamos sobre sus vidas. Esta es la raz&oacute;n principal por la que nadie consigue transformar personas con un ministerio que es exclusivamente de plataforma.<br \/>\nDesde el p&uacute;lpito podemos inspirar a la gente, pero para provocar cambios sustanciales en sus vidas deberemos escoger el camino de Jes&uacute;s: es decir, necesitamos caminar entre la gente, conocer sus angustias, llorar con ellos, comer en los mismos lugares que ellos comen y frecuentar los ambientes donde ellos desarrollan sus actividades cotidianas.<br \/>\nPor esta raz&oacute;n, el pastor que quiere ser eficaz rechaza todo aquello que incremente la distancia que existe entre su vida y la del pueblo. Si se aleja de la gente, habr&aacute; reducido notablemente las posibilidades de impactar a los que lo rodean.<br \/>\nPara conocer las alternativas que propone Jes&uacute;s al estilo de los fariseos, lea el art&iacute;culo: &laquo;Entre ustedes, no ha de ser as&iacute;&raquo;. (pr&oacute;ximamente en DesarrolloCristiano.com)<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Primera publicaci\u00f3n en Apuntes Digital II-6. \u00a92010, Desarrollo Cristiano Internacional. Todos los derechos reservados.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Christopher Shaw En Mateo 23, Jes\u00fas deja en claro que la popularidad de un estilo de trabajo no necesariamente le otorga legitimidad. En una primera mirada a Mateo 23, advertimos los errores que Jes&uacute;s identific&oacute; en el estilo de ministerio que ejerc&iacute;an los fariseos. 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