{"id":34154,"date":"2016-06-13T18:17:23","date_gmt":"2016-06-13T23:17:23","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pereza-ese-pecado-tan-raramente-confesado-pero-muy-danino\/"},"modified":"2016-06-13T18:17:23","modified_gmt":"2016-06-13T23:17:23","slug":"pereza-ese-pecado-tan-raramente-confesado-pero-muy-danino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/pereza-ese-pecado-tan-raramente-confesado-pero-muy-danino\/","title":{"rendered":"Pereza: Ese pecado tan raramente confesado, pero muy&nbsp;da\u00f1ino"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Monse\u00f1or Charles Pope<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Uno de los m&aacute;s incomprendidos entre los pecados cardinales es la pereza. Esto es porque la mayor&iacute;a lo ve simplemente como no tener ganas de trabajar. Pero la pereza es m&aacute;s que eso. Tomemos un momento para considerar algunos aspectos del pecado capital que llamamos pereza.<br \/> &nbsp;<br \/> La palabra griega que traducimos como pereza es acedia \u1f00\u03ba\u03b7\u03b4\u03af\u03b1 (a = ausencia kedos + = de atenci&oacute;n), lo que significa indiferencia o negligencia. Santo Tom&aacute;s habla de la pereza como la pena por el bien espiritual. Por ello, evitamos el bien espiritual como algo demasiado molesto (cf ST II-II 35,2).<br \/> &nbsp;<br \/> Algunos comentaristas modernos hablan de la pereza como la sensaci&oacute;n del &quot;no me importa&quot;. Algunos incluso dicen que es una especie de desamor hacia Dios y las cosas de Dios (cf Ap 2: 4). A causa de la pereza, la idea de una vida buena y el regalo de una humanidad transformada no inspira alegr&iacute;a, sino aversi&oacute;n o incluso disgusto, porque es vista como demasiado pesada o que exige dejar de lado los placeres o pecados que se disfrutan actualmente. Por la pereza, muchos experimentan tristeza en lugar de alegr&iacute;a o entusiasmo por seguir a Dios y recibir una vida humana transformada. Est&aacute;n angustiados ante la perspectiva de lo que podr&iacute;a pasar en caso de abrazar la fe m&aacute;s profundamente.<br \/> &nbsp;<br \/> La pereza tambi&eacute;n tiende a olvidar el poder de la gracia, centr&aacute;ndose en el &quot;problema&quot; o esfuerzo que implica el ser cristiano, en lugar de entenderlo como una gracia, como una obra de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dije antes, muchas personas hoy en d&iacute;a equiparan la pereza con las pocas ganas de trabajar. Pero la pereza no es simplemente eso; se entiende m&aacute;s bien como la tristeza o indiferencia. Aunque la pereza a veces puede tener que ver con el aburrimiento y la desgana hacia el logro de bien espiritual, tambi&eacute;n puede manifestarse con un &quot;meterse a lo loco\u201d en las cosas del mundo a fin de evitar las preguntas espirituales o vivir una vida reflexiva.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En resumen, se puede ser un adicto al trabajo, y sin embargo, estar pecando de pereza.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dicho esto, la pereza suele manifestarse como una especie de letargo, un aburrimiento que parece que no puede sentir ning&uacute;n inter&eacute;s, energ&iacute;a, alegr&iacute;a o entusiasmo por los dones espirituales. Estas personas pueden ser entusiastas acerca de muchas cosas, pero Dios y la fe no est&aacute;n entre ellas.<br \/> &nbsp;<br \/> El aburrimiento parece haber aumentado en los tiempos modernos y esto alimenta la pereza. En efecto, hoy estamos hiperestimulados. El ritmo fren&eacute;tico, las interrupciones interminables, la abundancia de entretenimiento, las pel&iacute;culas de ritmo r&aacute;pido, y los videojuegos nos sobreestimulan. Desde el momento en que despertamos hasta que nos caemos en la cama al final del d&iacute;a, casi nunca hay un momento de silencio o un momento en que no estamos siendo bombardeados por im&aacute;genes, a menudo vacilantes y r&aacute;pidamente cambiantes.<br \/> &nbsp;<br \/> Este hiperestimulaci&oacute;n provoca que cuando nos encontramos con cosas como la oraci&oacute;n silenciosa, o se nos pide que escuchemos durante un per&iacute;odo prolongado, o cuando la imagen no est&aacute; cambiando lo suficientemente r&aacute;pido, nos aburrimos f&aacute;cilmente.<br \/> &nbsp;<br \/> Peter Kreeft dice,<br \/> &nbsp;<br \/><em>La pereza es un pecado fr&iacute;o, no caliente. Pero eso lo hace a&uacute;n m&aacute;s letal. Cuando uno se rebela contra Dios, est&aacute; m&aacute;s cerca de &eacute;l que si le es indiferente&#8230; Dios puede enfriar m&aacute;s f&aacute;cilmente nuestra ira que encender nuestra frialdad, a pesar de que puede hacer ambas cosas. La pereza es un pecado de omisi&oacute;n, no de comisi&oacute;n. Eso tambi&eacute;n hace que sea m&aacute;s letal, por una raz&oacute;n similar. Para cometer el mal, al menos uno debe estar dentro del juego&#8230; La pereza sencillamente lleva a no querer jugar, ni con Dios ni contra Dios&#8230; Se sienta en el banquillo aburrida &#8230; Es mejor ser fr&iacute;o o caliente que tibio [Back to Virtue, pag. 154].<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Monse\u00f1or Charles Pope Uno de los m&aacute;s incomprendidos entre los pecados cardinales es la pereza. Esto es porque la mayor&iacute;a lo ve simplemente como no tener ganas de trabajar. Pero la pereza es m&aacute;s que eso. 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